31 de enero de 2023

Cinco razones para impulsar las relaciones Unión Europea – América Latina.

Las aguas latinoamericanas bajan agitadas y turbulentas. Petro quiere la “paz total” en Colombia y propone una compleja y ambiciosa mesa de negociación. Boric enfrenta el fracaso de la reforma constitucional en Chile en un clima de fuerte división partidaria. Lula iniciará su mandato en Brasil con dificultades macroeconómicas y parlamentarias para poner en marcha su programa estrella contra la pobreza. Argentina sufre la inflación y la división del Partido Justicialista. Perú encarcela a su presidente por un autogolpe y por corrupción. Nicaragua sufre la represión cruel de la pareja presidencial que se perpetúa en su tiranía… 

Es una descripción provocadora de una realidad diversa y polifónica que merece, para ser justos, una mayor precisión, una pincelada más detallada, pero que muchas veces es percibida aquí en Europa como un todo conflictivo e inestable difícil de entender. Esa percepción confusa explica una cierta pereza europea para acercarse a América Latina y, sobre todo, limita la voluntad política europea para dimensionar la enorme importancia económica, social y geopolítica del subcontinente en nuestra política exterior. 

Y, sin embargo, hay mucho en juego. En el complejo tablero internacional que emerge después de la sucesión de catástrofes con que hemos iniciado este siglo, aparecen tres potencias militares (Estados Unidos, Rusia y China) y dos potencias económicas (Estados Unidos y China) que se disputan todas las grandes batallas geopolíticas del mundo, incluyendo en ellas importantísimos intereses económicos, geopolíticos y comerciales. Incluso ideológicos, porque esa confrontación no esconde un determinado orden internacional y modelos de convivencia y de vida política muy distintos.

¿Qué papel juegan Europa y América Latina en ese mundo bipolar del siglo XXI? Ese es el telón de fondo de esta reflexión que el Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la Unión Europea, Josep Borrell, está presentando a los cancilleres europeos con objeto de que América Latina entre en el radar de la política exterior europea y la Unión Europea desarrolle una política hacia América Latina más próxima y efectiva, más intensa, en definitiva, más asertiva.

 ¿Cuáles son las razones para hacerlo? Esta podría ser una sistemática forma de explicarlo.

 1. Nuestra historia y nuestra cultura nos han hecho cercanos, coincidiendo en aspiraciones de vida y en principios y valores éticos. Tenemos un mismo marco de organización de nuestra convivencia: la libertad, la democracia y el Estado de Derecho. Defendemos un marco de dignidad humana en todas las relaciones socioeconómicas. Reclamamos un universo de derechos mínimos para los seres humanos. Aspiramos a un orden interno de paz y desarrollo regido por un multilateralismo ordenado. 

Con todo respeto a otras culturas y a otros modelos de vida, Europa y América hemos construido nuestro orden moral y social sobre el marco civilizatorio de los últimos siglos del mundo occidental. Pudiera parecer que esa apelación a nuestra historia y cultura común con Latinoamérica formara parte de un discurso abstracto, retórico, una especie de latiguillo argumental sin más contenido que el oportunismo de su uso. Bien al contrario, la política exterior de Europa no puede concebirse sin las enormes derivadas de esas convergencias. 

Hay seis millones de latinoamericanos viviendo con nosotros y casi el mismo número de europeos viviendo en América Latina. Nuestras ideas comunes generan una enorme identidad en nuestra literatura, en nuestro cine, en nuestro arte. Nuestros estudios universitarios son relativamente comunes. Nuestros mercados de trabajo son próximos. La inmigración tiene fácil acomodo. Los destinos turísticos son enormemente atractivos. Garantizar esa convivencia acelerada por la proximidad de la tecnología y por el abaratamiento de los costos de transporte es tarea principal de la política europea. Eliminar visados, atraer inmigración laboral, homologar títulos universitarios, aumentar Erasmus, coordinar nuestra cooperación… son políticas concretas que responden a unas demandas muy concretas de esa comunidad europea y latinoamericana tan próxima, tan común. 

2. Hay miles de empresas europeas en América Latina y algunas multilatinas en Europa. Nuestros intereses económicos en América Latina son enormes y, no por casualidad, tenemos tratados de libre comercio e inversiones con gran parte del subcontinente. Somos el primer inversor en América Latina, por delante de China y Estados Unidos. El 55% de la inversión extranjera en América Latina es europea. 

Somos el tercer socio comercial, detrás de China y Estados Unidos. Tenemos acuerdos de asociación y cooperación con la mayoría de los países y somos el primer cooperante en la región. Nadie en el mundo tiene la red de cooperación que tiene Europa en casi todos los países de América Latina.

 Todo esto ocurre al tiempo que la presencia china en el subcontinente se acelera estratégicamente. Su poder de compra es tan poderoso que nadie puede competir con China como importador de materias primas. Pero su poder inversor no es menor y su implantación como suministrador de infraestructuras físicas y tecnológicas está creciendo considerablemente. Detrás de esta monumental operación, China quiere asegurar sus importaciones de materias primas, aumentar sus mercados y crear serias dependencias tecnológicas de sus principales marcas. 

El juego político que acompaña esta estrategia es muy inteligente. Las cumbres China-América Latina son frecuentes. Las ayudas financieras a muchos países son generosamente diseñadas y la apuesta solidaria con América Latina durante la pandemia fue claramente superior a la europea (aunque su vacuna contra la Covid funcione regular, el primer laboratorio de SINOVAC se instaló en Chile en 2021). Europa está perdiendo presencia económica en América Latina y esto no es baladí. La influencia política es paralela y esa pérdida nos debilita para conformar alianzas de juego político en el escenario internacional, además de perder oportunidades económicas serias en un continente que está por hacer, es decir, que tiene un potencial económico y estratégico muy grande. 

3. Efectivamente, América Latina está situada en buena posición ante las dos disrupciones de este siglo: la transición energética y la transformación digital. 

Empezando por la primera, el 60% de las reservas de litio están entre Bolivia, Chile y Argentina. El 40% de las reservas de agua dulce están en América Latina. La mayor biodiversidad del planeta y la masa forestal más importante del mundo están en América Latina. La capacidad de producción de hidrógeno verde es muy alta y mientras nos descarbonizamos seguiremos consumiendo combustibles fósiles en los próximos 20 años como mínimo. Pues bien, América Latina es la 1ª reserva del mundo de petróleo (Venezuela) y dispone de enormes concentraciones de gas que tanto necesita Europa. Es muy difícil concebir, planificar o coordinar una política medioambiental contra el cambio climático sin contar con América Latina. 

En el ámbito digital nuestras convergencias no son menores. Europa quiere defender un marco regulatorio basado en una digitalización ética en la que el ciudadano tenga protegidos sus derechos y la titularidad de sus datos con ciberseguridad. 

Ese modelo regulatorio depende, en gran parte, de su dimensión y por eso Europa se juega mucho al participar en la digitalización de América Latina con arreglo a un modelo tecnológico de red (5G) que no dependa de suministradores que no garanticen esa posibilidad. Participar desde Europa, en alianza con los países latinoamericanos, en la implementación de un desarrollo tecnológico que supere brechas sociales y regionales es un gran proyecto europeo para América Latina. Esto podría hacerse a través de grandes alianzas público-privadas al estilo de las que propone la economista Mazzucato en proyectos-país o misiones país, como ella las llama. 

4. Europa es un modelo de construcción supranacional. Nadie en el mundo ha hecho algo semejante. Nuestra experiencia para construir unidad desde la diversidad y desde historias enfrentadas es extraordinaria. América Latina necesita avanzar en integración regional como condición existencial de futuro. Una América Latina fracturada en más de 20 países, muchas veces enfrentados, sin organizaciones regionales que piloten la armonización de un mercado interior, es un subcontinente condenado a la irrelevancia y a perder las extraordinarias ventajas que proporcionaría una región articulada. Simplemente en el ámbito comercial, América Latina apenas llega al 12% de su comercio interior. Europa tiene casi un 60% de su comercio en el ámbito del mercado común europeo. Pero el éxito en las grandes disrupciones, como señalamos más arriba, depende de su densidad. La explotación del litio, por ejemplo, debería llevar a planes conjuntos de los tres países que disponen de ese valioso mineral. La planificación digital y los mercados que la digitalización genera serían mucho más atractivos para la inversión extranjera si fueran supranacionales. 

Hay muchos ejemplos derivados de la integración regional. Europa ha desarrollado una tecnología regulatoria extraordinaria de la problemática supranacional.
La armonización legal del mercado interior, por ejemplo, es paradigmática. Sus políticas de cohesión son únicas por su eficacia y por su solidaridad. Lo mismo podría decirse de sus innovadoras políticas para regiones transfronterizas.

Es verdad que todo requiere una base política de integración. Pero América Latina está muy cerca de entender y asumir esta urgencia y nadie como Europa para acompañarla en ese camino.

 5. Por último, tanto América Latina como Europa necesitamos unir nuestras fuerzas en el mundo global para defender nuestros intereses y nuestros valores comunes. Ya lo hemos dicho, son muchos y muy coincidentes y solos no podemos. Juntos somos mucho más ante las grandes instituciones internacionales. 

En el G20 hay tres países de América Latina, Brasil, México y Argentina, cuyas fuerzas, coordinadas con los países europeos, sería inmensa. Lo mismo ocurre en la ONU, en la OCDE, en la Organización Mundial del Comercio, en el turismo internacional, en la salud… Ante las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial, bancos multilaterales de desarrollo) América Latina y Europa pueden conseguir mucho más de lo que consiguen por separado. 

Hay un debate ideológico sobre el mundo que viene. Hay un dilema democrático sobre la calidad de nuestras instituciones, del Estado de Derecho, de nuestra libertad, de nuestra dignidad humana. Sobre el orden mundial y la lucha contra los grandes desafíos planetarios: cambio climático, justicia fiscal, combate al narcotráfico, regulación digital… Son grandes retos que nos afectan y sobre los que europeos y latinoamericanos podemos y debemos coincidir. 

Para eso es también la alianza estratégica UE-CELAC, para abordar nuestra capacidad de influir en el resto del mundo, juntos, con un poder, con más representación y para conseguir que el mundo camine en la dirección de nuestros intereses, pero también en la dirección de nuestras aspiraciones humanas. 

Todo este razonamiento está en el nuevo impulso que Europa y España quieren dar a la relación con América Latina. España se ha planteado que su presidencia del Consejo europeo durante el 2º semestre de 2023 sea el comienzo de ese nuevo y fuerte impulso. Para ello, junto al Alto Representante para la Política Exterior de Europa, Josep Borrell, está trabajando en la organización de una gran cumbre UE-CELAC a celebrar en julio de 2023 en Bruselas. La reunión preparatoria de esa cumbre ya ha tenido lugar en Buenos Aires el pasado 27 de octubre y los ministros de Asuntos Exteriores de Europa y los cancilleres latinoamericanos han acordado las bases de ese futuro encuentro de los jefes de Estado y de Gobierno de Europa y América Latina. Ojalá tengamos éxito en esa reanudación y en ese impulso. Lo necesitamos.

Boletin Enero 2023, Fundación Yuste.

27 de enero de 2023

Él siempre estuvo allí.

A Rodolfo te lo encontrabas siempre. Antes que nadie. Llegaba, organizaba, disponía, mandaba. Hubo un tiempo en que fue aparato. Eso que algunos desprecian porque gestiona la maquinaria interna de los partidos y que los dirigentes apreciábamos tanto, porque todos nuestros actos públicos dependían de ella.

Al principio, en los años ochenta, en los años de plomo y tragedia, Rodolfo era un chaval del partido de Bizkaia que siempre estaba allí. En un funeral, en una concentración contra ETA, en un mitin. Él ya había organizado la cabecera, el escenario, el desarrollo del acto, todo. Incluso antes, había hecho la convocatoria, movilizado militantes, convocado prensa o diseñado el lugar y hasta el fondo corporativo del escenario. Pronto se hizo imprescindible. Su actividad y sus prestaciones le hicieron pieza principal de la actividad externa del partido y de ahí a dirigente principal de la organización solo había un paso que él dio con decisión y valentía.

Rodolfo fue colaborador y compañero esencial de todos los líderes del socialismo vasco; Benegas, yo mismo, Nicolás Redondo, Patxi López, Idoia Mendia y ahora mismo de Eneko Andueza. Toda la historia del socialismo vasco desde la conquista de la democracia, le tuvo a él como protagonista. Pero sin duda su liderazgo -porque líder también lo fue- lo ejerció con Patxi como lehendakari en aquel Gobierno vasco en el que él fue consejero de Interior.

En esos años, fraguó una relación especial de amistad y complicidad máximas con Alfredo Pérez Rubalcaba, quien pilotaba junto al presidente Zapatero el fin de la violencia. Fue un periodo muy especial en su vida y puedo decir, con conocimiento de causa, que esta tarea histórica le marcó y prácticamente definió la parte final de su vida política.

Él vivió, junto al lehendakari Patxi López, el negociador Jesús Eguiguren y Alfredo, el que movía los delicados hilos de un finísimo y exitoso proceso para terminar con el terrorismo, unos años extraordinarios. Tuvieron que hacer cosas que ya nadie recuerda pero que en su momento fueron claves. Recuerdo, por ejemplo, una reunión con la dirección de HB, hoy solo pequeñas anécdotas del pasado, pero en su momento acontecimientos críticos e injustamente criticados. Muchos han olvidado aquellos años y las nuevas generaciones ni siquiera saben qué era ETA, pero la historia la escriben personas como Rodolfo, que jugó un papel fundamental en la conquista de la paz.

Rodolfo fue todo en el socialismo vasco: aparato y dirigente, colaborador y líder. De una lealtad absoluta a la causa. De una constancia en su militancia y en su actividad sin límites. De un compañerismo fraterno.

Hemos vivido juntos cuarenta años de socialismo vasco con todo lo que eso significa: El dolor y las lágrimas comunes por tantos amigos y compañeros asesinados. La soledad de nuestra lucha. El temor de nuestras propias vidas. Las convocatorias de nuestras protestas y condenas, algunas veces en soledad. Desde la defensa de la constitución allá por el 78, hasta la celebración de nuestra victoria sobre ETA.

Fue la épica de una vida que Rodolfo entregó por la paz y la democracia. Él siempre estuvo allí.

Publicado en El Diario.es 27/1/2023

24 de enero de 2023

Chile y su nueva Constitución. KAVA -GRUPO DE REFLEXIÓN

 

 



El martes 24 de enero tuvo lugar la primera sesión del año 2023 de KAVA - Grupo de reflexión, dedicada a Chile y su nueva Constitución. 

Participaron: Ricardo Lagos, expresidente de Chile, y Felipe González, expresidente de España. 
La sesión fue moderada por Ramón Jáuregui, presidente de la Fundación Euroamérica.

vía: Fundación Felipe González.

19 de enero de 2023

Europa y América Latina: no basta con una cumbre.

Todo parece indicar que, por fin, una nueva cumbre de jefes de Estado y de Gobierno de América Latina y de la UE tendrá lugar este año, a comienzos del semestre de Presidencia española del Consejo Europeo. Se celebrará en Bruselas, probablemente en julio y con ella se pondrá fin al largo período de suspensiones de la cumbre, ante la grave fractura que se produjo entre los países latinoamericanos con la creación del grupo de Lima frente a Maduro y Venezuela. 

Estos 8 años transcurridos desde la última cumbre (Bruselas 2015) coinciden con una pérdida de peso e influencia por parte de Europa en la región y con un deterioro económico notable en la mayoría de los países latinoamericanos. Nuestras ausencias han sido sustituidas por la creciente presencia económica china, en comercio e inversiones y nuestra debilidad política está siendo aprovechada por otras potencias que operan en la región con intereses geopolíticos muy notorios. 

La presencia de Borrell al frente de la política exterior europea y la próxima presidencia española del Consejo, parecen haber confluido en esa toma de conciencia sobre las graves consecuencias de este deterioro en nuestras relaciones con América Latina y sobre las pérdidas de oportunidad para ambos actores, en un mundo demasiado bipolar para nuestros mutuos intereses. 

Es cierto que no es fácil, en un contexto en el que el Este y África atraen todas las miradas y preocupaciones europeas. La guerra en Ucrania, el refuerzo de nuestra defensa, los Balcanes Occidentales y la importancia geoeconómica de África, unida a la conflictividad de Oriente Medio, concentran las prioridades de nuestra política exterior. Es natural, como lo es el enorme peso económico y político de Asia en el horizonte de la bipolaridad EE UU- China .Por eso resulta tan difícil tocar “la campana latinoamericana” en las cancillerías europeas y por eso resulta meritorio el esfuerzo del Servicio Europeo de Acción Exterior en esa dirección.Resulta justo, por ello, citar a Javier Niño y al propio Josep Borrell por sus esfuerzos en esta dirección. 

Sabemos bien lo que está en juego. Todos conocemos las razones que nos empujan para este nuevo impulso a nuestra alianza estratégica con América Latina: 

- Vivimos dos grandes disrupciones que atraviesan este siglo y respecto a las cuales América Latina es un territorio clave. En la lucha contra el cambio climático necesitamos de sus recursos naturales y de su rica biodiversidad y en la transformación digital necesitamos de su concurso en el modelo regulatorio hacia una digitalización ética y sostenible. 

- Compartimos valores, aspiraciones, modelo social, historia común, lenguas y cultura. Nuestras poblaciones están cruzadas, los flujos migratorios son crecientes, nuestros respectivos universitarios se multiplican, literatura, cine, arte, nos aproxima cada vez más. Todo eso reclama políticas concretas para atender demandas sectoriales muy próximas y comunes. 

- Nuestros intereses económicos en América Latina son enormes porque miles de empresas europeas (más de 7.000 empresas españolas en México como buen ejemplo), están presentes allí. Europa es el tercer socio comercial de América Latina y junto a China el primer inversor. Nuestra convergencia en el modelo social y en la concepción empresarial nos hacen socio ideal para el desarrollo económico y tecnológico de América Latina. 

- En el escenario político internacional, es difícil que Europa encuentre socios más compatibles y con intereses más comunes que América Latina. Es una alianza estratégica clave para influir en las grandes organizaciones internacionales y en las mesas de la gobernanza global. 

Son, como resulta fácil deducir, argumentos conocidos que, no por ello debemos olvidar. Pero en el eje de todos ellos destaca la necesidad de consolidar y mejorar la gobernanza democrática de muchos de los países latinoamericanos y nuestra solidaridad para combatir las graves deficiencias de sus políticas de bienestar, en especial el combate a la pobreza y a la desigualdad. Las políticas de ingreso fiscal y de redistribución social de la Unión Europea son ideales para esos combates. Europa es además el modelo universal de construcción supranacional y nuestra experiencia para construir unidad desde la diversidad es particularmente adecuada para la, hasta ahora fracasada, integración regional de América Latina.

 Dicho todo lo cual, hay que pasar de las musas al teatro. Hay que concretar acuerdos y compromisos que conviertan a esa cumbre en un verdadero impulso a una alianza estratégica actualmente devaluada, no solo por el éxito de su convocatoria o por la alta asistencia de Jefes de Estado y de Gobierno. El verdadero éxito será que de ella surjan actos y ejecuciones que nos comprometan a todos en una dinámica positiva de muchos avances en todos los campos citados. Está podría ser una agenda positiva para ese nuevo impulso: 

1- Es vital aprobar los acuerdos comerciales y de inversión, además de asociación política y cooperación, con México (renovación y actualización del existente) y Mercosur. Europa tiene que tomar conciencia de la dimensión cuantitativa de estos mercados y de la importancia política y económica de esta asociación. Su aprobación en el semestre de la Presidencia española sería un objetivo ambicioso pero, quizás sea también la última oportunidad de tener un acuerdo con Mercosur. 

2- La cumbre debería aprobar un plan de financiación a grandes proyectos de inversión en América Latina incluyendo especialmente los de infraestructuras físicas y tecnológicas supranacionales. Ese plan se está trabajando ya desde la Comisión Europea con los diferentes Estados latinoamericanos y con las grandes compañías europeas presentes en ellas. Deberá incluir una generosa contribución del programa Gateway (previsto para movilizar 300.000 millones de euros en todo el mundo) y con la activa participación del Banco Europeo de Inversiones (BED) y con los organismos multilaterales de desarrollo de América Latina (BID y CAF). 

3- En el marco de ese gran plan de financiación de la inversión europea en América Latina debería establecerse un programa de desarrollo tecnológico para la digitalización que permita una defensa común por parte de la Unión Europea y América Latina de un modelo ético y sostenible de esa gran disrupción social. Un marco regulatorio basado en los derechos de los ciudadanos, en la titularidad de sus datos, en la superación de las brechas sociales y regionales y en la ciberseguridad. 

Una operación de tal categoría no puede hacerse sin contar con las grandes compañías tecnológicas europeas presentes, tanto en el desarrollo de las infraestructuras tecnológicas de comunicación (desde el espacio satelital a las redes terrestres) como con las compañías de servicios y contenidos. Las alianzas público-privadas son especialmente adecuadas para acometer este ambicioso plan. 

4- En el ámbito de la transición ecológica la cooperación entre América Latina y Europa es política y tecnológica. La cumbre debería comprometer a los Estados de América Latina y de la Unión Europea en una serie de objetivos a defender conjuntamente en la defensa de la lucha contra el cambio climático. La nueva ministra de Medio Ambiente de Brasil puede facilitar mucho ese acuerdo general. En ese mismo plano, puede haber grandes convergencias en los marcos regulatorios en la transición hacia la descarbonización. El pacto Verde Europeo y algunas estrategias nacionales en América Latina como la de Colombia por ejemplo, pueden servir de modelo hacia compromisos medidos y razonables en esa dirección (ser neutros en emisiones en 2050). Por último, en este mismo campo, existen grandes oportunidades en la colaboración tecnológica y empresarial para el desarrollo del hidrógeno verde con Brasil y Chile principalmente, pero también con Argentina y Colombia. 

5- Europa debería diseñar y aprobar un plan de inmigración desde América Latina. Un plan para dar asilo y acogimiento a los ciudadanos que huyen de la dictadura de Nicaragua o de la ausencia de futuro en Cuba, Honduras, Haití, Venezuela y un plan para atraer jóvenes latinoamericanos para cubrir las necesidades laborales de su economía y de una sociedad envejecida y con alarmantes cifras de baja natalidad. La búsqueda de mano de obra es ya una realidad en Europa y América Latina es una región ideal para su procedencia. 

Si Europa no lo hace, algo previsible ante la gran ruptura Este-Oeste en este tema, España, junto a Portugal, Italia y Francia, podrían desplegar esfuerzos coordinados en esta dirección. En cualquier caso, Europa deberá asumir compromisos en materia de liberación de VISAS a los ciudadanos de América Latina, aumentar la cooperación en materia educativa: Erasmus plus, homologación de títulos universitarios, colaboración científica, etcétera y crear planes de colaboración cultural mutua. 

6- Europa tiene experiencia de políticas públicas de éxito que deberíamos trasladar a América Latina en materia de gobernanza democrática. La fiscalidad, los sistemas de seguridad social, las políticas de cohesión regional, los planes para el desarrollo de las zonas transfronterizas y sus múltiples políticas de armonización hacia mercados integrado, son algunas de ellas. Integrar estas experiencias en nuestra nuestras políticas de cooperación y coordinar los esfuerzos nacionales europeos en un plan de ayuda a la gobernanza democrática de algunos países de América Latina, podría ser una conclusión de esa cumbre. 

Son sugerencias que necesitamos concretar en esa cumbre esperanzada de julio de 2023. Nos jugamos mucho. Pero debemos encontrar la manera de conjugar tanto los esfuerzos diplomáticos para que la cumbre se celebre con éxito, como para que de ella surjan compromisos concretos y nuevas dinámicas de trabajo en una alianza estratégica fundamental para ambas regiones.

Publicado en Esglobal.org

4 de enero de 2023

Nicolás Redondo, un sindicalista de hierro.



El socialismo guipuzcoano de los primeros años setenta del siglo pasado estaba aglutinado en torno a un grupo de jóvenes abogados que giraba alrededor de Múgica y Benegas. El del socialismo vizcaíno era Ramón Rubial y la margen izquierda de la ría y dentro de su mundo fabril, Altos Hornos y sobre todo La Naval. Allí destacaban dos figuras prominentes: Lalo y Nico, es decir, Eduardo López Albisu, padre de Patxi y Nicolás Redondo Urbieta padre del otro Nico.

Era el tiempo del tardofranquismo, una época de luchas y esperanzas, entre el final de la dictadura y el comienzo de la libertad. Eibar y la margen izquierda eran lugares casi míticos para nosotros y la figura de Nicolás Redondo era referencial en nuestro primitivo socialismo.

Yo estuve en Suresnes, un pequeño pueblecito en las afueras de París, en 1974, cuando Nico hizo su gran renuncia a liderar el PSOE del Interior en favor de 'Isidoro', el Felipe de poco después. A aquello lo llamamos 'el pacto del Betis' porque un pacto del socialismo vasco y asturiano con el andaluz (el de la famosa foto de la tortilla) derrotó las pretensiones de liderazgo de Pablo Castellanos. Nico fue generoso e inteligente. Generoso porque pudo ser y no fue, e inteligente porque su renuncia abrió el paso a un líder que hizo ganador al PSOE.

Era recio y seco. No era fácil bromear con él, salvo cuando utilizaba su ironía para sus críticas y sonreía como sin hacerlo. Daba seguridad por la firmeza de sus convicciones y por la seriedad con la que las expresaba. Era duro con su entorno. Mucho con sus adversarios y algo menos con sus colaboradores, pero en todo caso duro. Hombre de palabra directa, forjado en un sindicalismo del hierro y en el socialismo clandestino de los años 60, de un país pobre y gris por las penurias y triste por la represión y la falta de libertad. Contra todo ello luchó Nico y eso le hizo así.

Dicen que se distanció de Felipe cuando sus caminos se encontraron liderando ambos la UGT y el PSOE respectivamente. No sé cuándo comenzó su alejamiento, pero fue notorio a partir del 83. En lo personal, intuyo que sus respectivas personalidades nunca congeniaron. En lo político, entiendo que Nico quiso romper con las excesivas connotaciones negativas de un partido en el Gobierno, obligado hacer y decidir cosas muy difíciles de admitir para un sindicato.

No hay que olvidar que la marca UGT- PSOE estaba demasiado unida en la clandestinidad y que el mismo Nico fue diputado al Congreso en aquellas memorables elecciones de 1982. Su ruptura se escenificó en 1985 cuando Nico abandonó el pleno del Congreso para no votar la reforma de la Seguridad Social que había preparado su antiguo colaborador y ministro del Trabajo entonces, Joaquín Almunia.

Visto con perspectiva, Nico acertó al ubicar al sindicato socialista al margen del Gobierno y al establecer con él una dialéctica de reivindicación y de presión. La huelga general de 1988 fue la gran ruptura con el PSOE y el inicio de un camino autónomo estrictamente sindical para la UGT.

En estas decisiones influyeron mucho los dirigentes de USO, que se habían fusionado con UGT pocos años antes y especialmente el sindicalista más preclaro de la UGT de aquellos años, también vasco, Jose Maria Zufiaur.

Nico mantuvo, no obstante, hasta el final de sus días, una profunda atracción política y una lucidez de análisis encomiables a su edad. Se mantuvo hasta el final como lo que fue siempre en su vida: un hombre de hierro.

Imagen: Fundación Felipe González