29 de diciembre de 2020

Luces en América Latina

Los nuevos movimientos que crecen en todo el continente auguran un cambio político para 2021

La descripción de los problemas latinoamericanos se ha convertido en un tópico inevitable cuando se analiza la región. Todos comenzamos nuestras propuestas de futuro señalando previamente media docena de claves estructurales que lastran a la mayoría de los países de América Latina. La pandemia los ha agudizado casi todos, añadiendo nuevas dificultades económico-financieras para que los Estados reciban ayudas de las instituciones financieras internacionales y hagan frente a esta catástrofe, más grave en América Latina que en ningún otro continente. 

Hay, sin embargo, algunas luces que están surgiendo en varios países y que están generando movimientos políticos esperanzadores. Chile, Perú, Nicaragua, Bolivia, Ecuador, Colombia, Cuba… están protagonizando diferentes conflictos con un denominador común: juventud urbana, organizaciones sociales de distinto signo, líderes de opinión, artistas, etcétera, empoderados todos ellos en las redes sociales y decididos a cambiar situaciones políticas anquilosadas en injusticias estructurales o simplemente convocados a rechazar componendas partidarias o corrupciones insoportables. 

Son muy leves todavía. No puede decirse que constituyan un movimiento imparable, pero denotan rasgos comunes. Se trata de universitarios concienciados por la situación política del país, hijos de nuevas clases medias surgidas en las últimas décadas, conectados con el mundo a través de Internet, y portadores de impulsos éticos contra situaciones políticas o socioeconómicas injustas. Dispuestos a cambiar las bases estructurales de sus países. Pueden protestar contra las limitaciones políticas del pospinochetismo o contra el sistema partidario del Perú o contra la violencia en Colombia o contra la falta de libertades en Cuba y en Nicaragua. No los organizan los partidos políticos. Su activismo es al margen de ellos o incluso en su contra. No tienen un fuerte soporte ideológico, salvo en Chile quizás. Es más, su protesta es antagónica según sea el perfil político de sus Gobiernos: neoliberal en Colombia o comunista en Managua o La Habana. Pero sus ansias de libertad, democracia, Estado de derecho y justicia social son evidentes. 

En Chile han sido capaces de acabar con un sistema democrático tutelado y limitado, forzando al Gobierno a un complejo mecanismo de refundación constitucional. La chispa la encendió una circunstancia colateral, el precio del billete de metro de Santiago, pero, finalmente, han ganado por mayoría abrumadora el referéndum para la elaboración de una nueva Ley Fundamental. En Perú, obligaron a dimitir a un presidente interino fruto de intereses espurios de los partidos que dominan la Cámara, y está por ver si de las elecciones de abril de 2021 no surge con fuerza la renovación del marco constitucional que ideó Fujimori. En Ecuador, quizás una protesta más sectorial, los transportistas autónomos obligaron al Gobierno a retirar la subida del precio del combustible. En Bogotá las protestas afectan al proceso de paz y a los reiterados asesinatos de líderes sociales o defensores de los derechos humanos. 

Las protestas en las tres grandes ciudades del país, Bogotá, Medellín y Cali, han agrupado a gran parte de la sociedad colombiana. En Nicaragua los jóvenes quieren simplemente democracia. ¿Y en Cuba? Cuba es otra cosa, lo sabemos, pero las protestas del Movimiento San Isidro (MSI) acabaron en una negociación con el Gobierno cuando cientos de personas se concentraron frente al Ministerio de Cultura en reivindicación de libertad de expresión, derecho al disenso y cese de la represión. También aquí es un impulso cívico surgido de un pensamiento crítico en esferas artísticas y jóvenes que se extiende en Internet y que clama contra circunstancias bien conocidas. 

Los próximos años serán duros, una vez más, para América Latina. El deterioro de sus economías aumentará la pobreza y la desigualdad. El malestar con la precariedad de su protección social y la desconfianza ciudadana hacia partidos e instituciones impulsarán protestas y movimientos sociales alternativos. Todo ello en un contexto de enormes fracturas políticas en el interior de los países y tendencias polarizantes muy peligrosas. Parece como si la política latinoamericana estuviera condenada a moverse sobre los extremos del tablero ideológico y experiencias ya fracasadas. Muchos países necesitan un viaje a la centralidad social, abandonando populismos a derecha e izquierda, consolidando sus democracias y reforzando el Estado de derecho como condición previa para el crecimiento, la cohesión y el bienestar social. 

Muchos partidos políticos en muchos países de América Latina necesitan ser renovados por estos impulsos cívicos que están surgiendo en la nueva sociedad latinoamericana. Muchos dirigentes políticos necesitan conectar y escuchar a esta sociedad dinámica y exigente, e integrar a sus líderes en los puestos de representación y en sus estructuras orgánicas. La clave de estos fenómenos será que los sistemas políticos sean capaces de asumir e integrar estos impulsos críticos. El ejemplo chileno es el más paradigmático porque ha dado lugar a una transformación del marco jurídico político, pero en muchos países de América Latina su influencia puede ser determinante en las elecciones del periodo 2021-2022 en el que cambiarán casi todos los Gobiernos de América Latina.

Publicado en El País, 29/12/2020

26 de diciembre de 2020

¡Bravo, Europa!

El plan de recuperación será un paso extraordinario en la integración. 

Al comienzo de la pandemia, Europa fue un desastre. Recordé aquello que solía decir J. B Toshack, el entrenador de la Real en su tiempo, cuando su equipo perdía el partido: «Hemos jugado como pollos sin cabeza». Europa afrontó la pandemia totalmente descoordinada, con cierres de fronteras unilaterales, disputándose entre sí las compras de material sanitario chino, sin capacidad de intercambio de experiencias ni de asistencias sanitarias mutuas. La imagen más patética la sufrimos cuando los camiones rusos de Putin llegaban a Bérgamo para ayudar a Italia. Fue humillante. 

Pero hoy, Europa es la única organización internacional que ha salido reforzada de la crisis. El bloqueo o la devaluación que han sufrido estos meses Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio, la Organización Mundial de la Salud, el G-20, el Fondo Monetario Internacional han destacado, más si cabe, la poderosa respuesta que está dando Europa a la pandemia. Hoy Europa compra y reparte vacunas a los 500 millones de europeos. Hoy Europa sale a los mercados y se endeuda para prestar o subvencionar 750.000 millones de euros a los Estados. Reparte esos fondos de manera asimétrica, es decir, en función de los daños sufridos en la pandemia. Hoy el BCE compra deuda pública de los Estados y asegura liquidez financiera a países y bancos sin límite. La Comisión ha suspendido el Pacto de Estabilidad para que los países no tengan limitaciones en sus deudas públicas ni en su déficit y gasten cuanto quieran en la recuperación económica. Se parece a la política económica que impuso el Norte al Sur en 2010 como un huevo a una castaña. Es decir, nada. Todo lo contrario. 

El plan de recuperación será un paso extraordinario en la integración europea. Refuerza enormemente el europeísmo ciudadano al ver, esta vez sí, una Europa unida, fuerte, solidaria, que ayuda a sus Estados y a sus ciudadanos y que aprovecha la crisis para lanzarse hacia el liderazgo mundial en la lucha contra el cambio climático y hacia la digitalización de su economía, manteniendo la cohesión social. 

Es la primera vez en la historia que la Unión Europea se endeuda en nombre de la Unión y mutualiza la deuda ante los mercados. Es la primera vez que crea figuras fiscales nuevas para amortizar esa deuda (digitales, plásticos y compensación del CO2 en Frontera). Es la primera vez que se lanza un plan dotado con casi un billón de euros en una política anticíclica (no procíclica como en 2010) a repartir solidariamente. Es la primera vez que se da un paso tan federalizante en una Unión supranacional como es hoy la UE. 

A destacar algunas consideraciones políticas de interés. El plan cuenta con un apoyo político muy amplio en el Parlamento Europeo: PP, Socialistas, Liberales y Verdes lo respaldan consensuadamente. No ha habido fractura política como aquí en la respuesta a la pandemia. La presidencia alemana, ayudada por el eje francoalemán (Macron) ha jugado un papel clave. Merkel ha demostrado que quiere hacer Europa y exige una Alemania europea, no una Europa alemana. España hizo una propuesta-borrador muy parecida a la aprobada (mérito de Calviño). Por último, sin el Brexit, es decir con Reino Unido dentro, este plan no se habría aprobado. 

Han surgido algunas dudas respecto al pacto final con Hungría y Polonia sobre la llamada macrocondicionalidad, es decir, con el hecho de que Europa podrá vetar y paralizar las ayudas al país que en su legislación violente las reglas del Estado de Derecho. La aceptación en los minutos finales del acuerdo de que la Corte de Luxemburgo emita informe previo sobre esa supuesta vulneración me parece apropiada. No es una cesión a esos dos países sino una garantía de que la sanción es procedente. Por otra parte, es la primera vez, también en esto, que la UE establece esa condicionalidad referida a los valores y principios democráticos que inspiran y configuran Europa. 

Se ha dicho que este gran logro constituye un momento hamiltoniano de la Unión, aludiendo a la mutualización de la deuda de los Estados confederados de América. Sin duda lo ha sido, aunque estamos muy lejos de forjar los Estados Unidos de Europa. Y aunque es cierto que ha habido otros momentos semejantes en la historia reciente de la Unión, este no es menos importante que aquellos históricos acuerdos sobre la Unión Monetaria, la unión bancaria o los fondos de cohesión. Entre otras razones porque este será la base del Pilar Fiscal y de un posible Tesoro Europeo, condiciones fundamentales ambas de una unión monetaria y de su gobernanza. 

Se dice con frecuencia que Europa se construye a golpe de crisis (Monnet) y ésta ha sido también la característica de la respuesta europea a la pandemia. Hemos dado un paso extraordinario en la integración de la Unión. Queda por ver cómo aplicamos los fondos en los próximos tres años. Está por ver si los Estados miembros aprovechamos bien esta enorme cantidad de recursos para transformar nuestras economías y dar un salto de calidad tecnológica y climática. Pero si el acuerdo europeo no se hubiera producido estaríamos afrontando una crisis peor que la de 2010.

Publicado en El Correo, 26/12/2020

11 de diciembre de 2020

Entrevista ABC 11/12/2020. España, UE y América Latina.

 El exeurodiputado y exministro socialista Ramón Jáuregui (Herrera, San Sebastián, 1948) es el actual presidente de la Fundación Euroamérica, encargada de la conexión entre América Latina y Europa, relación que según el propio Jáuregui está en «sus comienzos» y donde aún «queda mucho por hacer».


En esta entrevista con ABC, el exdiputado europeo ha hablado de los distintos temas que marcan la agenda internacional, como las elecciones venezolanas, las nuevas relaciones con la Casa Blanca, el veto de Polonia y Hungría a los presupuestos de la UE, el Brexit, las relaciones con Oriente Medio, el acuerdo Mercosur o la política que España debe marcar en Europa, donde ha explicado que uno de sus principales objeticos debe ser «poner América Latina en el radar de la geopolítica europea», pues tiene la «auctoritas» para marcar la política exterior de la UE.

Respecto a las relaciones con la Casa Blanca, el exministro ha manifestado que «Europa debe recuperar el apoyo estadounidense a la integración europea», así como encontrar «un marco de cooperación en la OTAN para construir la Europa de la Defensa y fortalecer la industria militar europea».

En referencia a la posición de la Unión Europea sobre las elecciones venezolanas, el exeurodiputado ha explicado que «la UE ratificará su apoyo político a la oposición y reactivará su intermediación para conseguir un acuerdo en torno a nuevas elecciones con garantías democráticas». Jáuregui ha defendido la actuación de Borrel, pero no ha hecho lo mismo con Zapatero, de quien dice «no compartir su opinión».

El FMI, el Banco Mundial y la Cepal pronostican caídas del PIB en torno al 8% este año en América Latina; batacazo que ha resucitado la maldición latinoamericana de la década perdida. ¿Debe España temer el riesgo de la crisis de deuda soberana en Latinoamérica?

Salvo conocidas excepciones, no hay endeudamiento excesivo en los países latinoamericanos. El problema es el contrario. Las instituciones financieras internacionales deberían emitir deuda y ayudar más a esos países. Nosotros hemos pedido al FMI que emita un billón de dólares de Derechos Especiales de Giro para ayudar a la región.

¿Cómo es el marco económico de América Latina tras la crisis originada por la Covid-19?

Es grave. El impacto de la pandemia es más severo que en otras regiones y la recuperación será más lenta. Ayudarles ahora es clave para que la destrucción de empresas no empobrezca más a la región. Sin duda es el continente más castigado por la pandemia en el mundo.

¿Qué objetivos debe marcar España en Europa para potenciar la relación con estos países? ¿Qué papel desempeña la fundación para potenciar estos objetivos?

España tiene la «auctoritas» reconocida en Europa para guiar la política exterior de la UE para América Latina. Fuimos quienes abrimos ese puente y somos los que más sabemos y podemos hacer allí. Hoy contamos además con un español al mando de esa política exterior. ¿Objetivos? muchos; pero diré sólo tres: poner América Latina en el radar de la geopolítica europea y recuperar las Cumbres UE-Celac, conseguir ayuda financiera para combatir la pandemia y aprobar Mercosur y los acuerdos de modernización de México y Chile, e incorporar a Bolivia en el Acuerdo Multipartes de UE con Colombia, Perú y Ecuador.

¿Que implica para España, en estos momentos, el Acuerdo Mercosur?

Mercosur es un Acuerdo extraordinario, alcanzado después de 20 años de negociación dificilísima. Mercosur es clave para Europa y para los cuatro países que lo integran. Afecta a 750 millones de personas. Elimina el 90% de los aranceles y ofrece una oportunidad extraordinaria para ambas regiones en comercio e inversiones. Si Europa lo ratifica en el próximo semestre de presidencia portuguesa, habremos dado un paso gigantesco en la regulación del comercio internacional. Después del Acuerdo de China con Japón, Australia, etc. (RCEP), Mercosur es imprescindible.

Respecto a las relaciones de España con EEUU ¿Cómo prevé que puedan cambiar las relaciones con Biden en la Casa Blanca?

A mejor, sin duda. Nuestro vínculo transatlántico en materia de seguridad y defensa es importante. Habrá que ajustarlo al marco Europa-Estados Unidos de los próximos años. Las relaciones comerciales y económicas deben mejorar porque con la Administración Trump los desencuentros han sido notorios. Habrá muchas coincidencias con Biden en materias globales, así como en lo que respecta al cambio climático o las relaciones con Europa. Y eso será bueno.

Uno de los grandes puntos de fricción con la Administración Trump fueron los aranceles puestos por EE.UU. a productos agrícolas, así como aranceles a productos europeos por la disputa de Airbus. ¿Cree que con Biden se podrá llegar a un acuerdo más fácilmente?

Hay tres capítulos en ese marco que tenemos que resolver: las sanciones comerciales recíprocas, la fiscalidad a las tecnológicas estadounidenses y las inversiones americanas en sectores energéticos. Deberíamos resolver con acuerdos los tres campos.«Con Biden, Europa debe recuperar el apoyo estadounidense a la integración europea y encontrar un marco de cooperación en la OTAN para construir la Europa de la Defensa y fortalecer la industria militar europea»

Trump ha sido el primer presidente americano abiertamente antieuropeo. Los Estados Unidos siempre apoyaron la unificación europea, desde Eisenhower hasta Obama. Con Biden, Europa debe recuperar el apoyo estadounidense a la integración europea y encontrar un marco de cooperación en la OTAN para construir la Europa de la Defensa y fortalecer la industria militar europea. Si reanudamos las conversaciones para una gran Tratado Comercial (TTIP), sería una gran noticia, sobre todo después del Acuerdo de China en el Pacífico y con el Sudeste asiático (RCEP). En relación con América Latina, sería muy bueno armonizar estrategias para ayudar a la región a superar problemas políticos y democráticos.

Borrell espera colaborar con Biden en el conflicto palestino-israelí ... ¿Qué papel desempeñaría aquí la Europa de los 27?

Es una intención loable. Pero no será fácil recuperar el terreno que hemos perdido allí, tanto europeos como norteamericanos. Ya se sabe que la política exterior está lastrada por la unanimidad y los intereses europeos en Oriente Medio son demasiado plurales.

En cuanto a las relaciones comerciales bilaterales, Israel representa un socio muy importante, hasta el punto de ser uno de los principales en Oriente Medio para España, junto a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos…. De hecho, la ministra de Asuntos Exteriores española está visitando Israel y Palestina en estos momentos

España tiene equilibrios inteligentes en sus relaciones con los países de esa zona. Esos equilibrios nos pueden permitir mediaciones, siempre bienvenidas, en la región más conflictiva del mundo. Intensificar nuestras relaciones económicas con la región también es importante.

Como presidente de la Fundación Euroamérica, exministro socialista y exeurodiputado ¿Ha cambiado la estrategia del PSOE en América Latina desde la entrada de Podemos, partido cuyos creadores son chavistas confesos en el Gobierno?

Que yo sepa, en absoluto. Mantengo frecuentes contactos con la Secretaria de Estado Cristina Gallach y puedo asegurarle que la política del Ministerio para con América Latina es más comprometida e intensa que nunca. Puedo decir incluso que el Ministerio, incluido el Secretario de Estado Manuel Muñiz, nos convocó hace unos días a todas las fundaciones públicas y privadas que operamos con América Latina para fortalecer nuestra acción común allí. Nuestro compromiso con América Latina sigue siendo fortalecer sus democracias, su Estado de Derecho y su cohesión social.
«La UE ratificará su apoyo político a la oposición venezolana e intentará llegar a un acuerdo en torno a nuevas elecciones con garantías democráticas»

La UE no reconoce los resultados de las elecciones legislativas celebradas en Venezuela, pero tampoco aclara su posición sobre Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela y de la actual Asamblea Nacional… ¿Cómo se resolverá esta situación?

Habrá que esperar la posición europea después del 5 de enero. La UE no reconoció la nueva Asamblea elegida el 6 de diciembre, pero no hay soporte legal para extender la legitimidad de la Asamblea disuelta. En todo caso, la UE ratificará su apoyo político a la oposición y reactivará su intermediación para conseguir un acuerdo en torno a nuevas elecciones con garantías democráticas.

Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea, intentó que Maduro aplazara las elecciones y llegara a un acuerdo con la oposición, e incluso llegó a mandar una misión a Caracas para tratar de desbloquear la negociación. ¿Qué opina al respecto?

Borrell hizo lo que debía. Una parte de la oposición (Capriles) quería participar en las elecciones y la Conferencia Episcopal de Venezuela también lo recomendaba; la misión europea pidió un aplazamiento electoral de 6 meses y una negociación de las condiciones electorales. Maduro se negó y la oposición se reunificó en el boicot electoral y la comunidad Internacional está firme en su rechazo a estas elecciones. Sin la misión europea no estaríamos así. Fue un éxito a pesar del resultado.

¿Seguirá la UE reconociendo a Guaidó como presidente encargado, aunque su mandato oficial como presidente de la Asamblea Nacional caduque el 5 de enero?

Es difícil hacerlo. No hay legitimación y parte de la oposición anuncia ya que la Operación Guaidó terminó. Pero la UE seguirá apoyando a la oposición y a sus líderes. Tenga en cuenta que parte de la oposición venezolana, la que está allí, quiere participar y derrotar a Maduro. La clave será, por tanto, encontrar las condiciones políticas para hacerlo posible democráticamente.

¿Qué opina al respecto de que Guaidó acuse a Zapatero de ser «cómplice de la violación de derechos humanos» en Venezuela?

El Presidente Zapatero cree que las elecciones son la única oportunidad de que la oposición derrote a Maduro. Pero a pesar del respeto y del afecto que le tengo, no comparto que estas elecciones hayan sido democráticas. Ni que el chavismo lo sea.

Respecto a la ola migratoria en Canarias, ¿Qué está detrás de la última ola migratoria que afecta a las islas? ¿Por qué el Gobierno pide responsabilidades a la Unión Europea? ¿Qué ha hecho mal la UE?

Detrás de la migración africana está lo de siempre: la miseria y la esperanza de una vida al otro lado del mar. Lo que Europa no ha hecho es tener una política migratoria. Es decir, contratar inmigrantes en los países de origen, traerlos en avión, repartirlos en los países, formarlos e integrarlos.

¿Cómo es la relación entre la UE y Marruecos?

Debiera ser lo mejor posible. Marruecos es clave para Europa en muchas cosas y, para España, es fundamental. Nos jugamos mucho con ese país en nuestros planes: terrorismo internacional, emigraciones, inversiones, comercio.«La Unión Europea y el Reino Unido tienen que negociar un gran acuerdo de asociación que incluya todos los planos de relación entre países amigos»

Parece que hemos llegado al punto crítico tras más de tres años de negociaciones … Un Brexit sin acuerdo sería catastrófico y un caos absoluto ¿Se han perdido oportunidades para un buen acuerdo? ¿Hacia dónde iría la UE si se produce esa «catastrófe diplomática» sin acuerdo? ¿Hacia una espiral de conflicto?

Sea cual sea el desenlace del Brexit, la Unión Europea y el Reino Unido tienen que negociar un gran acuerdo de asociación que incluya todos los planos de relación entre países amigos; casi diría yo, todos los «asuntos de familia». 45 años de convivencia en la UE, una coincidencia en valores comunes y una vecindad geográfica y humana tan grandes sólo se regulan mediante y una relación fraterna. Cualquier otra cosa nos hará daño, tanto a la UE como al Reino Unido.

Hace unas semanas se anunciaba que el Parlamento Europeo y el Consejo habían llegado a un acuerdo para aprobar las cuentas para los próximos siete años, pero ¿el veto de Polonia y Hungría puede hacer peligrar los fondos europeos?

Hungría y Polonia tendrán que aceptar la nueva normativa sobre cumplimiento del Estado de Derecho y la condicionalidad de las ayudas europeas a esa vigilancia. Está en el espíritu y en los Tratados de la Unión. Si no lo hacen, se quedarán fuera del Next Generation UE y del Plan de Recuperación. Y créame, a eso no pueden renunciar.

Por último, ¿Cómo ve a la Unión Europea: fuerte, débil ..., ¿Con muchos problemas internos? ¿Dificulta la diplomacia de los 27 tomar decisiones rápidas e importantes para la UE?

La UE ha dado un paso de gigantes con sus medidas post Covid. Al principio la pandemia nos cogió desarmados y atolondrados. Hoy es el único organismo internacional que ha fortalecido sus estructuras y que ha mejorado su imagen exterior. Los europeos miramos a Bruselas y vemos que compra y reparte vacunas. Vemos que, por primera vez, emitiremos deuda comunitaria por importe de 750.000 millones de euros y la repartiremos solidariamente en función del daño de la pandemia. Es un programa federal y contundente. Ha sido fantástico.

Por supuesto, la unanimidad es un obstáculo para una política exterior eficaz. Pero Europa se hace a golpe de crisis. Y de ésta saldrá una Europa mejor.

Publicado en ABC, 11/12/2020.

3 de diciembre de 2020

Camino al andar

En la larga marcha de la responsabilidad social de las empresas, caminamos, muchas veces, perdiendo el norte, el destino, o mejor dicho, confundiendo aspiraciones con progresos. A raíz de la crisis económica 2008-2014, el mundo entero pareció replantearse el capitalismo mismo, dada la grave quiebra de confianza producida en sectores económicos clave del sistema: “refundar el capitalismo” (Sarkozy) “Renovarlo o Resetearlo” (Times), “revisar la relación del capitalismo con la democracia” (Wolf, en FT). Incluso el G-20 en su reunión de Londres el 9 de abril de 2009, comenzó su comunicado final reflexionando sobre la necesidad de incorporar a los mercados y a las empresas criterios de mayor responsabilidad social. Ahora, meses antes de la pandemia, Davos ha cristalizado el “Stakeholders Capitalism”, continuando la reflexión de la Bussines Roundtable norteaméricana en el mismo sentido.

No conviene perderse en los caminos de la utopía, ni dejarse confundir por los cantos de sirena. Todos esos referentes son válidos, marcan tendencias, fortalecen las corrientes internas y las presiones externas que operan sobre las empresas y sus relaciones con la sociedad, pero no hacen camino. Alumbran nuestros pasos e iluminan horizontes, pero es necesario caminar. Los pasos se dan con leyes. Con marcos jurídicos que establecen obligaciones. Es una enseñanza de la historia. Las grandes conquistas en la dialéctica Capital-Trabajo no fueron solo las buenas intenciones del paternalismo patronal, o las buenas obras de la caridad, ni siquiera las buenas prácticas de las empresas más avanzadas socialmente, sino que fueron las leyes las que acabaron configurando el mundo laboral de la dignidad en el trabajo, la justicia y la proteción social.

Es verdad que las leyes llegan cuando las prácticas se generalizan y se asumen. Por eso, la voluntariedad es consustancial a la Responsabilidad Social, pero es solo su inicio. Cuando realmente avanzamos es cuando transformamos esas buenas prácticas en ley exigible a todos. Veamos algunos ejemplos.

Hace quince años era impensable que las empresas tuvieran obligación de informar a la sociedad de sus resultados sociales, laborales o medioambientales. Hoy es obligación legal en toda Europa (para empresas de más de 250 trabajadores solo) pero la exigencia de transparencia informativa sigue creciendo desde los mercados, inversores y consumidores y la conciencia social sobre los impactos de las empresas en materias sensibles (medioambiente, fiscalidad, etc.) seguirá reclamando más comunicación social y mejor transparencia.

Hace menos tiempo todavía, la posibilidad de que las leyes establecieran cuotas femeninas mínimas en los consejos de administración de las compañías se consideraba una intolerable intromisión del Estado en una esfera privada y blindada de la administración de las empresas. Hoy tenemos leyes en Francia (40% de mujeres en los consejos de administración) y normas quasi obligatorias de las comisiones del mercado de valores en casi toda Europa. En España, el 30% para las empresas cotizadas. Pero en Alemania, el gobierno de coalición acaba de anunciar (21/11/2020) una cuota vinculante de mujeres en los comités ejecutivos de las empresas alemanas. La UE discute,desde 2012, una directiva para mejorar el equilibro de género en los consejos de administración de las empresas cotizadas.

Son solo dos buenos ejemplos, pero hay más. Tal y como ya informamos en estas mismas páginas, llegará, no sé si en 2021, pero llegará, una directiva europea sobre “diligencia debida” en DD. HH en la cadena de valor de las empresas transnacionales. De hecho, el Consejo Europeo acaba de hacer un llamamiento a los Estados miembro y a la Comisión Europea (1/12/2020) para promover los derehos humanos en la cadena global de suministro y el trabajo decente en todo el mundo. Reclama a la Comisión que elabore un plan de acción de debida diligencia y transparencia estableciendo un marco legal sobre estas materias.

Así llegaron los planes de compliance a raíz del establecimiento de la responsabilidad penal de las compañías (2012). Y así están ya en muchos convenios colectivos (no se olvide, exigencia legal), obligaciones de respeto a la conciliación personal- familiar, de formación continua, etc.

Al comienzo de esta larga carrera (2003), cuando constituimos una sub-comisión parlamentaria en el Congreso para la introducción de la RSE en España, recibimos como compareciente al Secretario General de la CEOE. Recuerdo que le pregunte qué opinaba de la posibilidad de establecer estímulos fiscales a las compañías que llevaran a cabo políticas de RSE o prácticas favorecedoras de la sostenibilidad empresarial. Me respondió: “estamos en contra. Si la RSE es voluntaria, no admitiremos discriminación que perjudique a quien no quiera hacerlo”. Yo le señalé que el Estado concedía muchas ventajas fiscales a prácticas voluntarias, por ejemplo, la I+D+i. Recordando aquella anécdota, me congratulo de cómo y cuánto hemos avanzado.

Pues eso, que como decía Machado, “se hace camino al andar”.
Publicado en Diario Responsable.  3/12/2020

2 de diciembre de 2020

Venezuela, ¿y ahora qué?

Las estrategias por la democracia en Venezuela, han fracasado. Todos los intentos, con mejor o peor intención, por alcanzar un acuerdo de transición hacia unas elecciones libres y transparentes, han muerto en los límites del diálogo y de los calendarios legislativos. El último, este mismo año, poco antes de las elecciones que se celebrarán este 6 de diciembre para renovar la Asamblea Legislativa.

Qué decir de la operación Guaidó, lanzada a bombo y platillo en Enero de 2019 por la administración Trump, movilizando la diplomacia internacional para que, finalmente, más de sesenta Estados reconociéramos a Guaidó como "Presidente encargado". Los Estados Unidos, La Unión Europea, los mediadores, el Grupo de Lima, el Grupo Internacional de Contacto, Noruega… todos debemos reconocer que no hemos sido capaces de encauzar la solución de un país, demasiado importante en la geopolítica internacional, con una enorme capacidad desestabilizadora en la región y de una población que agoniza sumida en una crisis humanitaria perfectamente conocida.

Unos dicen que Maduro y su régimen nunca aceptarán unas elecciones que puedan perder. Otros dicen que sin un acuerdo con el gobierno, no hay solución. Unos creen que no es posible regenerar el país con el Chavismo activo. Otros nos recuerdan la base sociológica y electoral de una revolución que fue democrática y que hoy sigue teniendo un cierto apoyo popular.

Lo cierto es que hoy, en el epicentro de la crisis, la comunidad internacional se encuentra bloqueada ante una situación inédita. No reconoce a Maduro, elegido en unas elecciones presidenciales sin garantías democráticas, pero Maduro gobierna y Guaidó cesará como diputado (condición necesaria para ser "Presidente encargado") el 5 de enero de 2021. La Comunidad internacional reconocía a la oposición como interlocutor político porque era mayoría de la Asamblea Nacional desde hace cinco años, pero el fin del mandato de esa Asamblea se producirá también el 5 de enero, cuando la nueva Asamblea elegida en las elecciones de este 6 de diciembre, la sustituya. Pero la Comunidad Internacional, Europa con ella, no reconocerá a la nueva Asamblea porque las elecciones del seis de Diciembre no son ni justas ni libres. En definitiva, no reconocemos a nadie y no tenemos interlocución institucional porque no podemos dar legitimidad futura a una Asamblea que por ley y mandato constitucional, ha dejado de existir. La pretensión de extender ese reconococimiento a Guaidó y a la actual oposición más allá del 5 de enero de 2021 no tiene soporte legal y por tanto tampoco legitimación política .No será posible mantener esa ficción.

Por supuesto, seguimos apoyando a los partidos y a los líderes de la oposición, seguiremos forzando el diálogo y la negociación, seguiremos con la ayuda humanitaria a la población, pero los mimbres institucionales del retorno democrático, se han complicado mucho. Ahora, ya no solo reclamamos una nueva elección presidencial, sino también unas nuevas elecciones legislativas.

Hubo un momento crítico, en los meses previos a las elecciones de Diciembre, cuando Capriles y la Iglesia de Venezuela recomendaban participar y derrotar a Maduro, de nuevo, en las legislativas. Parte de la oposición interior, también lo pensaba. El riesgo de quedarse fuera era muy grande. Los riesgos de la situación que estamos describiendo son muy evidentes. La Unión Europea tomó la iniciativa, se desmarcó de EEUU y envió una misión a Caracas. Hablaron con el gobierno y le pidieron un aplazamiento de seis meses y unas condiciones electorales mínimas. Maduro se negó y Europa negó legitimidad democrática a esta convocatoria. De paso, unificó a la oposición en el boicot. Fue una acción política acertada y exitosa, a pesar del resultado. La Comunidad internacional sigue unida.

La elecciones del 6-D se van a celebrar con unos resultados previsibles. Baja participación (40% aprox) y victoria del Chavismo (60% vs 40% de opositores varios). La nueva Asamblea se constituye el 5 de Enero. Y entonces ¿Qué hacer?

Todo será más difícil partir de hoy. Algunos países europeos quieren endurecer las sanciones por esta convocatoria amañada y por la gravedad del informe de Naciones Unidas sobre violaciones a los Derechos Humanos. Pero las sanciones no resuelven el conflicto, quizás ni siquiera ayudan a encauzarlo y empobrecen más todavía el país y a su habitantes. No hay unidad estratégica de los partidos de oposición al régimen. La oposición en el exilio es mucho más exigente y dura en sus planteamientos que la de los partidos y líderes que se mantienen en el interior del país. No hay un liderazgo unificado alternativo. El apoyo social a las protestas ha decaído y la población pierde la esperanza del cambio.

La única luz que se vislumbra en el túnel es el aprovechamiento de la próxima convocatoria electoral a Gobernadores y Alcaldes 2021 como una nueva oportunidad del dialogo y en su caso de una convocatoria general para renovar todas las instituciones democráticas del país, desde los municipios a la Presidencia de la República.

Las bases del acuerdo posible pasan por devolver la palabra al pueblo pero con plenitud, sin cortapisas, con garantías y que emita su soberana opinión para elegir a sus dirigentes con plena libertad. Unas elecciones sin restricciones a los partidos y a sus dirigentes. Unas elecciones con un Consejo Electoral pactado y con observadores internacionales. Unas elecciones sin presos políticos y acompañadas de un indulto general al pasado. Unas elecciones seguidas de un Plan internacional de ayuda a la estabilización macroeconómica del país financiado por las instituciones financieras internacionales y los Bancos Multilaterales de Desarrollo. Una especie de punto y aparte en la vida venezolana, que permita la vuelta progresiva al país de la mayoría de los cinco millones de exiliados de estos años.

Europa, apoyada esta vez por los EEUU, debería trabajar por un Acuerdo de este tipo, con Noruega como mediador. Una relajación de las sanciones americanas y un plan de ayuda humanitaria previo, deberían facilitar el dialogo y favorecer el Acuerdo, que, en cualquier otro escenario, no hará sino agravar la horrible situación del país y de aquel pueblo tan querido.

Publicado en El Economista, 2/12/2020