18 de octubre de 2026

Ganar la paz y perder el relato.

El jueves 20 de octubre de 2011, hace ahora quince años, ETA anunció «el cese definitivo de su actividad armada». Recuerdo muy bien el momento y el lugar en que recibimos la noticia. Alfonso Alonso (PP), Emilio Olabarria (PNV) y yo mismo, a punto de comenzar un debate electoral en un hotel de Vitoria .No hubo debate y acabamos tomando cervezas junto al público.

Soy de los que creen que el final del terrorismo fue una victoria clara de la democracia y que ha sido una pena que nuestro país no lo celebre como se merece, es decir, como uno de los grandes logros políticos que integran las grandes conquistas de la democracia española en estos últimos cuarenta años: La Transición, la Constitución, la autonomía, Europa, el Estado del bienestar y la paz.

Al fin y al cabo, fue un triunfo de todos y todos debimos y debemos celebrarlo, porque la paz fue «para siempre», como rezaban nuestras pancartas en las manifestaciones contra ETA aquellos trágicos años, y ni una sola de las reivindicaciones de los que mataban fue concedida a cambio de la paz. Recordar los puntos de la famosa alternativa KAS y compararla con nuestra legalidad es una prueba irrefutable de lo que digo.

Han pasado quince años y muchos se preguntan cómo es posible que el partido político de los terroristas, heredero de tan pesada carga histórica, pueda ser primera fuerza política en el País Vasco, o casi.
Éramos muchos los que creímos que la sociedad vasca, liberada del miedo, pasaría factura a quienes habían producido tanto daño. Ochocientos cincuenta asesinados y miles de heridos, daños materiales inmensos, miles de personas, empresarios o perseguidos políticos, obligados a huir, miles de personas, representantes políticos, jueces, periodistas, entre otros, obligados a vivir escoltados... Y, sin embargo, no hubo castigo electoral. Cabe incluso pensar que, más bien, la sociedad vasca premió su decisión de poner fin a su violencia y estimuló la apuesta por la política que lideraban sus dirigentes desde el partido legalizado.

Tampoco acertamos al creer que la memoria de las víctimas, de tantas víctimas, directas e indirectas, constituiría un eje social rotundo y vertebrador de ese reproche moral que su violencia merecía. Pensábamos que el relato del pasado acabaría derivando hacia la única verdad fáctica y evidente: la de los miles de atentados y víctimas que ellos habían producido. No supimos ver que la sociedad vasca quería olvidar y con el olvido eludir las preguntas incómodas que la memoria nos traía a todos: ¿y tú qué hiciste? La voluntad colectiva de pasar página se observa fácilmente en nuestra sociedad de hoy, de manera notable en nuestras conversaciones familiares y de amigos.Nadie quiere hablar de aquel pasado, como ocurrió en otras sociedades después de sus propias tragedias.

Por último, la democracia fue exigente, con infinita precisión, en su renuncia a la violencia como condición de su legalización. Incluso en las políticas de reinserción se ha exigido el reconocimiento del daño causado y ciertas formas de arrepentimiento personal y petición de perdón. Hasta ahí, todo bien. Pero nunca hemos reclamado que condenen su pasado, que reconozcan que no había ni derecho ni razón para matar. Que su violencia fue innecesaria, provocó daños inmensos, también a su gente, y no sirvió para nada. La Euskadi de hoy sería mucho mejor si no hubiéramos sufrido una violencia tan mortífera. Que se equivocaron cuando, a finales de los 70, decidieron matar y se convirtieron en una organización golpista, porque dudo mucho que el golpe de Tejero de 1981 se habría producido si ETA no hubiera existido, matando a casi cien personas cada uno de aquellos años terribles. Que obstaculizaron la construcción autonómica y democrática de nuestro pueblo.

Esto es lo que Bildu nunca dirá, porque quiere mantener la mentira histórica de una lucha necesaria y su conexión con ella como base de su futuro. Por eso tiene importancia el famoso 'relato' y por eso algunos cuestionan todavía la victoria democrática sobre ETA.

De manera que, ahora que se habla de nuevo estatus para Euskadi y se pretende la incorporación de la izquierda abertzale al nuevo marco jurídico-político, cosa que personalmente considero necesaria, no estaría de más que les exigiéramos dejar esto muy claro en el preámbulo del nuevo estatuto. Ese texto, de extraordinaria importancia en la descripción de nuestro pasado, debe hacer justicia con el relato de la verdad: el de las víctimas del terror. Nuestra memoria del pasado debe ser conciliada, así lo quiere la mayoría social, pero la verdad debe ser recordada con justicia.

Publicado en El Correo, 18-10-2026

8 de octubre de 2026

Quince años después del fin de ETA: balance crítico.

Las razones del final

Como pasó al final de la ley seca en EEUU, el cine está rodando ahora más películas y documentales que nunca sobre el terrorismo de ETA. Películas y series, abordan ahora acciones policiales notables, atentados especialmente significativos por la notoriedad de los asesinados, secuestros, acciones de infiltración policial en la banda, etcétera. ¡Que lejos queda aquel intento de objetividad entre aquellos mundos antagónicos que filmó Imanol Uribe en “La muerte de Mikel”(1984) pretendiendo describir la tensión personal de un militante abertzale con su identidad sexual, en el cerrado y casi opresivo ambiente de un pueblo radicalmente nacionalista (Lekeitio) y la brutalidad de una policía predemocrática. Casi nadie se atrevió después de aquel loable intento a trasponer en el celuloide la crueldad y la barbarie del terrorismo. Hasta ahora.

  Pero esos documentales y muchos libros, nos están contando páginas sueltas de esa tragedia .No hay una historia cronológica de estos casi cincuenta años (1968-2011), ni mucho menos un análisis describiendo los sucesivos momentos y las principales causas del final, producido en octubre de 2011, posteriormente confirmado con la disolución de la banda en 2018.

  Mi propósito es mucho más modesto y pretende abordar ese desencuentro fatal que se ha producido entre las fuerzas políticas españolas respecto al final de la violencia y sobre todo, analizar qué está pasando en la sociedad vasca para que ,quince años después de ese final, el partido político de los terroristas pueda ser primera fuerza política en el País Vasco, o casi.  
 Hay bastantes coincidencias al atribuir a la desarticulación policial de la banda, en Francia especialmente, una de las causas principales de su renuncia a la violencia.Frente al intento del entorno abertzale de situar en la negociación política y en la intervención de la mediación internacional, la causa del abandono, lo cierto es que la principal causa de su decisión fue la constatación de que su aparato estaba literalmente diezmado y que la policía, la francesa y la española sobre todo, les tenían totalmente cercados.

 Naturalmente, un fenómeno terrorista como este, no termina por una sola causa, sino por la concatenación de circunstancias y la acumulación de efectos de una estrategia que, inevitablemente, debe combinar medidas políticas, sociales y judiciales, para que su suma nos lleve al efecto deseado.
Así fue aquí. Pero, destacando que esas medidas y esa estrategia no habrían producido el final, si la banda no hubiera estado prácticamente desarticulada policialmente.

 De la misma manera que hemos reconocido, con pesar, que en los últimos años de la década de los setenta y primeros de los ochenta, nuestra policía no estuvo suficientemente controlada por el poder político y abusó de malos tratos y de actuaciones fuera de la ley, de la misma manera debemos decir que su profesionalidad, su sacrificio, su trabajo de inteligencia y una colaboración francesa, que no existía aquellos años, permitieron tener a la organización terrorista prácticamente controlada en el año 2010.

 Previamente, a comienzos de siglo, se había producido otro hecho significativo y decisivo.PSOE y PP firmaron el Pacto por las libertades y contra el terrorismo y de él extrajeron la decisión de ilegalizar el partido político de ETA y perseguir judicialmente todo su entramado social. La Ley de Partidos Políticos, avalada mas tarde por el Tribunal Europeo de los Derechos Humanos, sentó las bases jurídicas de aquella decisión ,que giró bruscamente sobre la estrategia que la democracia había sostenido hasta esa fecha.

 Efectivamente, desde nuestra Constitución, habíamos mantenido la puerta abierta a la participación política del partido político de ETA en la legalidad institucional. Era la grandeza de la democracia, decíamos una y otra vez, la que ofrecía un campo abierto en la Ley y en la Constitución para defender cualquier proyecto político, el independentismo obviamente también, sin violencia. El mensaje era limpio y claro :”Haced política y no matéis”. Creíamos, ingenuamente añado, que el avance democrático iría produciendo una progresiva participación política y un paulatino abandono de las armas. Pero, nunca fue así.

 Utilizaban la política para justificar la violencia y se amparaban en la legalidad para fortalecer una estrategia combinada de violencia y política, dirigida y liderada por la primera.
 Cuando ETA rompio la tregua de 1998-1999, del Pacto de Estella, firmado con PNV y EA a cambio de la acumulación de fuerzas nacionalistas en defensa de un proyecto soberanista autodeterminista y después de haber conseguido romper el pacto de Ajuria Enea (1988-1998), ETA declaró la guerra al PSOE, al PP y al sistema institucional y judicial y comenzó la eliminación física de sus representantes.  El asesinato de Fernando Buesa, en febrero de 2000, fue el primero de una serie de atentados contra políticos, jueces, periodistas y representantes institucionales en general, con la pretensión de eliminar fisicamente a quienes consideraba “obstáculos del proyecto de liberación nacional”.

 No era posible seguir manteniendo aquella ficción. El Congreso de los Diputados aprobó, por amplia mayoría, la ilegalización y en consecuencia, la persecución judicial a sus representantes y a su entorno social, fue implacable. Batasuna empezó a pensar seriamente, lo que no había hecho hasta entonces, que solo el fin de la violencia les devolvería a la escena política y por primera vez empezaron a pensar que la continuidad de la violencia podría arruinar su causa. Fue también la primera vez que la voz de los que hacían política, empezó a pesar más que la de los que usaban las pistolas. Comenzó así una batalla dialéctica que terminó dando a la participación política la preponderancia sobre la violencia.

 De manera que, a finales de esa primera década del siglo, ETA estaba diezmada y sus representantes políticos presionaban por el final de su vía armada, como el único camino de supervivencia política de su causa. El apoyo social que tuvo en su día esa lucha y esa vía en los años setenta y ochenta fundamentalmente, había desaparecido y desde 1997 (asesinato de Miguel Ángel Blanco) la condena y el rechazo social a sus atentados era cada vez mayor y la organizacion social de los movimientos contra el terrorismo habían adquirido una fuerza inusitada. El atentado terrorista a las torres gemelas en 2001 y más especialmente el de los trenes de Atocha en 2004, habían incrementado considerablemente la cooperación internacional contra el terrorismo y la conciencia social contra el.Para ETA, la continuidad de su violencia, confundida con el terrorismo yihadista y connotada por la extrema crueldad de sus atentados, resultaba cada vez mas dificil.

Un Final Feliz

Son esas y otras causas las que llevan a ETA a declarar el fin definitivo de su violencia un veinte de octubre de 2011, tres días después de una declaración que, con buscada solemnidad, hicieron pública una serie de personalidades, conocidas por su papel en conflictos internacionales, pidiendo a ETA el cese definitivo de la actividad armada y a los gobiernos de España y Francia que dialogaran sobre las consecuencias de ese cese. La llamada” Declaración de Aiete”, fue una ingeniosa “pista de aterrizaje”para que la violencia justificara su fin y su apuesta por la política, a cambio de nada.

 Ninguna tragedia acaba felizmente, pero, para muchos de nosotros, aquel fue un final feliz. Quienes hemos sufrido esta tragedia de principio a fin, quienes vivimos los años duros,aquellos que acuñaron el famoso” empate infinito “(ETA no derrotará al Estado, pero el Estado no acabará con ETA), jamás pensamos que el final, muy tardío, es verdad, fuera tan limpio, tan rotundo, tan definitivo, tan “para siempre”, como titulamos numerosas veces las pancartas de las manifestaciones en su contra. ETA abandonó la violencia y se disolvió después como organización, sin obtener ninguna concesión de las muchas reivindicaciones que sostuvo durante su larga existencia. Ni un solo artículo de nuestras leyes fue modificado. La Constitución y el ordenamiento jurídico del país permanecieron inalterados a su desaparición. Es más, su entramado político tuvo que pasar por las exigencias legales de la ley de partidos políticos para que los tribunales les legalizaran. Finalmente y a diferencia de otros procesos de violencia política en otros países (las FARC de Colombia o el IRA de Irlanda ), no hubo que alterar el sistema judicial para ofrecer la libertad a los presos de la banda. Al revés, siguieron y siguen en las cárceles cumpliendo condenas y hasta los jueces siguen investigando hoy crímenes y responsables no juzgados.

 Me pregunto todavía por que la democracia española no ha celebrado este triunfo como se merecía, por qué el país no ha incorporado esta victoria al relato de los grandes logros colectivos que jalonan nuestra historia moderna :la transición a la democracia ,nuestra Constitución, nuestra modernización económica y social y nuestra incorporación a Europa. No encuentro otra explicación que el desacuerdo del PP por ese final y el partidismo que se le supone por no conceder a su rival ese triunfo político.
 Pero, más allá de los méritos de Rodríguez Zapatero y de su ministro del Interior Alfredo Pérez Rubalcaba, que los tuvieron por supuesto, este final fue un triunfo de todos. De la democracia española, de sus instituciones (legislativo y judicial), de las miles de víctimas que sufrieron como nadie tanto dolor, de la sociedad que aguantó con enorme prudencia y sabiduría los golpes del terror, de los policías, guardias y militares que fueron capaces finalmente de no caer en la trampa de la estrategia terrorista de acción- represión y de ganarles en el terreno de la inteligencia policial, de los partidos políticos, porque su unidad y sus pactos (Ajuria Enea 1988 y el Pacto por las libertades y el terrorismo 2000), fueron claves para vencerles. Fue un triunfo de todos y como tal debió ser celebrado y debe ser recordado.
 Respecto al desacuerdo con el final, ¿Como es posible sostener que los terroristas han ganado? ¿ Qué han ganado?.

Si tuviéramos memoria y recordáramos sus principales reivindicaciones ,entre otras las de la famosa alternativa KAS, podríamos sonreír diciendo “Nada de nada”. Si examinamos nuestras leyes y disposiciones, antes y después del final, confirmaremos que nada se concedió. Pasaron por el aro hasta en los estatutos para su legalización, que, por cierto, fueron examinados con lupa por nuestros tribunales.
 ¿Se trata, acaso, de rechazar que hagan política, a pesar de su renuncia formal y expresa al uso de la violencia y cuando, 15 años después del abandono de las armas, ha quedado meridianamente claro que no hay ni la más mínima muestra de vuelta al terror? Pero esa era justamente la condición que siempre les planteó la democracia y no era nuestra facultad negar ese derecho que nuestras leyes reconocen y que una constitución, no militante, establece. No podíamos incumplir nuestra oferta a riesgo de que el final se dilatara o nunca llegara, aunque su capacidad mortífera fuera menor.
Acabar con la violencia “para siempre”, devolver la seguridad vital a tantos y cerrar este capítulo trágico de nuestra historia, exigía diseñar y pactar un final limpio democráticamente y definitivo en el plano operativo. Eso es lo que se hizo, de manera inteligente y brillante.

Un relato controvertido

Ahora bien la fuerza social y el apoyo político de ese mundo, no ha sufrido al volver a la legalidad, como podía presumirse. Somos muchos los que nos preguntamos cómo es posible que tan pesada carga histórica no esté lastrando sus posibilidades electorales en la actual sociedad vasca. Comprendo, además, que esa pregunta resulta más lacerante todavía, fuera de Euskadi y que la irritación acompaña esta incomprensible realidad. Hay un grupo de razones que pueden ayudarnos a explicar esta paradoja.

Primera.- A pesar de su estadística criminal: 850 asesinatos, miles de heridos, centenares de personas huidas, miles de víctimas potenciales, daños económicos inconmensurables... ETA ha gozado de una imagen mitificada por sus orígenes antifranquistas y su brazo político ha construido un amplio entorno social que” justificaba y explicaba su lucha”.
 Cuando ETA abandonó las armas, la mayoría de la sociedad vasca respiró y dijo: ”Por fin”. Quizás nuestro primer error consistió en creer que una sociedad liberada del miedo que extendieron durante tantos años, iba a expresar sus sentimientos contra ellos con rotunda severidad. No fue así. Cabe pensar, por el contrario, que más que un castigo a su pasado, una parte de la sociedad vasca les premió por abandonarlo y les instaba a reafirmarse en la vía política que habían asumido.

 Habían sido tantos años, tantas treguas falsas, tantas conversaciones frustradas, tantos intentos bruscamente interrumpidos, tanta desesperanza en que el final fuera posible, que, quizás ,hubo una voluntad electoral en estimular la apuesta política que habían diseñado como salida a la violencia. Esos apoyos electorales de entonces se han consolidado después y el efecto castigo que esperábamos, no se ha producido.

Segunda.- Hay una voluntad inequívoca de la mayoría social vasca en olvidar aquel pasado ,un deseo colectivo de pasar página de aquella historia, de evitar que una memoria pormenorizada de nuestras actitudes de aquellos años nos alcance y ponga al descubierto las múltiples responsabilidades de unos y otros.
 Por supuesto, no estoy generalizando ni equiparando responsabilidades, pero cuando una tragedia tan larga(casi 50 años),  atraviesa la vida de una sociedad pequeña (dos millones de personas en un pequeño espacio), los recuerdos se entrecruzan peligrosamente y amenazan las relaciones presentes. Todo el mundo olvida, más o menos conscientemente. De ahí, lo que algunos llaman una memoria “ voluntariamente dulcificada”. Al igual que en la Alemania de posguerra y salvando las distancias ,que son enormes, en Euskadi nadie pregunta ¿y tú qué hiciste?.

 Además, vivimos tiempos de olvidos. La velocidad de los acontecimientos, la universalidad de lo que acontece, las miles de pulsiones informativas que recibimos cada día y las redes sociales que banalizan los relatos, ayudan a olvidar. No es extraño por eso que los jóvenes vascos de hoy no sepan casi nada de ETA y de su mortífera historia.
 Hay abusos de memoria, lo sabemos, pero a veces los pueblos cometen excesos de olvido. En Euskadi ha habido más bien desmemoria y hay olvido consciente. A las víctimas, el auténtico relato de la verdad, les cuesta hacerse presentes.

Tercera.- Hay una falla en el relato de la victoria democrática contra el terror. La justicia penitenciaria exige a los terroristas que reconozcan el daño causado. Lo hacen. Las familias de las víctimas les exigen que piden perdón por el sufrimiento infringido a tantos inocentes. Lo hacen, más o menos sinceramente. Los presos y muchos dirigentes de la banda han hecho ambas cosas: reconocer el daño causado, aceptar que fue injusto, inclusive pedir perdón. Pero lo que nunca hicieron y me temo que no harán, es reconocer que nunca hubo razones para matar, que su lucha fue un error, además de un horror y que no sirvió para nada, que no consiguieron nada y sólo produjeron daño al país, a ellos mismos y a su pueblo. Que su” lucha armada” sólo sirvió para llenar cárceles y cementerios.

 He ahí la falla. ETA y su mundo jamás han hecho un reconocimiento así y no lo harán porque eso destruye su mito y así siguen manteniendo una conexión histórica entre aquella ETA antifranquista, con prestigio social y cierta mitología épica y la que capituló en 2011. Bildu jamás reconocerá que su historia es solo tragedia y que se equivocaron a finales de los setenta creyendo que la democracia española era falsa y tutelada por los militares y que el Estatuto de Gernika era de “cartón- piedra”. Ellos nunca reconocerán que fueron objetivamente una organización golpista, que influyó más que nada y que nadie en el golpe de Estado del 81. Ellos no quieren reconocer que durante más de treinta años de democracia y autogobierno, su tarea únicamente fue matar y destruir. Solo eso.
 Por el contrario, siguen defendiendo que su actividad armada sirvió al reconocimiento de la identidad nacional de Euskadi y que el País Vasco de hoy es también fruto de su lucha.

 Por supuesto, es mentira. Nada de lo que hicieron construyó nada, al revés, destrozaron vidas y familias, forzaron la huida de miles de personas valiosas del país, arruinaron empresas, impidieron inversiones, expulsaron talento, destrozaron convivencia,...y el autogobierno Vasco y su institucionalidad, la modernización del país, su recuperación económica, sus avances identitarios lingüísticos y culturales,... son consecuencia de la política democrática. Fueron logros a su pesar. Conseguidos contra ellos.

 El problema es que hay demasiados vascos que creen lo contrario .No hemos sido capaces de extender e implantar esta evidencia en amplios sectores de la sociedad vasca y Bildu y la izquierda abertzale en general, se han cuidado muy mucho de evitar que esta connotación negativa de su apuesta violenta se extienda y difunda con todo el peso de la verdad que encierra.
Hay una fotografía literaria, muy semejante a esta idea, en la descripción que hace Patrick Radden Keefe, periodista de The New Yorker, autor de un libro recomendable: “No digas nada”, cuando describe así uno de los momentos claves de la historia del IRA:

“En agosto de 1994, el IRA declaró un alto el fuego Por lo visto, las negociaciones auspiciadas por el padre Alex Reid habían dado sus frutos. Dolours Price y otros republicanos fueron convocados en un club social de West Belfast para conocer la decisión. Sentados detrás de una mesa, tres representantes hicieron el resumen del plan. La tregua era un paso positivo, no una victoria, desde luego, pero tampoco una derrota. A algunas personas les costó entender por qué el IRA deponía las armas sin la promesa de que los británicos se retirarían de Irlanda. Se habló de la ingente cantidad de víctimas mortales. En un momento dado. Price levantó el brazo y preguntó:”¿se nos está diciendo que ,visto lo visto, nunca deberíamos haber emprendido la lucha armada”?.

Dolors Price era una conocidísima militante del IRA, autora de numerosos atentados y respetada en el entorno de los “provos” (ejército provisional) por su larguísima huelga de hambre en una cárcel británica. Cuando escucha las condiciones del acuerdo, muy semejante al de Good Friday de 1988, que puso fin a la violencia del IRA, su pregunta resulta reveladora. Después de cuarenta años de guerra contra los británicos, después de más de tres mil quinientos muertos y de tanto dolor y tragedia para todos, el IRA reconoce que la política es el espacio de juego de sus aspiraciones y que la democracia es el camino. Reconocen que en Irlanda del Norte hay británicos que quieren ser del Reino Unido y que solo la democracia determinará el futuro de su país. Las preguntas brotan con una fuerza desgarradora :¿No hubiera sido mejor que lo comprendieran antes?.
Es muy semejante la pregunta que todos deberían hacerse en Euskadi sobre nuestra propia tragedia .Es muy oportuna la reflexión autocrítica sobre aquella apuesta por la violencia que pudo parecer entonces heroica y generosa para algunos ,pero que acabó siendo cruel para todos .Y además inútil. Fue mala, horriblemente mala para todos y no sirvió para nada. 

Cuarta.- Hay una última razón que me parece necesario destacar. Bildu y el conglomerado de partidos que abarca esa coalición, está manteniendo una política de inteligente moderación en todo el largo periodo transcurrido desde su legalización.Es más, en el Bloque Progresista y Plurinacional que apoyó los gobiernos del PSOE desde 2018, se ha convertido en el aliado más leal y más sólido frente a la alternativa de PP y Vox.

 Se dice, con evidente intencionalidad crítica, que les hemos ayudado a blanquear su pasado. Puede ser, pero no era posible eludir su presencia institucional y su hábil gestion de la representación parlamentaria que ostentan por el voto ciudadano. Así ocurre, tanto en el Parlamento Vasco, como, sobre todo, en el Congreso de los Diputados. No obstante, una cosa son acuerdos parlamentarios y otra coaliciones de gobierno. Dicho lo cual, no se puede negar que el PSOE y el gobierno han aceptado ese juego y han pactado con Bildu los apoyos que su frágil mayoría necesitaba.

 Lo cierto es que en esos acuerdos Bildu ha cristalizado una triple actitud :1) Su participación institucional ha sido impecable, ajustándose con disciplina y rigor a las reglas fijadas por las leyes. Han mantenido una actitud firme de ruptura con el pasado y han ido adquiriendo, poco a poco, una respetuosa posición con el ordenamiento jurídico. 2)Han formado parte del Bloque Progresista caracterizándose, más por su compromiso con los valores de la izquierda (pensiones, viviendas, reforma laboral,etcétera) que con su proyecto independentista. Y 3) Han mostrado una firme defensa del gobierno progresista de Sánchez, frente a la alternativa de la derecha española.

 Estos perfiles políticos y su inteligente moderación, están convirtiendo a Bildu en la opción útil del voto antifascista en Euskadi, aglutinando, no solo a sus propios votantes, sino además una amplia gama de izquierdas, muchas de ellas en profunda crisis (Podemos, IU, Sumar ) y la propia del PSOE, agobiado por sus propios problemas judiciales.Ante una izquierda no nacionalista en declive, Bildu emerge como un voto refugio, que añade ,además, el elemento local identitario, tan socorrido en estas circunstancias. Otra cosa es hacer compatible la izquierda con el independentismo, pero, ese es otro debate para otra ocasion.

 La explicación no es un consuelo. En el fondo, muchos seguimos perplejos frente a estos apoyos políticos y electorales a la fuerza política heredera y responsable de nuestro trágico pasado. Es una perplejidad que expresa también autocríticas inevitables sobre este período transcurrido en paz y sobre este relato controvertido. Pero, quiero decirlo claramente, no extiendo ninguna de esas autocríticas a la forma en que terminó el terrorismo. Es una perplejidad que encierra dos sentimientos contradictorios: tristeza por ese apoyo electoral injusto e inmerecido y alegría también por la paz conseguida, por la libertad recuperada, por el triunfo democrático de nuestro país sobre el terrorismo que tanto daño nos causó.

Publicado en la Revista: Letras Libres. Octubre 2026

15 de septiembre de 2026

El país, a debate.


El Parlamento vasco acogerá el jueves el debate general, que da comienzo al curso político y es la ocasión propicia para que nuestros representantes expongan preocupaciones y prioridades de la sociedad vasca.

Por los anuncios que vienen haciendo los dos grandes partidos nacionalistas, podemos asistir a un debate orientado hacia las 'prioridades nacionales', al fin y al cabo, santo y seña de PNV y Bildu. Así cabe deducirlo de las condiciones que expuso Otegi para la negociación de un nuevo estatuto, reclamando, una vez más, la autodeterminación, bajo el eufemismo del derecho a decidir (eso sí, aplazada en el tiempo a la espera del mejor momento). Cabe deducirlo también del acuerdo PNV-Bildu en la reforma de la ley que determina la exigencia del euskera en la Administración pública vasca, tema sensible donde los haya para la familia nacionalista .Y cabe deducirlo, por último, de las actitudes políticas mantenidas por ambas fuerzas a propósito del triunfo de España en el Mundial de fútbol y del agresivo y oportunista consejo que el presidente del EBB dio a las fuerzas de seguridad del Estado para «irse a Ceuta».

Quizás sea especulativo todavía, pero hay un aroma a 'entente' entre las dos grandes fuerzas nacionalistas, en gran parte sugerida por la progresiva moderación política de Bildu, en clara búsqueda de la centralidad social del mundo nacionalista que le otorgue la mayoría electoral, y en parte también por la tradicional querencia del PNV guipuzcoano hacia las posiciones más soberanistas y su creciente influencia en el EBB jeltzale. Los acuerdos recientes en Iparralde entre las dos fuerzas y el pacto del euskera ,antes citado, son reveladores en ese sentido.

Repito, es especulativo, pero en un contexto de cambio del ciclo político en el Gobierno de España, esa hipótesis puede cobrar más fuerza ante la previsible radicalización de la oposición nacionalista ante un ejecutivo PP-Vox.

Por ello, el debate del día 17 puede girar sobre esos temas y envolvernos en el bucle de siempre, dejando de lado asuntos urgentes e importantes que preocupan a la mayoría social vasca. La vivienda es el primero de ellos. Me constan los esfuerzos y las innovaciones que Denis Itxaso está introduciendo en las iniciativas gubernamentales, pero me temo que son insuficientes, que hacen falta más recursos, más acuerdos con los ayuntamientos y más soluciones específicas para algunos municipios y capitales (la situación es mucho más favorable en Vitoria que en San Sebastián y Bilbao, por ejemplo).

La alarma producida por el informe PISA sobre los resultados de nuestro sistema educativo merece un debate serio sobre el mismo. La preocupación por el empleo en todo el sector automotriz es otra de las preocupaciones. Euskadi tiene una alta dependencia económica y laboral de un sector que está en 'shock' por múltiples razones, pero que ha perdido la batalla del futuro contra el coche eléctrico y contra China. Conviene hablar de la diversificación industrial, como hicimos en la crisis del acero y de la industria metalmecánica de los 80.

Tenemos un problema con la falta de mano de obra joven para multitud de oficios y para sectores industriales que demandan profesionales: desde conductores de camión a profesionales de la construcción y otras actividades industriales. Una política de inmigración positiva será necesaria en determinados países para captar a profesionales, formarlos e integrarlos laboral y socialmente porque, no lo olvidemos, buscamos trabajadores, pero vienen personas.

Hablando de inmigración. La vasca ya es una sociedad diversa étnica y culturalmente. Tenemos con nosotros -afortunadamente, añado- a 340.000 personas que nacieron fuera de Euskadi y viven en un país de poco más de dos millones. Son más del 15% de la población. El 60% de ellos es latinoamericano y el 16% aproximadamente del Magreb. Esta doble realidad, la búsqueda de mano de obra y la gestión de esa población laboral inmigrante, nos exige múltiples retos, en el seno de las empresas en primer lugar, pero especialmente en el conjunto social del país y en sus servicios públicos básicos: educación, sanidad, gestión cultural de la diversidad, entre otros.

En general, se echa en falta un debate público sobre las enormes implicaciones para la sociedad vasca de los entornos geopolítico y geoeconómico, cada vez más influyentes y cada día más alterados por cambios profundos en todos los aspectos. El mundo de ayer desaparece y Europa, y por tanto nosotros, estamos afectados por retos vitales: desde la defensa, en un clima casi prebélico, a la energía, a los materiales críticos, a nuestros 'gaps' tecnológicos, a las grandes rutas del transporte, al cambio climático... Todo eso nos afecta y nos compromete .¿Hablaremos de ello?

Publicado en El Correo, 15/9/2026

26 de junio de 2026

Mucho más que un fracaso puntual.

El abandono por Alemania y Francia del caza de combate europeo es síntoma de un mal mayor: la reaparición de intereses nacionales enfrentados que entorpecen la integración.

En materia defensiva, el único sector en el que parecía posible que Europa pudiera ponerse de acuerdo para fabricar un sistema unificado de combate era precisamente el aeronáutico, porque contamos con el gran fabricante mundial de aviones (Airbus) y la única empresa europea en aviónica militar (Dassault). Aquí el entendimiento era fácil y obligado, a diferencia de cualquier otro sector de la industria militar, en los que la existencia de potentes empresas nacionales y distintos formatos tecnológicos hacenmuy difícil la fusión y el acuerdo, no solo por razones técnicas y estratégicas, sino porque esas fusiones o convergencias entrañan decisiones nacionales y socio-laborales delicadísimas. Basta pensar en los diversos astilleros navales europeos, en las múltiples industrias de armamento, en los diferentes modelos de tanques, sistemas de transporte...

La creación de un ejército europeo, tan reclamado por el europeísmo como exigido desde que Trump nos amenaza con abandonar la OTAN, necesita una industria militar europea unificada. Pues bien, Francia y Alemania acaban de anunciar, de mutuo acuerdo, el abandono del proyecto 'Futuro sistema de combate aéreo»' (FACS, por sus siglas en inglés) por razones que, en esencia, explican la naturaleza nacional de sus proyectos defensivos.

Poco importan, a efectos de este análisis, las razones de Francia y Alemania que, tomadas individualmente, son explicables y comprensibles. Lo relevante es que los dos grandes motores de la Unión rechazan compartir una defensa europea común y al hacerlo descubre sus rivalidades y desconfianzas. Han despertado los viejos demonios que nuestra historia arrastra. Esos espectros de nuestro belicoso pasado que, curiosamente, estimularon la creación de la comunidad después de la Segunda Gran Guerra y que ahora reaparecen para dificultar –quizás para imposibilitar– que hagamos juntos lo que solo juntos podemos hacer.

Porque la defensa europea es, más que ninguna otra de nuestras urgencias, una materia en la que la integración es condición sine qua non. No hay defensa europea si no vamos juntos. No hay potencia militar europea si no sumamos nuestros ejércitos. Nunca seremos independientes y soberanos respecto a Estados Unidos si no construimos un ejército europeo. No podremos evitar conflictos bélicos si no es por nuestra capacidad disuasoria. Es tan evidente que no hace falta argumentar.

Debemos hablar claro, incluso con ánimo de provocar, aunque ofendamos. Han surgido dudas y recelos en Francia a compartir con Alemania su avanzada tecnología militar. De la misma manera que Alemania no quiere que la oferta de disuasión nuclear francesa para albergar dispositivos de lanzamiento o de defensa esté controlada desde París .De la misma manera que en Francia se mira con recelo el programa alemán de inversión militar('Zeitendenwende') para construir un gran ejército germano, probablemente el más poderoso de Europa en unos años. Surgen voces que alertan preguntando: '¿y si mañana gobierna Alemania la AfD, que ostenta un peligroso 30% de apoyo electoral en las encuestas?'. Viejos demonios de siglos pasados ensombrecen el futuro de Europa.

No es solo eso. Los países bálticos y los del centro y este europeo desconfían en el fondo de esta integración militar comunitaria y contemplan su defensa frente a Rusia pivotando sobre Estados Unidos y su poderío tecnológico y militar, a pesar de Trump. De manera que estas discrepancias estratégicas amenazan los dos grandes desafíos europeos del momento: el defensivo y el tecnológico.

Por eso, el del FACS es mucho más que un fracaso puntual. Es un peligroso síntoma de un mal mayor: la reaparición de intereses nacionales enfrentados a la hora de abordar nuevos, necesarios y decisivos pasos en la integración europea.

Trasladen ahora esos problemas a la colaboración en la I+D europea frente a China y Estados Unidos, o a la conexión energética europea, o a la construcción de campeones comunitarios, industriales y financieros, para competir en un mundo tan hostil y verán que esta alarma es mucho más que preocupante.

Es verdad que Europa es líder mundial en aviones comerciales. Más del 50% de la flota del planeta se ha fabricado en el continente. También lo somos en motores de barcos y en muchos capítulos más. Contra el derrotismo europeo tan en boga, conviene recordar algunas de nuestras fortalezas. Pero estas no serán sostenibles si no van acompañadas de más integración, de más cesiones de soberanía y de una superación radical del 'interés nacional', como alfa y omega de la construcción europea.


El Correo, 26-6-2026

31 de mayo de 2026

La hora del PSOE.

"Necesitamos un congreso extraordinario urgente para recuperar el debate interno."

Confieso mi aturdimiento. Nunca imaginé tal cúmulo de acusaciones, ni tan graves. No sé cómo acabarán estas investigaciones, pero aunque resulten mucho más leves de lo que parecen, el daño corporativo será enorme. Tampoco sé cómo ni cuándo acabará la legislatura, pero no resulta difícil prever el fin de un ciclo. Lo que me preocupa es el PSOE.

Ha llegado el momento de que el partido reaccione e inicie un fuerte movimiento de renovación ante el inmediato futuro y de recomposición ideológica ante los enormes desafíos a los que nos enfrenta el presente. Primero, porque el PSOE es mucho más que las investigaciones judiciales del momento. Somos la fuerza que explica la historia moderna de España y somos el partido clave de la construcción democrática, social y europea de los últimos 50 años. Segundo, porque, sea cual sea el desenlace de los próximos meses, necesitamos presentarnos ante los españoles con un relato veraz sobre lo ocurrido y con unos datos de gestión socioeconómica y política que merecen ser apreciados y reconocidos. Y tercero, porque el volumen y la densidad de los cambios que se están produciendo en todos los planos del mundo que nos rodea obligan a la socialdemocracia a reformular seriamente su proyecto y asumir nuevos y valientes pasos para aspirar a la mayoría.

¿Cómo se aborda todo esto? En mi opinión, sólo con la convocatoria urgente de un congreso extraordinario que concite a la militancia a asumir esta traumática situación y a plantarse ante el futuro con una oferta de renovación ideológica y el liderazgo personal que los afiliados elijan. Es la hora de sus cuadros, de sus agrupaciones, de sus militantes. Es la hora de recuperar un debate interno que no tenemos, de reflexionar sobre lo que nos pasa y de ofrecer un proyecto renovado.

La dialéctica de relaciones entre el secretario general del partido y la organización nunca fue fácil. Pero es evidente que en la etapa de Pedro Sánchez la vida orgánica y la deliberación interna se han debilitado mucho y el poder de la cúpula sobre las organizaciones territoriales se ha hecho ostensible. El partido ha desaparecido como voz autónoma ante el monopolio político externo del Gobierno. A la ausencia de pluralismo interno se añade así la debilidad de los liderazgos gubernamentales y territoriales.

El partido tiene que tomar la palabra. El partido es mucho más que los acontecimientos del presente. El partido es historia y es futuro y a él le corresponde decidir cómo afrontarlo. Ese sentido de la responsabilidad para con nuestros conciudadanos y para con nuestro país nos obliga a decidir cosas importantes. ¿Es el llamado «bloque plurinacional» el proyecto que ofrecemos a los españoles y nuestra única política de alianzas? ¿Tenemos una estrategia cultural y política para combatir el populismo de la extrema derecha y estamos dispuestos a debatir las formas de evitar que entren en los gobiernos? ¿Cómo establecer una plataforma breve de objetivos programáticos (educación, vivienda y empleo) que nos permitan recuperar crédito entre los jóvenes? Hay múltiples debates sectoriales que merecen una puesta a punto de un proyecto socialdemócrata moderno: energía y ecología; tecnologías e investigación; productividad, salarios y crecimiento; política de ciudades….

Los gobiernos de Sánchez nos proporcionan una base ideológica y programática muy sólida en materias importantes: el crecimiento económico, la creación de empleo, la estabilidad del mercado laboral y las políticas de protección social permiten avances en política fiscal y en la mejora de los servicios públicos, especialmente en educación y sanidad. En la política europea estamos situados en el grupo de los países que lideran las reformas por una mayor integración y en política internacional nos hemos definido ante los conflictos con una fuerte impronta política, admirada en todo el mundo por los sectores progresistas.

Pero todo eso no basta si permanecemos pasivos y atribuimos nuestros males y responsabilidades a conjuras mediático-judiciales y a las malas artes de la derecha. Ahora se trata de tomar la iniciativa política y dar la cara ante el país. Se trata de dar a los militantes del partido la oportunidad de encontrarse, de debatir, de reflexionar colectivamente y de decidir cómo y con quién enfrentar el futuro. Se trata de devolver al partido a su misión más noble: servir al país, ofreciéndonos como lo que somos, la fuerza de la izquierda española capaz de vertebrar las ideas y las mayorías progresistas y de seguir siendo el partido que construya la España autonómica-federal, moderna y competitiva y el país justo que queremos ser.

El Correo, 31-5-2026

9 de mayo de 2026

Regularización y "prioridad nacional"

Dos conceptos y dos políticas antagónicas acaparan hoy los debates nacionales. Regularizar a inmigrantes es conceder a quienes viven y trabajan con y para nosotros derechos iguales de ciudadanía. 'Prioridad nacional' equivale a segregar a ciudadanos en función de su origen, castigando a los foráneos a no recibir ayudas o prestaciones públicas, o a hacerlo después de los ciudadanos nacionales.

En términos políticos, ambas medidas tienen muy diferente plasmación .La regularización es una disposición legal inamovible y real, se está produciendo ya y acabará legalizando la situación irregular de más de 500.000 inmigrantes que trabajan y viven en España, produciendo extraordinarios efectos en sus vidas, tanto desde el punto de vista de su seguridad y estabilidad como, sobre todo, de sus derechos. Por el contrario, la 'prioridad nacional' es solo un eslogan, una bandera política, una pretensión partidista, sin cobertura legal alguna y con manifiesta violación del ordenamiento jurídico español, incluida nuestra propia Constitución.

Desgraciadamente, es algo más que eso. Su proyección política ha sido inmediata, al incluirse en los acuerdos autonómicos entre PP y Vox; y su penetración social ha sido grande, porque ese sentimiento de 'primero los de casa' es tan elemental como primario. En términos de márketing político, han tenido un enorme éxito porque con dos palabras sencillas han logrado expresar una idea, casi un programa político, y además han excitado un sentimiento humano. Se parece mucho a otros dos eslóganes populistas de probados efectos en los años precedentes: el 'America first' de Trump, generador del MAGA, y el 'Take back control' de Nigel Farage y los partidarios del Brexit antieuropeo en 2016.

No creo posible que ese eslogan, 'Prioridad nacional', llegue a materializarse en ninguna comunidad autónoma, porque las leyes o las disposiciones que pretendan hacerlo serán impugnadas y declaradas ilegales e inconstitucionales. Ninguna disposición legal, de ninguna administración pública, sea municipal, autonómica o nacional, puede establecer discriminaciones en el principio de igualdad, ya que todas las administraciones están sujetas al principio de legalidad y obligadas a respetar los principios de generalidad y de igualdad ante la ley.

Me preocupa más que muchos de nuestros conciudadanos consideren justo que los hijos de los inmigrantes sean postergados en su acceso a la guardería, o que sus mayores no puedan percibir ayudas a la dependencia, o que sean eliminados de las listas de acceso a la vivienda pública, todo ello por el simple hecho de ser extranjeros.

La regularización ofrece precisamente lo contrario, no solo a partir de argumentos económico-administrativos que pretenden evitar la economía informal, ordenar los servicios públicos y asentar los censos municipales sino, sobre todo, a argumentos morales, porque la dignidad de las personas y sus derechos no dependen de su origen y de su condición administrativa, sino del hecho de ser personas. Lo otro es xenofobia, es segregación.

Es más, esa concepción humanista, basada en la dignidad igual de las personas por el mero hecho de serlo y los derechos humanos para todos, es condición imprescindible de cohesión social y de convivencia democrática.

Un último apunte histórico. La regularización española está siendo percibida en América Latina como una luz esperanzadora y fraternal, que convierte nuestras múltiples y respectivas migraciones pasadas en un círculo histórico de idas y vueltas entre poblaciones de cultura común y convivencia natural. Trump los persigue en las calles de Estados Unidos, los detiene y los expulsa, atados de pies y manos, a sus países de origen. La columna humana que atravesaba el continente hasta la frontera mexicana, superando selvas y montañas, soportando la extorsión de las mafias y sufriendo mil miserias y peligros, ha desaparecido. Pero esas personas en busca de vida y futuro no desaparecen y se da la maravillosa circunstancia de que nosotros las necesitamos.

Hoy, al igual que antes ellos, nosotros los recibimos en España y se produce así una suma de extraordinarios beneficios para todos, en un proceso de integración laboral y social ejemplar para toda Europa. Además, el valor geoestratégico de esta regularización es inmenso, en este momento concreto de nuestra política exterior y especialmente en nuestra mirada iberoamericana, de cara a la cumbre que acoge España en Madrid los próximos 4 y 5 de noviembre.

Publicado en El Correo, 9/5/2026

5 de abril de 2026

La última llamada.

Una serie de televisión, sobre los últimos cuatro expresidentes del Gobierno, se tituló 'La última llamada', haciéndose eco de una expresión que Felipe González solía utilizar para explicar la «angustia» del líder: «todas las consultas y decisiones terminan en tu teléfono o en tu despacho». Traslademos ahora esa imagen a tres decisiones que ha adoptado recientemente el presidente Sánchez.

Primer acto. Es la mañana del sábado 28 de febrero en la que se ha conocido que Estados Unidos e Israel han atacado Irán.

- Presidente: soy Margarita, los americanos me piden utilizar las bases de Rota y Morón para abastecer sus aviones en el ataque que acaban de iniciar a Irán. (Última llamada).

- Diles que no. Que es una guerra ilegal, sin autorización de Naciones Unidas, que viola el derecho internacional y que España no puede colaborar en ella.

Al día siguiente, se dirige al país y pronuncia el famoso «No a la guerra», explicando su decisión.
Otros dirigentes europeos dudaron y callaron. La presidenta de la Comisión nos propuso «aceptar el nuevo mundo» con pragmatismo. Algunos incluso destacaron la maldad del régimen iraní para justificar el ataque. Temían a Trump. Con el paso de los días, toda Europa se sumó al rechazo a esa guerra y a su participación en ella. En los medios de comunicación internacionales de todo el espectro ideológico, en los círculos políticos de todo el mundo se ha apreciado la firmeza y la coherencia del presidente español.
¿Postureo? ¿Quijotismo? ¿Búsqueda de rentabilidad interior? Demasiado frívolo especular con esos juicios de intenciones en asuntos tan graves. Simplemente acierto y valor. Nadie lo ha hecho como él.

Segundo acto. Es el punto de 'varios' de una reunión del Consejo de Ministros. Pide la palabra Grande-Marlaska, ministro de Interior.

- Presidente, quiero plantear un tema grave. Tenemos más de medio millón de inmigrantes irregulares en España. Los ayuntamientos de las grandes ciudades y del Mediterráneo especialmente nos reclaman ordenar esta situación que colapsa sus prestaciones públicas. Los empresarios nos advierten de que se están generando espacios económicos informales que compiten deslealmente. Hay dos opciones: No hacer nada y en su momento expulsarlos a centros subcontratados, fuera de Europa, como quieren hacer la mayoría de los países de la Unión, o regularizar a la mayoría de los inmigrantes que ya están con nosotros. (Última llamada).

- Ministro, inicia un procedimiento de regularización y controla que se cumplan todos los trámites legales para la integración laboral y social de los regularizados.

¿Demagogia? No, simplemente justicia y ordenación legal de una situación generadora de caos social y competencia desleal en la economía. ¿Electoralismo? No, porque no votan. ¿Populismo? Ojalá todas las medidas populistas fueran tan justas y proporcionadas, tan oportunas y convenientes para todos.

Acto tercero. Reunión de la OTAN en La Haya 2025. Trump impone a toda la Alianza el objetivo del 5% en el gasto militar (3,5% de inversión en defensa y 1,5% en infraestructuras militares). Todos callan, aunque saben que nadie cumplirá. (Última llamada).

Excepto Sánchez, que dice que España no llegará a ese porcentaje del PIB porque es imposible y que sin embargo aumentará considerablemente su gasto militar hasta el 2%. Por cierto, Rutte acaba de decir que España ha cumplido y ha hecho un esfuerzo considerable, alcanzando en poco tiempo ese 2%, semejante a lo que gastan Portugal, Bélgica y Canadá.
También aquí la firmeza del presidente es de apreciar. ¿Buscaba enfrentarse a Trump por interés partidista? Creo que ha sido pura sensatez y necesario realismo. Otra cosa es que en España nuestro gasto en defensa, nuestra participación en el ejército europeo, nuestra industria militar, incluso nuestra presencia en el paraguas nuclear francés exigen un debate parlamentario en serio, que no tenemos y que nuestra democracia reclama.

Pero todas estas posiciones del presidente en defensa del derecho internacional en el «No en la guerra», en la política de inmigración y en la defensa nacional le han convertido en el referente progresista de la comunidad internacional. Los próximos días 17 y 18 de abril se va a celebrar una cumbre progresista mundial en Barcelona y Sánchez se presenta ante ella como un referente de la izquierda internacional indiscutible.

Incluso desde posiciones críticas a otras políticas de Sánchez, deberíamos reconocer estos méritos. Al hacerlo, sus críticos ganarían la credibilidad que pierden al oponerse siempre y a todo.


Publicado en El Correo, 5 Abril 2026

9 de marzo de 2026

El mitin del Astelena.

Hemos celebrado estos días los 50 años de aquel primer gran mitin de la democracia que dieron en el frontón Astelena de Eibar Felipe González y Alfonso Guerra, junto a los socialistas vascos .Fue tan emocionante como conflictivo y no por la policía, que toleró el acto, sino por la violenta protesta interior que determinados sectores del nacionalismo vasco protagonizaron pretendiendo boicotearlo e impedirlo.

Recordemos el contexto. Franco acababa de morir (Noviembre del 75) y nadie sabía cómo, pero todos sabíamos que comenzaba un tránsito hacia la democracia .De hecho, la sociedad respiraba y palpitaba con impulsos democráticos por todos sus poros. El régimen franquista, bajo Arias Navarro, sufría una tensión interna que acabaría resolviendo el Rey con el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, en julio de 1976. La prensa era un hervidero de columnas y noticias que olían a la libertad futura. Los partidos, algunos todavía perseguidos, otros tolerados, pero todos ilegales, manteníamos ya un nivel de actividad orgánica muy alto .El mundo sindical se organizaba al margen del sindicato vertical y nutríamos nuestros ficheros de afiliación con creciente capacidad.

De hecho, los dramáticos acontecimientos del 3 de marzo de ese año en Vitoria son la consecuencia de una negociación colectiva sindical, al margen de una oficialidad sindical moribunda. También de aquella trágica represión policial contra el movimiento obrero vitoriano se cumplen ahora 50 años.

Si contemplamos todo lo sucedido aquel año 1976 y los primeros meses de 1977, descubrimos que en aquellos dieciocho meses se concentran los principales pasos políticos que armaron la Transición democrática española. Desde la legalización de los partidos políticos, incluyendo al Partido Comunista en la Semana Santa de abril de 1977 ,a la celebración de las primeras elecciones democráticas en junio de ese año. Aquellas primeras Cortes democráticas aprobaron en octubre la amnistía y lograron después el consenso para la Constitución del 78.

Pues bien, en los primeros días de aquel año 1976, el PSOE planificó la celebración de tres actos públicos en el País Vasco, en Bilbao ,Eibar y San Sebastián, para presentar a Felipe y para tensar las costuras de la tolerancia-legalidad. Se trataba de forzar al régimen a soportar actos propios de una sociedad libre, pero también de ofrecer a la sociedad oportunidades de ejercer sus derechos democráticos y de expresar su deseo de libertad en demostraciones sin riesgo represivo.

Eran por ello oportunidades que teníamos que aprovechar para movilizar masivamente a la ciudadanía en favor de la democracia .Afortunadamente, nuestro 'servicio de orden' (trabajadores de la Margen Izquierda) sacó por la fuerza a los reventadores y el mitin se celebró en medio de un entusiasmo democrático inolvidable. Como muestra del ambiente, baste recordar que el frontón estaba tan lleno en las gradas y en la cancha que tuvimos que poner un pequeño tablado para los oradores en el ángulo del rincón del frontón ,porque la pista estaba inundada de gente.

¿Por qué en Eibar? Eibar era nuestro corazón histórico .El socialismo vasquista al que algunos siempre aspiramos se hacía realidad allí. Benigno Bascaran, el cura laico de la villa, representaba ese prototipo de socialista eibarrés: obrero, socialista desde la cuna, euskaldun y de tradición cooperativista. Allí tuvimos organización clandestina desde siempre y nuestra convocatoria pública estaba asegurada.

Muchos partidos se quejaban de la tolerancia que el régimen, todavía franquista, mantenía para con el PSOE. Tenían razón y lo entiendo, porque la competencia por el voto futuro era ya muy fuerte y varios partidos a nuestra izquierda habían acreditado organización, militancia y lucha antifranquista, mucho más activa e intensa que el PSOE. Pero fueron incapaces de comprender que nuestra conquista de la libertad era premonitoria de la suya. Felipe repitió una y mil veces una idea que expresaba con formas un tanto poéticas: «Las parcelas de libertad que yo estoy usando y conquistando serán anchas alamedas de libertades democráticas para todos». Fue así y en muy poco tiempo además.

Pero quienes entraron en el mitin para impedirlo no protestaban por eso. Ellos eran la expresión o los primeros signos de esa intolerancia totalitaria que anidaba ya en aquellos nacionalistas de entonces y que luego nos llevó a tanta tragedia y tanto dolor.

Publicado en El Correo, 9-3-2026



6 de marzo de 2026

Entrevista: Demócrata. "España necesita un gran debate sobre Defensa"



Uno de los deportes nacionales de Bélgica podría ser quedar para "tomar café". En ese campeonato, el Café Belga, en la plaza Flagey, sería su estadio olímpico. El encuadre es conocido por su ambiente cosmopolita; durante las jornadas alberga tertulias interminables. La faceta diurna del establecimiento es testigo también de grandes alianzas. Ahí, en el símbolo de la vida social del barrio de Ixelles, nos encontramos con alguien que conoce de primera mano los engranajes de la capital comunitaria.


Ramón Jauregui (1948) llega esquivando la lluvia característica del país. Mientras espera su taza de café descafeinado, reflexiona sobre los últimos acontecimientos de la política nacional, relación Sánchez-González inclusive, con la condición de que no formen parte de la conversación que busca servir como termómetro de la situación actual del continente. Hace una legislatura que abandonó las instituciones europeas, treinta y cinco años de su paso por el Gobierno Vasco y quince de su etapa en la Moncloa bajo los mandos de José Luis Rodríguez Zapatero.

Su radiografía del contexto europeo es la de alguien que entiende el ritmo comunitario, sus tiempos, equilibrios, pero también sus intereses contrapuestos. Desde una cafetería rodeada de estanques y confidencias, abre la puerta a que aquellos que actualmente se encuentran en la primera línea política abran el debate sobre el gasto en defensa con altura de miras y responsabilidad,en un momento en el que Europa reescribe sus propios principios fundacionales.

Pregunta: En estos 40 años, ¿cómo ha sido el paso de España desde el 86 hasta aquí?

Respuesta: Hay una cosa que a mí me gustaría trasladarte, que es una reflexión un poco nostálgica de un antifranquista que vivía en la frontera, que es un poco mi caso.

Europa era para nosotros el espacio de libertad y de democracia al que aspirábamos en la lucha antifranquista. Para mí, que vivía al lado, en San Sebastián, y pasaba la frontera para comprar libros, para ver películas... Era como una burbuja de libertad. Esa es una sensación que quiero que tengas y que recuerdes, porque en mi opinión es capital.

Hay incluso una anécdota. Nosotros teníamos un banco en Hendaya que se llamaba el Banco de Enchauste, al que llegaba dinero de los socialdemócratas suecos y alemanes. Yo era secretario de Tesorería de las Juventudes Socialistas y pasaba la frontera a recoger ese dinero. Toda la emoción de pasar con el dinero y que no me parara la policía, de comprar libros y que no te los requisaran... Toda esa emoción, eso era Europa.

Entonces, yo diría que la entrada en Europa, para nuestra generación, fue como encontrar el lugar en el mundo para España. En el fondo, la incorporación a la Unión Europea —de eso hablamos hace 40 años— fue encontrar un lugar, una compañía, una familia, una ruta, un camino para el futuro.

Esa era Europa para nosotros.

Frente a aquella broma de los falangistas que decían que España era una “unidad de destino en lo universal”, aquella patochada que se convirtió casi en un proverbio común, la respuesta es no: no somos una unidad de destino en lo universal; somos una parte de Europa para el mundo. Esa es la idea central de lo que fue aquella fecha y aquella incorporación.

Ramón Jauregui: “Necesitamos una reflexión seria desde el Parlamento Europeo en favor de una mayor corresponsabilidad con el ejecutivo”

P. ¿Ha sido Europa como imaginábamos que iba a ser cuando entrásemos?
R. Ha sido más. Yo creo que todo el mundo está de acuerdo en que han sido los mejores 40 años de la historia de España. No solo por haber entrado en Europa, pero sin Europa no habría sido igual.

Hay que recordar el momento. En el año 85 teníamos aproximadamente 10 millones de empleos y casi 3 millones de parados. Hoy tenemos 22 millones y medio de ocupados y el paro está en torno al 9 o 10%.

Hemos multiplicado nuestro PIB por dos. Hemos aumentado nuestra esperanza de vida en diez u once años. Hemos reducido el paro a la mitad.

Todo lo que ha ocurrido en este tiempo explica que Europa ha ayudado a España a construir los 40 años mejores de su historia. Veníamos de una industria prácticamente chatarrizada y hemos modernizado nuestro aparato económico y productivo de manera enorme. Somos muy competitivos en muchas cosas.

Yo diría que se ha producido un cambio cultural: apertura de fronteras, niveles educativos, mentalidad europea. España no podría haber sido lo que es si no hubiera entrado en la Unión Europea hace 40 años.

P. Y también a la inversa: ¿cómo ha transformado España a Europa?
R. España ha ido moldeando debates.
Yo creo ha estado siempre en el núcleo de los países que querían una unión más estrecha, más intensa. España ha estado ahí si recordamos su participación en los grandes tratados, desde Maastricht hasta Ámsterdam.

Las aportaciones de España han sido importantes: por ejemplo, el impulso al programa Erasmus; el concepto de ciudadanía europea; Schengen; nuestra posición política positiva a favor de la reunificación alemana; la defensa de la cohesión social; la arquitectura que dio lugar al Next Generation, que es otro paso gigantesco.

España ha estado siempre ahí. Y eso me enorgullece, porque es donde hay que estar. También hay que destacar la apertura hacia América Latina. A finales de los 90 América Latina no existía en el radar de la política exterior europea. España y Portugal abrieron esa ventana al otro lado del Atlántico.

P. En este debate donde se habla ya de una Europa de dos velocidades, algo que empieza a verse como factible, ¿lo ve razonable?
R. No me gusta la idea de Europa de dos velocidades en el sentido de círculos concéntricos, porque eso no ha funcionado nunca bien y ha hecho muy compleja la vida interna.

Yo hablo de un núcleo motor. Tradicionalmente ese núcleo fue el franco-alemán. Ahora eso se ha roto y tienes un eje diferente.

Lo que planteo es algo más amplio: que ese núcleo se ponga de acuerdo —lo cual no será fácil—, pero es el único instrumento para avanzar en la hoja de ruta que han marcado personas como Draghi o en los retos geopolíticos que nos ha planteado Trump y Estados Unidos, y el nuevo mundo de potencias que se ha configurado.

P. Pero ¿no hay riesgo de predominio alemán?
R. El problema no es Alemania. El problema es la fragmentación.

En el seno de esos países están emergiendo opiniones públicas y partidos que no quieren ese núcleo motor. Si en mayo de 2027 Bardella fuera presidente de Francia y no quisiera avanzar en ese ritmo intenso, el proyecto quedaría bloqueado.

Ese euroescepticismo que no reniega de la Unión pero la acepta como algo que hay que soportar mata el proyecto. Porque lo que hay que hacer ahora son pasos gigantescos: unificar la industria militar, eliminar la unanimidad en política exterior, convertirnos en una potencia.

Si el mundo se divide en tres potencias y los demás somos vasallos, la única manera de no serlo es ser potencia.

P. ¿Cómo se articulan las diferencias Norte-Sur, Este-Oeste?
R. Entre pocos inicialmente y que los demás se vayan sumando. No hay más remedio. Si quieres ponerte de acuerdo con todos, no vamos a poder. Ya está claro que hay dificultades objetivas. El problema es que están emergiendo opiniones públicas neonacionalistas que creen que los problemas se resuelven dentro del propio país. Y hay un problema interno muy fuerte: la opinión pública europea no acepta la inmigración, y la inmigración la necesitamos como el respirar.

Hay una suma de soberanismo anacrónico y sentimiento antimigratorio, especialmente antiislámico. Esa es la configuración política de la Europa de hoy. Y eso es el verdadero problema.


Ramón Jauregui: “La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo”

P. ¿Qué pasa con el Parlamento Europeo?
R. Yo reclamo más poder para el Parlamento Europeo, pero también le exijo corresponsabilidad con el ejecutivo. En los sistemas democráticos nacionales, una mayoría parlamentaria sustenta al gobierno. En el Parlamento Europeo no existe esa cultura de corresponsabilidad.

Si el Parlamento bloquea decisiones estratégicas ya negociadas por la Comisión, el sistema falla. Y Europa, que ya tiene dificultades intrínsecas por ser una suma de naciones y no una federación, no puede permitirse eso. Necesitamos una reflexión seria desde el Parlamento Europeo en favor de una mayor corresponsabilidad con el ejecutivo.

P. Con Rusia, ¿Hay que descolgar el teléfono?
R. Para coger el teléfono tienes que ser potencia. Si no, no te lo cogen.
En el mundo que se está configurando, necesitas fuerza. El dinero es una parte, pero tiene límites. Hemos aprobado veinte paquetes de sanciones. Pero si quieres sentarte en la mesa necesitas capacidad militar, autonomía estratégica y credibilidad.

Hay que crear una unidad operativa europea ya, agrupar fuerzas nacionales bajo una organización común y empezar a montar eso. Más complicado será decidir dónde se fabrica el tanque europeo o el submarino, pero la unidad operativa es urgente. La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo.

P. En España cuesta explicar el rearme.
R. Eso se hace haciendo política en serio y planteando el debate a la opinión pública en profundidad.

Necesitamos un gran debate sobre defensa. Porque todo está conectado. No es solo una ciudad lejana en el Báltico. Puede ser ciberataque, manipulación política, uso de la inmigración como instrumento. Si no formas parte del núcleo que responde, no cuentas. Sé que es difícil en una cultura de paz como la española, pero España se merece ese debate.

P. En América Latina, ¿ha estado Europa a la altura?
R. No somos un actor determinante frente a la materialidad del poder estadounidense, pero tenemos instrumentos.

Tenemos acuerdos comerciales con el 95% de la población latinoamericana. Tenemos estándares medioambientales, una cultura no extractivista, capacidad de crear cadenas de valor sólidas.

América Latina es un espacio en disputa entre Estados Unidos y China. China tiene una penetración económica muy fuerte. Europa puede desaparecer si no actúa. Tenemos que hacernos presentes aportando lo que tenemos y construyendo una relación de convergencia cultural y geopolítica.

P. ¿Y la relación con China?
R. China controla nodos críticos en las cadenas de suministro, crea dependencia y controla rutas y puertos estratégicos. Es competidor y rival sistémico.

Durante años seguimos la política estratégica estadounidense y pusimos vetos que no siempre eran razonables desde el punto de vista económico.

Ahora descubrimos nuestras dependencias: defensa, tecnología, satélites, telecomunicaciones. La clave es recuperar autonomía estratégica. Sin autonomía, no eres fuerte. Y sin fuerza, no eres potencia.
Ramón Jauregui:

“Si el mundo se divide en tres potencias y los demás somos vasallos, la única manera de no serlo es ser potencia”

Al terminar las preguntas, la conversación continua ya con la grabadora apagada. Ha caído la noche en Bruselas y el ambiente de la cafetería que alberga el encuentro también parece hacerlo. Jauregui repasa la agenda que le espera en los próximos días en la capital comunitaria que pasarán entre reencuentros y reuniones en las instituciones comunitarias. La entrevista sucede días antes del inicio del conflicto abierto en Oriente Medio y la tensión generada entre el gobierno estadounidense y el español, sin embargo, el ex eurodiputado ya avisaba: "La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo". Palabras que parecían adivinar lo que estaba por llegar.



Entrevista para Demócrata, Alvaro Villarroel, 6/3/2026

1 de marzo de 2026

Acto recuerdo 50 aniversario del mitin PSOE 1976 en Eibar.

El pasado 1 de marzo el PSE de Eibar ha celebrado un acto en conmemoración al 50 aniversario del primer mitin autorizado del PSOE desde la Guerra Civil.
Participé junto a Eneko Andueza, Secretario General del PSE-EE y el alcalde de Eibar, Jon Iraola.

El mitin de 1976 supuso un hito en la recuperación de las libertades democráticas en nuestro país.
Dió valor real tanto a la ciudad como a la Agrupación Socialista local de Eibar en la defensa de los valores de libertad, democracia y  justicia social.

"Fue un acto de ruptura. Queríamos ofrecer a la ciudadanía la opción de acudir a un acto masivo sin represión. Y queríamos abrir puertas para posibilitar actos en los que recuperar la libertad”.

Personalmente me hice todavía más socialista en Eibar. El socialismo eibarrés es “el prototipo del socialismo vasco que siempre admiré y siempre quise instaurar”.


23 de febrero de 2026

VI Seminario de Alto Nivel “Ante la encrucijada geopolítica actual, ¿hay lugar para la Unión Europea en América Latina?


VI Seminario de Alto Nivel organizado por la Fundación Euroamérica y la Asamblea Parlamentaria Europea-Latinoamericana (EuroLat), celebrado en Bruselas bajo el título ‘Ante la encrucijada geopolítica actual: ¿Hay lugar para la Unión Europea en América Latina?’
 

 



 Vía: European Union 2026-EP

9 de febrero de 2026

Los debates que no tenemos.

Después de la derrota electoral de 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba me encargó organizar una reflexión colectiva, profunda y renovadora, para debatir una nueva oferta política del PSOE, gravemente desgastado por la crisis económica y frente a una sociedad que mostraba quejas muy serias y tendencias pluripartidistas evidentes. Durante un año largo, más de 20 grupos, formados por expertos, propios y ajenos al PSOE, debatieron y concluyeron una docena de documentos que abarcaban los grandes temas del momento. Una conferencia política celebrada en noviembre de 2013 (semejante a un congreso federal) adoptó las grandes resoluciones que han sostenido muchas de las bases ideológicas del partido estos últimos años.

Hoy vivimos asaltados por cambios estructurales y valores ideológicos mucho más trascendentes y peligrosos que entonces: el orden internacional ha saltado por los aires; la democracia es combatida desde múltiples frentes; Europa está en riesgo; la desigualdad crece y nuestras herramientas para reducirla han quedado obsoletas; valores liberales y aspiraciones de justicia que creíamos en permanente progreso son cuestionados o combatidos abiertamente; algunos sectores sociales, compañeros de viaje en nuestras políticas transformadoras, están siendo atraídos por populismos demagógicos…, así podríamos seguir con una larga lista de amenazas ideológicas.

Qué más tiene que pasar para que nos paremos a pensar? ¿Para cuándo la autocrítica? ¿Cuándo y cómo abordaremos debates imprescindibles de nuestra estrategia política para los próximos años? Veamos unos cuantos, solo a modo de ejemplo:

Recuperar nuestra vocación de mayoría y nuestro proyecto federal. Nuestro proyecto político está seriamente limitado en una coalición, que ha servido, pero que no tiene futuro. Habrá exigencias nacionalistas inasumibles y hay partidos que ya han decidido no sumarse a ella. Los efectos electorales de esos pactos en las comunidades no nacionalistas son negativos. Necesitamos recuperar la autonomía política de un proyecto nacional y ser percibidos como garantía de aspiraciones comunes de todos los españoles. Tenemos una propuesta consensuada internamente para la España autonómica. Ese proyecto no es compatible con las pretensiones últimas y de fondo que nos plantean los nacionalismos: la autodeterminación, vía consulta o vía reconocimiento del llamado derecho a decidir y los mecanismos confederales derivados de supuestas soberanías originales e iguales a las del Estado. No hay punto de encuentro en esos planteamientos, y debemos dejarlo claro ante todo y ante todos.

El combate ideológico a la “nueva derecha”. Hay un “corpus doctrinal” en la ultraderecha que se proyecta con fuerza creciente en Europa impulsada por MAGA y por Estados Unidos. Un neonacionalismo patriota que alimenta el orgullo identitario y concentra en la nación la solución de los problemas. Un antieuropeísmo objetivo y militante que pretende la deconstrucción de la Unión. Un rechazo agresivo al diferente y al extranjero. El negacionismo del cambio climático. Su adhesión a los nuevos imperios frente al multilateralismo. Su querencia por los “hombres fuertes” y autoritarios y el desprecio por los valores liberales y la democracia misma. Sus códigos reaccionarios de conducta social y de moral pública. Su rechazo a la revolución feminista.
Hay una batalla cultural e ideológica por hacer desde el socialismo liberal contra esa doctrina. No basta la descalificación. Necesitamos rearmar nuestros argumentos y enfrentarlos día a día, en todos los planos y en los nuevos medios de comunicación.

Reformas que fortalezcan la centralidad política. El multipartidismo no es cuestionable porque así lo deciden los electores, pero sus efectos sí son negociables. El multipartidismo en España ha acabado configurando dos grandes bloques enfrentados y antagónicos. Parecemos condenados a perpetuarlos si no introducimos reformas electorales o facilitamos la investidura a la minoría mayoritaria. Esto devolvería al Parlamento la geometría variable del pacto con todos y facilitaría los pactos de Estado que España necesita. Sería, además, un poderoso estímulo electoral a las dos fuerzas centrales del país.
Este debate ni es fácil ni es pacífico, por las evidentes consecuencias estratégicas que conlleva, pero abordarlo me parece tan necesario y conveniente como inaplazable.

Estado de derecho, instituciones y Constitución. Nuestras instituciones democráticas están sometidas a un acoso extraordinario y a un peligroso deterioro de su credibilidad Desde la pandemia, el decreto ley sustituye al Legislativo y el Parlamento pierde poder. Su proyección social se devalúa por la creciente agresividad de la polarización. El Poder Judicial está sometido a múltiples presiones y recuperar su credibilidad asegurando su independencia es tarea primordial. Muchos organismos institucionales deben ser reforzados en sus condiciones apartidistas y en la objetividad de sus miembros. Los medios y las redes deben contribuir a restaurar el edificio deliberativo de la conversación pública que la democracia exige y no lo contrario.
La Constitución necesita reformas conocidas. Un debate interno bien planteado debiera permitirnos ordenar y sistematizar nuestras propuestas de reforma y enriquecer así el debate político de nuestro país: desde las cuestiones territoriales del modelo autonómico hasta la reforma del Senado; desde la inclusión de Europa en nuestro texto constitucional hasta la financiación de autonomías y ayuntamientos; desde la igualdad de mujeres y hombres hasta la incorporación de nuevos derechos fundamentales, incluyendo los digitales.

Renovación socialdemócrata. A pesar de los notables avances sociales producidos estos últimos años, la socialdemocracia encuentra límites a sus políticas de igualdad. La fiscalidad internacional no avanza. Nuevas necesidades defensivas y un alto endeudamiento no permiten aumentos de gasto público. Un nuevo capitalismo financiero y globalizado impone límites a la legislación nacional. La tecnología genera nuevas divisiones sociales entre países y entre trabajadores. Los nuevos oligarcas tecnológicos imponen su ley al mundo. El listado de estos límites es desgraciadamente demasiado largo. Tenemos que renovar nuestras herramientas, nuestras ofertas, nuestros instrumentos en favor de nuestras viejas demandas. Están surgiendo nuevas ideas sobre la necesidad de concretar objetivos precisos en materias vitales muy precarias: vivienda, energía, transporte, como banderas de una política predistributiva y de resolver las deficiencias surgidas en los servicios públicos esenciales, educación y sanidad principalmente. Modernizar nuestra oferta social no será fácil, porque entraña también un controvertido análisis sobre el deslizamiento de nuestro gasto hacia la población mayor y quizás reorientaciones de gasto hacia otros colectivos. En ese sentido, nuestras políticas pre y redistributivas deben reformularse para ofrecer a los jóvenes españoles medidas capaces de recuperar su afecto por la política y su confianza en el PSOE. Desde la pobreza infantil hasta el ascensor social educativo; desde la vivienda hasta los contratos laborales de inicio y sus condiciones. Analizar a fondo la penetración del populismo y la antipolítica entre los jóvenes es de una urgencia vital.
Es solo un índice de nuestras urgencias ideológicas y políticas. El PSOE está falto de pluralismo interno y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.

Publicado en El País, 9-2-2026


 y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.