9 de marzo de 2026

El mitin del Astelena.

Hemos celebrado estos días los 50 años de aquel primer gran mitin de la democracia que dieron en el frontón Astelena de Eibar Felipe González y Alfonso Guerra, junto a los socialistas vascos .Fue tan emocionante como conflictivo y no por la policía, que toleró el acto, sino por la violenta protesta interior que determinados sectores del nacionalismo vasco protagonizaron pretendiendo boicotearlo e impedirlo.

Recordemos el contexto. Franco acababa de morir (Noviembre del 75) y nadie sabía cómo, pero todos sabíamos que comenzaba un tránsito hacia la democracia .De hecho, la sociedad respiraba y palpitaba con impulsos democráticos por todos sus poros. El régimen franquista, bajo Arias Navarro, sufría una tensión interna que acabaría resolviendo el Rey con el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, en julio de 1976. La prensa era un hervidero de columnas y noticias que olían a la libertad futura. Los partidos, algunos todavía perseguidos, otros tolerados, pero todos ilegales, manteníamos ya un nivel de actividad orgánica muy alto .El mundo sindical se organizaba al margen del sindicato vertical y nutríamos nuestros ficheros de afiliación con creciente capacidad.

De hecho, los dramáticos acontecimientos del 3 de marzo de ese año en Vitoria son la consecuencia de una negociación colectiva sindical, al margen de una oficialidad sindical moribunda. También de aquella trágica represión policial contra el movimiento obrero vitoriano se cumplen ahora 50 años.

Si contemplamos todo lo sucedido aquel año 1976 y los primeros meses de 1977, descubrimos que en aquellos dieciocho meses se concentran los principales pasos políticos que armaron la Transición democrática española. Desde la legalización de los partidos políticos, incluyendo al Partido Comunista en la Semana Santa de abril de 1977 ,a la celebración de las primeras elecciones democráticas en junio de ese año. Aquellas primeras Cortes democráticas aprobaron en octubre la amnistía y lograron después el consenso para la Constitución del 78.

Pues bien, en los primeros días de aquel año 1976, el PSOE planificó la celebración de tres actos públicos en el País Vasco, en Bilbao ,Eibar y San Sebastián, para presentar a Felipe y para tensar las costuras de la tolerancia-legalidad. Se trataba de forzar al régimen a soportar actos propios de una sociedad libre, pero también de ofrecer a la sociedad oportunidades de ejercer sus derechos democráticos y de expresar su deseo de libertad en demostraciones sin riesgo represivo.

Eran por ello oportunidades que teníamos que aprovechar para movilizar masivamente a la ciudadanía en favor de la democracia .Afortunadamente, nuestro 'servicio de orden' (trabajadores de la Margen Izquierda) sacó por la fuerza a los reventadores y el mitin se celebró en medio de un entusiasmo democrático inolvidable. Como muestra del ambiente, baste recordar que el frontón estaba tan lleno en las gradas y en la cancha que tuvimos que poner un pequeño tablado para los oradores en el ángulo del rincón del frontón ,porque la pista estaba inundada de gente.

¿Por qué en Eibar? Eibar era nuestro corazón histórico .El socialismo vasquista al que algunos siempre aspiramos se hacía realidad allí. Benigno Bascaran, el cura laico de la villa, representaba ese prototipo de socialista eibarrés: obrero, socialista desde la cuna, euskaldun y de tradición cooperativista. Allí tuvimos organización clandestina desde siempre y nuestra convocatoria pública estaba asegurada.

Muchos partidos se quejaban de la tolerancia que el régimen, todavía franquista, mantenía para con el PSOE. Tenían razón y lo entiendo, porque la competencia por el voto futuro era ya muy fuerte y varios partidos a nuestra izquierda habían acreditado organización, militancia y lucha antifranquista, mucho más activa e intensa que el PSOE. Pero fueron incapaces de comprender que nuestra conquista de la libertad era premonitoria de la suya. Felipe repitió una y mil veces una idea que expresaba con formas un tanto poéticas: «Las parcelas de libertad que yo estoy usando y conquistando serán anchas alamedas de libertades democráticas para todos». Fue así y en muy poco tiempo además.

Pero quienes entraron en el mitin para impedirlo no protestaban por eso. Ellos eran la expresión o los primeros signos de esa intolerancia totalitaria que anidaba ya en aquellos nacionalistas de entonces y que luego nos llevó a tanta tragedia y tanto dolor.

Publicado en El Correo, 9-3-2026