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18 de mayo de 2020

Paradojas europeas: una fiscalidad insolidaria

Resulta insultante escuchar a los dirigentes del Gobierno holandés su negativa a mutualizar la solidaridad europea ante la crisis de la pandemia, mientras mantienen un sistema fiscal que priva a sus vecinos de sus ingresos fiscales legítimos. Resulta lamentable ver a Holanda liderando la llamada Liga Hanseática, que se opone a aumentar el Presupuesto europeo mientras acumula en sus bancos la riqueza de muchas multinacionales americanas, obtenida en otros países europeos.

Ya hace más de cinco años que la Unión Europea es consciente de estos graves ataques de deslealtad entre estados miembros y de inaceptables distorsiones al Mercado Único. Deslealtad que se puso de manifiesto con el escándalo LuxLeaks, cuando algunos valientes ciudadanos (whistleblowers) denunciaron la fiscalidad casi nula que ofrecía Luxemburgo para los beneficios que más de 200 multinacionales canalizaban a través de su territorio. Anteriormente, la Comisión Europea había iniciado varias investigaciones formales por presuntas ayudas de Estado ilegales que varios países miembros concedían a algunas grandes empresas (Apple en Irlanda, Fiat Finance and Trade en Luxemburgo y Starbucks y Amazon en Países Bajos).

Ahora Task Justice Network, en un largo y detenido informe, nos indica que Holanda es responsable de que los demás miembros de la Unión Europea pierdan más de 10.000 millones de dólares por impuesto de sociedades cada año, dado que ese país desempeña un papel clave en la deslocalización de los beneficios obtenidos en Europa por las multinacionales americanas.

No es casualidad que en uno de los informes que elaboró la comisión parlamentaria especial sobre fiscalidad del Parlamento Europeo (Taxe), se considerase a Holanda, Irlanda y Luxemburgo como espacios fiscales opacos, muy cerca de ser declarados paraísos fiscales; tampoco que, en los informes por país del Semestre Europeo, la Comisión señalase a estos países por contar con sistemas fiscales que socavan las bases imponibles de sus socios comunitarios.

Lo cierto es que las grandes corporaciones siguen viendo aumentadas las posibilidades de elusión gracias a la fragmentación de los sistemas tributarios europeos y a la competencia fiscal desleal entre países comunitarios. Disponen de un amplio espectro de regímenes jurídicos para distribuir a su conveniencia, entre las distintas entidades que conforman el grupo transnacional, los beneficios que generan en suelo europeo. Resulta inaceptable que, en una Unión donde rige la libre circulación de capitales y existe una política monetaria única, la convergencia en materia tributaria siga brillando por su ausencia.

Es oportuno recordar estas evidencias sobre nuestra imperfecta fiscalidad cuando se discute, con tanto desconocimiento e intencionado olvido, sobre las medidas europeas para la recuperación económica de la crisis de la Covid-19, en términos de más o menos solidaridad interna. El ‘dumping’ fiscal en el corazón del mercado único es una vergüenza y una insostenible insolidaridad. No hay otra manera de calificarlo.

Coincide además que los países que están sufriendo mayores pérdidas a causa de ello, como España e Italia, son también los más afectados por la Covid-19. Asimismo, ha aflorado como una prioridad, en el marco de los debates en torno a esta crisis, la cuestión de instaurar impuestos europeos para hacer frente a las crecientes deudas y déficits públicos. El Consejo Europeo de abril apuntó hacia ciertos gravámenes sobre las emisiones de CO2 y sobre la economía digital como nuevas fuentes de ingreso para ampliar de los recursos propios de la UE y nutrir, con ello, el Fondo de Reconstrucción que se está diseñando. Cobra así fuerza el relanzamiento de la propuesta de una tasa Google a nivel global, europeo o nacional, que compense la infra-tributación y menor vulnerabilidad de la economía digital ante la crisis. Estamos lejos de que nuevas figuras fiscales se introduzcan en la cesta de ingresos propios de la Unión; pero quizás no tan lejos de que se incorporen como nuevos impuestos nacionales. No es perfecto, pero es un avance.

Por otro lado, muchas voces se alzan para que las ingentes ayudas públicas que van a conceder los estados de cara a la supervivencia de las empresas dañadas por la Covid-19 se condicionen a que éstas no utilicen paraísos fiscales.

En este sentido, lo primero que hay que tener claro es una definición completa de paraíso fiscal que sirva como referencia. La lista europea de paraísos fiscales es un buen punto de partida porque, a diferencia de la mayoría de las otras listas nacionales e internacionales, incluye tanto los territorios que favorecen el secreto bancario como aquéllos que promueven la elusión fiscal ofreciendo a las empresas regímenes fiscales especiales en perjuicio de países vecinos. Ahora bien, para ganar más credibilidad, la lista europea debería abrirse a incluir a los estados miembros de la UE, por las razones expuestas anteriormente.

Sin duda, negar las ayudas públicas por la Covid-19 a las empresas con presencia injustificada en paraísos fiscales puede tener un efecto disuasorio importante. También puede ser una oportunidad para exigir una mayor transparencia por parte de las corporaciones beneficiarias del dinero de los contribuyentes. En particular, se debería exigir a las multinacionales que incluyan en sus informes anuales datos financieros, desglosados país por país, con información acerca de las actividades del grupo, sus beneficios y los impuestos que pagan. Sólo así se podrá conocer en qué lugares se encuentra la transnacional, a qué se dedica en ellos y, sobre todo, qué tipo efectivo está pagando en cada territorio. El Estado y la sociedad tienen derecho a conocer el comportamiento fiscal de las empresas, sobre todo ahora que se están aprobando programas de ayudas tan excepcionales y costosos.

En esta misma línea, hay que impedir que la aplicación de beneficios fiscales por parte de las grandes empresas les haga pagar tipos efectivos por debajo del 15%. El debate sobre la tributación mínima de aquéllas está abierto en la UE, en la OCDE y en varios países. Es especialmente pertinente en el contexto de la economía digital, dadas las dificultades de los sistemas fiscales actuales para gravar las nuevas formas de generar valor de las empresas de este sector. Con unas normas que todavía se basan en la presencia física como criterio para vincular los ingresos transnacionales a un territorio, los nuevos modelos de negocio desmaterializados permiten extraer a los gigantes digitales enormes beneficios de sus principales mercados sin apenas gravamen, y colocarlos en paraísos fiscales. La inmediata implantación de un impuesto sobre ciertos servicios digitales, y la introducción de la noción de presencia digital significativa como nuevo nexo tributario para capturar los ingresos provenientes de la economía digital, son ahora medidas más necesarias que nunca.

También lo es armonizar el impuesto de sociedades a escala europea. La Comisión ya ha propuesto varias veces establecer una base imponible común y consolidada para este impuesto (propuesta BICCIS). Esta iniciativa desactivaría gran parte de las operaciones de elusión fiscal corporativa. Se dejarían de calcular los beneficios imponibles de una transnacional conforme a los códigos fiscales, muchas veces divergentes, de los estados miembros. En su lugar, se establecería una base imponible común, conforme a un conjunto de normas homogéneas definidas a nivel comunitario. Igualmente, se consolidarían los beneficios y pérdidas que las multinacionales tengan en territorio comunitario. El saldo resultante se repartiría entre los estados miembros donde operen en función de las ventas, los ingresos y el empleo. Este sistema refleja mucho más fielmente que el actual la contribución de cada entidad del grupo a la generación de valor de la transnacional.

Pero toda tentativa de avance de estas propuestas pasa por transitar del principio de unanimidad, que sigue guiando la toma de decisiones de la UE en materia fiscal, hacia el de la mayoría cualificada. Sólo así se podrá acabar con los desequilibrios que aún arrastra la construcción europea en este campo.

En definitiva, la discusión del plan de recuperación económica de la UE debiera ser aprovechado por el Parlamento Europeo para actualizar la larga lista de recomendaciones de la Comisión Taxe y procurar incluir algunas de ellas en el condicionado de las ayudas públicas a las empresas. En la misma línea, los estados miembros deberían exponer los agravios generados en las haciendas nacionales por prácticas fiscales, desleales y abusivas, de algunos estados y procurar su eliminación gradual. Por último, la UE debe plantear, en las negociaciones que se están llevando a cabo actualmente en la OCDE, la necesidad de encontrar nuevos nexos para lograr una fiscalidad efectiva de la economía digital y el logro de un gravamen mínimo mundial sobre todas las empresas.
Firmado por Ramón Jáuregui y José Luis Escario.Agenda Pública. El País. 18/05/2020

20 de diciembre de 2017

Qué hacer contra la evasión fiscal.

¿Qué hacer, que diría Lenin, frente al gigantesco montaje que la internacionalización financiera está construyendo para evadir o eludir los impuestos? No es una pregunta retórica. Es la urgente demanda que nos plantea una alarma social, cargada de indignación, ante la sucesión de informaciones que no hacen sino confirmar la sospecha que la mayoría ciudadana ya intuía respecto a la vieja ambición humana de no pagar al Estado lo que éste reclame para organizar una vida en sociedad regida por la justicia y la dignidad humanas.

LuxLeaks, Panama papers, Paradise papers, son las informaciones que un consorcio de periodistas independientes han ido revelando después de años de investigación y buceo en despachos de abogados, gestores de fondos, bancos y países de todo el mundo. Sobre esa ingente cantidad de información el Parlamento Europeo ha realizado un trabajo extraordinario, para obtener una serie de conclusiones y recomendaciones que se ofrecen a la política internacional a modo de hoja de ruta que deberíamos seguir para combatir esas prácticas, a los agentes que las realizan y a los países que las amparan o facilitan.

Se tratará, como diría Mao, de una 'larga marcha' porque la mayoría de las medidas de ese combate tienen dimensión internacional y existen muy poderosas fuerzas en contra y muy variadas razones en muchos países para frenarlas o impedirlas.

De hecho, una de las primeras medidas que se proponen en el informe que el Parlamento aprobó el pasado 13 de diciembre en el Pleno de Estrasburgo, es solicitar a Naciones Unidas la convocatoria de una cumbre con este tema principal. Junto a esto, casi 200 medidas más configuran las recomendaciones que deberíamos implementar para combatir la evasión (delictiva casi siempre) y la elusión (legal a veces, aunque inmoral la mayoría). Un apretado resumen de todas ellas podría esquematizarse en los siguientes puntos:

1º. La elaboración de una lista internacional de paraísos fiscales, lo que requiere una definición universal del concepto. La UE ha hecho la suya. No es perfecta, pero es una lista de 17 paraísos y 47 en riesgo de serlo.

2º. El establecimiento de un conjunto de sanciones a esos países y a quienes operan en ellos, incluidos bancos, empresas, fondos de inversión, gestores, bufetes, intermediarios en general.

3º. La obligación para las empresas transnacionales de incluir en su informe anual o balance financiero, sus pagos fiscales “país por país”.

4º. El establecimiento de una nueva fórmula del Impuesto de Sociedades para los gigantes digitales a quienes se debe aplicar un pequeño porcentaje sobre su facturación en cada país (para evitar que concentren sus resultados finales en países sin fiscalidad o de tipo cero).

5º. La unificación de las bases del Impuesto de Sociedades para evitar la distorsión del tipo y la elusión a los países en base a la optimización desgravatoria: Common Consolidated Corporate Tax Base (CCCTB).

6º. Una nueva regulación sancionadora para todos los intermediarios (desde despachos de abogados a consultoras) si resultan responsables en el asesoramiento o ejecución de evasión fiscal o blanqueo de dinero.

7º. Una mayor transparencia a notarios, registradores, bancos, etc, sobre los propietarios y beneficiarios de operaciones financieras, incluyendo la conexión de los registros mercantiles y la creación de nuevos registros públicos internacionales.

8º. La protección de los denunciantes ('whistle blowers') y del periodismo de investigación.

9º. La mejora de los sistemas de persecución del IVA transfronterizo a través de la cooperación de las Administraciones Tributarias.

10º. Poner fin a la regla de la unanimidad en el Consejo para que un solo país no pueda vetar las medidas que la UE debe adoptar en materia fiscal.

Hay muchas más cosas por hacer. Se me ocurre por ejemplo seguir reivindicando la tasa a las transacciones financieras, que, además de recaudar fondos públicos, ofrecerá una transparencia y una información fiscal preciosas. Lo que importa es empezar y seguir presionando en esta 'larga marcha', bajo el paraguas argumental de que cada euro que se evade, es un euro robado al trabajador, a los desempleados, a los mayores, a los enfermos, a la educación… al Estado del Bienestar en definitiva.

Ramón Jáuregui, eurodiputado del PSOE, miembro de la Comisión de Investigación Fiscal.
Publicado en El Confidencial, 20/12/2017

13 de noviembre de 2017

"Desde el paraíso, con evasión"


Tras el escándalo de los Papeles de Panamá, las nuevas revelaciones conocidas como Papeles del Paraíso vuelven a poner de relieve la ocultación masiva del patrimonio a los ojos del fisco por parte de los más ricos, incluyendo rostros conocidos de la política, el deporte y las artes. Es la prueba palpable de que aun no hemos extraído las lecciones necesarias de anteriores escándalos.

El caso LuxLeaks, relativo a los acuerdos tributarios opacos y desleales suscritos entre multinacionales y algunos Estados miembros, con la finalidad de trasladar artificialmente los beneficios, y los ya citados Papeles de Panamá, pusieron nombres y cifras a la evasión fiscal masiva que de forma mecánica y cotidiana llevan a cabo bufetes especializados en el mundo entero. Que las grandes fortunas eluden impuestos no es desgraciadamente ninguna sorpresa. Ni tampoco que entre ellas hubiera políticos elegidos para trabajar por el bien común, casas reales sustentadas con los impuestos de todos y compañías de las que somos clientes. Pero la filtración masiva de datos confidenciales de compañías off shore y su publicación en medios de comunicación de todo el mundo impulsó la puesta en marcha de distintas comisiones especiales y de investigación en el Parlamento Europeo, que permitieron analizar y diseñar nuevas vías para poner coto a una práctica profundamente inmoral e injusta.

Porque esa es nuestra primera conclusión: sí se puede hacer algo. Mucho. La evasión y la elusión fiscales a gran escala no son males irremediables ante los que podamos encogernos de hombros. Estas prácticas utilizan en gran medida medios perfectamente legales o sacan partido a lagunas y normas que no se han adaptado a los tiempos. Hacerlo está en nuestra mano, y sin embargo, en estos últimos años apenas hemos avanzado. No hemos conseguido asegurar que los llamados trusts sean transparentes. Ni tampoco impedir que los paraísos fiscales sigan actuando con unos modelos de registro de compañías tan opacos como los actuales. Y lo que resulta exasperante, hemos asistido al bloqueo de algunos países, que impiden la elaboración de la lista negra de paraísos fiscales común por parte de la Unión Europea que debe servir de base para actuar contra la elusión. Necesitamos que se apruebe de forma urgente, de modo que sirva de base para aprobar las sanciones administrativas, políticas y comerciales que correspondan.

La más reciente de estas comisiones, la que ha investigado los Papeles de Panamá y de la que soy miembro, está a punto de concluir sus trabajos con dos documentos, un informe de conclusiones y otro de recomendaciones. Los socialistas españoles hemos planteado una serie de iniciativas que refuerzan los mecanismos contra el blanqueo de capitales y la evasión fiscal.

Una medida claramente efectiva, más allá de la transparencia y el intercambio automático de información, sería que los Estados miembros prohíban abrir cuentas financieras y sociedades ficticias en paraísos fiscales a los ciudadanos europeos que no sean residentes en esos países, y que impongan multas en caso de incumplimiento. La pregunta es sencilla: ¿por qué motivo un ciudadano español o francés o italiano tiene una cuenta en un país catalogado como paraíso fiscal, en el que no reside ni tiene una actividad económica real, si no es para eludir el pago de impuestos?

También reclamamos prohibir que las compañías que operan en el mercado interior europeo realicen transacciones con entidades off-shore en las cuales no se pueda identificar al beneficiario efectivo de la sociedad, además de avanzar hacia la completa extinción de estas sociedades pantalla sin actividad productiva efectiva.

Consideramos también que la UE debe retirar la licencia para operar a los bancos que ayuden a sus clientes a defraudar o eludir el pago de impuestos. Y pensamos además que las empresas que utilizan esas jurisdicciones deben tener prohibida su participación en la contratación pública. La Unión Europea ofrece a las compañías y entidades bancarias el acceso a una zona económica de las más ricas del mundo, estable y jurídicamente segura, y por eso, más todavía, está en condiciones de exigir estándares de comportamiento que como mínimo no perjudiquen a sus arcas públicas y por tanto a sus ciudadanos. También por eso, cabe exigir que las compañías introduzcan en sus políticas de Responsabilidad Social Corporativa el compromiso con el pleno cumplimiento de sus deberes fiscales sin ningún tipo de elusión. Es un deber básico y elemental con la sociedad en la que operan.

En el nivel institucional europeo hay más acciones que se deben emprender. La Comisión Europea debe tener un papel más activo y permanente en la lucha contra la evasión y la elusión fiscales, y para ello debe crear un centro de coordinación que evalúe y haga un seguimiento de la políticas fiscales de los Estados miembros y se convierta en el futuro en una auténtica Agencia Tributaria Europea. Como primera tarea, tendría que hacer un seguimiento detallado de la reforma fiscal propuesta por Trump, por la posibilidad de que se lleve a cabo una amnistía que permita la repatriación de beneficios de las grandes empresas tecnológicas a un tipo impositivo muy bajo.

Por último, una cuestión básica: es imprescindible una legislación europea para proteger a los informantes que prestan un servicio público al revelar las irregularidades de empresas y gobiernos y que arriesgan su carrera profesional y sustento, y a menudo, su libertad, ya que algunos Estados miembros criminalizan esta conducta.

Pero con estas recomendaciones no termina nuestro trabajo. Los socialistas consideramos que es necesaria una comisión o grupo de trabajo permanente en el Parlamento Europeo que evalúe de forma continua las medidas que se ponen en marcha y las que se pondrán en el futuro. Queda mucho por hacer. Incluso creo que debiéramos solicitar la realización de una cumbre anti-paraísos y por la justicia fiscal en Naciones Unidas. Muchas de las medidas antifraude requieren acuerdos internacionales. No olvidemos que la evasión fiscal supone a la Unión Europea pérdidas de un billón de euros cada año, una cantidad que muy injustamente pagan los ciudadanos de a pie. No debe haber ni paz ni paraíso para el defraudador.
 
Nueva Tribuna para EuroEFE, 13/11/2017
    

3 de noviembre de 2015

Por una fiscalidad europea.

El 5 de noviembre de 2014, un grupo de periodistas reveló que entre 2002 y 2010 más de 330 multinacionales acordaron pactos secretos con Luxemburgo, los llamados tax rulings, con el objetivo de reducir su carga tributaria global. Así nació el escándalo conocido como LuxLeaks.

La dimensión del engaño ha originado una ola de indignación en el mundo. Algunas de las empresas que facturan miles de millones de euros han disfrutado de tipos impositivos efectivos inferiores al 1% sobre unos beneficios artificialmente trasladados a Luxemburgo. Entretanto, las pymes no se benefician de estos acuerdos, al tiempo que se enfrentan a una competencia desleal.

Así, Estados miembros de la Unión Europea compiten entre sí ofreciendo una variedad de medidas fiscales creativas, incluyendo los acuerdos tributarios, con la finalidad de atraer artificialmente la domiciliación de empresas a su territorio. Esta práctica priva al resto de socios europeos de una parte importante de sus ingresos fiscales, una pérdida de recaudación que podría haber sido invertida en mejorar los servicios públicos, la sanidad o la educación.

Sin embargo, ha transcurrido un año sin que haya cambiado mucho esta realidad, a pesar de los anuncios realizados. La Unión Europea está fallando a sus ciudadanos y a las pequeñas y medianas empresas.

De hecho, el 6 de octubre de 2015, los ministros de finanzas de la UE perdieron la oportunidad de demostrar que han aprendido las lecciones del escándalo de LuxLeaks. EL acuerdo alcanzado en el Consejo sobre la extensión del sistema de intercambio automático de información a los pactos tributarios diluye seriamente la propuesta de mínimos de la Comisión, y no pone suficiente luz sobre estos apaños secretos.

Ya es hora de que los Estados miembros pongan punto final a las maniobras de las multinacionales.

Esa situación daña gravemente los sistemas tributarios nacionales y el proyecto europeo: necesitamos urgentemente una acción fuerte y efectiva. Un verdadero mercado interior solo puede funcionar correctamente en un marco transparente, cooperativo y coordinado en lo que respecta al impuesto de sociedades. Seguir como si nada hubiera pasado no es una opción.

La Unión Europea debe asegurar que las multinacionales pagan sus impuestos donde generan los beneficios. Nosotros reclamamos reformas ambiciosas para acabar con el fraude y la elusión fiscales, cerrar los resquicios legales, sancionar de manera efectiva los paraísos fiscales, luchar contra la corrupción y el lavado de dinero, y mejorar la transparencia y la cooperación transfronteriza.

En este contexto, llamamos a los Gobiernos de la Unión Europea a apoyar la obligación de los Informes País por País que se encuentra actualmente en discusión en el marco de la directiva de derechos de los accionistas.

Esta medida obligaría a las empresas que cotizan en bolsa a hacer públicas sus actividades, así como los impuestos que pagan en cada país en que operan. Esto permitiría a las autoridades fiscales, inversores, trabajadores y ciudadanos en general, reaccionar en aquellos casos de comportamiento empresarial ilícito o inapropiado. Los bancos europeos deben cumplir ya estos requisitos, lo que no ha mermado su competitividad, como ha probado la investigación oficial de la Comisión Europea.

Un año después del escándalo de LuxLeaks, los ciudadanos europeos y las empresas responsables no pueden seguir esperando. Necesitamos una acción coordinada a escala europea. Los Informes País por País representan un arma muy importante para luchar contra el fraude y la evasión fiscales, además de un paso significativo en el establecimiento de un marco europeo de mayor transparencia fiscal.

Ya es hora de que los Estados miembros aprendan la lección de LuxLeaks, poniendo punto final a las maniobras de las multinacionales para evitar pagar impuestos, y trabajando por un sistema justo de tributación societaria. Esta es una precondición para el crecimiento económico en la Unión Europea, en beneficio de ciudadanos y empresas. Es mucho lo que nos jugamos.



Ramón Jáuregui es diputado socialista al Parlamento Europeo. Firman también este artículo Thomas Piketty, de la Paris School of Economics; Romano Prodi, expresidente de la Comisión Europea; Josep Borrell, expresidente del Parlamento Europeo; Sergio Cofferati, eurodiputado; Elio di Rupo, ex primer ministro de Bélgica; Gianni Pittella, portavoz del grupo de los socialistas y demócratas en el Parlamento Europeo; Jean-Paul Fitoussi, del comité científico de Progressive Economy; Eider Gardiazabal, diputada socialista al Parlamento Europeo.




Publicado en El Pais, 3/11/2015