28 de diciembre de 2017

Colombia, un año después: ¿dónde estamos?

Se acaba de cumplir un año de la aprobación de los acuerdos de paz en Colombia y la paz avanza afortunadamente. Pero hay también una serie de problemas que nos obligan a mantenernos alerta.

Entre los elementos positivos destaca en primer lugar el hecho mismo de la aprobación de los acuerdos de paz. Tras el negativo resultado del referéndum del 2 de octubre del 2016 pocos hubieran creído que en un tiempo récord sería posible concitar la voluntad política suficiente para modificar los acuerdos incorporando algunas de las exigencias de los partidarios del No, y aprobarlos el 1.° de diciembre de ese mismo año. Al día siguiente del referéndum de octubre, muchos analistas vaticinaron un estancamiento de difícil solución, o dieron por muerto el proceso: es un alivio comprobar que esos negros pronósticos no se han verificado y que, de hecho, los acuerdos están siendo implementados, aunque con dificultades.

Otro elemento positivo en el plano práctico es la desmovilización y desarme de las Farc, que han culminado su reconversión en partido político. Este proceso ha llevado incluso a la UE a sacar a las Farc de su lista de organizaciones terroristas. Por último, hay que congratularse de que la otra guerrilla aún activa en Colombia, el Eln, haya empezado conversaciones con el Gobierno y declarado un alto el fuego que en principio se prolongará hasta enero del 2018, si bien sería deseable que continuase más allá de esa fecha.

No obstante, pese a todos estos indudables avances, persisten los motivos de preocupación en tres esferas principales: la primera resulta especialmente preocupante por sus repercusiones y porque, si no se ataja cuanto antes, puede dar lugar a una situación endémica de difícil corrección. Y es que cuando un Estado está ausente de una parte de su territorio, en el vacío que se produce proliferan mafias y grupos violentos, que acaparan recursos y ponen a la población a su merced. Hemos visto esta evolución en otros lugares. En Colombia, esos espacios de los que las Farc se han ido pero en los que el Estado aún no está presente, están siendo ocupados por el narco, con el apoyo de mafias. El resultado es un aumento de la violencia y de las violaciones de derechos humanos en estos territorios a lo largo del último año. Los asesinatos de defensores de derechos humanos, líderes comunales o simplemente agricultores, están alarmando al mundo entero.

Esta situación está ligada al auge de los cultivos de coca que se ha producido en ciertas zonas, y que el Gobierno colombiano tenía el propósito de erradicar progresivamente mediante la sustitución por otros cultivos. Su objetivo era llegar al 2018 con una tasa de sustitución del 50 por ciento. Sin embargo, hasta el momento, se han erradicado menos del 5 por ciento de las plantaciones a través de este mecanismo. El problema de emplear una estrategia “dura” en lo relativo a los cultivos de coca es que deja a los campesinos entre la espada del narco y la pared de la coerción gubernamental, en zonas donde el Estado no cuenta con la presencia ni los medios necesarios para respaldarles ni defenderles.

El segundo bloque de problemas es el económico, que afecta a todos los niveles, incluida la lucha contra el tráfico de drogas. Las necesidades de inversión pública son enormes. Simplemente para hacer caminos de acceso a las zonas más recónditas del territorio. Pero sobre todo para compensar a los casi nueve millones de víctimas del conflicto, especialmente a los desplazados y a las víctimas directas de la violencia.

La reincorporación de la guerrilla a la sociedad civil es otro de los aspectos que avanza con dificultad. En principio, los miembros de las Farc desmovilizados fueron concentrados en centros, en donde estaba previsto que recibieran adiestramiento en habilidades básicas para la vida civil y formación profesional de algún tipo, con el fin de ayudarles a encontrar un empleo. Estas expectativas no se han cubierto en la medida deseada, y la falta de fondos es una de las causas.

Para superar todos estos problemas es crucial la aportación financiera de la UE y del resto de actores internacionales que están apoyando el proceso. Aunque el Fondo Fiduciario europeo es una aportación importante, hará falta más ayuda internacional.

La última gran dificultad estriba en el ambiente político reinante en Colombia. El uribismo ha logrado dividir por la mitad al país y crear una fuerte corriente de opinión contraria al proceso de paz. Asimismo ha conseguido hacer saltar por los aires a la coalición de fuerzas que apoyaba los acuerdos, de modo que todas ellas concurrirán por separado en los comicios del 2018: recordemos que en marzo hay elecciones parlamentarias y en mayo, presidenciales.

Esa serie de comicios pueden ralentizar el proceso de paz y en algún caso incluso cuestionarlo. Si antes de las elecciones presidenciales del 2018 no se ha logrado poner en marcha las principales instituciones de la justicia transicional, no habrá garantías ciertas de la continuidad del proceso de paz. Y en este campo es donde más dificultades de comprensión social ofrece el proceso. Muchos colombianos que viven en las grandes ciudades se resisten al perdón. Pero la paz exige una justicia generosa, y este proceso se basa más en la reinserción social que en la justicia vengativa.

La paz en Colombia depende, desde luego, de los colombianos, pero no solo. Europa debe seguir ayudando; la comunidad internacional, especialmente EE. UU., también. De todos nosotros depende que el fin de las guerrillas en Latinoamérica sea una realidad y que la política y la democracia en paz sean el único marco para superar diferencias y lograr progreso y justicia.


RAMÓN JÁUREGUI ATONDO

Eurodiputado. Copresidente de la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (EuroLat)
 Publicado para eltiempo.com

20 de diciembre de 2017

Qué hacer contra la evasión fiscal.

¿Qué hacer, que diría Lenin, frente al gigantesco montaje que la internacionalización financiera está construyendo para evadir o eludir los impuestos? No es una pregunta retórica. Es la urgente demanda que nos plantea una alarma social, cargada de indignación, ante la sucesión de informaciones que no hacen sino confirmar la sospecha que la mayoría ciudadana ya intuía respecto a la vieja ambición humana de no pagar al Estado lo que éste reclame para organizar una vida en sociedad regida por la justicia y la dignidad humanas.

LuxLeaks, Panama papers, Paradise papers, son las informaciones que un consorcio de periodistas independientes han ido revelando después de años de investigación y buceo en despachos de abogados, gestores de fondos, bancos y países de todo el mundo. Sobre esa ingente cantidad de información el Parlamento Europeo ha realizado un trabajo extraordinario, para obtener una serie de conclusiones y recomendaciones que se ofrecen a la política internacional a modo de hoja de ruta que deberíamos seguir para combatir esas prácticas, a los agentes que las realizan y a los países que las amparan o facilitan.

Se tratará, como diría Mao, de una 'larga marcha' porque la mayoría de las medidas de ese combate tienen dimensión internacional y existen muy poderosas fuerzas en contra y muy variadas razones en muchos países para frenarlas o impedirlas.

De hecho, una de las primeras medidas que se proponen en el informe que el Parlamento aprobó el pasado 13 de diciembre en el Pleno de Estrasburgo, es solicitar a Naciones Unidas la convocatoria de una cumbre con este tema principal. Junto a esto, casi 200 medidas más configuran las recomendaciones que deberíamos implementar para combatir la evasión (delictiva casi siempre) y la elusión (legal a veces, aunque inmoral la mayoría). Un apretado resumen de todas ellas podría esquematizarse en los siguientes puntos:

1º. La elaboración de una lista internacional de paraísos fiscales, lo que requiere una definición universal del concepto. La UE ha hecho la suya. No es perfecta, pero es una lista de 17 paraísos y 47 en riesgo de serlo.

2º. El establecimiento de un conjunto de sanciones a esos países y a quienes operan en ellos, incluidos bancos, empresas, fondos de inversión, gestores, bufetes, intermediarios en general.

3º. La obligación para las empresas transnacionales de incluir en su informe anual o balance financiero, sus pagos fiscales “país por país”.

4º. El establecimiento de una nueva fórmula del Impuesto de Sociedades para los gigantes digitales a quienes se debe aplicar un pequeño porcentaje sobre su facturación en cada país (para evitar que concentren sus resultados finales en países sin fiscalidad o de tipo cero).

5º. La unificación de las bases del Impuesto de Sociedades para evitar la distorsión del tipo y la elusión a los países en base a la optimización desgravatoria: Common Consolidated Corporate Tax Base (CCCTB).

6º. Una nueva regulación sancionadora para todos los intermediarios (desde despachos de abogados a consultoras) si resultan responsables en el asesoramiento o ejecución de evasión fiscal o blanqueo de dinero.

7º. Una mayor transparencia a notarios, registradores, bancos, etc, sobre los propietarios y beneficiarios de operaciones financieras, incluyendo la conexión de los registros mercantiles y la creación de nuevos registros públicos internacionales.

8º. La protección de los denunciantes ('whistle blowers') y del periodismo de investigación.

9º. La mejora de los sistemas de persecución del IVA transfronterizo a través de la cooperación de las Administraciones Tributarias.

10º. Poner fin a la regla de la unanimidad en el Consejo para que un solo país no pueda vetar las medidas que la UE debe adoptar en materia fiscal.

Hay muchas más cosas por hacer. Se me ocurre por ejemplo seguir reivindicando la tasa a las transacciones financieras, que, además de recaudar fondos públicos, ofrecerá una transparencia y una información fiscal preciosas. Lo que importa es empezar y seguir presionando en esta 'larga marcha', bajo el paraguas argumental de que cada euro que se evade, es un euro robado al trabajador, a los desempleados, a los mayores, a los enfermos, a la educación… al Estado del Bienestar en definitiva.

Ramón Jáuregui, eurodiputado del PSOE, miembro de la Comisión de Investigación Fiscal.
Publicado en El Confidencial, 20/12/2017