19 de diciembre de 2019

Cambios en América Latina.

«La verdadera revolución en América Latina es de eficiencia pública, de honestidad y ejemplaridad de sus clases dirigentes» 

URUGUAY también gira a la derecha aunque la victoria de Lacalle ha sido por los pelos. Lo hizo Brasil con Bolsonaro, Chile con Piñera, Perú con Kuczynski, Ecuador con Lenin Moreno, y Colombia con Duque. Salvo Alberto Fernández con los peronistas en Argentina, todo el subcontinente americano está en manos de la derecha política, más o menos neoliberal. Bolivia, pendiente de unas elecciones que, con toda seguridad representarán un cambio notable sobre los doce años de Morales, sea quien sea el ganador. Este giro a la derecha puede deberse a la destructiva imagen que ofrece el modelo bolivariano de Venezuela que, en mi opinión, daña a la izquierda política socialdemócrata de una manera letal. El país más rico del continente, con la renta más alta y mayor nivel de vida, se ha convertido en un caso paradigmático de crisis humanitaria y de expulsión de su propia población (más de cuatro millones de venezolanos están huyendo de su país en los últimos años). El fiasco venezolano, no obstante, no es generalizable a otros países donde gobernó una izquierda también bolivariana. Ecuador y Bolivia han realizado progresos notables en sus servicios públicos, en sus sistemas de protección social y en sus infraestructuras físicas y tecnológicas durante los años de Correa y Morales. 

Pero hay dos reflexiones que se nos ofrecen hoy ante este giro político neoliberal. La primera tiene que ver con uno de sus más notorios fracasos: Argentina. Macri generó enormes expectativas al comienzo de su gestión, devolviendo a su país a los mercados financieros internacionales, pero su gestión ha acabado de la peor manera. Con un mayor endeudamiento, bolsas de pobreza alarmantes en un país rico por naturaleza y un sistema productivo paralizado en un marco económico de desconfianza total. El nuevo Gobierno peronista suscita todo tipo de dudas, muchas más teniendo en cuenta el volumen del ajuste fiscal que le amenaza. La buena noticia fue el funcionamiento impecable de su sistema electoral, el alto grado de seriedad institucional que están mostrando las dos grandes fuerzas políticas y la serenidad con la que el pueblo ha votado y soporta esta situación. Aquí ha funcionado la política. 

Pero, atención, el cambio neoliberal que se está produciendo viene acompañado por el descontento y la protesta. Chile y Colombia son el ejemplo de una reacción social inesperada, pero masiva y elocuente ¿A qué viene este descontento? ¿Qué expresan y qué reclaman los jóvenes colombianos y chilenos en las calles? ¿Por qué protestaron con tanta virulencia los transportistas ecuatorianos contra el alza de los carburantes? 

En mi opinión, hay dos notas comunes. En ambos países y en todo el subcontinente se observan unas clases medias crecientes, empoderadas por la nueva sociedad de internet y modernizadas en su vida urbana, que reclaman nuevos servicios que sus Estados no les prestan. Son demasiados débiles para ofrecerles educación y sanidad universales y de calidad, ni siquiera, seguridad ciudadana y un sistema judicial independiente y eficaz. Por otra parte la productividad de su economía está basada en unas condiciones laborales paupérrimas y que el sistema público de protección social y de bienestar, es ínfimo. Salarios miserables y derechos sociales mínimos se suman a un sistema de Seguridad Social (capitativo) que proporciona pensiones de miseria a la mayoría de la población. Si se añade que la Universidad es privada, o pública con matrículas muy altas, y que las diferencias sociales se perpetúan (hacen falta más de diez generaciones para que funcione el elevador social) se comprende muy fácilmente que la subida del precio del metro provoque la chispa de la revuelta social. La economía informal es demasiado alta en casi todos los países de América Latina. En algunos sobrepasa el 50 por ciento de la actividad económica. Sin cotizaciones no hay Seguridad Social. Sin pagar impuestos no hay Estado. Las élites económicas de demasiados países se niegan a su contribución fiscal. En esas condiciones, con recaudación de entre el 10 y el 20 por ciento como ingreso fiscal del Estado, no hay servicios públicos redistributivos. No hay igualación social. Las familias ricas y poderosas se perpetúan en el poder y la desigualdad se cronifica. Y el pueblo se enfada. Peor aún, desconfía de la democracia y de sus protagonistas principales: los partidos y los políticos que, a su vez, viven en el mejor de los mundos. 

La verdadera revolución pendiente de muchos de esos países es una revolución de eficiencia pública, de honestidad y ejemplaridad de sus clases dirigentes, de reformas sociolaborales pactadas, de formalizar la economía, haciéndola trasparente y cotizante, de contribución fiscal de sus élites económicas, de democracia ordenada y estable, de pacto sociopolítico amplio que aúne esfuerzos y vertebre país. Europa y España principalmente quieren ayudar a esas revoluciones, tan sencillas de expresar como difíciles de realizar.

Publicado en ABC, 19/12/19

17 de diciembre de 2019

La tercera vía.


"Hay que facilitar el desmarque de ERC de Puigdemont y provocar unas elecciones autonómicas para forjar una alianza de Gobierno de la izquierda, con el PSC de bisagra y gozne negociador".

No, no me refiero a Tony Blair como antídoto a Jeremy Corbyn, después de la derrota histórica del laborismo británico. Ciertamente, podría ser oportuno y muy sugerente enfrentar a los partidarios de radicalizar la socialdemocracia con los resultados británicos, comparándolos con los de los mejores momentos electorales del laborismo. Pero no es a eso a lo que me refiero con la apelación a la ‘tercera vía’, sino a un tema más doméstico y a nuestro particular dolor de muelas, que es el llamado conflicto catalán. Por cierto, recuerdo que en una de aquellas reuniones discretas que celebramos miembros de las diferentes corrientes políticas vascas para abordar el nuestro, el denominado conflicto vasco, el abogado Txema Montero –entonces brillante y seductor letrado de la izquierda abertzale– decía que el nacionalismo es como tener una carie en una muela. Quieras o no, tu lengua acude a horadar el agujero con una insistencia tan reiterada como dañina. Siempre está ahí, quieras o no. O arrancas la muela o empastas la carie. 

De empastes hablamos. La propuesta de Pedro Sánchez de abordar el tema catalán mediante el diálogo y en el marco de las leyes se parece mucho a la tercera vía en la que siempre ha estado el PSC. Merece el desprecio de los extremos, que es lo que hoy triunfa en conflictos identitarios de este tipo, pero solo a primera vista, solo en primer término, no a medio o a largo plazo. Es como el populismo: falsas y simples respuestas a problemas complejos. Porque, ¿Dónde quedó el triunfo de Ciudadanos en las elecciones autonómicas catalanas? ¿Cuánto sumaron el PP y Cs en los últimos comicios generales en Cataluña? O, al revés, ¿adónde van los nacionalistas independentistas en la política catalana? Solo la tercera vía nos ofrece opciones de solución. Por eso el PSC merece nuestro aplauso. Por su persistencia, por su coherencia, por su defensa del pacto entre diferentes, por ofrecerse una y otra vez como partido de diálogo y acuerdo con el nacionalismo. Por reiterar su oferta generosa y pragmática de mejorar el autogobierno y la financiación catalanes dentro de la Constitución y de acuerdo con el resto de España. Por hacer fuerte el catalanismo español y defender así esa línea gruesa de mayoría catalana que reivindica más autogobierno en España. Por empeñarse en hacer fuerte el catalanismo no independentista y evitar que el catalanismo sentimental e identitario se haga independentista. 

Por eso el PSC ha votado a Miquel Iceta por unanimidad. Por haber sorteado los peores años de Cataluña y del propio PSC con mucho aguante, con coherencia, inteligencia, con convicción. Durante los últimos años su partido sufrió un desgaste brutal, un asalto fratricida por sus extremos. Notables dirigentes se fueron al nacionalismo. Alcaldes, Exconsejeros, nombres ilustres, militantes, votos, engordaron a Esquerra. Pero, por el otro lado, ciudadanos se llevó igualmente cuadros muy relevantes y sobre todo miles de votos. El PSC aguantó, mantuvo su mano tendida, incomprendida a veces en el PSOE, denostado casi siempre por los medios y manipulado por sus adversarios. Fueron momentos dificilísimos, pero su posición centrada, pactista, dialogante, pragmática, aparece todavía como la opción útil, quizás como la única y última oportunidad de encauzar políticamente el problema.

 ¿Por qué es tercera vía? Porque ninguna de las otras dos ofrece salidas. Lo hemos dicho mil veces, el independentismo no es mayoritario y el unilateralismo, es decir, la ilegalidad, solo conduce a la cárcel, al exilio y a la ruina. Jamás habrá independencia sin pacto y este no será posible a las bravas y contra España. Pero ¿alguien cree que el conflicto se encauzará no reconociéndolo? ¿Cambiarán las mayorías sociales electorales negando el diálogo y sin ninguna oferta política por parte del Estado? Quizá sí, pero en sentido contrario a la integración y haciendo mayoritarias las opciones rupturistas, probablemente. 

Reconozco que mucho de lo que está haciendo y diciendo el PSOE después del 10-N es por necesidad. Es más, no oculto que en campaña no fue este su discurso. Pero hoy, la estrategia de Sánchez es inevitable y buscar el diálogo político con Esquerra es no sólo necesario para la gobernabilidad de España, sino bueno para encauzar a la política lo que solo políticamente debe ser resuelto. Los compromisos no pueden ir más allá de formalizar la voluntad de diálogo y la búsqueda de soluciones en el marco de nuestras leyes. Por eso me pregunto, ¿es eso tan grave? 

Desconozco los términos de la negociación del PSOE con Esquerra. Tiempo habrá para juzgar los acuerdos si finalmente los hubiera, pero las críticas al diálogo mismo son inconsistentes. ¿Acaso hay otra opción de Gobierno? Cualquier otro intento nos conduce a nuevas elecciones.

Desgraciadamente, la regla que algunos defendimos cuando el PSOE se abstuvo para que gobernase el único que podía hacerlo en 2016 no se ha asentado en la cultura política española. Esa regla deberíamos llevarla a la ley para evitar esta catástrofe que estamos viviendo desde hace cuatro años.

Por eso la tercera vía del PSC sigue siendo la única salida. Difícil, lo sé, pero es la vía a explorar, algo que no se ha hecho en los últimos diez años de política española. Eso empieza por facilitar el desmarque de Esquerra de Puigdemont y Junts per Catalunya ahora y provocar mañana unas elecciones autonómicas catalanes para forjar después una alianza de gobierno de las izquierdas con el PSC de bisagra y gozne negociador. Un nuevo Estatuto validado por el Tribunal Constitucional y un referéndum de ratificación para dar legitimidad política y social al pacto. Eso es tercera vía. O algo en esa línea. Todo lo demás es persistir en el error o en la inacción.

Publicado en El Correo, 17/12/2019


1 de diciembre de 2019

Es la transparencia, estúpido!

¿Cómo es posible que tantos consejos de administración o consejeros individualmente o consejeros delegados utilicen métodos delictivos para resolver sus conflictos societarios? ¿Cómo es que nadie, ni la comisión de auditoría o el resto del consejo, advirtieran contra estas actuaciones tan sospechosas?

¿Cómo es posible que tantos consejos de administración o consejeros individualmente o consejeros delegados utilicen métodos delictivos para resolver sus conflictos societarios? ¿Cómo es que nadie, ni la comisión de auditoría o el resto del consejo, advirtieran contra estas actuaciones tan sospechosas?

Los casos BBVA e Iberdrola ilustran que esta pregunta no es retórica. Es una pregunta púbica, dirigida a todo el IBEX, porque cada vez es más evidente que muchas empresas cayeron en la trampa de una mafia organizada en torno a la búsqueda de secretos inconfesables (públicos y privados) y al comercio chantajista que se organizaba en torno a ellos. ¿Cómo pudieron fiarse de personajes tan abyectos y de prácticas tan despreciables? ¿Cómo cayeron en la tentación de destruir a sus adversarios a través de métodos tan faltos de ética como cercanos al delito del Código Penal?

Siento verdadera tristeza por el grave quebranto que sufren las marcas de dos compañías españolas líderes en el mundo entero en sus respectivos sectores como consecuencia de las investigaciones que lleva a cabo la Audiencia Nacional. Es penoso que un banco que ha adquirido un enorme prestigio internacional por su expansión y por su apuesta avanzada por la tecnología en el sector financiero esté hoy en boca de todo el mundo por unas actuaciones de su cúpula directiva que, como mínimo, son presuntamente delictivas. Sus competidores en España y en todo el mundo se frotan las manos al observar el enorme daño reputacional producido a su competencia.

En la misma línea, una compañía española que ha hecho los mejores 10 años del sector eléctrico en todo el mundo, que se ha convertido en una de las cinco grandes compañías del mundo en el sector, que ha asombrado al mundo por su valiente apuesta por las renovables y que ha encumbrado a su CEO a los más altos niveles de prestigio internacional, está hoy en el ojo del huracán de unas investigaciones penales por las mismas y presuntas prácticas delictivas.

Dicen los medios que conocen estas investigaciones que la trama corrupta y chantajista afectó a muchas empresas del IBEX 35. Que nombres muy conocidos y firmas muy reputadas estaban en el radar del policía y su empresa porque de una u otra forma, directa o indirectamente, utilizaron sus servicios. Estos rumores deben ser tomados con prudencia, desde luego, pero es muy grave que haya podido ocurrir esto en nuestro país.

Hasta la CNMV se ha visto obligada esta misma semana a lanzar una seria advertencia a los consejeros de las empresas “que deben informar de las irregularidades que les afecten”. La CNMV se muestra especialmente preocupada como entidad supervisora del mercado de valores español porque “este tipo de situaciones pueden comprometer la imagen y reputación de nuestro mercado de valores” y anuncia su decisión de revisar y reforzar las recomendaciones sobre estos aspectos en el Código de Buen Gobierno de las sociedades. La Comisión Nacional de Valores se hace así eco de un conjunto de irregularidades también ligadas a la corrupción que han afectado a firmas españolas en nuestro país y en otros, especialmente en Latinoamérica, que deterioran enormemente la imagen reputacional de las grandes compañías españolas. “Los órganos de gobierno de las empresas deben establecer políticas y controles adecuados para prevenir la corrupción y demás prácticas irregulares”. El consejo, las comisiones de auditoría, los consejeros independientes y otros consejeros externos están especialmente llamados a extremar el rigor en la vigilancia de estas prácticas y son por tanto el centro de esta nueva apelación a la transparencia.

En el fondo, estas prácticas tiran por tierra mucho del buen trabajo y del enorme esfuerzo que estas mismas compañías realizan para prestigiar sus marcas, porque ponen en evidencia, de manera trágica, que la transparencia, la ética y el bienhacer forman parte esencial de un proyecto empresarial. Algunos han descubierto ahora que la responsabilidad penal afecta también a las compañías.

Hace ya bastante tiempo que sabíamos esto. Que las empresas están en el espejo público del quehacer social. Que son como invernaderos, son de cristal, y todos las miramos, las evaluamos y las criticamos. Hace ya algunos años que venimos advirtiendo que la responsabilidad social de las empresas es integral y que no basta con gastar más o menos en marketing social o en compliance o en publicidad. Que lo importante no es que nos digan qué hacen con los beneficios, sino cómo los obtienen. Que no basta con hacer memorias de RSC -a veces subcontratadas- para aparentar lo que no se es. Que no nos vamos a conformar con informaciones difusas o abstractas sobre ODS o determinadas acciones sociales. No. Queremos que la responsabilidad social forme parte de una estrategia integral de las compañías que incluya la ética en los negocios, la transparencia informativa, la sostenibilidad en todas sus manifestaciones, el diálogo con sus stakeholders, la evaluación de sus impactos…

Qué pena que empresas que hacen y que han hecho cosas buenas en estos planos paguen tan grave y peligrosamente por actuar con tales personajes, con tanta falta de ética empresarial y con tanto riesgo penal. Espero que todos aprendan las poderosas y concluyentes lecciones que se extraen de estos tristes hechos.

Publicado en Diario Responsable. 1/12/2019

19 de noviembre de 2019

El PNV, en el Gobierno de Sánchez.

"Hay buenas razones para defender que los jeltzales se sumen al Ejecutivo de coalición PSOE-Unidas Podemos. Por moderación, pragmatismo y porque respetan el marco institucional ."
 
Unos días antes de las elecciones generales, Pablo Casado advertía: «La gran coalición dejaría la alternativa en manos de Vox y de Podemos». ¿Se imaginan ustedes cuál sería su respuesta si se lo preguntásemos hoy, cuando ya sabemos que el partido de Santiago Abascal tiene 52 diputados y amenaza con consolidar su alternativa? Quizás hubiera sido prudente dirigirse primero al PP para evitar el reproche, pero el resultado estaba cantado. Por eso creo que Pedro Sánchez ha querido rectificar de manera rápida y contundente y ha forjado la única coalición posible como base del Gobierno. No podía volver a fallar y ha iniciado el único camino posible. El otro no lo era.
 
El PNV estará, sí o sí, entre las fuerzas que darán mayoría a esa coalición. La pregunta que surge es: ¿Y por qué no dentro del Ejecutivo? Un exdirigente nacionalista me decía solo un día después del 10 de noviembre que el PNV estuvo a punto de participar en el Gobierno de España en 1993. Eché atrás mi particular moviola y recordé que entonces, después de unas elecciones que ganó Felipe más que nunca, esta oferta estuvo sobre la mesa tanto de los peneuvistas como de CiU. ¡Qué tiempos! Creo recordar que entonces se barajó la posibilidad de que el PNV ostentara Industria, y Convergencia i Unió el comercio internacional. Hubo en el seno del Partido Nacionalista Vasco una larga discusión y finalmente rechazó el ofrecimiento. CiU, por su parte, dispuesto a entrar si el PNV lo hacía, también descartó la oferta.
Sin perjuicio del debate que en su caso pudiera tener el Partido Nacionalista Vasco sobre si le conviene o no esta posibilidad, creo que hay buenas razones para defender que el Gobierno de coalición anunciado integre al PNV.
 
En primer lugar, la incorporación de los jeltzales a la coalición añade un elemento de moderación y pragmatismo que favorece su imagen exterior y su percepción social. No serán pocos los interlocutores en el ámbito económico e industrial y en los mercados financieros que evaluarán positivamente la presencia de un representante del PNV en el Gobierno de España.
No olvidemos, además, que el partido de Andoni Ortuzar está gobernando con los socialistas vascos y esa coalición está resultando ganadora en todas las consultas electorales de este año. La experiencia en gabinetes de coalición la tiene el PNV desde hace más de 30 años, cuando en 1987 dimos inicio a la primera alianza política en España con aquel Ejecutivo PSE-PNV de tan buen recuerdo.
 
En segundo lugar, compromete a los jeltzales mucho más y mucho mejor en la estabilidad de ese Gobierno. No es lo mismo presionar desde fuera que asumir desde dentro del Ejecutivo los límites y las contradicciones de la acción gubernamental.
El PNV viene influyendo en los gobiernos de España desde el comienzo de la democracia hasta hoy. Puede seguir haciéndolo desde fuera, pero esta vez hay muchos partidos locales tocando la campana de su tierra. La formación del primer gabinete de coalición en España en estas circunstancias y con tan variada influencia local es una buena ocasión para que se plantee esa relación. La colaboración será mucho más eficaz y mucho más reglada si los peneuvistas asumen una cartera ministerial. El PNV en el Gobierno de España aporta además un elemento muy significativo a la política española. Un partido que respeta el marco institucional –mucho más en los últimos años– y que ha mediado en los momentos más difíciles del ‘procés’, se situaría en el Ejecutivo ofreciendo a los catalanes un modelo de diálogo y participación institucional en las antípodas del unilateralismo radical. Es la otra manera de ver la utilidad y la eficacia del otro nacionalismo. A su vez, el ejercicio de deslegitimación de las instituciones españolas que pretenden una y otra vez los dirigentes catalanes sufre una severa derrota con la presencia del nacionalismo vasco en el Gobierno de España.
Por supuesto, conozco las desventajas de la operación. Tres son multitud y objetivamente la negociación interna se complica. Pero también ofrece la ventaja de poder descargar responsabilidades. Sin duda, el mayor riesgo vendrá de nuestras diferencias ante el conflicto catalán, pero también aquí el presidente y el PSOE deberán fijar con claridad la posición mayoritaria del Gobierno y dejar a los partidos la discrepancia, salvando así la unidad gubernamental. No es lo mejor para un Ejecutivo pero no hay nada perfecto en las coaliciones.
En fin, este debate es pertinente en las actuales circunstancias. La coalición PSOE-Unidas Podemos era inevitable. Lo es hoy y lo era ayer. Puede gustar más o menos. Puede asustar a algunos. Puede resultar compleja de gestionar con tantos partidos locales. Ni siquiera sabemos si prosperará ante la necesidad de la abstención de Esquerra Republicana. Pero sabemos de sobra que la derecha no va a ayudar y no podíamos volver a fracasar. Por eso este intento. En este punto y en estas condiciones, ampliar la coalición al PNV sería inteligente y daría un giro importante a la formación del Gobierno de España y a sus posibilidades de éxito.
No es fácil, lo sé. Probablemente serán los jeltzales los primeros en rechazar esta hipótesis, pero me gustaría que lo decidieran ellos. Primero para saber a qué juegan y cuáles son los límites reales de su colaboración. Pero también y en último término, ellos mismos tendrán que explicar a su electorado y al conjunto del País Vasco que no quieren dirigir, por ejemplo, la política industrial de España pudiendo hacerlo.
 
Publicado en El Correo, 19/11/19

8 de noviembre de 2019

Una Europa más fuerte e influyente en Latinoamérica.

La fuerza política de Europa en Latinoamérica puede ser enorme. Pero no lo es. Ninguna otra potencia mundial, EEUU, China, Rusia, tienen la base histórica, social y cultural que tiene Europa en todo el continente latinoamericano. Pero muchos de esos países latinos, están más pendientes de ellos que de nosotros.

Somos el principal inversor y su segundo mercado, pero nuestra influencia real no es proporcional a esas dimensiones. Tenemos Acuerdos Económicos y Comerciales prácticamente con todos los países (a la espera de confirmar Mercosur) y aportamos más del 50% de la cooperación que recibe América Latina, pero nuestra Alianza estratégica y política no tiene fuerza en el tablero mundial.

Nuestras empresas han bancarizado las clases medias, han introducido la cultura del aseguramiento, han tendido nuevas infraestructuras físicas y tecnológicas y han modernizado los servicios esenciales y las bases económicas de muchos de los principales países de América Latina, mejorando su productividad y su internacionalización. Pero no hemos construido una imagen europea sólida y comprometida con ellos. No hemos mejorado nuestra reputación corporativa a pesar de tantos esfuerzos.

Recibimos a sus inmigrantes (como antes nos recibieron a nosotros), formamos a sus universitarios y a sus postgrados y a sus cuadros profesionales, pero sus élites siguen mirando a EEUU como referencia formativa y económica.

Tenemos embajadas en casi todos los países, añadidas a las que tienen cada uno de los Estados Miembros. Tenemos enviados especiales en el proceso de Paz de Colombia y ante el conflicto de Venezuela. Hemos firmado un acuerdo de Asociación con Cuba. Enviamos ayuda humanitaria a la crisis migratoria de Venezuela y Centroamérica. Creamos el fondo Fiduciario para La Paz de Colombia. Estamos en las crisis humanitarias de Haití y en las catástrofes de El Niño… Somos Europa. Somos el amigo fiel de Latinoamérica. Pero…

Pero nuestra presencia institucional, nuestro peso político, nuestra influencia, no se corresponde con todo lo anterior. Europa debe hacer más fuerte y más eficaz su convergencia estratégica con América Latina en un mundo desgobernado, peligrosamente unilateral desde Trump, neoproteccionista y aislacionista frente a las grandes organizaciones internacionales.

América Latina y Europa creemos en el multilateralismo, en el comercio internacional regulado, en la lucha contra el cambio climático, en La Paz, en la democracia y el Estado de Derecho, en los Derechos Humanos, en la integración regional y en la superación de los nacionalismos, en la regulación internacional de las finanzas, en la lucha contra la evasión y la elusión fiscal, en la regulación internacional del fenómeno migratorio, en los ODS, en la cooperación… Ese es nuestro mundo y esos son nuestros valores. Esas son nuestras aspiraciones. Creemos en ese mundo, en esa dignidad humana, en esa convivencia organizada, y progresivamente regulada, en esa agenda ecológica y social para la gobernanza del mundo.

Por eso me quejo de que Europa y América Latina no seamos más fuertes, influyamos más, vayamos más de la mano, en las mesas y en los foros en los que se decide nuestro futuro. Porque ellos no nos esperan y están decidiendo por nosotros. Peor aún, lo están haciendo en nuestra contra.

También podemos y debemos hacer más ayudando a los pueblos latinoamericanos en las crisis políticas y sociales que sufren algunos de sus países. Ayudar a México en el tema migratorio, en su frontera Sur con Guatemala, Salvador y Honduras. Ayudar a Cuba en su transición política a la democracia y en grave situación económica por el boicot USA. Seguir ayudando a la paz en Colombia; a la negociación de una salida democrática en Venezuela y en Nicaragua; defender la Amazonía; comprometer a nuestras empresas en la defensa de la sostenibilidad medioambiental y social y en su compromiso inversor con los países latinoamericanos; aportar nuestras buenas prácticas y nuestra expertise en política de cohesión, en política regional y en espacios transfronterizos.

Esa es la Europa fuerte y amiga de Latinoamérica que muchos queremos ver y que todos esperamos. La elección de José Borrell como alto representante de la Unión Europea significará un fuerte impulso en esta dirección. Ayudarle en esta tarea es una prioridad.


Publicado para la Fundación Carolina.

5 de noviembre de 2019

Más allá del Guernica: arte, memoria y exilio.

Confieso que, en las múltiples ocasiones en las que he trabajado sobre nuestra Memoria Histórica, la que comúnmente se refiere a nuestra guerra civil, la represión franquista y la dictadura, nunca había recaído en el Arte del exilio republicano.
 
Por eso “Más allá del Guernica” nos sitúa, con una sola frase, ante una idea llena de contenido, una sugerencia hacia lo desconocido y una apelación a la acción, que no habíamos previsto. Entiendan pues, estas primeras palabras como verdadera autocrítica a una política, la de nuestra “Memoria”, demasiado controvertida todavía y demasiado inacabada a pesar de que han transcurrido ya más de 40 años desde el inicio de nuestra democracia.
 
De manera que quiero expresar mi agradecimiento a Inmaculada Real por su trabajo y a la Fundación Felipe González por su iniciativa que me apresuro a calificar de buena y oportuna. Buena porque añade un nuevo espacio a las políticas de Memoria y oportuna porque todavía estamos a tiempo de seguir trabajando en materias pendientes.
 
La actualidad confirma esta última aseveración porque justamente estamos en los días en que se va a producir uno de los hechos más relevantes de esta Memoria pendiente: la exhumación de Franco del Valle de los Caídos. Volveré al final de mi intervención a ese Valle, al que espero podamos llamarle de otra forma en poco tiempo.
 
Pero antes de hablar de lo que queda por hacer y explicar de qué modo sugiero que podamos abordar esta iniciativa sobre el Arte del Exilio, permítanme hacer alguna reflexión sobre esto que estamos llamando “políticas de Memoria” y, sobre todo, permítanme hacer algunas precisiones que siento necesidad de ofrecerles sobre determinadas opiniones que se están generando últimamente en torno a nuestra transición política a la democracia.
 
Primera
 
No es cierto que la democracia española recuperase su Memoria Histórica a partir de la ley de 2007. Los gobiernos de Suárez y Felipe González tomaron importantísimas medidas entre 1979 y 1996 para la compensación de los daños de la guerra al bando republicano:
 
  • Se indemnizó a las familias de los muertos republicanos.
  • Se indemnizó a los heridos y mutilados por lesiones de guerra en el bando republicano.
  •  Se indemnizó a los republicanos encarcelados por el régimen franquista.
  • Recuperaron su condición de funcionarios quienes la perdieron como represalia al final de la guerra, entre otros especialmente los maestros.
  • Se reconoció su grado militar a los militares de la República.
  • Se establecieron pensiones a los niños de la guerra y otras.
 
Ninguna de estas medidas generó controversia política alguna. Existió un amplio consenso para su establecimiento entre todos los partidos presentes en la época, desde la UCD hasta AP. Es verdad, sin embargo, que otras muchas medidas más conflictivas o más generadoras de tensión entre los dos bandos de la guerra, quedaron aplazadas por, lo que yo llamaría, una sabia prudencia de la política y del pueblo español.
 
Segunda
 
¿Por qué resurgieron las llamadas a la Memoria a comienzos del nuevo siglo, en el primer gobierno de Zapatero (2004)?
 
a) Porque en los 8 años del gobierno de José María Aznar se interrumpieron las políticas de Memoria y nada se hizo en ese terreno.
 
b) Porque la memoria de aquella tragedia era muy fuerte y millones de hogares españoles lloraban en silencio y en su intimidad sus propios recuerdos. Una nueva generación, heredera de la transición democrática nos exigía abrir las puertas de nuestra memoria con más frescura, con verdad, sin ocultaciones, reclamándonos que el perdón mutuo que nos habíamos otorgado en la transición debería confundirse con el olvido. La memoria vuelve siempre. Es, desde luego, personal y subjetiva, personal e intransferible, si se quiere puñetera, pero vuelve y exige verdad. Antonio Álvarez de la Rosa decía en un precioso prólogo a un libro de Michel del Castillo titulado “El crimen de los padres” que: “la historia no se repite, pero tampoco dimite”.
 
c) Porque quedaban pendientes muchas causas que golpeaban nuestra memoria que no habían sido satisfechas o respondidas suficientemente. Familiares de fusilados en las cunetas, que querían enterrarles con honor. Condenados por Consejos de Guerra que deseaban rehabilitarse de sentencias manifiestamente injustas. Organizaciones cívicas, como por ejemplo varias logias masónicas, que reclamaban compensaciones a sus bienes incautados. Y así, mil deudas de aquella trágica historia que todavía levantan pasiones y que se sustentan en un hecho incontrovertible. Quienes perdieron la guerra fueron sometidos a una durísima represión hasta bien entrada la década de los cincuenta. Los historiadores cifraron en 50.000 los fusilados y en 270.000 los encarcelados o internados en campos de concentración, de los que cerca de 5.000, murieron.
 
Estas razones, y alguna más que no cabe citar por falta de tiempo, explican que el Gobierno de José Luis López Zapatero abordara una nueva fase de Políticas de Memoria.
 
Tercera
 
Durante aquellos años de tramitación de la ley del 2007 la derecha política y mediática se opusieron apasionadamente a esta ley y a estas nuevas políticas de Memoria. Su argumento era que el espíritu de la transición se violentaba con esta política que llegó a llamarse “guerracivilismo” y que acusaba al gobierno de Rodríguez Zapatero de generar nuevas divisiones entre las viejas dos Españas. Se decía que la reconciliación pactada en sí misma era nuestra Memoria Histórica y que el patrimonio ético y político más importante del pasado era la reconciliación de la transición. Se decía que el pacto reconciliatorio era el principio constituyente y su principal fundamento democrático.
 
Estos mismos días Francis Franco, en los prolegómenos de la exhumación, decía en una entrevista en El País: “La reconciliación ya estaba hecha antes de la Ley de la Memoria Histórica”
 
De manera que un interrogante se planteó abiertamente ante el país: ¿Es conveniente abrir la caja de Pandora de tan delicados y apasionados recuerdos? ¿No sería mejor cubrir todos estos recuerdos bajo el discreto manto del gran acuerdo de nuestra transición?
 
Me gustaría argumentar contra la falsedad de esta reflexión recordando las demandas pendientes que he citado en el párrafo anterior. Solo para dar la oportunidad a los familiares de quienes están enterrados en las cunetas de nuestros pueblos, de la recuperación de los restos de sus seres queridos hay razón para no atender esta injusta demanda de olvido.
 
Pero, además, es conveniente recordar, que en todo el mundo la Memoria Histórica ha sido abordada con la verdad. El principio de transparencia y de no repetición ha regido las experiencias históricas de países en los que graves tragedias atravesaron sus generaciones: Alemania, Corea, la Francia de Vichy… Por último, no podemos olvidar que una gran mayoría democrática en esos años venía reclamando la reanudación de políticas de Memoria. Al respecto basta recordar las mayorías parlamentarias obtenidas por diferentes resoluciones parlamentarias en el Congreso de los Diputados a partir de junio de 2004. En el fondo, esas resoluciones recogían el sentir de una ciudadanía que se expresaba abiertamente en esa dirección a través de múltiples asociaciones, investigadores, familiares, etc. que demandaban del gobierno la resolución de las causas pendientes y la concreción en una ley de las políticas correspondientes de esas deudas.
 
Cuarta
 
Este lento y tardío proceso ha generado también serias críticas a las políticas de Memoria y más gravemente al modelo de nuestra transición. Se ha dicho, y desgraciadamente de dice todavía, que el acto reconciliatorio, la amnistía y la transición impusieron el olvido. Que la amnistía impuso la amnesia, que la transición estuvo tutelada. Que la Constitución no fue un ejercicio libre de democracia.
 
PODEMOS nació con ese discurso… y desgraciadamente sigue en él. Devaluando y despreciando la extraordinaria y meritoria tarea del Partido Comunista en la construcción de la democracia.
 
Algunas expresiones que reflejan estos sentimientos procedentes de nuestro mundo artístico y literario me preocupan. A pesar de haber hecho una bellísima película “Mientras dure la guerra” Amenábar ha llegado a decir “todo sigue igual que en el franquismo”. Caballero Bonald dijo que “fue un error decretar una historia sin culpables” Ramoneda escribía recientemente en El País “la transición sin ruptura impuso una cierta suspensión de la memoria”, cuestionando incluso “la perpetuación de los claroscuros en unas instituciones construidas desde la continuidad, que nunca se renovaron a fondo”.
 
No comparto en absoluto todas estas afirmaciones. Fui testigo y protagonista de aquella época, de aquella transición. Viví en la soledad del País Vasco aquellas reivindicaciones y defendí aquella transición y aquella Constitución y afirmo que:
  • Negar nuestra democracia y nuestras libertades es desconocer la historia y el mundo. 
  • Dudar de nuestro Estado de Derecho es estúpido y peligroso en los tiempos de las democracias débiles y asaltadas por nuevos riesgos.
  • No es verdad que no hubiera ruptura - la transición fue una reforma con ruptura: La Constitución. Fue la oposición democrática la que obligó al gobierno de Suárez de 1977 a convertir en constituyentes aquellas Cortes, a aprobar en referéndum la nueva Constitución y a celebrar unas nuevas elecciones en el 79 para dar así comienzo a la verdadera andadura democrática española. Eso fue la Ruptura.
  • La amnistía era nuestra reivindicación, no la del franquismo. Éramos nosotros los que gritábamos en las calles: Libertad, Amnistía y Estatuto de Autonomía ¡Claro! La amnistía fue para todos, no solo para los presos políticos democráticos, incluso los terroristas, que estaban en la cárcel. También lo fue para el franquismo. Pero esa fue la grandeza y el núcleo del éxito de la transición. Porque hubo una reconciliación pactada después de un mutuo perdón - por eso la amnistía no fue amnesia-.
  • Atribuir a las instituciones democráticas de hoy dudas porque fueron construidas desde la continuidad, es poner en cuestión demasiado y demasiadas cosas. ¿Es que no hay separación de poderes en nuestro sistema judicial? ¿Es que los medios de comunicación no son independientes? ¿Es que todavía vamos a negar el carácter democrático de nuestras fuerzas de seguridad o de defensa? Así podríamos seguir con todas nuestras instituciones democráticas. Es un gravísimo error político cuestionar nuestras bases de convivencia democrática por la transición pactada. Es totalmente injusto y falso atribuir carencias a nuestro Estado de Derecho, es gravísimo cuestionar nuestra Constitución a pesar de ser un texto perfectamente homologable con las más avanzadas del mundo y de haber servido como marco de convivencia a los mejores 40 años de libertad y de progreso de España.
 
Quinta
 
La pregunta que nos hacemos por tanto y finalmente es ¿es posible o no que la sociedad española de hoy ajuste deudas con su historia sin romper por ello las bases de su convivencia actual y los principios de reconciliación y perdón que presidieron la transición a la democracia a finales de los setenta? Esta es para mí la cuestión nuclear del debate producido sobre la mal llamada “Memoria Histórica”. La abrumadora presencia de la Guerra Civil y de la represión franquista en la memoria de la sociedad española de hoy tiende a despertar las pasiones de las dos Españas machadianas con demasiada frecuencia. La guerra de esquelas de la guerra, que asaltaron nuestros periódicos en el contexto del debate de la ley, es una buena muestra de las peligrosas derivas que puede tener este asunto si no lo enfocamos con prudencia y consenso.
 
Dicho de otra manera, ¿es que la reconciliación pactada nos obliga a olvidar el pasado? Rotundamente no. Mirar al pasado de frente, con frescura, con autocrítica, sin afanes vengativos, sin ira, sin odio, es una terapia imprescindible para los pueblos. La memoria no es rencorosa, no abre sino cierra las heridas de la historia. La recuperación consensuada de nuestra Memoria Histórica no vulnera los principios sobre los que se asienta nuestra convivencia, es decir el pacto reconciliatorio. Yo creo que refuerza los fundamentos de aquel pacto y añade una legitimación mayor a nuestra Constitución.
 
Esto me lleva a una reflexión final sobre los acontecimientos que estamos viviendo estos días con la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos. Me gustaría recordarles que esta es la condición necesaria para resignificar el Valle, porque los expertos a los que convocamos para elaborar un informe sobre el futuro de este lugar establecieron como primera conclusión que no era posible resignificar aquel lugar si permanecía el dictador en el mismo lugar que sus víctimas. Todas las actuaciones que están pendientes de realizar en el Valle debieran ser objeto de un amplio consenso político entre las grandes fuerzas políticas del país. Lo que se pretende hacer allí, una vez exhumado a Franco, es precisamente construir un Memorial de todas las víctimas y convertir ese lugar en un espacio de memoria reconciliada de todos los españoles sobre lo que fue aquella tragedia.
 
¿Es ingenua esta pretensión? me sorprende que haya ilustres historiadores que proponen cerrar el lugar o peor, dejarlo morir bajo la maleza. Olvidan que en las criptas de la basílica, lo que llamamos columbarios, yacen los restos de 33.847 personas víctimas de la guerra y de la posterior represión franquista. Esta última, especialmente localizada en los fusilamientos producidos en las paredes de los cementerios de muchas ciudades españolas, posteriormente enterradas en fosas comunes y trasladadas a las criptas del Valle cuando Franco comprobó que el edificio construido no se llenaba con los 11.000 cuerpos enterrados del bando nacional.
 
De manera que no hay más posibilidades de acción sobre el Valle que su transformación en un lugar de memoria para todos. También aquí me apresuro a desautorizar las pretensiones de quienes quieren que el Valle se convierta ahora en lo contrario, en el memorial de las víctimas del franquismo. ¿Qué haríamos entonces con los 11.000 enterrados del bando nacional? La única opción sobre el Valle, por lo tanto, es transformarlo y, para ello, los expertos que el Presidente Zapatero convocó en 2010 para elaborar un informe sobre el futuro del Valle nos propusieron tres grandes actuaciones después de la exhumación:
 
  • Primera: Lo primero es dignificar los columbarios y las criptas en las que están enterradas todas las víctimas. Esto significa, en primer término, entregar a los familiares que lo soliciten los restos de sus seres queridos cuando ello sea posible (debe saberse que en algunos columbarios yacen restos humanos mezclados con madera y tierra porque su enterramiento original y su traslado se produjo en condiciones que hace imposible esa identificación). En segundo lugar, significa dignificar esas criptas, acondicionarlas y hacer factible su visita colocando placas identificativas de las personas que están allí enterradas. 
  • Segunda: Hay que construir un gran y hermoso monumento a las víctimas. Algo parecido a lo que han hecho los americanos en Washington con las víctimas de la guerra del Vietnam. Alrededor de la obra artística o en ella misma constarán los nombres de los 33.847 allí enterrados junto a un espacio laico de meditación (pebetero, flores, recogida de firmas, etcétera) que permita la expresión de la solidaridad y respeto por parte de los visitantes.
  • Tercera: En la hospedería y en los edificios anejos deberíamos ubicar un gran centro de interpretación en el que se explique la construcción del Valle (realizada por represaliados del franquismo bajo el régimen de rendición de penas) y diferentes exposiciones sobre la Guerra Civil, el Arte del Exilio, etcétera.Con todas estas transformaciones, el Valle debería llamarse Memorial de las Víctimas y aspirar a que lo visitemos todos. Los unos y los otros, en expresión de una memoria reconciliada que mira el pasado con verdad, con afán de no repetición, sin odios ni venganzas. La memoria no rencorosa, no abre sino cierra las heridas de la historia. La recuperación consensuada de nuestra Memoria Histórica es una terapia imprescindible de nuestro pueblo para reforzar los fundamentos de nuestra convivencia.Nuestra Memoria Histórica tiene esta deuda pendiente con todas las víctimas de nuestra tragedia. No hay un lugar mejor en España para expresar nuestra convivencia sin que esos recuerdos nos dividan. El Valle puede ser el corazón de nuestra memoria reconciliada en correspondencia con el abrazo y el perdón que nos dimos todos los españoles en la transición y en la Constitución. Esta es una tarea larga y quizá cara, pero merece la pena. Por la dignidad de nuestra memoria y por el prestigio del país. No importa que dure tres o cuatro años o más. Debe hacerse con criterios técnicos y profesionales del máximo nivel. Quizás, por ello, debería ser Patrimonio del Estado quien se encargase de su dirección. Asimismo, el régimen jurídico del conjunto deber ser adaptado y transformado conforme a su nueva función. Por último, y no menos importante, deberíamos hacerlo por consenso de todos los partidos. Así honramos el espíritu de la Transición. Se trata de que la memoria, en este lugar, en vez de provocarnos división sea motivo de unión cívica.
 
La propuesta de ordenar el Arte del Exilio que nos ha traído hoy aquí de manos de Inmaculada Real y la Fundación Felipe González, es perfectamente encajable en este proyecto. Por eso termino felicitando tanto a la autora de este trabajo como a la Fundación por la oportunidad que nos han dado de hablar y discutir de este tema tan sensible y tan importante de nuestras deudas pendientes con la historia.

Fundación Felipe González  "Tintas"

30 de octubre de 2019

«El nacionalismo catalán está cavando su propia tumba» Diario de Córdoba.

 


Ramón Jáuregui (San Sebastián, 71 años) acaba de jubilarse y preside la Fundación Euroamérica. Fue ministro de Presidencia con José Luis Rodríguez Zapatero y, más recientemente, diputado al Parlamento Europeo. Ayer ofreció la conferencia La nueva legislatura de la Unión Europea en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, dentro del 15º Curso de Religión, Humanismo y Cultura: la memoria de Europa en un mundo global. De la Constitución al brexit: lecciones para el futuro de la Unión.

-¿Qué retos tiene la Unión Europea en los próximos años?

-Seguir avanzando. Tenemos que elevar nuevos pisos en esta construcción tan importante para nuestro fututo, porque sin Europa no somos nada.

-Parece que el ‘brexit’ se encona, ¿qué solución tiene?
-La solución del brexit es un acuerdo de salida como el que está negociado y, en segundo lugar, un gran acuerdo con el Reino Unido para el futuro. El acuerdo es la única salida buena para todos.

-Como ministro de Presidencia encargó el informe a los expertos sobre el futuro del Valle de los Caídos, ¿está satisfecho con el paso dado en los últimos días?

-Sí, era una condición necesaria, aunque no suficiente, para convertir ese lugar en lo que los expertos llamaron un espacio de memoria reconciliada. Todo el mundo entiende que con Franco dentro no era posible la transformación del Valle y los expertos nos dijeron que exhumarle era la condición necesaria. Ahora hay que hacer algunas cosas más muy importantes. En primer lugar, devolver los restos de las personas identificadas a las familias que lo soliciten. En segundo, dignificar los columbarios, las capillas donde están los restos de las 33.847 personas allí enterradas. Hay que hacer un gran mausoleo como espacio laico de meditación y de respeto, y un centro de interpretación museístico, explicando qué es aquello y cómo se construyó, etc. Eso daría lugar a un Valle que se llamará memorial de las víctimas de la guerra y de la represión franquista.

-En cuanto a la dignificación de los restos, ¿confía en que pronto se pueda iniciar el trabajo?

-Me gustaría que así fuera. No son tantas las familias que han solicitado la identificación y devolución de sus restos. Esa es la principal tarea que tenemos ahora como país.

-Las familias también lamentan que en el resto de España hay pocos avances en la recuperación de restos de las fosas. ¿Habría que impulsar un plan?

-En el 2011 hicimos un mapa de fosas de España. Ahora lo que hace falta es que el Gobierno y las comunidades autónomas contemplen ayudas a las familias que piden la exhumación. Hay otras muchas que no lo piden, pero a las pocas que lo piden hay que ayudarlas a exhumar esos restos y a que los puedan enterrar con dignidad.

-Afirma que las coaliciones han sido muy beneficiosas para el País Vasco. ¿Por qué se resisten a nivel nacional?

-Porque todavía no hemos hecho la digestión política de la tranformación que ha vivido España del bipartidismo a un sistema de cinco o seis fuerzas políticas. Eso es obligado, las coaliciones o los pactos de legislatura vienen, no sé entre quienes, pero son inevitables. El primer gobierno de coalición de la democracia española lo hice yo en el año 1987 con el PNV y establecimos toda una técnica de la coalición, una técnica y una cultura política.

-¿El socio natural de gobierno del PSOE sería Ciudadanos o Unidas Podemos?

-Solamente a la vista de los resultados electorales se puede hablar de socios ideales.

-¿Cómo valora que haya que volver a unas elecciones?

-Bueno no es. Todos tenemos que aprender que la coalición o los pactos de legislatura son la única forma de estabilidad de gobierno. La demanda social a los partidos tiene que ser tan alta que quien se niegue a la coalición tiene que sufrir un duro castigo posterior.

-En cuanto a la situación en Cataluña, comenta que Euskadi está leyendo de manera inteligente lo que sucede allí, pero la realidad es que parece que muchos ciudadanos no lo entienden, ¿se lo podría traducir?
-La superación de la violencia en Euskadi ha generado un clima de calma y de moderación, inclusive de relajo a los sentimientos nacionalistas, porque también el nacionalismo aprendió que con la violencia la causa que se dice defender queda arruinada. Lo que está pasando en Cataluña es muy grave, es evidente, pero lo más grave es la aceptación de la violencia por parte del nacionalismo, esto es gravísimo porque están cavando su propia tumba. Es muy penoso que el sistema de partidos, sobre todo, los nacionalistas catalanes, estén haciendo equilibrio sobre una línea muy delicada que es la condena de la violencia en todo caso. La otra observación que se hace es que el sistema de partidos en Cataluña ha perdido el control de la situación, han sido superados por movimientos que no tienen los filtros de racionalidad, de debate y de pragmatismo que imponen los instrumentos internos de los partidos. El rumbo de la política en Cataluña está totalmente desbocado porque está fuera de control del sistema de partidos.

-¿Le preocupa la imagen que está dando España?

-Sí. España está siendo perjudicada seriamente en su imagen internacional.

-Ahora preside la Fundación Euroamérica, ¿cómo ve la situación en algunos de los principales países latinoamericanos?

-Con mucha preocupación, porque en poco menos de seis meses se han producido unos brotes muy peligrosos. Basta mirar a Chile, a Ecuador, el fracaso de la gestión económica neoliberal de Macri y de Piñera en Argentina y en Chile, la explosión de populismo de ultraderecha en Brasil, la tensión de Venezuela, el fracaso del movimiento bolivariano en la gestión económica y democrática de esos países. Hay toda una larga lista de cosas de un continente que es extraordinario, que tiene una enorme potencialidad.

-¿Cómo afecta esta situación a las relaciones con España?

-España tiene un gran papel allí. Tenemos muchísima influencia política, social, cultural y económica. Nuestro papel tendría que ser más influyente. Y España tendría que hacer un esfuerzo por atraer venezolanos y darles residencia. La emigración venezolana es una crisis humanitaria enorme y Venezuela acogió a millones de españoles en el siglo XX. Ahora tendríamos que estar atrayendo venezolanos, que, además, serían una bendición para nuestro país, porque son gente súper formada, jóvenes y hablan nuestro idioma.
 
 
Publicado en Diario Córdoba, 30/10/2019
Foto: A. J. GONZÁLEZ

25 de octubre de 2019

El Valle sin Franco.

La exhumación de Franco de la Basílica del Valle era condición necesaria para la resignificación de aquel lugar convertido en mausoleo al dictador. Un recinto que, inicialmente, había sido concebido para perpetuar bajo el canon nacional-católico la memoria de los caídos del bando nacional.
 
Los expertos a los que convocamos para elaborar un informe que permitiera transformarlo en un Memorial de las Víctimas de la Guerra Civil y en un espacio de memoria reconciliada establecieron que nada podía hacerse si el dictador seguía siendo el centro simbólico de la basílica. Sería imposible construir un memorial a todas las víctimas en el mismo lugar en el que se homenajeaba al verdugo de miles de ellas. Desde 2011 las fuerzas políticas se han ido posicionando a favor de las conclusiones del informe hasta que en 2017 el Congreso de los Diputados por amplísima mayoría, con la abstención del Partido Popular, recomendó la exhumación y apoyó las conclusiones de los expertos. La misma Iglesia fue viendo con buenos ojos el informe. A partir de ahí se necesitaba un Gobierno con determinación, el de Sánchez, que optó con acierto por un procedimiento garantista. Finalmente, el Tribunal Supremo ha cerrado la voluntad del Estado democrático expresada por sus tres poderes.
 
 Franco ha sido exhumado y sus restos descansan ya en el cementerio de Mingorrubio. Se ha puesto así fin a una anomalía histórica y a un injusto agravio a las víctimas de la dictadura franquista. La democracia española no merecía ese borrón en su imagen internacional. El proceso ha sido largo y complejo por la oposición de la familia y por la histriónica actitud de los monjes, que han demostrado incompatibilidad absoluta con un Valle transformado. Si su misión era cuidar la tumba, ahora sin ella se quedan sin razón de ser.
 
¿Qué hacer ahora con el Valle? Algunos recomiendan su destrucción. Olvidan que en los columbarios de la basílica yacen los restos registrados de 33.847 personas víctimas de la guerra y de la posterior represión franquista. Entre ellas, miles de fusilados en las paredes de los cementerios de muchas de nuestras ciudades, enterradas en fosas comunes extramuros del cementerio y trasladadas posteriormente a las criptas del Valle a partir de 1959.
 
Semejante desafuero nos haría, además, perder la oportunidad de convertir ese lugar en el Memorial y en el homenaje a las víctimas de nuestra guerra, a todas las víctimas. No hay en España otro lugar como ese en el que poder simbolizar tanto el horror de lo que fue la dictadura y la Guerra Civil como el perdón colectivo de la Transición y el abrazo reconciliatorio que nos han permitido superar aquel trauma y construir los mejores cuarenta años de convivencia democrática y de progreso social en nuestra historia. Pero para eso es necesario actuar en el Valle, resignificarlo, convertirlo en un lugar de todos, consiguiendo que los españoles que jamás lo visitaron por ser lo que era tengan razones ahora para ir a recordar el horror de nuestra guerra y a rendir homenaje a sus víctimas.
 
Eso es lo que nos propusieron los expertos. ¿Qué falta por hacer? No poco. Siguiendo sus recomendaciones, lo primero es dignificar la situación de los restos y de los columbarios. En el marco de esta acción, que requiere paralelamente investigación documental y creación de un gran banco de ADN, es preciso atender las peticiones de quienes quieren recuperar los restos de sus familiares allí enterrados, muchos, sin conocimiento ni consentimiento. Desgraciadamente, eso no será posible para todos. Las condiciones en las que se encuentran algunos de los columbarios hacen harto difícil, imposible, la identificación. Sin embargo, hay criptas y columbarios mejor conservados en los que no debe ser la falta de voluntad política el impedimento para su identificación y posterior exhumación.
 
 La segunda tarea es construir un gran monumento memorial. En la explanada central del Valle hay que erigir un gran y hermoso monumento a las víctimas. Una obra artística de gran tamaño en la que puedan esculpirse en piedra los nombres de los allí enterrados, acompañada de elementos de expresión de la solidaridad y respeto por parte de los visitantes (pebetero, flores, firmas, etc.). Algo parecido a los grandes monumentos del mundo a las víctimas de guerras o de grandes tragedias (Washington, Berlín, etc.). Podría convocarse un gran concurso internacional concitando el interés de los mejores arquitectos del mundo.
 
Por último, en los edificios hoy gestionados por los monjes cabría ubicar un gran museo en el que se pudieran exhibir diferentes exposiciones sobre la Guerra Civil, la construcción del Valle, realizada por represaliados del franquismo bajo el régimen de redención de penas, el arte del exilio, etc. Todo el conjunto habría de convertirse en un gran centro de interpretación con funciones didácticas y de investigación. Todas estas actuaciones exigirían que a ese lugar le cambiáramos también el nombre con la palabra memorial en su cabecera.
 
Esta es una tarea larga y quizá cara, pero merece la pena. Por la dignidad de nuestra memoria y por el prestigio del país. No importa que dure tres o cuatro años o más. Debe hacerse con criterios técnicos y profesionales del máximo nivel. Quizás, por ello, debería ser el Patrimonio del Estado quien se encargase de su dirección. Asimismo, el régimen jurídico del conjunto deberá ser adaptado y transformado conforme a su nueva función. Por último y no menos importante, deberíamos hacerlo por consenso de todos los partidos. Así honramos el espíritu de la Transición. Se trata de que la memoria, en este lugar, en vez de provocarnos división sea motivo de unión cívica.
 
*Ramón Jáuregui encargó el Informe de la Comisión de Expertos sobre el futuro del Valle de los Caídos cuando era ministro de la Presidencia en 2011. Carlos García de Andoin fue el impulsor de sus trabajos como director adjunto y secretario de la Comisión.

Artículo publicado conjuntamente con Carlos García de Andoin en El Correo, 25/10/2019

1 de octubre de 2019

Pensiones: verdades y soluciones

No deja de ser sintomático que las movilizaciones de los pensionistas vascos (las más numerosas y persistentes de España) no hayan generado un debate interno en clave autonómica. Un pensionista de los que se manifiestan todos los lunes –y que marcha estos días hacia Madrid en la llamada ‘columna norte’– podría preguntarse si nuestra comunidad, soberana de nuestra fiscalidad y con las mejores condiciones financieras y de recursos económicos del Estado, no podría también ser llamada a la solución de sus reivindicaciones. De la misma manera, quienes atribuyen a las transferencias al País Vasco virtudes taumatúrgicas podrían reiterar su demanda de la caja propia de Seguridad Social como solución a estas demandas.
 
Un sospechoso silencio autonómico acompaña estas manifestaciones. Nadie se atreve a quitar razón a quienes piden mejor pensión. Muy pocos ofrecen explicaciones y números sobre el significado macroeconómico de una pensión mínima de 1.080 euros. Cada semana vemos a compañeros y amigos de otros tiempos y de otras luchas (de la reconversión de los ochenta) y pensamos: ¡cuánta razón y qué difícil solución...! Hay algunas cosas que sabemos y que debemos decir. El sistema general de la Seguridad Social genera, desde hace una década, un déficit de más de 10.000 millones de euros cada año. Entre un punto y punto y medio del PIB (17.088 millones el año pasado, el 1,42% del PIB). Aproximadamente la mitad del déficit público del Estado, que cuesta mucho reducir y que incrementa cada año una abultada deuda pública cercana al 100% de nuestra riqueza bruta anual. En consecuencia, mejorar las pensiones a costa de aumentar el déficit público español es imposible. Los mensajes de la Comisión Europea y del BCE son unánimes y reiterados: España no puede gastar más ni puede recaudar menos.
 
Es verdad que los cálculos regionales de la Seguridad Social son discutibles; pero, aún así, la balanza vasca de las cuentas es conocida. Los ingresos de cotizaciones en Euskadi son unos 1.200 millones menos que las pensiones que se cobran. Por otra parte, las compensaciones autonómicas a las pensiones más bajas solo podrían hacerse a través de prestaciones de asistencia social (vivienda, cuidados, etc) porque el Tribunal Constitucional ha prohibido, en doctrina reiterada, complementar las pensiones con importes económicos. Creo recordar que el Parlamento vasco ya rechazó una iniciativa en este sentido.
 
Entonces, ¿Qué hacemos? ¿Qué le decimos a quienes marchan hacia Madrid recordando viejas marchas de mineros, siderúrgicos, navales...? Pues la verdad; es decir, que la única solución estriba en encontrar nuevas fuentes de ingreso a una caja que nunca se equilibrará por las cotizaciones de una población laboral insuficiente para un número de pensionistas creciente. La verdad es que la relación entre cotizantes y pensionistas es hoy de 2,3, pero será inferior a 2 en poco tiempo por los efectos de una demografía adversa y el feliz alargamiento de la vida. La verdad es que tampoco encontramos solución aumentando las cotizaciones a la Seguridad Social porque gravan el coste del empleo y perjudican la creación de nuevo empleo y nuevos cotizantes. La verdad es que las fórmulas de reducción de impuestos que propone la derecha, ya sea la de aquí o la de Madrid, no generan más recursos al Estado, sino menos, como es bien fácil de entender. La verdad es que las figuras fiscales actuales están bastante al limite (renta, consumo...) y que será necesario encontrar nuevas para nutrir esta necesidad y otras.
 
La verdad es que, en consecuencia, si queremos hacer sostenible el sistema de la Seguridad Social, asegurar la revalorización de las pensiones al IPC y mejorar las pensiones más bajas (sinceramente, no creo que podamos mejorarlas todas) tendremos que plantearnos seriamente un debate sobre fiscalidad a la tecnología, a las finanzas y al carbono.
 
 Hay quienes plantean cotizaciones de los robots y de determinados instrumentos de la inteligencia artificial. Es un debate pertinente y pendiente porque sabemos que un alto porcentaje del trabajo actual (el 30% aproximadamente) será destruido y no sabemos bien cuánto ni qué tipo de empleo será creado en sustitución. Es una medida que solo cabe a nivel europeo como mínimo y, en cualquier caso, es contraria a la innovación y a la competitividad. Quizás fuera más sencillo y menos lesivo a la productividad establecer una cuota del Impuesto de Sociedades destinado a financiar la Seguridad Social. Igualmente necesaria será la mal llamada ‘tasa Google’ porque, en realidad, se trataría de una fiscalidad a la facturación de las tecnológicas y plataformas de los servicios en la red de Internet, que actualmente escapan a la fiscalidad nacional. Por último, la fiscalidad a los movimientos financieros (el famoso impuesto a las transacciones financieras o ITF) y a las plusvalías de corto plazo ( las obtenidas en el trading de alta frecuencia) también podría constituir nuevas fuentes de ingreso público susceptibles de ser destinadas a las cuentas de la Seguridad Social en gran parte. De la misma manera que la tasa a los billetes de avión o a las emisiones de CO2 tienen como destino favorecer o subvencionar las políticas contra el cambio climático.
 
La política fiscal, en general, está en el corazón del debate político de hoy. El descontento social con la desigualdad, la alarma y el enfado contra la evasión y la elusión fiscal en todo el mundo y la posible solución a la sostenibilidad de instrumentos tan importantes como la Seguridad Social en toda Europa dependen de unas reformas que reclamarán imaginación y amplios consensos nacionales e internacionales para extender la solidaridad como virtud pública de convivencia.
 
Publicado en El Correo, 1/10/2019

27 de septiembre de 2019

Entrevista para Radio 5. 27/09/2019

Entrevista para Radio 5.

Un balance crítico de la RSE: luces y sombras.


La intervención en Forética para responder a la demanda de esta organización, haciendo un balance de estos últimos 20 años de responsabilidad social en las empresas, ha buscado describir telegráficamente lo que funciona y lo que no en esta larga marcha. Empecé por agradecer a German Granda y a los directivos de Forética su trabajo y reconocer la importancia de sus aportaciones a esta causa en este aniversario tan importante para ellos y para todos nosotros.

Intervine después de escuchar a Stefan Crets y a Saïd El Khadraoui y me pareció necesario recordar que este tiempo de nuevos propósitos, de sostenibilidad en todo y para todo, de new deal europeo y de grandes proyectos en todo el mundo, tienen que someterse al prisma del realismo.

“No quiero ser la voz amarga frente a este discurso, dije, pero debo recordar que muchas de estas iniciativas llevan circulando muchos años y no han alterado sustancialmente la ecuación empresas/sociedad”. Recordé a estos efectos que España fue el país que más empresas incorporó al Pacto Mundial de Naciones Unidas hace algo mas de 15 años. Que en plena crisis económica 2008-2010 todos los grandes lideres de mundo hablaban de renovar el papel de la empresa en la sociedad, incluso de “refundar el capitalismo” (Sarkozy dixit). Pero tanta iniciativa internacional y tanta verborrea programática no han ido acompañadas de una transformación real de las empresas y sus impactos sociales y medioambientales.

Haciendo un balance constructivo de lo que han significado estos años en materia de responsabilidad social, yo diría que hay cuatro factores que nos tienen que preocupar porque no están impulsando ni favoreciendo el desarrollo de la responsabilidad social empresarial.

1.- La responsabilidad social no ha penetrado como un elemento estratégico nuclear en los consejos de administración ni en los CEOs y directivos principales de las empresas. Es más un componente de su reputación corporativa, formando parte así de un elemento puntual de la estrategia de las empresas, gestionado por un departamento ad hoc, muchas veces por las fundaciones de las compañías. Se trata, así, de una falsa responsabilidad social, mucho más una acción social con objetivos de marketing y de adorno reputacional.

2.- La ecuación entre las inversiones en responsabilidad social y sostenibilidad empresarial y los beneficios generados en términos reputacionales o incluso en términos económico-financieros, no está funcionando como esperábamos. Siempre creímos que la nueva sociedad de la información, especialmente las redes, acabarían empoderando a una ciudadanía con capacidad de premiar y castigar los comportamientos responsables o irresponsables respectivamente. Desgraciadamente, esto no es así. La sociedad está mas informada pero probablemente menos formada. Somos muy exigentes pero desde actitudes individualistas, consumistas y los elementos de vertebración social y los valores de la solidaridad se han devaluado ante la ofensiva neoliberal de los últimos 20 años.

3.- Hay una gran confusión en la calificación de la responsabilidad social. Demasiados observatorios, demasiadas etiquetas, demasiados analistas, demasiados métodos de medición… Pero además, en cada país hay una cultura distinta sobre la responsabilidad social y entre los sectores económicos hay tantas diferencias que no resulta fácil establecer parámetros y baremos comunes.

Esta confusión perjudica la percepción social de quién es responsable y quién no lo es y hace muy difíciles los estímulos objetivos para fomentar y desarrollar la sostenibilidad empresarial. Por ejemplo, los pliegos de condiciones para las compras públicas se enfrentan a este problema.

4.- El discurso político y las políticas publicas no han tenido la suficiente intensidad ni coherencia como para que la responsabilidad social empresarial se instale en la cultura social y en las políticas públicas. Una de las razones por las que la expansión de la RSE a las pymes y a las medianas empresas no se ha conseguido es precisamente que no ha habido unas políticas de apoyo y de fomento suficientes. Tampoco el sector público ha dado una ejemplaridad suficiente, aunque hay excepciones que merecen ser destacadas en algunas empresas y servicios públicos.

Sin embargo, hay factores que están favoreciendo e impulsando la cultura de la sostenibilidad empresarial que debemos subrayar y aprovechar para seguir haciendo fuerte esta idea.

Primero, la ley. La legislación ha acabado siendo un elemento formidable para la generalización de las buenas prácticas que un día fueron voluntarias. La voluntariedad es consustancial a la RSE pero también ha mostrado sus límites, especialmente en los últimos años de la crisis económica. La ley, sin embargo, ha proporcionado avances importantes al establecer obligaciones en la información no financiera (directiva europea, recientemente traspuesta a la legislación española), en la igualdad de géneros al establecer los permisos de paternidad, las cuotas de los consejos de administración, la igualdad de salarios, etc, así como a la conciliación familiar. La ley, por eso, hace irreversibles los avances y convierte en norma obligatoria lo que inicialmente fue voluntario.

La ley penal que establece la responsabilidad de directivos y de consejos por posibles delitos es también un instrumento que favorece la responsabilidad social de las empresas. Hasta hace unos pocos años, el Código Penal no incluía entre sus tipos la responsabilidad de las compañías. Hoy sí lo hace y eso las hace mejores.

Un segundo elemento a considerar es el empuje que está proporcionando el sistema financiero a las empresas en materia de sostenibilidad. Curiosamente, son los inversores, sus fondos de inversión, inclusive los detentadores de los fondos, los que están estableciendo nuevas condiciones en la línea de la sostenibilidad a las compañías en las que invierten. El sistema financiero quiere claridad, transparencia y no corrupción. Quiere que les expliquen los riesgos internos de las compañías y quiere evitar los impactos negativos de sus acciones y esto está produciendo un avance en el comportamiento de las empresas temerosas de que los fondos les castiguen por actuaciones contrarias a estos principios. Las instrucciones europeas en materia de finanzas sostenibles publicadas recientemente van en esta dirección y son un buen camino.

El tercer elemento es el que corresponde a las nuevas corrientes sociales que afectan cada vez más al comportamiento de las compañías. Sin duda, estas corrientes son consecuencia de los últimos acontecimientos y especialmente de la crisis económica de los últimos años. Hay una sociedad enfada con la crisis, con los responsables financieros de la crisis, con la desigualdad, con la irresponsabilidad en el corazón de los negocios, con las malas prácticas, con los abusos, con las indemnizaciones a los directivos, con los abanicos salariales, etc.

Estas tendencias se están manifestando hoy en una demanda de mayor igualdad en todos los planos dentro de la compañía, en favor de una justicia fiscal y de un comportamiento fiscal honesto y responsable por parte de las compañías en cada uno de los países en los que operan y, claro, cómo no, fundamentalmente en el compromiso de las empresas en la lucha contra el cambio climático.

Estas tendencias se expresan en el interior de las compañías, pero también en los medios de comunicación y en las redes. La imagen corporativa y reputacional de las empresas busca el confort social en estos planos y está impulsando buenas prácticas incluso para mejorar su capacidad de atracción profesional y de talento.

Por ultimo, y muy importante, la intervención de las grandes organizaciones internacionales para facilitar la colaboración y la participación de las empresas en los objetivos de la humanidad. Yo destacaría principalmente en esta materia a Naciones Unidas, que, desde hace 20 años y a través de procedimientos distintos, está favoreciendo este compromiso social de la RSE. En este sentido, me gustaría hacer una especial mención al avance que estamos experimentando con los objetivos de desarrollo para 2030, que constituyen un camino universal y un espacio común para que todas las empresas del mundo colaboren en objetivos de sostenibilidad y de dignidad humana. En el mismo sentido, señalo la importancia de extender los derechos humanos como una ley universal de cumplimiento obligatorio por parte de todas las empresas y en todos los países del mundo en los que operan. El camino hacia una norma internacional o un tratado que convierta en obligatorios estos principios sería un paso fundamental en la calidad del trabajo y en la sostenibilidad del planeta.
 
 



18 de septiembre de 2019

"Ongi etorri" del mal.


"Sortu debe renunciar al bochornoso espectáculo de los recibimientos públicos a terroristas etarras excarcelados."
 
Hitler invadió Austria alegando que las autoridades austriacas se lo habían demandado. Era una patraña organizada desde Berlín con los nazis austriacos, para iniciar así la expansión imperialista que planeaba el nazismo alemán.
 
Cuenta Eric Vuillard en su novela El orden del día la forma en la que el fiscal americano Alderman desmontó esa coartada de los dirigentes alemanes juzgados en Núremberg releyendo conversaciones transcritas entre Göring y Ribbentrop que ponían en evidencia la trama montada por el régimen nazi para justificar esa invasión. En un momento de esa lectura, en la solemnidad de aquel juicio, cuando se evidenciaba la mentira, Göring soltó una risotada. El autor de la novela dice: “A Ribbentrop, por su parte, le sacudió una risa nerviosa”.
 
Unos años después, en 1961, cuando Israel juzgaba a Adolf Eichmann por genocidio contra el pueblo judío, la filósofa Hannah Arendt popularizó su famosa teoría de “la banalidad del mal”, después de asistir a ese juicio que acabó con el ahorcamiento del genocida en 1962. La tesis, fuertemente criticada entonces en Israel, aludía a la inconsciencia del mal producido, a la ausencia de una voluntad criminal expresa y a la inexistencia de rasgos violentos en su personalidad o enfermedad mental alguna. Se trataba simplemente de cumplir órdenes, de ascender profesionalmente, de actuar como “el primero de la clase” en el marco del sistema, de acatar el orden establecido, de simple burocracia, sin analizar el bien o el mal de sus actos.
 
Viendo las caras de nuestros conciudadanos hace ya algunas semanas, recibiendo en su pueblo a uno de los secuestradores de Ortega Lara, recordé estos hechos históricos y, no sé si ingenuamente, les atribuí esa misma explicación. Me pregunté: ¿es que ninguno de ellos fue capaz de pensar en el daño cometido por el homenajeado, en la tortura a la que sometieron a un semejante y en los delitos por los que fue condenado?
 
En la organización de los ongi etorri a los miembros de ETA hay, claro está, un patético intento de justificar una trayectoria clamorosamente equivocada que solo ha producido tragedia y dolor. Incluidos ellos mismos. Lo grave es que haya gente dispuesta a hacer el coro a esa patraña y seguir consignas tan sectarias, como si nada hubiera ocurrido, inconscientes y ajenos a la crueldad de los crímenes que, en el fondo, reivindican con sus bengalas, sus aplausos y sus gritos. Es la banalidad del mal, la convención social que impone la calle, secundando iniciativas de bares y cuadrillas, ensimismadas en su relato falsario.
 
Es la banalidad del mal que impone una corriente política en esos pequeños entornos, opresivamente cerrados, en los que discrepar o criticar implica ser rechazado o excluido. Es la “moda social” que obliga a quedar bien con ese entorno. Es un sentimiento malsano de pertenencia a la comunidad, que impone la solidaridad con el asesino y el desprecio a la víctima, reiterando esquemas mentales pasados, equivocados, acríticos, fanáticos... felizmente superados por la realidad.
 
No. No se trata de burocracia o de órdenes legales, como explicaba Arendt su teoría sobre Eichmann. Es el clima social del pasado en algunos lugares dominados todavía por una subcultura de la violencia que siempre se defendió y nunca se criticó. Ni se critica todavía. No. No son solo amigos y familiares que le reciben, como dijo una dirigente de Bildu en Navarra para atenuar la repugnancia que habían producido esas imágenes. Eso puede hacerse en la intimidad, como lo están haciendo otros yéndose a casa con discreción y humildad.
 
Por eso es tan importante exigir la autocrítica a la izquierda abertzale y construir el relato recordando la verdad de las víctimas, sin reivindicar como héroes a los asesinos, sin homenajes a quienes solo merecen reproche social. Sin levantar las placas que en el suelo o en las fachadas de nuestras calles nos recuerdan los nombres de los asesinados, como ocurre en las calles de Bruselas, Colonia o Fráncfort en emocionado recuerdo de los judíos asesinados en el Holocausto.
 
Hacen bien los partidos políticos vascos en exigir a Sortu ese nuevo paso en su camino a la democracia porque están en juego las convicciones sociales sobre el bien y el mal y la interpretación histórica de lo que fue nuestro trágico pasado. Es por eso una cuestión de moral pública y de justicia con la verdad. Es Sortu quien debe renunciar a ese patético intento de convertir en victoria lo que ha sido una derrota sin paliativos y un horror histórico para este pueblo. Son ellos quienes deben evitar esos espectáculos bochornosos e inadmisibles, que ofenden a la ciudadanía y desprestigian a nuestro país. Más aún, que ponen en duda la rectificación política que ellos mismos protagonizaron en el camino a la paz en 2011.
 
Publicado en El País, 18/09/2019

8 de septiembre de 2019

Jáuregui, la jubilación de una figura clave en la política vasca.

 
 
El exdirigente del PSOE repasa sus 40 años en primera línea en Euskadi y España.

Ramón Jáuregui se jubila tras 40 años en primera línea de la política vasca y española. El que fuera vicelehendakari del primer Gobierno vasco de coalición PNV-PSE y ministro confiesa que «el horizonte de un atentado de ETA» siempre formó parte de su vida y repasa su trayectoria con tono autocrítico.
 
 SAN SEBASTIÁN. El pasado lunes, 2 de septiembre, Ramón Jáuregui se despertó en su apartamento de San Sebastián y no supo qué hacer. «Me levanté de la cama y pensé: ‘¿y ahora qué?’». Por primera vez desde los 14 años, cuando descubrió como aprendiz lo lóbrega y sucia que puede ser una fundición, no tenía una responsabilidad que atender. Histórico líder de los socialistas vascos y figura destacada de la política de Euskadi del último medio siglo, se topó con la cruda realidad. «Soy un jubilado».

En marzo de 2018 anunció en un acto del PSE en el Teatro Arriaga que dejaba la política una vez finalizara la legislatura europea. Con 70 años –ahora tiene 71– había llegado la hora de dejarlo. No se presentó a las elecciones de mayo y el lunes, con el arranque del curso político, tomó conciencia de ello. «Lo del Arriaga lo planifiqué muy bien. Quise ser coherente y dejar claro que era yo el que elegía marcharse», explica.

Aquel muchacho de 14 años llegó a ser vicelehendakari del Gobierno vasco, secretario general del PSE, hombre clave del PSOE durante décadas e incluso ministro del Gobierno. Y en realidad, Ramón Jáuregui estaba ‘condenado’ a ser un oficial industrial guipuzcoano. «Soy una persona que se rebeló contra su destino. Fui capaz de cambiarlo. Siempre empujado por mi curiosidad por saber. Y aún hoy, en el atardecer de mi vida, siento esa ansiedad».

La cita es en un hotel donostiarra junto a La Concha. Llega puntual, enérgico, impetuoso. Trae consigo un blog de notas por si le baila alguna fecha. Pero no. No la abrirá en toda la mañana. Como para cualquier jubilado, su concepción del tiempo es elástica, y lo que iba a ser un encuentro de dos horas se convierte en uno de casi cuatro. Dice estar en forma. Y no miente. Corre, anda en bici, nada. Está ágil.

Primer requiebro al destino. Estudia Ingeniería Técnica y Derecho por la noche para poder salir de la fundición. Se convierte en un abogado laboralista que con su Seat 850 recorre Gipuzkoa para ayudar a los obreros. Es el ‘abogado de la UGT’, sindicato que llegaría a dirigir en Euskadi tres años a comienzos de los 80. Estaba llamado a hacer carrera sindical y Nicolás Redondo le llegó a ver como su sucesor. Pero no. «Nicolás siempre me reprochó que no siguiera. Nunca asumió que me fuera», recuerda.

Ahí llegó el segundo regate al destino. El sindicalismo le apasionaba pero ya había probado las mieles de la política. Tal vez por herencia paterna, que en la intimidad familiar les hablaba de los ideales del socialismo, se había afiliado al PSOE pese a que su cuadrilla del barrio era abertzale. Mucho. «Varios acabaron en ETA». Asistió con 26 años al congreso de Suresnes, donde conoció a Felipe González –y tuvo tiempo de ir al cine para ver ‘Emmanuelle’–, y asumió su primera responsabilidad institucional en la Transición, cuando le nombraron, desde Madrid, presidente de la gestora del Ayuntamiento de San Sebastián. Tenía 30 años. «No lo pedí. Nunca he pedido ningún cargo. Jamás. Siempre me han reclamado y he aceptado por lealtad total al partido», explica.

En la política municipal descubrió lo que más tarde sería una constante en su carrera: el gusto amargo de la derrota electoral. Pero pasó rápido página, primero en el Parlamento vasco y, cuando el PSOE ganó las generales del 82, como delegado del Gobierno. Tenía 34 años. «Pocas veces he pensado que estaba preparado para ningún cargo. Y entonces, aún menos. Era muy joven. Pero como nadie se atrevía...».

– ¿Y por qué usted sí aceptó?

– Porque siempre he dicho que sí. Yo soy del PSOE y asumo las responsabilidades que me piden porque me toca. Y eso que probablemente es lo peor que me ha tocado en mi vida.
Fue la época de la reconversión industrial. «Puedo decir con la distancia que da el tiempo que fue una de las grandes cosas que se ha hecho en Euskadi. El país estaba industrialmente achatarrado y lo modernizamos. Estoy orgulloso de todo aquello».

Pero sobre todo, fueron los años del plomo. ETA asesinaba casi a diario. Entró en la Delegación del Gobierno en Vitoria el 1 de enero de 1983 y desde ese día vivió con escolta. 30 años con ‘sombras de la guarda’. Hasta 2013. «Cuando en el 84 matan a Enrique (Casas) nace nuestro tercer hijo, le llamamos Enrique por él. Desde muy niños les enseñamos a no abrir la puerta a extraños (...). Tras el asesinato de José María Lidón, a mi mujer, que era jueza en Vitoria, le ponen también escolta. Y en 2008 su nombre aparece en los papeles de un comando detenido. Y un hermano mío tuvo que cambiar de casa porque la vecina de arriba era de otro comando y le había señalado. Siempre pensé que el horizonte del atentado formaba parte de mi vida».

Jáuregui se yergue en su asiento cuando habla de ETA. No es incomodidad. Es un sentimiento más primario. «Asesinaron a muchos amigos, algunos casi hermanos. Fernando Buesa, Fernando Múgica, Enrique Casas... Es increíble pero llegó a formar parte del paisaje. Sabías que podía ocurrir. Si no era uno, era otro. Y si no, tú». De hecho –tercera finta al destino–, sólo la torpeza de un ‘talde’, que confundió la Nochevieja con la Nochebuena, evitó que atentaran contra él en la sociedad gastronómica donostiarra en la que celebraba la Navidad con su familia.

Hablar de ETA es hacerlo de las «páginas negras de nuestra trágica historia». «Es verdad que hubo torturas y actuaciones policiales fuera de la ley. Claro. Pero también una Iglesia sin compasión por las víctimas. Y políticos que decían que ‘mientras unos mueven el árbol, otros cogemos las nueces’; un país, Francia, que miraba para otro lado; y una sociedad acobardada que bajo el manto del ‘algo habrá hecho’ intenta aceptar que se mate al semejante. ¡Una sociedad entera!», lamenta. «Debemos hacer la misma reflexión que hicieron los alemanes tras la guerra: ¿cómo fuimos capaces? Los jóvenes de ahora tienen que mirar a sus padres y preguntarles: ¿cómo fuisteis capaces?».

Durante su etapa como delegado del Gobierno, la guerra sucia contra ETA ofreció alguno de los episodios más sórdidos y sanguinarios. «Fue un horror y un error de quien lo concibiera».

– ¿Algo de lo que se arrepienta de aquella época?

– Yo no estuve en la primera línea del tema antiterrorista, era una tarea de los gobiernos civiles. Sólo puedo decir que jamás, jamás ha habido la más mínima implicación jurídica en ninguno de esos hechos. Yo me miro al espejo cada mañana y me siento digno y honesto», afirma con seriedad, mientras prefiere pasar de largo por el incidente protagonizado por Mikel Zubimendi (HB), quien tiro una bolsa de cal viva sobre el escaño del dirigente socialista. «Fue uno de los momentos más amargos de mi vida política».

Jáuregui siempre pensó que «estábamos condenados a un empate infinito» con ETA. Pero en octubre de 2011, la «fecha más maravillosa de la historia de Euskadi», llegó el fin del terrorismo. Lo celebró tomando copas por Vitoria con Emilio Olabarria (PNV) y Alfonso Alonso (PP), con quienes ese día compartía un debate electoral. Fue una «victoria clamorosa», pero no de la sociedad vasca, con quien el socialista es muy crítico, sino de la «democracia vasca, de los políticos y partidos vascos, de los valientes, de Gesto por la Paz, de los manifestantes...».

Ardanza, «mi amigo»

Un porcentaje de aquella victoria, el «punto de inflexión» que marcó el inicio del fin de ETA, tuvo a Txiki Benegas y Jáuregui como impulsores y artífices: el Pacto de Ajuria Enea. El PSE había ganado en escaños (19 frente a 17 del PNV) las elecciones autonómicas de finales de 1986 y tras fracasar las negociaciones con EA y Euskadiko Ezkerra para gobernar, los socialistas cambian de estrategia y pactan con el PNV. Acuerdan ceder la Lehendakaritza a José Antonio Ardanza, «algo que mucha gente no entendió». «Renunciamos porque el objetivo final era lo que se firmó unos meses después, el Pacto de Ajuria Enea. Darle la vuelta a la situación. Acabar con la fractura total entre partidos y construir la unidad democrática frente a la violencia. Y trasladar al PNV la responsabilidad y el liderazgo en la lucha por la deslegitimación de la violencia», rememora con viveza el socialista, quien ocupó la vicepresidencia de aquel Ejecutivo, al mismo tiempo que ejercía de secretario general del PSE.

Hoy en día considera a Ardanza un «amigo» por todo lo que pasaron juntos, con Felipe González y el ministro Corcuera supervisándolo todo desde Madrid. Aquel Gobierno de coalición, el primero de la democracia y ejemplo de transversalidad y entendimiento, no sólo construyó un consenso político sin precedentes contra el terrorismo; también trajo la estabilidad, la cultura de la convivencia entre identidades distintas y la modernización económica del país.

 «Es el momento de mi carrera del que estoy más orgulloso. Las coaliciones han sido muy beneficiosas para el País Vasco. Las apoyé en su día y las sigo apoyando», se sincera. «Tengo la convicción de que el PSE ha sido muy útil para este país. Y eso es lo mejor que se puede decir de un partido», añade.

El destino, al que tantas veces había burlado, le tenía reservada entonces una mala jugada. Jáuregui fue candidato a lehendakari en 1994 con la convicción personal de que iba a ganar. El PSE se había fusionado con Euskadiko Ezkerra y el año anterior había arrasado en las generales en Euskadi. Incluso había rechazado ser ministro con González.

 «Me llamó Narcís Serra y le dije que no, que iba a ser lehendakari», cuenta ahora entre risas. «¡Qué momento tan duro! La mayor decepción de mi carrera. Interpreté muy mal los resultados de las generales y nos dimos un batacazo. En campaña el PNV nos metió un escándalo de Osakidetza de por medio. Fue penoso. Muy doloroso. Tenía tanta ilusión».

Por primera vez, tuvo la tentación de dejar la política. Aguantó dos años más en Euskadi. El suficiente para dar el relevo en el PSE a Nicolás Redondo Terreros.

«Almunia me llamó cuando sustituyó a Felipe. Yo necesitaba angustiosamente respirar otro oxígeno. La política en Euskadi era una noria, siempre lo mismo. Era agobiante».

– ¿Qué sintió cuando vio a Patxi López llegar a la Lehendakaritza?

– Me dio un poco de envidia sana, por qué no reconocerlo. Pero sobre todo orgullo y alegría.

– ¿Le hubiera gustado formar parte de aquel Ejecutivo?

– Ya no me correspondía. Pero tampoco me llamaron.

Contactos secretos con Rajoy

Pero su futuro le aguardaba con sorpresas. Tras una década como diputado, con un paso decepcionante por la docencia universitaria incluido, le proponen ser candidato al Parlamento Europeo, reto que le «apasiona». Se va a Bruselas en lo que muchos interpretan un retiro dorado pero poco más de un año después recibe una llamada nocturna. Era Zapatero, con quien entonces no tenía buen ‘feeling’. Le quería de ministro. «Mi mujer me dijo que no aceptara. Mi hija también. Pero no podía decirle que no».

Se convirtió en ministro de la Presidencia. «Aquella experiencia fue un shock. Siempre he pensado que el BOE es el gran instrumento del poder. Pero cuando llegué descubrí que era la prima de riesgo. Cada mañana estábamos literalmente acojonados con los mercados». Aquel Ejecutivo, herido de muerte por la crisis, evitó in extremis el rescate para poder pagar a funcionarios y pensionistas «negociando en secreto con el Banco Central y con Rajoy». Entonces Jáuregui conoció de cerca el abismo de la responsabilidad. «A veces escuchas a pequeños empresarios preocupados porque tienen que pagar a final de mes la nómina de 13 empleados, por ejemplo. Ahí nosotros teníamos que lograr pagársela a 12 millones de personas», explica.

– ¿Le gustó ser ministro?

– Sí. Pero le cuento. Yo solía llevar la nómina como ministro en el bolsillo de la chaqueta porque mucha gente me decía que me estaba haciendo rico. Y no. Se la enseñaba. Cobraba 3.500 euros al mes.

– ¿Soñó con ser presidente del Gobierno?  

Cuando Felipe sorprende en el congreso del 97 y dice que se va, nadie lo sabía. Durante los dos días siguientes el partido estuvo en ebullición por saber quién le iba a sustituir. Él nunca dijo a quién quería. Pero algunos interpretaron que sus reflexiones podían referirse a mí. Esto nunca lo he contado, pero el caso es que, en algún momento de ese congreso, me puse a escribir algunas líneas por si era elegido secretario general del PSOE. Pudo ocurrir pero la mayoría decidió que fuese Joaquín (Almunia).

– Cuarenta años en política. Algunos dirán de usted que es ‘casta’.

– Cuando fui a arreglar los papeles a la Seguridad Social, me dijeron: ‘tiene usted 56 años cotizados’. ¡Oiga, 56 años! Desde los 14 a los 70. Cobré mi primera pensión el 28 de julio.

– ¿Es una pensión digna?

– Sí, la máxima. 2.150 euros netos.

– Los jubilados se manifiestan.

– Siento decirlo, pero no hay para más. El país da lo que da. Vamos a ser sinceros.

– ¿Qué políticos le han marcado?

– Txiki (Benegas), Felipe (González), Alfredo (Pérez Rubalcaba), cuya muerte me tocó mucho...

– ¿Qué opina de Pedro Sánchez? Usted no le apoyó en las primarias.

– ¿Sánchez? (silencio) Me ha sorprendido. Lo veo mucho más puesto de lo que creía. Tiene formas, madera. Apoyé a Susana Díaz porque no estaba de acuerdo con lo que Pedro quería hacer con el ‘no es el no’. Defendí la decisión de la gestora. Al hacerlo discrepé de Pedro y seguramente eso no me lo ha perdonado.

– ¿Cómo ve la política española?

– Los líderes actuales no están menos cualificados que nosotros. Lo que ocurre es que el sistema político español ha sufrido una transformación brutal en poco tiempo y no estamos siendo capaces de administrar ese cambio.

– ¿Habrá elecciones?

– No es razonable que un país tenga cuatro elecciones en tres años. Aquí el principal responsable es Cs, que no cumple el papel de bisagra que le han atribuido los ciudadanos. En términos políticos, si uno viene de Marte y analiza la situación, se preguntará por qué no se entienden Cs y PSOE.

– ¿Y Euskadi? ¿Ve amenazas en el futuro?

– Euskadi está leyendo de manera inteligente lo que está pasando en Cataluña y estamos muy vacunados. No veo esa tentación. El PNV no va a tirar por la borda su posición aunque eso le obligue a renunciar a sus objetivos ideológicos. Y así tiene que ser. Ha aprendido que aquí estamos para entendernos.

– Algunos no se fían.

– El PNV ha seguido siempre sus intereses y ha tenido una doctrina confusa y un péndulo patriótico, ya sabe, tentaciones independentistas. Cuando pacta, se hace un partido mayoritario y estable; y cuando se radicaliza y busca la independencia, lo estropea todo. Ahí está el plan Ibarretxe. Mire, con Patxi López como lehendakari nosotros hicimos bien las cosas. Y los nacionalistas aprendieron mucho de aquello. El PNV de ahora es consecuencia de aquel gobierno.

Leña el árbol caído

– ¿Y del terrorismo?

– Reivindico que la paz no fue negociada, no hubo concesiones políticas y se hizo con justicia. Es una paz limpia, plena, completa e irreversible. Es verdad que faltan pasos por dar. Falta autocrítica, por ejemplo, (de la izquierda abertzale) como los ‘ongi etorris’. Está en juego que la sociedad vasca acabe estableciendo un código del bien y del mal equivocado.

– ¿Ha tenido enemigos?

– Probablemente el más fuerte en el PSE fue (Ricardo García) Damborenea en su tiempo. Fueron años difíciles.¿Externos? Prefiero callármelos.
 
 Hay uno en el PNV que nunca me ha querido, pero afortunadamente en su partido es pasado. – ¿Qué borraría de estos años?
 
 – Los errores que cometí. Declaraciones equivocadas, como unas contra Garaikoetxea cuando se marchó. Hice leña del árbol caído y me equivoqué. Aún me acuerdo. La memoria es muy hija de...
 
 – ¿Algo más?
 
 – Negociando fui demasiado blando. En momentos, los acuerdos con el PNV fueron muy dolorosos. Por ejemplo, en el proceso de euskaldunización de los profesores. Me he encontrado en pueblos de Cantabria o Burgos con algunos que tuvieron que marcharse por el euskera. Lo pactamos nosotros. Y me lo han reprochado. O en el 85 el PNV vetó en las listas para la Ertzaintza a socialistas. Yo estaba en el Gobierno, con Retolaza (consejero de Interior) al lado. Y tragué. Quizás tragué demasiado.
 
 – ¿Cómo ha vivido su familia su carrera?
 
 – Me han ayudado y acompañado. Mi mujer fue generosa y renunció a su propia carrera. Creo que mis tres hijos están discretamente orgullosos de mí aunque no lo digan. Ahora tengo tres nietos.
 
– ¿Cómo ve su futuro?
 
 – Mi mujer dice que los jubilados somos como una lavadora en el pasillo y yo no quiero serlo. Ya he encontrado muchas oportunidades para hacer cosas ‘gratis et amore’ y devolver a la sociedad lo que me ha dado. Soy presidente de la Fundación Euroamérica, quiero trabajar con un ‘think tank’ sobre globalización, Europa... voy a dar clases en algún MBA sobre esto. Viviré a caballo entre Madrid y Donostia.
 
 – Así que estará activo.
 
– Tengo miedo a perder los nutrientes, las fuentes, la información, lo que te mantiene vivo. Sin ellas, pierdes valor. Llegará el momento de pasear porque la biología tiene leyes que acepto. Pero aún falta un poco.

EN PRIMERA PERSONA.

Aprendiz a los 14 años.


Nací el 1 de septiembre de 1948 en el barrio obrero de Herrera de San Sebastián. Último de 12 hermanos, mi madre murió cuando yo tenía 7 años y me criaron mis cinco hermanas mayores. Empecé a trabajar de aprendiz a los 14 años en una fundición. Me saqué dos carreras estudiando por la noche. Entré en política por compromiso. Tiraba panfletos, pegaba pegatinas en los baños y pasaba a Hendaya a recoger el dinero que nos mandaban los socialistas alemanes y suecos. Dejé mi trabajo y un buen sueldo para ejercer de abogado laboralista. Tuve despacho en Eibar y Rentería. Estaba superrealizado. Es la etapa de mi vida en la que más sentí que lo que hacía, servía. Me convertí en el ‘abogado de UGT’, sindicato que construí en Gipuzkoa.

Delegado del Gobierno en los años de plomo de ETA.



Mi llegada a las instituciones fue como presidente de la gestora del Ayuntamiento de San Sebastián. Ejercía de alcalde con 30 años. Me presenté a las primeras elecciones municipales y perdí. En 1980 doy el salto al Parlamento vasco y de ahí, en 1982, a la delegación del Gobierno en Euskadi. Fue una etapa de sufrimiento y aprendizaje. Pasé de la UGT a defender al Gobierno de la reconversión industrial. Me fui literalmente al otro lado de la trinchera. Ingenuamente traté de entenderme con mis antiguos compañeros. Era mi gente. ETA mató a varios de mis amigos.Asistí a más de 300 funerales y acompañé los féretros de guardia civiles en aviones militares. Vivíamos oprimidos.

Primer gobierno de coalición de la democracia



En 1987 fui uno de los impulsores del acuerdo de gobierno entre el PSE y el PNV. Negocié en secreto con Juan Ramón Guevara. Pese a tener más parlamentarios, cedimos la Lehendakaritza al nacionalista José Antonio Ardanza. Yo fui vicelehendakari. Lo hicimos por generosidad y para impulsar el Pacto de Ajuria Enea, que fue el inicio de una etapa dorada y espléndida del País Vasco. En 1988 fui elegido secretario general de los socialistas vascos. También fue muy duro porque el PSE estaba dividido y hubo una lucha personal, de poder interno y de concepción de país. El partido me daba mucho sufrimiento. Al final me liberé de esa ‘carga’ en 1997. Fui candidato a lehendakari y perdí.

Salto a la política nacional.

En 2000 soy elegido diputado por Álava, cargo en el que permanecí 14 años. Tuve un paréntesis de dos años en el que me marché a Bruselas y luego fui ministro. En la Cámara baja fui portavoz de la comisión constitucional y posteriormente me encargué del proceso de reformas estatutarias. Di clases en la Universidad Carlos III.

Regreso para pilotar el PSE

En 2002 regresé temporalmente a Euskadi para presidir la gestora del PSE tras la dimisión de Nicolás Redondo Terreros. El partido estaba muy muy fracturado. El día antes del congreso que eligió a Patxi López nuevo secretario general, ETA asesinó a Juan Priede. Zapatero planteó prorrogar un año la gestora, pero un sector del PSE no quiso.

Ministro con Zapatero.



Era octubre de 2010. Fue la primera vez en mi vida que me vi preparado para el cargo que me tocaba desempeñar. Pero fue duro. Estábamos en plena crisis, con la prima de riesgo disparada pero evitamos el rescate.

Descubriendo Bruselas.

Me eligieron eurodiputado en 2009 pero tuve que regresar tras la llamada de Zapatero. Volví a Bruselas en 2014 y allí he permanecido estos últimos cinco años. Estoy muy satisfecho de esta etapa de mi vida. Es lo único que ahora añoro de la política. En marzo de 2018 anuncié que no volvería a presentarme. Me acabo de jubilar.



Publicado en  El Correo,  8/09/2019