9 de abril de 2024

Adiós a un gran hombre de paz y concordia.

Gran parte de mi vida política en Euskadi, la pasé junto a él. Puedo resumir mis recuerdos. Cito cuatro cosas que este país le debe al lehendakari Ardanza.

Primera

Su liderazgo por la paz. Desde que se inició el gobierno de coalición PNV-PSE, nuestras conversaciones giraron en torno a la necesidad de construir un gran pacto de unidad de las fuerzas democráticas contra la violencia. Ardanza siempre fue un firme defensor de las vías democráticas y añadía a sus convicciones nacionalistas su firme condena a ETA.

Es verdad que Ardanza tuvo a su lado a José Luis Zubizarreta, pero sus asesores sólo añadían técnicas y argumentos a sus propios principios. El PNV ya había hecho “el discurso del Arriaga” y añadió poco después, su apuesta por la deslegitimación política y social de la violencia: “No solo no compartimos sus medios, tampoco sus fines”.
El pacto fue clave en la larga marcha de la paz en Euskadi.

Segunda

Su reconocimiento de la pluralidad vasca. El gobierno de coalición reflejaba en su composición y en el reparto de sus protagonismos la pluralidad vasca. Esto era algo necesario en aquellos años porque quienes no éramos nacionalistas sentíamos marginación y los peligros de la imposición nacionalista eran patentes. La coalición era un canto a la diversidad identitaria del país y establecía el pacto interno como senda de construcción de sus políticas.
Ardanza fue siempre consecuente con este principio y respetuoso con sus consecuencias.

Tercera 
 
Su apuesta por el autogobierno. Las bases de nuestros acuerdos contemplaban el esarrollo del Estatuto como Alfa y Omega de la política nacional del Gobierno vasco.

Los pactos contemplaron desde el principio acuerdos con el gobierno del Estado para consolidar el autogobierno y para materializar transferencias competenciales básicas: la transferencia de la sanidad (Osakidetza en 1989); el despliegue de la Policía Autonómica (Ertzaintza) hasta su plenitud; la consolidación del método de cálculo del cupo y muchas

otras materias hicieron que en los años de Ardanza el Estatuto experimentara su segunda e histórica fase de construcción y desarrollo. 

Cuarta

El impulso a la modernidad económica y a la transformación industrial del País Vasco.

Puede decirse que en aquellos años 80 y 90 (1987-1998) se produjeron las más importantes decisiones en materia de inversiones en bienes públicos y en la diversificación tecnológica del País Vasco: acabar la reconversión industrial. Estimular inversiones en sectores tecnológicos avanzados. El nuevo aeropuerto de Loiu. El nuevo puerto de Bilbao. Las comunicaciones.

La Euskadi de hoy es la consecuencia de aquellas decisiones y de aquellas importantes inversiones.
Ardanza fue un hombre de pactos. Ardanza fue un hombre de paz.

Ardanza fue un gran hombre.

Goian Bego, José Antonio.

Publicado en Noticias de Gipuzkoa, 9/04/2024

 

8 de abril de 2024

Ardanza, un hombre de otro tiempo.

 “Ardanza fue ese hombre que, llamado por su partido para resolver las crisis internas, lideró un nuevo y pragmático PNV. Llamado a liderar el rechazo del nacionalismo vasco a la vía armada y al terror, lo hizo con convicción y firmeza. Llamado a gobernar con los socialistas vascos, expresó la pluralidad identitaria de la sociedad vasca”

Hay una injusta tendencia, estrategia mejor diríamos, a descalificar gran parte de nuestra Transición y a devaluar los frutos de aquellos primeros años de nuestra democracia. José Antonio Ardanza pertenecía a aquella generación que construyó nuestra democracia y nuestro autogobierno.

Fue alcalde de su pueblo, Mondragón, en las primeras elecciones democráticas de 1979. Y, poco tiempo después, diputado general en Gipuzkoa. De pronto, el mundo interno de uno de los partidos más sólidos del país se fracturó, se escindió y el viejo Partido Nacionalista Vasco se dividió en dos fuerzas enfrentadas: el PNV de Xabier Arzallus y la EA de Garaikoetxea. El terremoto coloca a Ardanza como lehendakari en 1985, gobernando con un grupo parlamentario dividido. Pocos recuerdan lo que sufrió.

En 1986 convocó elecciones y las perdió. El PSE tuvo 19 diputados y el PNV 17. Se negocia una coalición y los socialistas cedemos la presidencia. ¿Por qué? Nos lo preguntaban todos. Porque necesitábamos un gran pacto de todas las fuerzas democráticas contra la violencia y porque era imprescindible que el PNV fuera el líder de la deslegitimación política y social de la violencia.

Vuelvo a las críticas al pasado. España estaba sufriendo un ataque a su democracia sistemático, provocador y masivo, con atentados día sí y día también y su respuesta al terrorismo era deficiente y solitaria. El Estado estaba aislado y la espiral acción-represión ideada y practicada por ETA la estaban ganando los ideólogos de la violencia. El pacto de Ajuria Enea fue la gran consecuencia de aquel Gobierno de coalición. Desde entonces, el lehendakari Ardanza se convirtió en el presidente de un Gobierno vasco que convocaba y vertebraba la reacción social al terrorismo y lideraba a todas las fuerzas políticas vascas, a todos los partidos políticos vascos democráticos, en su unidad contra la violencia.

Ardanza fue ese hombre que, llamado por su partido para resolver las crisis internas, lideró un nuevo y pragmático PNV. Llamado a liderar el rechazo del nacionalismo vasco a la vía armada y al terror, lo hizo con convicción y firmeza. Llamado a gobernar con los socialistas vascos, expresó la pluralidad identitaria de la sociedad vasca, pactando con nosotros tres Gobiernos de coalición durante casi doce años.

Él protagonizó, además, los años del desarrollo autonómico más importante: la llamada segunda fase del autogobierno vasco, cuando se transfirió la Sanidad (Osakidetza), se fijaron los cálculos del Cupo, se culminó la implantación de la Ertzaintza en todo el territorio del país, etcétera. Su acción política nacionalista siempre estuvo dentro del Estatuto de autonomía y de la Constitución.

Su pragmatismo le llevó a gestionar los intereses del país con una mirada moderna y eficiente. Él siempre supo que el futuro de la comunidad tenía que superar el monocultivo del hierro para pasar a manejar la fibra de carbono y los centros tecnológicos. Por eso, puede ser calificado también como el constructor de la Euskadi moderna de hoy. Muchas de las críticas de aquel pasado no suelen tener en cuenta las circunstancias y los problemas de aquel pasado. Por eso hay que recordarlas, para apreciar a los hombres buenos que hicieron posible lo que hoy tenemos.

Ardanza fue uno de ellos.

Agur Lehendakari.

Publicado en El Diario.es Euskadi 8/04/2024

3 de abril de 2024

Más abertzales que izquierdas.

Todos los analistas coinciden en que el crecimiento electoral de Bildu se debe a tres factores principales:

 1) Han aprovechado muy bien sus oportunidades para ser una fuerza principal de las coaliciones progresistas de la política española en estos últimos años (2018-2024). Sus apoyos al bloque de izquierdas han sido constantes, plenos e incondicionados, lo que les ha proporcionado un incuestionable perfil social y un protagonismo evidente en el freno a las derechas en España. 

2) Su pasado no les pesa, especialmente entre el electorado joven. Es más, bien puede decirse que sus votantes premian su apuesta por la política y olvidan sus responsabilidades históricas en la violencia. 

3) Con intencionado cálculo han hecho desaparecer de su programa el objetivo independentista de su proyecto. Es notable el lenguaje moderado en los planos identitarios del discurso político abertzale.

Cada uno de estos argumentos merecería muchos matices, pero me voy a detener en las contradicciones que surgen de la combinación de sus dos características principales: ser abertzales y de izquierdas. Quienes peinamos canas en la política vasca sabemos bien que todas las tensiones ideológicas que ha sufrido ese movimiento, genéricamente llamado izquierda abertzale, han sido precisamente por la dialéctica entre esas dos banderas: la roja del socialismo y la verde de la patria.

Pues bien, desde la década de los 60 hasta aquí, todos los debates entre ambas opciones y todas las escisiones producidas en ETA han sido para imponer la corriente nacionalista a la de izquierdas. Todos los movimientos ideológicos de izquierda: ETA VI, LKI, EMK, Euskadiko Ezkerra, etcétera, fueron sucesivamente derrotados y expulsados, hasta que ETA y Batasuna impusieron el objetivo independentista como santo y seña de su lucha en los años ochenta. Hasta hoy.

Es verdad que «ahora no estamos en eso» (en la independencia), «pero no renunciamos a ella», dicen los líderes de Bildu estos días. Es un hábil ejercicio de pragmatismo (entre otras razones porque el apoyo al independentismo, hoy, no llega al 15% de la población vasca), pero quienes les votan deben ser conscientes de ese taimado gradualismo y del objetivo final que les guía.

Bildu muestra en sus mensajes a personas procedentes de la izquierda vasca que, al parecer, asumen la compatibilidad de sus aspiraciones de justicia social e igualdad, de fraternidad de clase y de europeísmo, con un proyecto independentista. A mi juicio esas cualidades políticas y humanas no caben en el independentismo vasco.

¿Cómo es posible ser independientes y construir Europa? Seamos claros: en la Europa de hoy -y más en la de mañana- no caben regiones europeas desprendidas de sus Estados-nación. La Europa de hoy está amenazada y todos nuestros esfuerzos futuros exigen armonizar veintisiete Estados en sus múltiples desafíos de competitividad, defensa, mercados, entre otros. Desde el independentismo no se hace Europa, se la destruye.

¿Cuál será nuestra solidaridad con los territorios de nuestros orígenes: Extremadura, Castilla, Galicia, Andalucía... cuando nos independicemos de España? ¿Nos importarán algo su sistema de pensiones o sus infraestructuras o su nivel educativo o sanitario cuando reclamemos separarnos de España? Porque nadie debería olvidar que si un día tuviéramos que negociar nuestra independencia, estos temas estarían sobre la mesa.

«Euskadi necesita recuperar soberanía, porque cuando hubo una pandemia no podíamos decidir muchas cosas». Esta declaración reciente del candidato de Bildu descubre bien las contradicciones del independentismo con la izquierda.¿Qué habríamos decidido solos? ¿Contra quiénes irían nuestras supuestas decisiones soberanas? Ridículo, por no decir patético.

El independentismo impone una concepción pacata, limitada, insolidaria, para nada fraterna con el resto de españoles, con quienes convivimos y compartimos historia y aspiraciones. El proyecto independentista nos exige renunciar a una identidad cultural y política española, presente en nuestras vidas y condición de cosmopolitismo, europeísmo y solidaridad con nuestros conciudadanos.

Aceptar su calculado pragmatismo de hoy, sabiendo -porque eso sí reconocen- que su verdadero y sentido proyecto es separarse y construir un Estado independiente, es aceptar una estrategia engañosa que contradice los sentimientos y aspiraciones de muchos votantes que se sienten de izquierdas y no comparten el objetivo independentista. Yo no niego el derecho a declararse de izquierdas a quienes son independentistas pero la clarificación electoral nos demanda no llamar izquierda al independentismo. Abertzales, sí, pero la izquierda no es eso.

Publicado en el Correo, 3/04/2024