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27 de enero de 2023

Él siempre estuvo allí.

A Rodolfo te lo encontrabas siempre. Antes que nadie. Llegaba, organizaba, disponía, mandaba. Hubo un tiempo en que fue aparato. Eso que algunos desprecian porque gestiona la maquinaria interna de los partidos y que los dirigentes apreciábamos tanto, porque todos nuestros actos públicos dependían de ella.

Al principio, en los años ochenta, en los años de plomo y tragedia, Rodolfo era un chaval del partido de Bizkaia que siempre estaba allí. En un funeral, en una concentración contra ETA, en un mitin. Él ya había organizado la cabecera, el escenario, el desarrollo del acto, todo. Incluso antes, había hecho la convocatoria, movilizado militantes, convocado prensa o diseñado el lugar y hasta el fondo corporativo del escenario. Pronto se hizo imprescindible. Su actividad y sus prestaciones le hicieron pieza principal de la actividad externa del partido y de ahí a dirigente principal de la organización solo había un paso que él dio con decisión y valentía.

Rodolfo fue colaborador y compañero esencial de todos los líderes del socialismo vasco; Benegas, yo mismo, Nicolás Redondo, Patxi López, Idoia Mendia y ahora mismo de Eneko Andueza. Toda la historia del socialismo vasco desde la conquista de la democracia, le tuvo a él como protagonista. Pero sin duda su liderazgo -porque líder también lo fue- lo ejerció con Patxi como lehendakari en aquel Gobierno vasco en el que él fue consejero de Interior.

En esos años, fraguó una relación especial de amistad y complicidad máximas con Alfredo Pérez Rubalcaba, quien pilotaba junto al presidente Zapatero el fin de la violencia. Fue un periodo muy especial en su vida y puedo decir, con conocimiento de causa, que esta tarea histórica le marcó y prácticamente definió la parte final de su vida política.

Él vivió, junto al lehendakari Patxi López, el negociador Jesús Eguiguren y Alfredo, el que movía los delicados hilos de un finísimo y exitoso proceso para terminar con el terrorismo, unos años extraordinarios. Tuvieron que hacer cosas que ya nadie recuerda pero que en su momento fueron claves. Recuerdo, por ejemplo, una reunión con la dirección de HB, hoy solo pequeñas anécdotas del pasado, pero en su momento acontecimientos críticos e injustamente criticados. Muchos han olvidado aquellos años y las nuevas generaciones ni siquiera saben qué era ETA, pero la historia la escriben personas como Rodolfo, que jugó un papel fundamental en la conquista de la paz.

Rodolfo fue todo en el socialismo vasco: aparato y dirigente, colaborador y líder. De una lealtad absoluta a la causa. De una constancia en su militancia y en su actividad sin límites. De un compañerismo fraterno.

Hemos vivido juntos cuarenta años de socialismo vasco con todo lo que eso significa: El dolor y las lágrimas comunes por tantos amigos y compañeros asesinados. La soledad de nuestra lucha. El temor de nuestras propias vidas. Las convocatorias de nuestras protestas y condenas, algunas veces en soledad. Desde la defensa de la constitución allá por el 78, hasta la celebración de nuestra victoria sobre ETA.

Fue la épica de una vida que Rodolfo entregó por la paz y la democracia. Él siempre estuvo allí.

Publicado en El Diario.es 27/1/2023

12 de mayo de 2019

Alfredo, uno de los mejores de los nuestros.

"Era feliz con sus clases de Química, pero vivía en política y para la política, vivía el PSOE y para el PSOE."

 Pasamos por la vida y dejamos familia, amigos, recuerdos... Sabemos que unos dejan mucho y otros poco, o nada. Alfredo es de los primeros. Deja mucho y bueno. Era grande, géneroso, bueno. Deja un cuerpo social muy grande, dolorido y orgulloso. Dolorido porque sentimos pena enorme de perderlo. Orgulloso porque le recordamos con nuestros mejores elogios y le reivindicamos como uno de los mejores de los nuestros.

De sus contribuciones a la España de hoy podríamos hablar mucho más de lo que cabe en estas líneas. De su paso por los ministerios de Educación de los gobiernos de Felipe, de su capacidad política para hablar, dialogar, trabajar hasta la extenuación, comunicar, dirigir, hacer equipos... solo podemos hablar los que le conocimos bien y, créanme, todas esas virtudes las tenía por arrobas. De su capacidad para gobernar, para gestionar, desde un ministerio de Educación a uno de Interior, a una Vicepresidencia, lo atestiguan sus frutos y sus resultados. De su liderazgo político y de su visión de Estado nos quedan sus tareas más notables, entre las que destacó su contribución fundamental al fin de ETA. Trabajé junto a él en muchas ocasiones. Apreciaba mis criterios y opiniones sobre el País Vasco y vivimos juntos momentos de tragedia y de gozo cuando en aquel octubre inolvidable de 2011 anunciaron el fin de la violencia. Se fue sin contarnos muchas cosas, pero le debemos su contribución impagable a la paz vasca.

Negocie con él el documento de Granada, la propuesta autonómica del PSOE, y nunca olvidaré la fina inteligencia y la habilidad que mostró para poner de acuerdo a todos los barones del partido.
Me encargó hacer y dirigir la conferencia política del PSOE de 2013 para modernizar nuestras propuestas y adaptarlas a un mundo en cambio acelerado y a una sociedad distinta. Fue una experiencia fantástica y fui feliz con él en esa tarea.

Cené con él hace solo unos días y fue, de nuevo, muy grato encontrarnos, hablar, recordar, especular. Era feliz con sus clases de Química, con alguna conferencia que otra por aquí o por allí. Pero vivía en política y para la política. Vivía el partido y para el partido.

Fue grande. ¡Qué pena!

11 de abril de 2017

Mujeres como ella.

Sirvan estas líneas de tributo a Carme Chacón y a las que,como ella, han protagonizado una de las transformaciones más extraordinarias de la historia española: la de la igualdad.

Era Carme un prototipo de la sociedad española de estos últimos cuarenta años. Los mejores de nuestra historia contemporánea. Los que comenzaron a mediados de los setenta del siglo pasado, cuando murió Franco y fuimos capaces de hacer la transición a la democracia con el abrazo reconciliatorio de un país fracturado por la Guerra Civil y por cuarenta años de dictadura. Carme nació entonces, en 1971, y adquirió su conciencia política en la España de los ochenta, cuando gobernaba Felipe González.
De familia humilde, trabajó y estudió, como muchos españoles de la época. Era aquel un país con hambre de progreso. Formaba parte de nuestra cultura superar nuestra condición social de origen, en gran parte influenciados por unos padres, hijos de la guerra, que querían que sus hijos estudiaran como fuera, haciendo los sacrificios que hiciera falta.

Carme fue una de aquellas mujeres jóvenes de los ochenta que acudieron a la universidad multiplicando el número de universitarios que había en España pocos años antes, y logrando que el número de mujeres en ella fuera ligeramente superior al de hombres por primera vez en la historia de nuestro país.
Carme supo desde niña que sufría una cardiopatía severa y nunca limitó su vida por ello. Al contrario, luchó contra esa adversidad con esfuerzos renovados, yo diría con determinación femenina, esa que la mayoría de las mujeres tienen en su ADN para superar un mundo injusto para con ellas. Estudió Derecho, cursó estudios de postgrado, viajó a universidades extranjeras, publicó artículos y texto académicos, y comenzó la difícil carrera de la docencia universitaria.

También se hizo socialista. Orígenes familiares republicanos y contactos progresistas en la universidad y en el pueblo en el que nació le llevaron a la primera lista electoral en Esplugues de Llobregat, donde ejerció de concejal.

Yo la conocí en 2000, en el Congreso de los Diputados, a donde ambos llegamos por primera vez en las elecciones generales de aquel año. Yo había leído un ensayo suyo, un pequeño opúsculo sobre federalismo cooperativo, y cuando me acerqué a ella y se lo dije ella se emocionó porque quien para ella era un referente del PSOE hubiera leído su libro. Recuerdo bien su alegría, que expresaba con una sonrisa abierta, sincera, muy necrológicas de estos días la reflejan bien.
Pero estas líneas que EL CORREO me da la oportunidad de escribir deberían servir para reivindicar lo que en ella era nuclear: su determinación y su compromiso.

Determinación para ser más, para sobreponerse a las adversidades, para superar barreras, para vencer obstáculos.
En solo quince años, Carme lo fue todo y estuvo a punto de ser nuestra secretaria general en el Congreso de Sevilla de 2012. Yo no voté porque no era delegado, pero no oculto que apoyaba a Alfredo Pérez Rubalcaba, y me pregunto hoy qué hubiera pasado si el resultado hubiera sido otro. Como los ejercicios de ucronía política son inútiles, dejo la pregunta como expresión de mis propias dudas. Lo cierto es que Alfredo dimitió en 2014, después de unas elecciones europeas de malos resultados –en las que yo mismo era candidato– y desde entonces estamos como estamos.

Pero ya antes, en 2011, Carme quiso ser candidata a las elecciones generales cuando Rodríguez Zapatero anunció que no volvería a presentarse. Vuelvo a la ucronía, ¿habría obtenido ella mejores resultados que Alfredo Pérez Rubalcaba?
Son preguntas inútiles, pero solo muestran lo lejos que llegó una persona tan joven y tan capaz en tan poco tiempo.
Esa determinación iba unida a su compromiso con nuestras ideas. Era catalanista, pero no nacionalista. Defendía el autogobierno, pero desde una perspectiva federalista. Reivindicaba su lengua y su identidad, pero la compartía con otras lenguas y otras identidades. Catalana y andaluza, como tantos. Catalana y española y europea, sin conflictos internos ni antagonismos. Con sentido de Estado, con mucho sentido común, socialdemócrata moderna, estudiosa y seria en su trabajo, muy responsable.Quizás vivió peligrosamente. Es fácil decirlo ahora, pero siempre nos quedará la duda de si enfrentó u enfermedad con una valentía peligrosa. Quiero creer que murió sin enterarse. Durmió para siempre, pero nos dejó su recuerdo, sus referencias de mujer socialista de una época de la que nos sentimos orgullosos. De la época y de mujeres como ella.

Por eso he querido rendir con estas líneas no solo un homenaje a Carme Chacón, sino a las mujeres que han protagonizado, como ella, una de las transformaciones más extraordinarias de la historia española: la de la igualdad entre mujeres y hombres en una sociedad moderna y justa..

Publicado el 11/04/2017. El Correo.