Mostrando entradas con la etiqueta El Huffington Post.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta El Huffington Post.. Mostrar todas las entradas

8 de abril de 2017

La foto de la derrota.

En una tribuna de opinión publicada recientemente en El Mundo, una periodista se preguntaba: "¿Por qué nos niega este Gobierno la foto de la derrota de ETA?" ¿Qué foto es esa?, me pregunto yo. ¿Qué foto nos falta?
Se dice que los vencidos suelen ser más inteligentes que los vencedores porque están obligados a forzar la inteligencia para superar las consecuencias de su derrota. Espero sinceramente que esto no ocurra en este caso.

Hay en algunos círculos políticos y mediáticos una resistencia incomprensible a dar por finalizada la violencia y, peor aún, a dar por derrotada definitivamente a ETA. Digo incomprensiblemente porque al hacerlo alimentan la duda sobre quién es verdaderamente el derrotado.

El final de ETA se produjo hace ya más de cinco años, el 20 de octubre de 2011, cuando la organización terrorista anunció el "fin definitivo" de la violencia. No hubo condiciones previas, no hubo cambios en las leyes ni en los marcos jurídicos y políticos de nuestra democracia, no hubo cambio alguno en la política penitenciaria. Fue un cese unilateral e incondicionado. Algunos nunca pensamos que el final de tan trágica historia fuera tan limpio, tan claro, tan democrático.

Cinco años después anuncian su desarme. Poco importa que lo envuelvan en el celofán de un acto supuestamente político. Poco importa que la teatralización de la entrega de la información sobre la ubicación de sus armas al Gobierno francés se vea acompañada de una propaganda inmerecida, como si les debiéramos algo por hacerlo, o como si ellos fueran los buenos de una película de asesinos. Todo eso es colateral, lo importante es que abandonaron las armas hace cinco años y ahora las entregan. Y mañana disolverán la banda. Siempre soñamos que su final fuera así. Y puesto que la democracia ganó, no cometamos el error de atribuirles a ellos la victoria cuando solemnizan su propia derrota.

Quienes aspiraban a otro final deberían explicarnos cómo debiera haber sido, y si lo hicieran, muchos pensamos que quizá todavía lo estaríamos esperando. ¿Es que ha triunfado su causa? Evidentemente no. Su violencia arruinó su causa. Fue tal la contaminación moral que produjo el terrorismo a la causa nacionalista que lo impulsó que hoy el País Vasco está sereno y estable en el autonomismo, y el PNV, la fuerza política mayoritaria, se aleja de su contacto con sabia prudencia.

Hacen política y están en las instituciones, claro, pero ¿es eso malo? ¿No fue precisamente ese el argumento que la democracia utilizó para deslegitimarles? "Hagan política -les decíamos- y no maten. Utilicen la palabra, participen en las instituciones, usen la democracia". Pues bien, eso es lo que hacen y ese es nuestro triunfo.

Por supuesto, hay causas pendientes y heridas muy abiertas. El relato de la verdad, por ejemplo, es un tema importante. Personalmente, tengo pocas dudas sobre cuál será el relato histórico de esta tragedia. ¡Es tan evidente! No habrá confusión sobre la realidad, porque ni el contexto, ni las equidistancias, ni la represión policial -incluidos sus errores- podrán ser manipulados para falsificar sus horribles crímenes. Habrá negadores del holocausto, pero la fuerza y el drama de las víctimas los borrarán del mapa de la memoria colectiva. Por eso, ellas, las víctimas, deberán permanecer como protagonistas activas de ese relato de la verdad y como causa permanente de nuestros deberes de reparación y justicia.

"Queremos un fin de ETA sin impunidad", se dice también. No hay razones para dudar de que esto está siendo así. La policía sigue investigando atentados y deteniendo a activistas. La justicia sigue produciendo condenas a día de hoy, los condenados están en cárceles y no hay ni una sola medida de atenuación o acortamiento de penas. Es más, el régimen penitenciario de los presos de ETA se produce en cárceles distantes a pesar de que la política de dispersión aplicada no tiene hoy las necesidades y las razones que tenía cuando se adoptó a principios de los años 90 del siglo pasado. Aplicar la Ley Penitenciaria en la perspectiva resocializadora de su función no es impunidad, es justicia.

Publicado en El Huffington Post, 8/04/2017.

16 de marzo de 2017

Posibilidades y riesgos de la democracia digital.

La revolución tecnológica ligada al fenómeno de la globalización y al avance de Internet no solo plantea enormes desafíos al mundo del trabajo sino que provoca también profundos cambios en las sociedades modernas. Uno de ellos, es el que afecta a la información y la comunicación (TICs) que ha inundado la vida cotidiana de los ciudadanos. De hecho, es probable que usted esté leyendo este artículo desde un ordenador, una tableta o incluso desde su propio móvil.
El ámbito de la política ha escapado a la influencia y el potencial de las TIC. Desde hace una década, el porcentaje de ciudadanos que utiliza internet para informarse sobre cuestiones políticas se ha duplicado, en particular entre los más jóvenes, y las iniciativas de participación electrónica a nivel nacional, regional y local que conectan a los ciudadanos con sus administraciones siguen multiplicándose. El DNI electrónico y las consultas promovidas por los Ayuntamientos de Madrid o Sevilla son algunos ejemplos de cómo las TIC han sustituido a los canales tradicionales de comunicación entre ciudadanos e instituciones políticas.
    
En definitiva, una nueva forma de comunicación, debate y participación social en los asuntos públicos ha llegado y, parece que, para quedarse si, además, observamos el creciente desafecto y desconfianza de amplias capas de la sociedad hacia las formas clásicas del juego político y las instituciones representativas. Los ciudadanos reclaman a la Unión Europea y a los Estados más transparencia interna y mayores mecanismos de control democrático. Quieren incrementar su participación en la toma de decisiones y ampliar las posibilidades de interacción entre política y ciudadanía, y la democracia digital se presenta así como un instrumento nuevo para ayudar a resolver las carencias del funcionamiento actual de los sistemas democráticos.
    
El Parlamento Europeo ha aprobado esta semana un informe, del cual he sido ponente, que destaca las potencialidades de las TIC para mejorar la democracia tradicional y fomentar una ciudadanía más activa, pero que también aborda los riesgos que esconde la aplicación de estos nuevos instrumentos electrónicos. El texto advierte en primer lugar de que el objetivo de estas nuevas herramientas de comunicación digital no es establecer un sistema democrático alternativo basado en la democracia directa frente a la democracia representativa, sino ofrecer nuevos instrumentos para enriquecerla y perfeccionarla. Entre otras, plantea varias propuestas para ampliar la implantación de la democracia digital a nivel europeo y nacional.
    
Primero, desarrollar el enorme potencial de la administración digital y fomentar el uso de datos abiertos y de herramientas de las TIC basadas en código abierto y software libre en las instituciones europeas y en los Estados miembros.
Segundo, pedir a los Estados miembros y a la Unión que proporcionen medios educativos y técnicos para potenciar el empoderamiento democrático ciudadano y la participación digital mediante un acceso y una alfabetización digital equitativa e inclusiva a fin de colmar la brecha digital. La creación de redes de colaboración con las universidades, la inclusión de las capacidades digitales en los planes de estudio escolares y en el aprendizaje permanente son algunas de las iniciativas que deben ponerse en marcha.
Tercero, establecer plataformas digitales, con el fin de incrementar la eficiencia y la trasparencia de la comunicación entre las instituciones europeas y los representantes políticos y la ciudadanía y de promover la participación de los ciudadanos en la adopción de decisiones democráticas y el acceso a la legislación, las peticiones, las consultas públicas y las evaluaciones de impacto, la Iniciativa Ciudadana Europea y la ciudadanía digital, etc. Cuarto, utilizar las nuevas tecnologías para ofrecer a los partidos políticos nuevos instrumentos de apertura y conexión con sus afiliados y simpatizantes y fomentar la escucha activa y el debate.
Estas son solo algunas de las más de cuarenta recomendaciones del Informe que se centran en las potencialidades de la democracia digital. Pero no podemos obviar que detrás de las mismas también se esconden varios riesgos, en particular en torno a tres cuestiones: la votación digital y la protección de los datos personales y de la intimidad, que están intrínsecamente ligadas.
 
La votación electrónica y la votación a distancia por internet presentan, a primera vista, enormes posibilidades para incrementar la participación en los procesos democráticos, en especial la de las personas con movilidad reducida, las personas mayores y los ciudadanos que viven o trabajan permanente o temporalmente en un Estado miembro del que no son nacionales o en un tercer país, etc. Pero demandan, más allá de una exigencia máxima del cumplimiento de los principios de igualdad y secreto de la votación y de libertad de sufragio, una continua actualización para garantizar la seguridad y luchar contra los ciberataques. Esta cuestión está de actualidad tras la polémica causada por las presuntas actividades rusas de hackeo en la campaña presidencial de EE.UU. Las dudas que se plantean han llevado a Holanda a renunciar al cómputo de votación electrónico las elecciones legislativas de marzo y a Francia a descartar este sistema para los franceses residentes en el extranjero en las elecciones presidenciales, que precisamente se celebrarán en abril y mayo de este año.
 
En relación a la protección de la intimidad y de los datos personales, es la condición sine qua non no solo para garantizar la votación electrónica, sino para el éxito de las otras vertientes de la democracia digital: la administración electrónica, la gobernanza electrónica, la deliberación electrónica y la participación electrónica. Fomentar un entorno más seguro en Internet y garantizar, entre otra cuestiones, el derecho al olvido y la creación de registros públicos digitales seguros y de sistemas de validación de las firmas electrónicas así como la lucha contra robots de spam, la elaboración anónima de perfiles y la usurpación de identidad, son aspectos claves que determinarán la supervivencia de la democracia digital.
Para concluir, debo confesar que, en mi opinión, las innovaciones tecnológicas por sí mismas no son una pócima milagrosa que logre eliminar la desafección política de los ciudadanos y provoque una transformación sustantiva de nuestras democracias. Las razones de esta crisis son profundas y están relacionadas con las políticas, con los procesos crecientes de mundialización y con una insatisfacción creciente de los ciudadanos con los efectos de la globalización, especialmente en los espacios sociales del trabajo no cualificado.
En definitiva, la revolución digital requiere una observación constante de sus utilidades reales para mejorar la democracia, hacerla transparente, favorecer la participación ciudadana, empoderar la sociedad y someter a la acción pública a un proceso deliberativo abierto y plural. Pero al mismo tiempo deberemos prevenir contra el espejismo acerca de sus ventajas para superar los problemas que hoy presenta la democracia parlamentaria, y también para evitar la creación de problemas nuevos que las propias TIC no sean capaces de resolver.
 
Publicado para  Huffington Post, 16/03/2017
 
 

14 de octubre de 2016

Entrevista Huffington Post 14/10/2016



En los últimos años, cuando el PSOE atraviesa dificultades en el gobierno o en la oposición, le pide al histórico dirigente Ramón Jáuregui Atondo (San Sebastián, 1948) que ocupe alguna posición en la primera línea. En octubre de 2010, el presidente Zapatero, tras haber dado un giro de 180 grados y anunciar los recortes del mes de mayo, hizo una crisis de gobierno e incorporó a Ramón Jáuregui como Ministro de la Presidencia. Ahora Javier Fernández, el presidente de la comisión gestora que pilota transitoriamente el PSOE, le ha pedido a Jáuregui que dirija a los socialistas españoles en el Parlamento Europeo en estas horas críticas que vive su partido, en sustitución de Iratxe García, europarlamentaria próxima a Pedro Sánchez.

Jáuregui no se muerde la lengua al hablar sobre la abstención, pero insiste en que la decisión no se ha tomado todavía y que se hará en la reunión del comité federal que se realizará próximamente. El político vasco no oculta su preferencia: una abstención técnica, sin contrapartidas, que permita a Rajoy ser investido para que el PSOE pueda pasar a la oposición. Afirma haber apoyado lealmente a Pedro Sánchez hasta que éste anunció que convocaría unas primarias y un congreso. "Tendría que haber sido Pedro Sánchez quien liderara la abstención", asegura Jáuregui, en cuyo caso, hoy “seguiría siendo el líder del partido”. Hablamos con él en su despacho del Parlamento Europeo en Bruselas.

Usted es un superviviente político de la generación de Felipe González, Alfonso Guerra o Txiki Benegas. ¿Cómo se siente en este momento en que de nuevo da un paso al frente en circunstancias tan complicadas como las que vive su partido?

Orgulloso de seguir siendo útil al partido, pero con una sensación de fin de proyecto. No tengo ninguna aspiración, ninguna pretensión. No compito. Pero en cierto modo me siento feliz de tener un buen nombre en la casa.

¿Le llamó personalmente Javier Fernández para proponerle que fuera el portavoz de los socialistas españoles en el Parlamento Europeo?

Sí.

A la vista de los últimos acontecimientos en el PSOE da la sensación de que hay un divorcio entre los mayores y los jóvenes de su partido. Javier Fernández preside la gestora, el nuevo portavoz en el senado es Vicente Álvarez Areces, usted aquí en el Parlamento Europeo… Reemplazan a líderes más jóvenes. ¿Hay un pulso generacional?

La reaparición de unas cuantas personas del tiempo pasado -si queremos llamarlo así- es consecuencia de que el punto al que llegó el PSOE con la convocatoria de unas primarias en plena decisión de formar gobierno alarmó enormemente a la mayoría del partido, y los líderes territoriales que tienen responsabilidad de gobierno se pusieron de acuerdo para parar esa deriva. Nosotros creemos que esa situación era muy, muy peligrosa, casi suicida para el PSOE, y simplemente ha habido una organización… yo no sé si de los más viejos, yo diría de la gente que no veía razonable el camino que Pedro [Sánchez] había trazado después de las elecciones vascas y gallegas.

¿Era una estrategia suicida el #NoEsNo que apadrinó Pedro Sánchez?

Lo que no era razonable era hacer un congreso y unas elecciones a secretario general en vísperas de unas nuevas elecciones que podrían ser fatales para España y también para el partido. Blindarse en un liderazgo personal frente a una circunstancia muy mala para el conjunto del socialismo español era una situación inasumible para quienes queremos al PSOE. Entonces, simplemente, los que tienen poder orgánico se han plantado y han introducido el debate político que faltaba, porque desgraciadamente no se ha hablado de esto. Durante meses –y en esto hemos fallado muchos– no hemos tenido un debate…

¿Por qué no se ha hablado? Tras las elecciones hubo un comité federal en el que sus miembros aceptaron la estrategia propuesta: no a Rajoy e intentar formar un gobierno alternativo…

Sí, hasta ahí puede ser aceptable. Una vez comprobado que un gobierno alternativo con Podemos y Ciudadanos no se puede materializar, en mi opinión el PSOE tiene que decir claramente a la opinión pública que no quiere un gobierno que dependa de un nacionalismo independentista, que no es compatible con un proyecto nacional como el que el PSOE representa. Y no queriendo terceras elecciones –porque consideramos que verdaderamente es muy malo para el país, y también muy malo para nosotros–, hay que decirlo claramente. Es ese momento en el que, al menos yo personalmente, he comenzado a tener alguna discrepancia con lo que ha hecho Pedro. Yo, hasta el 25 de septiembre, no he dicho ni una sola palabra crítica hacia él, pero cuando Pedro convoca un congreso y anuncia que quiere terceras elecciones y que va a hacer unas primarias para que le elijan a él -porque a nadie más pueden elegir-, interpreto que se ha equivocado. Tenía que ser él quien hubiera liderado la abstención. Si lo hubiera hecho, hoy seguiría siendo el líder del partido. Él tenía que haber sido capaz de dar el giro.

Pero Pedro Sánchez no parecía que fuera a hacer ese giro porque su trayectoria ha sido muy insistente, in crescendo, con un #NoEsNo, casi una seña de identidad reivindicada con gran orgullo… parecía imposible que él mismo se desdijera.

No era fácil, ciertamente. Pero es que la otra alternativa a la que nos ha llevado es un blindaje personal con una convocatoria de terceras elecciones: realmente, un escenario que muchísimos no aceptamos. Y somos los que hemos empezado a decirlo, tarde, probablemente, e incluso si quieres hasta mal, porque yo admito que una vez que se produce la batalla orgánica siempre es malo, pero era inevitable hacerlo, cuando el escenario que él dibuja entre los días 26 y 27 de septiembre es el que acabo de describir. No hay otro.

¿Fallaron los órganos de su partido en la medida en la que no pudieron enderezar el barco de una manera normal?

Todos respetamos la estrategia del secretario general y nadie, muy pocos, expresaron sus dudas sobre una posición que muchos creíamos no era definitiva, porque el tiempo tiene que ir marcando las posiciones. En ese sentido hemos fallado, sí. Porque el Partido Socialista no ha debatido con seriedad la hipótesis de la abstención desde el principio, ya sea esta negociada, o sea técnica. Porque puede ser de las dos maneras.

¿Qué diferencia hay entre una y otra?

La negociada es a cambio de condiciones, la técnica es a cambio de nada.

En su opinión, ¿cuál es mejor opción?

En este momento no cabe más que la técnica, en mi opinión. Puesto que la otra [una abstención negociada] sólo se podría haber hecho desde un principio.

Su compañero Miquel Iceta ha dicho en el programa Hoy por hoy de laCadena Ser que una abstención le incapacita al PSOE para liderar después la oposición. ¿Está de acuerdo?

No es verdad, para nada. La oposición vamos a seguir siendo nosotros, si lo hacemos como debemos hacerlo. Pero la oposición no es negarse a todo, también es pactar. Una oposición que pacta es una oposición inteligente. No hay mejor situación para una oposición que un gobierno en minoría. Es una ley de la política. Es irrefutable. Y nosotros tenemos esa opción hoy. Mañana no la tendremos... Por tanto hay que debatir sobre el juego que el Partido Socialista puede tener también en ese esquema del que estamos hablando porque nada se aprobará en serio en España sin el concurso del Partido Socialista. Nada serio se hará en materia de regeneración democrática, en materia de oferta a Cataluña para combatir el reto secesionista, en materia de sostenimiento del modelo de bienestar, en materia fiscal, etc, sin el concurso del Partido Socialista. Pactaremos lo que seremos capaces de pactar o lo que consideremos conveniente, pero eso no nos priva de hacer oposición.

¿Pero tiene fiabilidad para pactar en materia de regeneración, por ejemplo, un partido como el PP que está inmerso en unos procesos judiciales por causas de corrupción tan importantes como las que estamos viendo estos días?

Sí. Tiene que tenerla, si tiene la mayoría de los votos. ¡A mí me da cien patadas! [alza la voz], pero, si es el partido que ha ganado las elecciones, hay que pactar con él. ¿O es que alguien cree que se puede hacer algo en España en materia de reforma constitucional o en relación a Cataluña sin contar con la derecha española? Y también en materia de regeneración, sí, naturalmente.

Entonces abstenerse para que gobierne el PP no es como indultar la corrupción, como dicen algunos….

No, no tiene por qué. Eso es simplemente un eslógan, un mensaje de Twitter que utilizarán quienes están en contra de que el PSOE sea un partido serio y un partido responsable en España, que esta es otra, porque de esto no hemos hablado… Yo creo que mucho de lo que está en juego es que el partido siga siendo el partido centrado, el partido nacional, el partido vertebrador, el partido que piensa en España y en los españoles y en sus problemas, no en los problemas internos [del partido]. Por tanto creo que eso también está en juego y a eso va a responder lógicamente un razonamiento de adoptar –si finalmente así se decide- una posición como la que yo estoy defendiendo.

Usted también defendió el voto a favor de la elección del presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker en junio de 2014, cuando el grupo socialista europeo iba a votar a favor en el Parlamento Europeo y sin embargo los socialistas españoles iban a votar en contra, saltándose la posición fijada por sus compañeros europeos ¿Hay paralelismos entre aquel momento en Europa y el que vive España en estos momentos?

Yo en aquella ocasión lo defendí abiertamente y seguramente no lo hice muy bien porque no fue un momento fácil. Pedro Sánchez acababa de ser elegido secretario general el domingo anterior y el martes votábamos en Estrasburgo. Gran parte de su campaña la había hecho con esa promesa [votar en contra de Juncker] y yo le entiendo. Ahora bien, la campaña interna del PSOE de aquellas primarias de junio de 2014 es una cosa, y lo que se jugaba en Europa era otra. Y en Europa lo que había era un acuerdo de Renzi, de Hollande, de Sigmar Gabriel, de Martin Schulz, de Merkel, etc. para dar estabilidad a las instituciones. Y las elecciones las había ganado Juncker, es decir, el partido conservador. Y el acuerdo que se hizo, que no fue de coalición, fue un acuerdo para hacer sostenibles unas instituciones en un momento en que en Europa -lo estamos viendo día tras día– había una tensión y unos vientos huracanados contra el proyecto europeo y hoy son todavía peores. Yo pensé que el compromiso de la familia socialista europea nos comprometía. Y por eso defendí votar a Juncker.

Utilizando el lenguaje que ha empleado el presidente de la gestora del PSOE, Javier Fernández, quizás fue aquel voto en contra de Juncker, saltándose la disciplina de voto del Grupo Socialista europeo, el primer síntoma de una “podemización del PSOE”…


No me gusta el adjetivo. De todas formas, no creo que fuera el comienzo de nada. No. En todo caso, no creo que haya una deriva en ese sentido. Tras las primeras elecciones, Pedro Sánchez gestionó razonablemente bien la situación surgida del 20 de diciembre y de hecho propuso un gobierno lógico porque había una mayoría relativamente sólida junto a Ciudadanos y a Podemos como para dar un gobierno alternativo a España. En aquellas circunstancias quien falló fue Podemos. Yo no creo que haya en la crítica al liderazgo de Pedro Sánchez una especie de totalidad. Para nada. Yo he coincidido sustancialmente con la forma de Sánchez de dirigir el partido durante estos dos años hasta que el 25 de septiembre, a raíz de las elecciones vascas y gallegas, toma una decisión que yo no puedo comprender. A mí me preguntaron antes de esas elecciones qué pensaba y dije
que era Pedro quien tenía que liderar el cambio de la posición. Solo él. Porque si no lo hacía él, nos iba a hacer un agujero. Y nos lo ha hecho.

Pero él no quería cambiar de posición…

Por lo que se ve, no. A mí no me preguntó mi opinión. Pero a quienes me preguntaron les dije que la estrategia de Pedro había sido coherente hasta el momento, había intentado tras las segundas elecciones un gobierno con Ciudadanos y Podemos pero obviamente era imposible, porque Ciudadanos ya había pactado con el PP y Podemos no quiere saber nada con Ciudadanos. Reconocida esa incompatibilidad, con 85 diputados, la única opción que te quedaba era depender de los nacionalistas.

¿Pedro Sánchez tenía un plan para primero ganar las primarias que quería convocar y después llegar a la Moncloa con el apoyo de los independentistas?

No lo sé. No tengo información. Ni mucho menos pruebas sobre el asunto. Yo no sé si esa hipótesis se ha barajado en serio o no. Yo no lo hubiera aconsejado en ningún caso. Incluso aunque fuera acompañada de supuestas suspensiones reivindicativas de los nacionalistas, porque un gobierno con los nacionalistas, día tras día, te somete a una tensión territorial que te desgasta brutalmente en el conjunto de España. Yo he sido secretario general del Grupo Parlamentario Socialista en el Congreso y sé lo que es negociar cada semana 30, 40 o 50 votaciones. En el parlamento se votan muchas cosas y todas tienen un componente territorial en España. Depender de los nacionalistas es someter al gobierno de España a una tensión -y más sin son partidos independentistas– que el PSOE jamás puede admitir.

Si no le gusta el calificativo de que el PSOE se ha 'podemizado', sí que había una tendencia, bajo Pedro Sánchez, de convocar a las bases, hacer consultas a la militancia, que rompe un poco con la tradición representativa del PSOE de confiar en sus órganos para tomar decisiones complicadas. Ahora parece que no van a consultar a la militancia la decisión de abstenerse o no, será una decisión tomada por el comité federal. ¿No hay un cambio de modelo de partido?

Si se quiere mirar así, sí. Yo soy contrario a esa tentación asamblearia en la manera de decidir las cosas. Es decir, la militancia es soberana y tiene sus espacios para manifestarse, pero cuando nos elige lo hace para que decidamos. Y decidimos sus representantes. El comité federal es la soberanía del PSOE. No tengo ninguna duda. Esa tentación asamblearia que asalta desgraciadamente demasiadas esferas de la política internacional pone en evidencia las enormes deficiencias de, digamos, el asamblearismo, los referendos, la consulta permanente de todo, del derecho a decidir todos los días todas las cosas. Es evidente que eso no es una forma más avanzada de democracia. La forma más depurada de la democracia es la representativa. Y por tanto también en el seno del partido, quienes somos elegidos para decidir o quienes lo son –yo no estoy en el Comité Federal– son quienes tienen que tomar la decisión, porque tienen una capacidad analítica de la realidad para la que no están dotados todos los militantes.

Según esa lógica, ¿la consulta a los militantes del acuerdo de gobierno con Ciudadanos en la anterior legislatura fue un error?

No me importa la retrospectiva del asunto. Pero insisto: no es método someter a consulta todos los días, todas las cosas. Insisto.

Da la sensación de que Pedro Sánchez sí apostaba por esa deriva de consultar a la militancia en contra de esa tradición del PSOE…

A veces esa decisiones son consecuencia de la oportunidad o de las conveniencias. Pero, repito, no de un método de acción política serio.

¿Van a ser ustedes capaces de explicarse frente a sus militantes y votantes si deciden finalmente abstenerse, sea de forma técnica, como usted defiende o de forma negociada? No será fácil considerando que todo lo que han escuchado hasta ahora era que abstenerse era traicionar la palabra dada. ¿Cómo lo van a hacer?

Primera precisión: yo no sé lo que va a decidir el Comité Federal respecto a si es una abstención técnica, condicionada o sencillamente mantener el no. No lo sé. Estoy muy alejado de las cuestiones orgánicas y no tengo información ni siquiera de la gestora para saber si lo que se va a someter al Comité Federal es una opción u otra… El problema que señalas es justamente el que tenemos, en parte porque no hemos hecho este debate, en parte porque las voces analíticas de las diferentes opciones no se han expresado. Lo cierto es que hay poco tiempo porque el partido se ha educado en los últimos meses en una posición de radicalidad anti-PP que hace más difícil la explicación de una abstención. Es el mayor problema que tenemos. Pero la política está para que seamos capaces también de combatir en aguas arriba. Tenemos una opinión demasiado radicalizada en una sola posición, que para mí es muy táctica, y no hemos hablado del PSOE que queremos, del ADN histórico del Partido Socialista, no hemos hablado de España, de los problemas de los españoles, del papel del PSOE como partido nacional, partido serio, partido fiable, de esto no hemos hablado nada. Y esta para mí es la cuestión. Vamos a tener que remar aguas arriba. Pero no creo que todo esté perdido, sinceramente. No es dramático, es una decisión difícil. El Comité Federal la tomará y la explicaremos. Habrá tiempo para jugar el papel que se decida.

Si se decide la abstención, ¿el grupo parlamentario se puede romper en el Congreso?

No lo sé. No conozco la parte orgánica. No tengo ni idea.

Los dos candidatos que se disputan el liderazgo del PSC, Miquel Iceta y Nuria Parlón, insisten en que los diputados socialistas catalanes deben votar que no en cualquier caso, sea cual sea la decisión del PSOE. ¿Qué puede suceder en ese choque?

No lo sé… Se me escapa.

En la tarea de reconstrucción del PSOE que tienen por delante, ¿van a ponerse de acuerdo las distintas generaciones del partido en la forma de tomar las decisiones estratégicas?

La acción de gobierno es una terapia infalible para superar retóricas. Yo creo que cuando el partido realmente se hace grande es cuando domina el BOE. Y mucho me temo que hay un gap entre los que hemos gobernado y los que no. Creo que es imprescindible que el partido recupere ese sentido histórico de lo que somos y por tanto una modernización ideológica que a veces echo en falta…

Esa modernización situaría al PSOE más cerca de Podemos, una fuerza a su izquierda, abiertamente populista, como ellos mismos se definen, o les situaría más cerca de una fuerza de centro derecha como Ciudadanos?

Yo no me quiero situar en relación con nadie. El PSOE tiene que aspirar a ser un partido alternativo a la derecha, como siempre lo hemos sido, con capacidad de optar a gobernar y tener los votos suficientes. Nosotros no aspiramos a ser la mayoría de una minoría de izquierdas, ni encabezar una izquierda fragmentada. Ese es un debate equivocado. Esa no es nuestra pelea. Es muy importante que el partido se sitúe como una fuerza capaz de dar confianza a los españoles para resolver sus problemas. Y eso implica adaptarse a un tiempo que va a toda velocidad y que cambia radicalmente. Eso implica, por ejemplo, reconocer que la izquierda, en general, tiene un problema con los electores para recuperar credibilidad en cuanto opción de gobernar la economía. Si para los ciudadanos la derecha gobierna mejor la economía tenemos un problema. Si la izquierda no reconoce que hay un cambio tecnológico brutal y que eso implica remodelar la sociedad del bienestar, el modelo de trabajo, las relaciones laborales, si no somos capaces de innovar en todas esas áreas no seremos un partido grande. Ese es el PSOE que tenemos que hacer.

¿Un partido de izquierdas se vuelve conservador si repite una serie de cosas sin adaptar sus mensajes y sus propuestas?

Yo lo diría de otra manera. Hay una izquierda antigua que sigue ofreciendo fórmulas del siglo pasado a un siglo nuevo. Hay una ciudadanía que es capaz de analizar si tus propuestas y soluciones son realmente posibles o no. En ese sentido, la izquierda de toda Europa está lastrada porque sus formulaciones eran propias del estado-nación, no de la globalización. Y todas nuestras banderas, todos nuestros sueños se tienen que materializar en mesas de gobernanza supranacionales y en políticas para remodelar el capitalismo que no se someten a las reglas del siglo pasado. Eso es lo que verdaderamente es antiguo. ¿Hay una izquierda antigua? Sí. ¿Populista, además, en el caso de Podemos? Pues también. Pero es antiguo pretender oponerse a que hay que regular el comercio internacional. Es antiguo pretender que la banca sea pública y no sea privada. Es antiguo pretender que las empresas sean nacionales y no haya libre mercado. Lo que tenemos que hacer es aceptar, por supuesto, que a ese mercado lo tenemos que remodelar, y esa es la izquierda reformista que nosotros representamos. A nosotros no nos pertenece ese anticapitalismo de panfleto.

El marco evidente para lograr esas cosas es la Unión Europea, pero las dificultades saltan a la vista. A veces un socialdemócrata español o portugués se puede parecer más a un conservador francés que a un socialdemócrata holandés o alemán. Para que la izquierda socialdemócrata pueda cumplir esos sueños de los que usted habla cómo puede superar sus diferencias y actuar de forma unida en Europa?

Es cierto. Más en la Europa de hoy que está asaltada por un neonacionalismo rampante. Lo vemos en el cierre de las fronteras de Hungría, en el referéndum británico, en las propuestas de retirar el euro de Madame Le Pen… Hay neonacionalismo, populismo, extrema derecha, incluso infantilismo en algunas expresiones no propiamente de derechas. Sí, está difícil. Pero no hay otro camino. En el lenguaje diplomático se suele decir que hay dos bloques de países en Europa: los que saben que son pequeños, y los que no saben que son pequeños. Pues somos muy pequeños todos y tenemos que estar juntos. En ese sentido la izquierda tiene que articular su proyecto sobre esa realidad. Y tenemos que hacer más partido europeo, no una agregación de partidos nacionales y hay que reformular el proyecto socialdemócrata en el conjunto de Europa. Hay que hacer una agenda, un relato urgente para los próximos dos años y medio. Se lo he dicho a Gianni Pittella [presidente del grupo socialista europeo en el Parlamento Europeo] desde que me han nombrado presidente de la Delegación Socialista española. Creo que la urgencia del socialismo democrático en ese terreno es muy grande, pero lo que aprecio es que nadie va a representar los valores y los sueños socialdemócratas como nosotros, por imperfectos que seamos, y por distintos que seamos.

¿Debe seguir Martin Schulz al frente del Parlamento Europeo cuando termine su mandato en enero?

¡Rotundamente, sí! De la estabilidad de las instituciones europeas y de la potencia de la pareja Juncker – Schulz dependen muchas cosas. Y no solamente en clave nacional, también en clave europea. Poner en riesgo la presidencia de Schulz implicaría una inestabilidad institucional en el Consejo y un nuevo conflicto que Europa no se puede permitir.

La emergencia de Podemos en España coincide con un momento en que otros partidos populistas crecen con fuerza en Europa. El Parlamento Europeo es un observatorio de lujo para observar este fenómeno. Aquí está Marine Le Pen, del Frente Nacional, Nigel Farage del UKIP, Syriza, Podemos…¿qué rasgos tienen en común?

Una coincidencia de posiciones extremas que realmente debieran de hacer pensar a esa izquierda europea que cree que hay que refundar la Unión sin darse cuenta de que al hacerlo la van a destruir. Igual que lo que piensan los eurófobos de Farage o Le Pen, que odian a Europa… Cuando desde el otro extremo se reivindica una especie de refundación infantil de Europa creyendo posible lo que realmente es imposible, es que no están trabajando por Europa. Trabajas por Europa si eres capaz de sostener las instituciones, de hacer funcionar la unión energética, la unión bancaria, de mejorar la gobernanza, de hacer que Europa avance en el combate de la evasión fiscal…que consigamos un acuerdo de inmigración, pero no diciendo no a todo. En eso me distingo de forma muy consciente de esa izquierda populista que acaba siendo autodestructiva, aunque no sea esa su intención.

¿Le preocupa la deriva xenófoba en el Reino Unido de Theresa May?

Es verdad que en el Reino Unido hay una posición táctica en este momento, que responde a una negociación todavía ni siquiera planteada, la del Brexit, y en segundo lugar a la necesidad de ahormar un partido dividido. Pero la manera en la que lo ha hecho la Señora May realmente es deplorable, y más deplorable es que haya casi un 60% de ingleses que le crean y que le entiendan. Y más aún que sean los empresarios quienes más combatan sus propuestas y que no sea el laborismo británico el que haya puesto la voz de alarma sobre una idea tan estúpida como que hay que hacer listas con el número de extranjeros que hay en las empresas, ¡cuando los mejores jóvenes de Europa, doctores españoles, ingenieras, analistas financieros, etc. se han ido a trabajar a Londres! Y ahora estos señores quieren cuestionarlo por un populismo anti inmigratorio que es empobrecedor del Reino Unido. Es grave, pero repito, más grave es que haya tanta gente que escucha a Trump, o que le vote, o que entiende a la señora May con estas declaraciones.

Actualmente hay más de tres millones de europeos no británicos viviendo en el Reino Unido y la primera ministra Theresa May se niega a darles garantías de que respetará su estatus durante las negociaciones. ¿Le preocupa lo que vaya a pasar con ellos en las negociaciones?

Yo no pienso que vayan a correr riesgos en serio, sinceramente, pero toda esta literatura que se está lanzando sobre los derechos de los inmigrantes en Europa cuestiona la idea misma de Europa. Si no hay movilidad porque no hay derechos iguales, no hay Europa. Cuando hablamos de la inmigración, por ejemplo, la cuestión no es sólo moral: tenemos que encontrar una respuesta a la presión migratoria, debemos responder al deseo de tantas personas que quieren vivir aquí... Si ponemos en riesgo Schenghen ponemos en riesgo la unidad de mercado y Europa es mucho más que eso, pero es sustancialmente eso. De forma que creo que en la negociación con el Reino Unido y con las crisis múltiples que estamos viviendo en Europa, la defensa de la movilidad y de los derechos iguales son seña de identidad de un proyecto de futuro para Europa.

Usted ha encabezado recientemente una delegación de parlamentarios europeos que han observado el referéndum sobre el acuerdo de paz en Colombia. ¿Se puede salvar la paz después del 'No'?

Parece que sí. Anoche estuve cenando con el embajador colombiano y curiosamente el ambiente tras la derrota del 'sí' es muy constructivo: yo lo llamaría un ajuste del acuerdo. O sea, no tirar por la borda todo lo construido. Y hay un sentimiento general, incluida la oposición (y esto me parece elogiable) de prudencia, en especial en la forma en que se está celebrando la victoria del 'No'. Se están buscando ajustes. Porque las FARC son las primeras que tienen que comprender que en el 'No' al acuerdo había un rechazo mucho más intenso de lo que ellos pudieran creer en la sociedad colombiana, de manera que tienen que ser conscientes de que el pueblo ha hablado y tienen que aceptar ajustes en el acuerdo. Pienso que se está caminando bien. Soy optimista.

¿Fue un error del presidente Santos convocar un referéndum sobre un asunto como este? Ya sabemos que este tipo de consultas preguntan sobre cuestiones complejas pero las motivaciones para responder de forma binaria pueden ser múltiples y no obedecer al objeto de la pregunta, como la simpatía o la popularidad de quien convoca la consulta…

Yo creo que en este caso no. Soy muy poco partidario de los referendos –he de confesarlo– y después de la experiencia británica, holandesa, húngara, etc., lo tengo cada vez más claro. Pero en este caso era tan importante el acuerdo, la aprobación por parte del pueblo legitimando un tiempo nuevo para cerrar esta trágica herida y compensar….Yo lo entiendo. Santos tuvo razón en plantearlo aunque no lo haya ganado.

Entrevista para Carlos Carnicero Urabayen , El Huffington Post.

12 de septiembre de 2016

Revolución fiscal.

"Un café o un puesto de salchichas de Viena, paga más tasas en Austria que una multinacional", dijo el canciller austriaco Christian Kern hace unos días. No le falta razón, porque algunas de ellas, no pagan nada. Era el caso de Starbucks cuando concentró la facturación de sus cientos de tiendas europeas en un pequeño local con catorce empleados en Luxemburgo, favoreciéndose así de un acuerdo previo que le obligaba a residenciar su sede central en ese país, a cambio de una ridícula tasa fiscal sobre sus beneficios europeos. Pero, solo un año después, la comisaria Vestager ha descubierto que Apple hacía algo parecido, facturando el Impuesto de Sociedades en Dublín, a un tipo fiscal que no llega al 1%. El agravio de esa tasa tan baja en comparación con el 25% nominal del resto de Europa no es nada si se comprueba además que Apple concentra en Irlanda todos los beneficios correspondientes a los países europeos, en una sola cuenta irlandesa, eludiendo así pagar el impuesto de sociedades en cada país con arreglo a su facturación nacional.

Añadan a esto la enorme dificultad técnica que tienen los servicios fiscales de los países para calcular el volumen de negocios de las compañías tecnológicas que mueven productos y conceptos financieros intangibles, de difícil o imposible ubicación local y la cada vez más ingeniosa y agresiva ingeniería fiscal que permite jugar con legislaciones nacionales muy diversas y ubicar la fiscalidad, las desgravaciones, las deducciones, etc., de la base del Impuesto allá donde más convenga. El resultado, ustedes lo conocen: las grandes multinacionales están pagando una tasa fiscal de sus beneficios, más cerca del 5% real que del 25% nominal. Y esto es general en todo el mundo.

Para hacer más crudo este relato, el mundo se despertó un día con la publicación de los llamados "Panamá Papers", que ponen en evidencia la cantidad enorme de personas en el mundo que eluden la fiscalidad de sus bienes, patrimonios y rentas, a través de compañías offshore, sin actividad económica real la mayoría de ellas, defraudando así la contribución fiscal en sus respectivos países, por decir solo una parte del problema que representan ese y otros muchos paraísos fiscales en el mundo (el lavado de dinero negro y la financiación del crimen, pueden ser todavía mayores).

El enfado ciudadano con estas evidencias no para de crecer, mucho más en el clima de descontento social que ha generado la crisis y ante la alarma política que está provocando el crecimiento de la desigualdad en el seno de las sociedades de Occidente. No se trata solo de comprensibles sentimientos de injusticia y cabreo de la gente por el trato fiscal recibido. Más grave todavía es el doble reto que se plantea para las Haciendas nacionales. De una parte, luchar contra la ingeniería fiscal que desarrollan las grandes consultoras universales para aprovechar la globalización financiera y productiva y el comercio internacional, en perjuicio del interés público de las naciones. Y de otra, la creciente competencia fiscal a la baja que desarrollan los países y los paraísos fiscales para aprovecharse de su soberanía fiscal y atraer empresas y actividad económica en perjuicio de los demás. El caso irlandés, concentrando en los últimos años las grandes tecnológicas americanas en Dublín, es solo un ejemplo más de esta competencia desleal que amenaza con diluir el impuesto de sociedades en esta desaforada y loca carrera hacia el tipo cero.

¿Qué será la Revolución Fiscal pendiente? En primer lugar, tomar conciencia de esta gravísima situación y aprovechar la alarma social creada para reordenar y gobernar la fiscalidad global en Europa y en el mundo. Una agenda urgente que debe abordar tareas tan complejas como las siguientes:
  1. Establecimiento en la Unión Europea de la Base Consolidada Común del Impuesto de Sociedades (BICCIS), lo que limita la competencia fiscal a la baja y desincentiva el traslado artificial de beneficios y la suscripción de pactos tributarios opacos en el seno del mercado interior.
  2. Obligación de publicar la información fiscal y financiera país por país por parte de las empresas multinacionales en la Unión Europea.
  3. Conversión de las recomendaciones sobre intercambio automático de información de naturaleza tributaria y erosión de las bases y repatriación de beneficios de la OCDE en estándares globales vinculantes.
  4. Establecimiento de una lista europea pública, transparente, comprensiva, robusta, rigurosa y objetiva de paraísos fiscales y, por tanto, una definición común de paraíso fiscal.
  5. Sancionar a los Estados que concedan ventajas fiscales sin requerir actividad económica sustantiva, no intercambien información, o tengan una imposición anormalmente reducida.
  6. Establecimiento de un impuesto de salida a los capitales que se trasladen a los Estados o territorios que tengan la condición de paraíso fiscal.
  7. Aplicación de medidas contra las empresas que operen desde paraísos fiscales, incluyendo su exclusión de financiación proveniente de la Unión Europea.
  8. Protección de los reveladores de ilegalidades y despenalización de la conducta en determinados Estados miembros.
  9. Prohibición internacional del secreto bancario y de la creación sociedades sin actividad económica real.
  10. Puesta en marcha en la Unión Europea del Impuesto sobre las Transacciones Financieras, como primer paso para su generalización en la comunidad internacional.

Publicado en El Huffington Post, 12/09/2016

25 de junio de 2016

Tres urgencias y un funeral

El referéndum británico le ha explotado a Cameron en su cara y lo ha arruinado como líder político. Hasta aquí, todos contentos. 

Pero el daño que nos ha hecho con su irresponsable convocatoria y con su lamentable derrota, todavía está por evaluar. A su país, desde luego, le ha metido en un lío espectacular. Un país dividido socialmente por la mitad como si un cuchillo carnicero hubiera cortado en dos el cuerpo social. Viejos contra jóvenes, nacionalistas nostálgicos del viejo imperio contra europeístas, reaccionarios y conservadores contra progresistas.... ¿Quién y cómo recompondrá un país tan fracturado?

Pero es más, el viejo Reino Unido se destruye en sus territorios. Escocia pedirá un nuevo referéndum (para ganarlo esta vez con el poderoso argumento de que quieren ser europeos) para pedir después su ingreso como nuevo Estado en la Unión. Los nacionalistas irlandeses harán lo mismo en Irlanda del Norte y quizás el Reino Unido pierda una provincia que defendió a sangre y fuego durante decenios.

Cameron no debe esperar a otoño. Debe irse ya y convocar nuevas elecciones. Su gestión de los dos referéndums convocados, Escocia (2015) y UE (2016) son la más grave herida que ningún líder británico haya producido a su país desde la segunda guerra mundial. Su funeral ahora, no en octubre.

¿Y Europa? Europa debe hacer tres cosas urgentemente:

1. Decirle al Reino Unido que su decisión de irse la notifique inmediatamente, y comenzaremos la negociación de la salida al día siguiente. No esperaremos al otoño, ni a la dimisión de Cameron ni al Congreso Conservador. No estamos para esperas.

2. La negociación será larga y compleja. Durará dos años, pero solo puede terminar con la exclusión total del club. Lo que no puede ser es que los británicos nos propongan al final de tan complejo proceso otra forma de quedarse. Eso es y será inaceptable.

3. Poner en marcha paralelamente un plan de reforzamiento institucional y económico-social de la Unión mediante una serie de iniciativas en la gobernanza del euro, en el pilar social de la Unión y en los avances institucionales democráticos.

Si reaccionamos con unidad y determinación, el proyecto europeo saldrá reforzado. Hacen falta muchas cosas, pero sinceramente, hay poderosas razones y enormes mayorías en Europa para caminar en esa dirección.

En su ridícula y ofensiva reivindicación de su victoria, el Sr. Farage decía que hoy es el día de la independencia del Reino Unido aludiendo así a la Union Europea como una especie de Metrópoli que explotaba a la colonia británica. Acompañaba su bufonada de una proclama tan populista como falsa: "Desde hoy seremos un país libre, una nación soberana". Desgraciadamente, otros líderes de la ultraderecha antieuropea en Francia y Holanda se han apresurado a reivindicar "una nueva Europa de naciones libres".

¿Puede ser nueva una Europa atravesada por los nacionalismos? ¿No será precisamente esa la vieja Europa de nuestras guerras crueles de los siglos pasados? No puedo creer que en pleno siglo XXI esta añoranza anacrónica y nostálgica pueda engatusar a las mayorías. No quiero pensar siquiera en el triste destino de una Europa de pequeñas naciones en plena globalización. Me rebelo contra esa ideología falsaria que nos enfrenta al diferente, que nos propone respuestas simples a problemas complejos, que culpa siempre de sus males a sus vecinos en un victimismo insufrible, capaz de tirar por la borda sesenta años de construcción de paz, progreso y libertad y devolvernos a nuestras peores pesadillas.

Publicado en el El Huffington Post‎, 25/06/2016

22 de marzo de 2016

Previsible tragedia.

Por desgracia, previsible. Hace ya varios meses que lo esperábamos. Al conocer los detalles de los atentados de París y tener noticia de la ramificación bruselense de los ataques, al comprobar que durante varios años el islamismo radical de ISIS había tomado cuerpo en Molenbeek y en otros barrios de Bruselas sin que los servicios de seguridad belgas hubieran logrado desarraigarlo, muchos pensábamos que un atentado acabaría por suceder en esta ciudad.

Bastaba recordar la semana del 21 al 25 de noviembre, en que las autoridades temieron un atentado inminente, o ver a los soldados por las calles todos los días, vigilando edificios oficiales y patrullando como si Bruselas estuviera en estado de guerra. Tenía que llegar y llegó esta mañana. 

¿Qué puedo decir de nuevo? De nuevo, lo primero es el dolor de la tragedia y las condolencias a las familias de tantas víctimas inocentes. De nuevo es la sensación de impotencia ante esta gente, que hace de la muerte su único lenguaje, su único mensaje. De nuevo es la angustia de la vida paralizada por el impacto de una sucesión de noticias que colapsa las redes, que interrumpe las reuniones, que nos sumerge en cifras de muertos que siempre crecen y en medidas de control y seguridad que restringen movimientos y planes. 

Así estamos hoy en Bruselas. Encerrados en el Parlamento. Suspendiendo actividades. Con convocatorias apresuradas de minutos de silencio. Cambiando vuelos y planes para estos días. Esperando noticias. 

"Estamos en guerra", dijo Manuel Valls, el Primer Ministro francés. Desde luego esta guerra es muy distinta de aquellas que conocimos en el siglo pasado. Muy cerca de aquí, en Ypres, una pequeña ciudad belga en la que murieron más de 500.000 personas a lo largo de la Primera Guerra Mundial, hay un museo de lo que fue aquella horrible guerra de trincheras malditas y eternas. No, aquella guerra no tiene nada que ver con esta que dice Valls, pero mucho me temo que esta es también efectivamente una guerra. Me temo además que será larga.

¿Qué tenemos que hacer? He aquí tres urgencias para nuestra política:

1. Crear un cuerpo de inteligencia policial europeo. Desde 2004 Europa sufre ataques terroristas con los mismos orígenes ideológicos y objetivos estratégicos. Pero nuestras policías actúan cada una en su territorio nacional, con pocos mecanismos de conexión más allá que los que proporciona Europol. Los instrumentos de cooperación policial y judicial y de coordinación en materia de inteligencia siguen siendo insuficientes. Pese a los sucesivos intentos de poner en marcha intercambios intensivos de información - como mínimo desde 2010- estos siguen sin fructificar del todo; a las pruebas me remito. Es inadmisible que las tensiones entre los propios europeos minen la seguridad de toda la ciudadanía, y es urgente superar esos recelos para ser más eficientes en la lucha contra el terror. 

2. La política antiterrorista europea debe coordinarse más y mejor con las agencias de seguridad norteamericanas, y venir respaldada por unas relaciones exteriores con los países del Magreb y el Mashrek implementada de manera estratégica y coordinada a nivel europeo. Esto último no es lo que está sucediendo actualmente; antes al contrario, en el tablero de Oriente Medio chocan intereses y puntos de vista nacionales discrepantes, cuando no contradictorios. Este panorama impide contribuir desde Europa a estabilizar la zona, y precisamente ese elemento, la estabilidad de la región, es fundamental para poder combatir al Estado Islámico con alguna probabilidad de éxito. Naciones Unidas ha reconocido que esa meta es clave para la paz en el mundo: pongámonos manos a la obra. 

3. Necesitamos una política para la población musulmana en Europa. Adaptada a cada país, pero es necesaria una política de integración de los barrios donde se asienta la mayor concentración de jóvenes susceptibles de caer en la trampa del yihadismo. Proporcionar un futuro en forma de empleo y oportunidades a esa población, al tiempo que se profundiza el control de la radicalización en redes y mezquitas es la mejor manera de prevenir que muchos ciudadanos europeos -no olvidemos que en su mayoría lo son- se transformen en terroristas o en combatientes extranjeros camino de Siria e Irak y vuelta. Pero todo esto tenemos que hacerlo contando con la población de estos barrios. Al terrorismo yihadista debe combatirle y vencerle el Islam y los musulmanes de la paz. Y nosotros debemos ayudarles.

Publicado en El Huffington Post‎, 22/03/2016

25 de febrero de 2016

Brexit: ¿Evitar el divorcio a cualquier precio?

Tras el acuerdo alcanzado entre los 28 líderes de la Unión Europea por el que el Reino Unido logra una nueva relación con Europa y despeja el camino para el referéndum sobre su permanencia el próximo 23 de junio, El Huffington Post ha organizado un debate desde la sede del Parlamento Europeo en Bruselas.

En el encuentro han participado los eurodiputados Ramón Jáuregui (Grupo Socialista) y Enrique Calvet (Grupo Liberal), además de la corresponsal en Bruselas de la Cadena Ser, Griselda Pastor.

Video del debate en este enlace.

Cuba y el tren de la historia.

Cuando el tren de la historia se pone en movimiento, quienes tienen visión y altura de miras se suben a él, mientras el resto se queda en el andén y deja pasar la oportunidad. Al Parlamento Europeo le está sucediendo esto último con Cuba: las inercias del pasado no le permiten subirse al tren de futuro. A su alrededor, el resto de actores internacionales -incluido el Servicio Europeo de Acción Exterior - se están moviendo para adaptarse al viento de cambio que sopla en las relaciones con la isla. 

En el plano bilateral, el ejemplo más llamativo del cambio es el restablecimiento de relaciones con EEUU, que fue seguido del histórico encuentro entre Raúl Castro y Barack Obama en la Cumbre de las Américas de abril de 2015, y cuyo colofón será la visita del presidente norteamericano a La Habana a finales de este mes de marzo. Otras figuras de relevancia internacional, como los presidentes Renzi y Hollande, el ministro de Asuntos Exteriores alemán Franz-Walter Steinmeier o el papa Francisco también han visitado Cuba recientemente.

En el ámbito multilateral está sucediendo lo mismo. Destaca especialmente la iniciativa de la Unión Europea, que antes incluso de que EEUU cambiase su posición hacia Cuba había comenzado ya a negociar un borrador de Acuerdo de Diálogo Político y de Cooperación que, de aprobarse, cambiará profundamente la relación de Europa con la isla. En marzo está prevista la celebración de la séptima ronda de negociaciones, que podría de hecho ser la última. A falta de algunos detalles -unos más complejos de resolver que otros, aunque esperemos que ninguno constituya un obstáculo insalvable- es posible que el texto final esté listo antes del verano. Este es el objetivo de la Alta Representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini -que visitó la isla el año pasado en el marco de este proceso- y del equipo negociador europeo.

Para Europa, firmar este Acuerdo significaría superar inercias trasnochadas y dejar atrás definitivamente los fantasmas de la guerra fría; para Cuba, traspasar antiguos cordones sanitarios y ser considerado un actor más de la comunidad internacional. Resultaría erróneo pensar que el eventual acercamiento a Cuba es una cuestión meramente simbólica; no hay nada más pragmático en política internacional que abrir canales de diálogo. Identificar tanto las discrepancias como los elementos de acuerdo de las partes es esencial para limar suspicacias y empezar a construir a todos los niveles: económico y comercial, político, cultural, etc.

En resumen, la actitud de los distintos actores internacionales hacia Cuba se está transformando a gran velocidad. Sin embargo, el Parlamento Europeo sigue en el inmovilismo, atrapado en una postura que ha dejado de ser útil -si lo fue alguna vez- e incapaz de reaccionar y ponerse a la altura de las circunstancias.

La atadura que le paraliza es la llamada Posición Común que impulsó el Gobierno de José María Aznar allá por 1996, por la cual la UE condicionó su relación bilateral con La Habana a la realización de avances significativos en materia de democracia y derechos humanos en la isla. En la práctica, la Posición Común no logró más que congelar la interlocución con el Gobierno cubano -que la calificó de imperialista- sin lograr por el contrario ninguna mejora para la ciudadanía en el ámbito de los derechos y libertades. Es decir, fue un fracaso.

A día de hoy, el mantenimiento de la Posición Común es uno de los mayores obstáculos en la negociación del Acuerdo UE-Cuba. Dejarla atrás depende en buena medida de un cambio de actitud del Parlamento Europeo; la responsabilidad y el sentido de la historia nos urgen a hacerlo cuanto antes, mejor en marzo que en abril, y en todo caso antes del final de las negociaciones, puesto que cuanto más tardemos más se retrasará la firma del Acuerdo.

Del mismo modo, instaremos a que los Estados Miembros apoyen la transición económica y política en la isla a través de los diversos instrumentos financieros para la política exterior de la Unión, porque estamos convencidos de que este camino, el de la cooperación y la comunicación fluida, es el más adecuado para propiciar el cambio progresivo en Cuba. Queremos hacerlo desde el respeto a la soberanía de ese país, pero también desde la fidelidad a los valores democráticos y a los derechos humanos que caracterizan al proyecto europeo. Las dos partes tienen que dejar atrás prejuicios mutuos, suspicacias y victimismos para poder avanzar. 

Otros actores están trabajando en ese cambio de óptica, ¿por qué debe hacerlo el Parlamento Europeo? Primero, porque la Posición Común no ha servido para avanzar en la democratización de Cuba. Segundo, porque ha quedado vieja y anacrónica: los acontecimientos que vienen sucediendo en Cuba en los últimos meses la han dejado atrás, inservible. Tercero, porque muchos creemos que la apertura económica y comercial, la visita de millones de turistas, porque muchos creemos que la apertura económica y comercial, la visita de millones de turistas, la inversión extranjera, el espacio tecnológico que abren Internet y las televisiones, serán precursores de una apertura política inevitable. La democracia, las libertades, entrarán así en Cuba, pero será el pueblo cubano quien protagonice esa evolución.

Los socialistas queremos responder a esa pregunta con un sí rotundo que es una apuesta por el futuro. El Parlamento Europeo no debe dejar pasar el tren de la historia.

Publicado en El Huffington Post, 25/02/2016

27 de enero de 2016

Luxemburgo y Holanda: Presidencias de turno de una Europa en crisis.

Coincidiendo con el final de la Presidencia luxemburguesa del Consejo de la Unión Europea (UE), es tiempo de realizar una reflexión crítica sobre los logros y los fracasos del proyecto europeo en el último semestre y sobre los retos que tiene por delante la actual Presidencia holandesa.

Luxemburgo, uno de los países más pequeños de la UE pero con más experiencia en las funciones europeas (bajo su mandato se concluyó en 1985 el Acta Única Europea y se impulsó en 1991 la Conferencia Intergubernamental sobre la Unión Económica y Monetaria) comenzó su andadura al frente de la presidencia semestral del Consejo en julio del año pasado, en un difícil contexto político europeo marcado por la crisis griega, las presiones migratorias y las amenazas terroristas. 

Es evidente que proporcionar soluciones en seis meses a estos problemas es una tarea imposible, pero si algo ha caracterizado a la Presidencia Luxemburguesa ha sido su apuesta por acciones comunes frente a una tentación de ostracismo nacional que cobra dimensiones preocupantes en Europa.

¿Cuál es el balance de esta Presidencia? En materia migratoria, a los incidentes de tráfico de personas en el Mediterráneo y las denuncias de abandono en alta mar de destartaladas embarcaciones se unió la grave crisis humanitaria de los refugiados sirios. La respuesta europea a la llegada de más de 120.000 solicitantes de asilo y el reparto de responsabilidades entre los Estados miembros fueron decepcionantes y tardías. No obstante, los esfuerzos de la Presidencia por coordinar el reparto de refugiados desembocaron en un acuerdo intergubernamental el pasado mes de septiembre que sirvió como primera medida conjunta de calado para la reubicación y reasentamiento de los refugiados. Pero el rechazo de varios Estados al acuerdo (Hungría, República Checa, Eslovaquia y Rumanía más la abstención de Finlandia) y la adopción final de las cifras con una base voluntaria y no bajo un sistema de cuotas pusieron de manifiesto la falta de compromiso político de los Estados en un asunto que pone a prueba la solidaridad europea. La Presidencia luxemburguesa ha impulsado además la creación de los "hotspots" (centros de identificación), una mayor cooperación con los países emisores y una mejor coordinación entre los países a lo largo de la ruta de los Balcanes.

En relación a la amenaza del terrorismo yihadista, los tristes acontecimientos acontecidos en París 2015 han evidenciado las carencias en el intercambio de información y la falta de coordinación entre los servicios secretos y las fuerzas policiales de los Estados y la necesidad de avanzar de forma conjunta para vencer esta amenaza. La Presidencia Luxemburguesa ha logrado finalizar las discusiones en torno a la Directiva europea sobre el registro de nombres de los pasajeros (PNR) y ha arrancado compromisos en favor de un aumento de la cooperación en el ámbito de la lucha contra el tráfico de armas de fuego y la financiación del terrorismo.

En el área económica, el crecimiento y el empleo han continuado siendo las principales prioridades junto con el refuerzo de una gobernanza económica y monetaria más coordinada y fuerte. La Presidencia luxemburguesa arrancó ensombrecida por la amenaza del Grexit pero tras su superación los esfuerzos se concentraron en la adopción de la Directiva sobre las resoluciones fiscales transfronterizas -destinada a mejorar la transparencia en relación con los acuerdos tributarios formulados por los Estados miembros a empresas-, la ejecución del plan de acción en materia de inversión de la UE y la creación de una Unión de Mercados de Capitales. Lamentablemente, otras cuestiones han quedado en el tintero. En particular, tras el acuerdo del Consejo sobre la extensión del sistema de intercambio automático de información a los pactos tributarios, que rebajó la propuesta de mínimos de la Comisión y alejó la posibilidad de emprender reformas ambiciosas para acabar con el fraude y la elusión fiscales. 

Pero los trabajos de la Presidencia luxemburguesa han abarcado otras muchas cuestiones y son subrayables los éxitos en materia de coordinación de la posición europea en la conferencia sobre el cambio climático en París; la adopción del acuerdo interinstitucional "Legislar mejor" entre la Comisión, el Parlamento y el Consejo destinado a mejorar la calidad y los resultados de la legislación europea; y los acuerdos en relación a dos componentes importantes del cuarto paquete ferroviario; etc. Por ello, la Presidencia luxemburguesa merece ser calificada con un meritorio notable.

Ahora le toca a la Presidencia holandesa recoger el testigo del buen hacer de los luxemburgueses y avanzar en aquellas cuestiones que todavía están pendientes. Primero, el establecimiento de una nueva política de retorno y readmisión, el fortalecimiento de las fronteras exteriores de la Unión y la puesta en práctica de la reubicación de los refugiados. Segundo, el refuerzo de la unión monetaria y la estabilidad de la zona euro, la profundización del Mercado de Capitales y la mejor coordinación de las políticas económicas. Tercero, el refuerzo de las oportunidades del mercado único (digital y de servicios). Cuarto, la aplicación de los compromisos de la conferencia sobre el clima de París. Y por último, la gestión de las negociaciones con el Reino Unido de cara al referéndum sobre la permanencia en la UE que Cameron, previsiblemente, convocará para el segundo semestre de 2016. 

En definitiva, los retos a los que se enfrentan la nueva Presidencia semestral y, por ende, el proyecto europeo continúan siendo los mismos temas que los dirigentes europeos llevan meses discutiendo con escasos avances debido a la preocupante supremacía de la intergubermentalidad y las resistencias de los Estados a ceder soberanía. 

Pese a que todo indica que la respuesta a esta crisis es más Europa y no menos, queda mucho camino por recorrer. Luxemburgo ha contribuido a ello, esperemos que Holanda continúe por la misma senda.

Publicado para El Huffington Post. 27/01/2016

25 de noviembre de 2015

Reino Unido y Europa: "Better together"


Cuando el premier inglés anunció su referéndum sobre la pertenencia del Reino Unido a la Unión Europea, pensé que se trataba de una jugada electoral de los conservadores británicos para taponar el flanco antieuropeo de su electorado, tentado de votar al UKIP, los extremistas de Nigel Farage partidarios de abandonar la Unión, y ganadores en 2014 de las elecciones europeas en la Gran Bretaña.

Me pareció una equivocada estrategia, que remite a los electores a exponer un deseo, más o menos sentimental, poco fundado en general, y casi siempre desprovisto de un análisis equilibrado de pros y contras. 

Es como "la patada adelante" del rugby, lanzas la pelota y alejas el peligro, pero seguramente perderás su dominio y volverá a tu campo. Que se lo pregunten al propio Cameron con el referéndum escoces. Lo ganó en el tiempo de descuento, pero la gestión de su resultado es políticamente inmanejable. 

Cuando Cameron inició, a la vuelta del verano de este año, sus primeros anuncios de exigencias a la Unión para preparar su referéndum del próximo año, pensé que deberíamos plantearnos muy seriamente un futuro de la Unión sin el Reino Unido. Recuerdo haber escrito en mi Twitter algo así: "Si para mantener al Reino Unido en la UE tenemos que renunciar a nuestro proyecto federal para Europa, quizás tengamos que renunciar al Reino Unido".

Hoy, cuando ya conocemos la carta de Cameron a Tusk y a todos los mandatarios de la Unión, y hemos visto concretadas sus demandas de cambios en cuatro grandes áreas de la arquitectura europea, empiezo a pensar que una delicada e importantísima negociación se abre paso inexorablemente. 
Un referéndum que tenemos que afrontar aunque no nos guste, y una negociación que tenemos que culminar con éxito, tanto el Reino Unido como la UE, porque el "sí" a Europa tiene que ganar. 

"Un referéndum que, primero, tenemos que afrontar aunque no nos guste, y una negociación que, segundo, tenemos que culminar con éxito, tanto el Reino Unido como la UE, porque el "sí" a Europa tiene que ganar en ese referéndum. De lo contrario, los males para ambos son enormes y serían irreparables."

Esta es mi conclusión de urgencia. Por mal que nos parezcan algunas cosas que quieran los ingleses. Aunque algunas de sus peticiones son claramente inaceptables, quiero creer que son base de negociación, y que seremos capaces de encontrar acuerdos que le permitan a Cameron decir a los ciudadanos: "En esta Europa, sí"; y con la ayuda inestimable de los laboristas y de los escoceses, ganar un referéndum lleno de riesgos.

Para desdramatizar el futuro, conviene recordar que no es la primera vez que un Estado miembro plantea dificultades a la hora de avanzar hacia una mayor integración. Ya ocurrió en 1992 con el rechazo de Dinamarca al Tratado de Maastricht, en 2001 con el de Irlanda al Tratado de Niza y, en mayor medida, en 2005 tras el fracaso en Francia y los Países Bajos del referéndum al proyecto de Constitución de la UE. En todos los casos, la Unión ha sido capaz de solventar las dificultades con soluciones de consenso pragmáticas.

Por otra parte, algunas de las propuestas de Cameron son asumibles. Es el caso de las demandas relativas a un mayor desarrollo de las actividades económicas y de la competitividad europea, en clara sintonía con las orientaciones económicas de la Comisión presidida por Juncker; las propuestas relativas a la participación voluntaria en las medidas adoptadas por los miembros de la zona euro; así como la posibilidad de incluir una formulación en relación al concepto de una unión cada vez más estrecha entre los pueblos europeos, en sintonía con las conclusiones del Consejo de junio de 2014, que contempla distintas vías de integración para los distintos países, al permitir a los que deseen ahondar en la integración avanzar, al tiempo que respeta el deseo de los que no quieren seguir profundizando más.
Conviene recordar que no es la primera vez que un Estado miembro plantea dificultades a la hora de avanzar hacia una mayor integración. 

La negociación con el Reino Unido, supone, no obstante, un frenazo al proceso de convergencia política y económica europea. Cuando por fin se habían acelerado las reformas relativas a la gobernanza económica y a la finalización de la construcción de la Unión Económica y Monetaria, el envite británico reabre, prematuramente, el debate sobre la reforma de los Tratados y la restructuración de la arquitectura institucional. 

Y lo más grave, exige la restricción de la libre circulación de los trabajadores, una intolerable discriminación entre europeos de sus derechos sociales, y un reconocimiento expreso en los Tratados de la UE de la existencia de varias monedas, pese a que los británicos ya disfrutan de una cláusula "opt out" en este sentido. Sin duda, dos exigencias con una pesada carga simbólica, cuya aceptación daría vía libre a la consolidación de una Europa a la carta ("cherry picking").

Una vez más, el funcionalismo político -la fórmula de consenso empleada desde sus inicios para la construcción europea entre los unionistas, partidarios de la simple cooperación entre los diferentes gobiernos europeos, y los federalistas, defensores de los Estados Unidos de Europa- debe ser el faro que guíe las conversaciones de los próximos meses y la, más que probable, elaboración de un protocolo similar al que se utilizó con Dinamarca.

Solo después de dar solución a este nuevo traspié, la Unión podrá encontrar la estabilidad necesaria para hacer frente a una nueva y profunda reforma de los Tratados, y resolver la disyuntiva entre el avance hacia un proyecto federalista europeo o la consolidación de una Europa a varias velocidades. 

No en vano, la Declaración de Robert Schuman de 1950 señalaba que "Europa no se hará de golpe, ni en una obra de conjunto, se hará por medio de realizaciones concretas".


Publicado en El Huffington Post‎ , 25/11/2015

8 de octubre de 2015

Una nueva ley electoral europea

Esta semana ha culminado la primera etapa para unificar los 28 sistemas electorales nacionales a las elecciones al Parlamento Europeo. Una reforma, largamente esperada, que contribuirá, entre otras cuestiones, a fortalecer la dimensión democrática de las elecciones europeas, otorgar mayor legitimidad a la labor del Parlamento Europeo y garantizar una mayor igualdad electoral a los ciudadanos europeos.

Ahora bien, estos loables objetivos no son una empresa fácil. Prácticamente todas las propuestas que se han presentado en la Eurocámara para modificar el Acta electoral europea de 1976 han fracasado, pese a que el desarrollo de un procedimiento electoral uniforme basado en el sufragio universal directo está incluido en los Tratados desde 1957.

¿Cuáles son los impedimentos que han frenado esta reforma? Principalmente, la falta de predisposición de los Gobiernos de los Estados miembros a renunciar a su soberanía nacional en una cuestión tan sensible como la electoral, y que conllevaría importantes reformas de las respectivas leyes electorales, o incluso de las respectivas constituciones nacionales.

Pues bien, en el comienzo de esta nueva legislatura europea, la Comisión de Asuntos Constitucionales (AFCO) del Parlamento Europeo ha iniciado el enésimo intento de modificar la Ley Electoral Europea y conseguir, no tanto un acuerdo parlamentario, sino un texto susceptible de ser aceptado también por la Comisión Europea (tarea no especialmente difícil) y por el Consejo Europeo, es decir, por los veintiocho Estados miembros -tal y como obliga el artículo 223 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (TFUE)-.

Esta es la principal razón de que los autores de la nueva reforma, la popular Danuta Huebner y el socialdemócrata Jo Leinen, hayan relegado los temas más controvertidos para centrarse en un acuerdo de mínimos.
El rechazo de una demanda democrática y social como la creación de una circunscripción electoral común con composición plurinacional, pone en evidencia el espinoso camino que esta reforma debe atravesar en los próximos meses.


El texto fue votado este lunes 28 de septiembre en la Comisión AFCO del Parlamento Europeo. Y será aprobado por el Pleno antes de fin de año, con el objetivo de comenzar después las negociaciones en trilogo con la Comisión y el Consejo y poder ser aplicado a las próximas elecciones europeas de 2019.


Las novedades son:

1. Dar a las candidaturas una dimensión europea superando la simbología nacional. Se trata de avanzar en una idea crucial para el proyecto europeo: disponer de auténticos partidos políticos europeos, para lo cual se dará más visibilidad a sus nombres y logotipos en las papeletas, campañas, carteles, manifiestos, etc. Todo ello, unido al cabeza de lista que cada familia política presente como candidato/a a la presidencia de la Comisión, reforzará el carácter europeísta y no nacional de la convocatoria.

2. Con objeto de prevenir una excesiva fragmentación política, se introduce un umbral obligatorio entre el 3 % y el 5 %, para la atribución de escaños en los Estados de circunscripción única y en aquellas circunscripciones en las que se utilice el sistema de listas y que consten de más de 26 escaños.

3. Se establece una fecha límite común de doce semanas antes del inicio de las elecciones europeas para la constitución de listas electorales y la nominación de los cabezas de lista.

4. Se establecen diversas medidas para garantizar el derecho de voto en las elecciones europeas para todos los ciudadanos de la Unión que residan en terceros países, a la vista de que muchos europeos no pueden votar fuera de sus países de origen.

5. Se propone el estudio del uso del voto electrónico y por internet, siempre y cuando se garantice la fiabilidad de los resultados, el secreto de voto y la protección de datos.

6. Se exige que las listas de candidatos a las elecciones europeas en todos los países garantizarán la igualdad de género.

Naturalmente, la reforma aprobada se queda corta para los federalistas mientras que para los euroescépticos o abiertamente antieuropeos la UE se arroga competencias que exceden su mandato. En mi opinión, el rechazo de una demanda democrática y social como la creación de una circunscripción electoral común con composición plurinacional, pone en evidencia el espinoso camino que esta reforma debe atravesar en los próximos meses.

Pese a que las cuestiones económicas y migratorias protagonizan el debate político actual, la reforma de la ley electoral europea debe incorporarse también a la agenda política. No solo porque es necesario adecuarla a las nuevas realidades y a las nuevas competencias del Parlamento, sino porque permitirá que los ciudadanos de la Unión participen plenamente en los debates políticos europeos y recuperen la confianza en el proyecto de integración europea. Ese debe ser el camino para evitar que las fuerzas euroescépticas y populistas sigan ganado espacios al europeísmo en todo el territorio europeo.

Publicado en The Huffington Post 8/10/2015

10 de septiembre de 2015

Fronteras vivas.

Mientras Europa se debate buscando una solución a sus propios problemas fronterizos, a miles de kilómetros de aquí otra frontera viva, la que separa Venezuela y Colombia, se encuentra inmersa en un conflicto especialmente doloroso para las poblaciones que viven a uno y otro lado de la misma.

En las últimas semanas, varios miles de ciudadanos colombianos y colombo-venezolanos han abandonado el territorio de Venezuela para volver a Colombia. Una parte de ellos lo han hecho por la fuerza, obligados por el Gobierno de Nicolás Maduro bajo la acusación de practicar el contrabando, el narcotráfico o incluso de formar parte de bandas armadas. El resto ha retornado a Colombia por miedo a una deportación, con todas las consecuencias que la misma traería consigo, entre otras la prohibición de volver a Venezuela en los próximos años.

Al margen del carácter fundado o no de las acusaciones contra este colectivo, de consideraciones políticas sobre los objetivos perseguidos con este desplazamiento de población, o de las razones socioeconómicas que laten detrás del conflicto, existe en él un aspecto básico que no podemos perder de vista: el de los Derechos Humanos.

Los representantes de ACNUR en Colombia y los delegados de Naciones Unidas enviados a la zona han informado de numerosos casos de uso abusivo de la fuerza contra deportados y retornados. Se trata a menudo de personas muy pobres que abandonan Venezuela sin tener tiempo de recoger los pocos bienes que poseen, perdiendo sus medios de vida y arriesgándose a un penoso viaje a pie campo a través. Con el fin de dificultar su retorno, las autoridades venezolanas ordenan la demolición de las viviendas y destrucción de los documentos de identidad de los deportados.

En una zona en la que abundan los matrimonios mixtos, muchas de esas expulsiones están trayendo consigo la separación de las familias. A todo ello se añade el hecho de que, según denuncias recibidas por ACNUR, especialmente en los primeros días se dieron casos de refugiados y solicitantes de asilo de origen colombiano que habían sido deportados sin tener en cuenta la especial protección a la que su status les da derecho. Y por si fuera poco, en el lado colombiano de la frontera ese flujo repentino de población genera necesidades de refugio y abastecimiento de productos básicos que, tal como la propia ONU ha señalado, pueden convertirse en un problema humanitario.

Como decía, la que separa Venezuela y Colombia es una frontera viva. Viva porque es porosa para las personas y las mercancías, y extremadamente difícil de controlar para las fuerzas de seguridad en toda su extensión. Y viva también porque las poblaciones de uno y otro lado coexisten en una vecindad muy estrecha, que mezcla familias y comunidades, y que mezcla también sus economías, para bien y para mal. La solución de este conflicto es compleja y debe ser abordada con serenidad, evitando en la medida de lo posible la pulsión emocional que las cuestiones transfronterizas suscitan entre los nacionales de los estados implicados. Pero sobre todo, debe plantearse sobre la base del respeto a los Derechos Humanos, que son el único suelo universal con el que contamos para definir lo que entendemos como dignidad humana.

Publicado en El Huffington Post. 10/09/2015 

2 de agosto de 2015

Transparencia fiscal: los informes, país por país.

El pasado miércoles 8 de julio de 2015, el pleno de la institución que representa al conjunto de los ciudadanos europeos aprobó en primera lectura la Directiva sobre Derechos de los Accionistas, la cual incluye, entre otros aspectos, la obligación de las empresas cotizadas de realizar informes desagregados país por país.

El informe, cuyo ponente ha sido el eurodiputado socialista Sergio Cofferati, ha sido duramente combatido en su trámite en comisión por los grupos popular, conservador y reformista, y liberal.

No es ésta una cuestión baladí, sino un gran avance en materia de transparencia fiscal, particularmente en el caso de los informes anuales de las grandes empresas multinacionales. Como señala la ONG Tax Justice Network, estos documentos contienen numerosos datos económicos y financieros, incluyendo "beneficios, ingresos, préstamos y número de empleados", entre otros. Sin embargo, hasta la fecha, al menos en Europa, no existe obligación de presentar esta información desagregada a nivel de país, de manera que, de acuerdo con la misma fuente, estos números se camuflan bajo epígrafes "globales o regionales".

De esta manera, los accionistas y el público en general no pueden conocer con exactitud en qué estados o jurisdicciones opera la empresa, cuántos ingresos y beneficios se realizan en cada país, y en cuál se tributa. Dicho de otro modo, el statu quo actual coadyuva a esconder de la mirada de los ciudadanos los esquemas de planificación fiscal agresiva que se articulan con la única finalidad de tributar en países distintos de donde se obtienen los beneficios.

Si las empresas multinacionales tributaran, efectivamente, donde facturan, la famosa competencia fiscal en el impuesto de sociedades perdería relevancia: el famoso tipo del 12% de Irlanda se aplicaría solamente a los beneficios que generara la compañía en ese país, y no al conjunto de su facturación global.

Aunque muchas empresas tienen filiales en varios países, una buena parte de los beneficios son trasladados a la jurisdicción que interesa (a menudo, un paraíso fiscal) mediante el abuso de los llamados "precios de transferencia". Este sistema opera con el supuesto de que la filial "compra" los productos a la matriz para su distribución, por ejemplo, en España. De esta manera, se reducen los beneficios en este país y, en consecuencia, su tributación. Este mecanismo es típicamente utilizado con fines de elusión fiscal y ha merecido la atención de la OCDE.

Este problema no se va a resolver con los informes país por país ni con el intercambio automático de información entre Estados miembros sobre las resoluciones fiscales acordadas o negociadas entre empresas y administraciones fiscales nacionales (los famosos tax rulings destapados por LuxLeaks) que ha propuesto la Comisión, pero suponen dos pasos de gigante en la transparencia fiscal, lo que permitirá descubrir más fácilmente determinados esquemas de ingeniería financiera, así como una mejor rendición de cuentas en el marco de la Responsabilidad Social de la empresa.

Sorprende, eso sí, que una parte de la derecha europea haya intentado torpedear este informe. Ahora resta una difícil negociación con el Consejo para aprobar el texto definitivo de la Directiva.

Con todo, para erradicar las malas prácticas empresariales descritas, es preciso al menos armonizar el cálculo de la base del impuesto de sociedades, para que se calculen de la misma manera los beneficios en toda la Unión, aunque difiera el tipo del gravamen en cada país. Esta armonización elimina los incentivos a recurrir al uso abusivo de los precios de transferencia, siempre que la base armonizada incluya una fórmula adecuada de consolidación y reparto; esto es, de acuerdo con el principio de tributar en proporción a la facturación en cada país.

En este sentido, la Directiva para el establecimiento de la Base Consolidada Común del Impuesto de Sociedades incluye una fórmula más compleja de reparto, aun cuando se encuentra desde hace años paralizada por los vetos nacionales en el Consejo (la Comisión acaba de anunciar la presentación de una nueva propuesta de Directiva para tratar de llegar primero a un acuerdo sobre el cálculo de la base, y dejar para más adelante la cuestión de la consolidación).

Todos los elementos reseñados (informes país por país, tributación equitativa, etc.) forman parte de los trabajos de la Comisión Especial sobre fiscalidad que se estableció en el Parlamento Europeo tras el escándalo de LuxLeaks, la cual presentará sus conclusiones a finales de año. El resultado de la votación del 8 de julio debe estimular la articulación de una ambiciosa y comprensiva estrategia europea contra el fraude y la elusión fiscal.

Publicado en Huffington Post, 31/7/2015