4 de febrero de 2017

Alemania e Italia contra el referéndum de secesión.

Confieso que no resulta fácil oponerse a esa especie de latiguillo argumental que hace furor entre nosotros cuando alguien pregunta: ¿por qué no podemos decidir?, o ¿por qué no nos dejan decidir? Con frecuencia, el espinoso debate de nuestra estructura territorial o la reclamación nacionalista de un referéndum independentista acaba en el supuesto derecho a decidir, un eufemismo en este caso del derecho a la autodeterminación, como si se tratara de un derecho absoluto, cuyo ejercicio fuera innegable en democracia y cuya simple realización resolviera de raíz todos los problemas de la compleja convivencia identitaria en las comunidades nacionales. 

De hecho, admitámoslo, las experiencias de Quebec y Escocia han extendido la lógica de esta herramienta democrática en amplios círculos políticos europeos, más allá de los matices importantes que diferencian ambos supuestos y sin entrar en detalles sobre la enorme inestabilidad que sigue pendiente en ambos casos. Pero, lo cierto es que en Europa muchos se preguntan por qué no generalizar ese supuesto derecho a todas aquellas comunidades en las que las aspiraciones a constituir un Estado gozan de un apoyo consistente y permanente. 

Personalmente, creo que un proyecto político independista puede y debe ser admitido en el juego democrático y puede ser un horizonte legítimo, siempre y cuando cuente con suficiente soporte democrático, en términos de una voluntad colectiva ampliamente mayoritaria vertebrada en todo el territorio y no solo en parte de él, y reiteradamente expresada en los diferentes procesos electorales, con claridad y libertad plena de los ciudadanos. En esos casos, las democracias deben atender esas voluntades y negociar las consecuencias de esos deseos, para someter después a ratificación popular (referéndum) las concretas condiciones de esa opción (con sus ventajas e inconvenientes bien explicitadas). 

Como ustedes verán, ese camino no tiene nada que ver con este otro que somete a referéndum un supuesto deseo de independencia en términos binarios y excluyentes (‘sí’ o ‘no’), eludiendo intencionadamente el debate descarnado sobre sus consecuencias y usurpando al electorado otras soluciones políticas (autogobierno más o menos intenso, estatus especiales, etc.) que la política tiene, puede y debe ofrecer a los ciudadanos ante dilemas tan trascendentes para su vida. 

Viene todo esto a cuento del silencio sospechoso que se ha cernido sobre dos sentencias de los tribunales constitucionales de Italia y Alemania a propósito de sendas peticiones para celebrar un referéndum de secesión en Venecia y Baviera respectivamente. La sentencia del Tribunal Constitucional alemán es la más reciente, del 2 de enero de 2017, y sorprende por su brevedad. Los juristas alemanes señalan que esta brevedad y la ausencia de fundamentos jurídicos es relativamente inusual en el Alto Tribunal de Karlsruhe.

El texto despacha la cuestión en cuatro líneas (literalmente). Simplemente se dice que «la solicitud es inadmisible» y que, «en la RFA, como estado nacional basado en el poder del pueblo, los estados (federados) no son los dueños de la Constitución. No hay lugar para buscar la secesión. Cualquier solicitud de secesión es contraria a la Constitución». Así de simple y así de contundente. 
La sentencia italiana está un poco más elaborada. El 19 de junio de 2014 el Consejo Regional de Venecia adoptó dos leyes regionales proponiendo un referéndum sobre la independencia de la región (Ley 16/2014) y otro sobre la autonomía de la región (Ley 15/2014). 

Inmediatamente el Gobierno italiano interpuso recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional italiano contra dichas leyes. 

El 25 de abril de 2015, el tribunal dicta sentencia en la que reafirma claramente la indivisibilidad de la República italiana, admitiendo no obstante el principio de la organización de consultas populares por la autonomía regional, en ciertas áreas de competencia. El tribunal declara que el referéndum previsto no solo afecta a opciones fundamentales de rango constitucional, y como tales cerradas a los referendos regionales de acuerdo con la jurisprudencia constitucional, sino que además propone cambios institucionales drásticos radicalmente incompatibles con los principios fundamentales de la unidad y de la indivisibilidad de la República, conforme al art. 5 de la Constitución. 

El tribunal también subraya que: «La unidad de la República es uno de los elementos esenciales del ordenamiento constitucional que deben ser excluidos incluso de los poderes de revisión constitucional (sentencia n°1146 de 1988)». Sin duda alguna, el sistema jurídico está también fundado en otros principios que incluyen el pluralismo social e institucional y la autonomía territorial, así como la apertura de la integración supranacional y el orden internacional. Pero estos principios deben desarrollarse en el marco unitario de la República: «La República, una e indivisible, reconoce y favorece la autonomía local». 

La contundencia de estas dos sentencias es clarificadora, mucho más si tenemos en cuenta que su análisis es pertinente para nosotros porque la Constitución española de 1978 está fuertemente influida en los aspectos territoriales, tanto por la italiana del 48 como por la Ley Fundamental de Bonn del 49. Europa sufre de nuevo erupciones nacionalistas en muchos lugares. No son solo las regiones internas de los estados miembros. Las más graves hoy vienen de la extrema derecha que abiertamente reclama la vuelta a las naciones en Francia, Hungría y Holanda..., amenazando seriamente la UE. Pero si a esa amenaza le añadimos la aparición de diez o quince nuevos estados desmembrados de los actuales, entonces, sí, estamos rotos.

Publicado en El Correo, 4/02/2107

3 de febrero de 2017

¿Prudencia o cobardía?

Una cosa es la prudencia y otra es la cobardía. La historia está llena de reacciones prudentes que el tiempo demostró cobardes. El Gobierno español no ha estado a la altura. Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca asistimos asombrados a una sucesión de decisiones y amenazas que alientan la xenofobia, el odio y la tortura, y que apuestan por la desintegración del proyecto europeísta. Como socialistas y como demócratas no podemos esperar a ver qué pasa, como si estuviéramos ante una tormenta que amainará antes o después. Como europeos, además, tenemos que reaccionar con una respuesta nítida, contundente y unida al giro radical de un país que en tan solo unos días pretende tirar por la borda 70 años de colaboración y amistad. 

Las instituciones europeas han tardado en reaccionar, pero empiezan a hacerlo. El grupo de socialistas españoles en el Parlamento Europeo hemos tomado la iniciativa y esta semana hemos impulsado una serie de medidas que esperamos respalden el resto de los grupos políticos.

En primer lugar, necesitamos saber cómo nos afectan de forma práctica las medidas de Trump. Qué ocurre con los europeos que son además nacionales de los países a los que Estados Unidos ha puesto el veto. Qué consecuencias tiene su intención de dejarnos fuera de los mecanismos de protección de datos. Qué ocurre con los millones de mujeres de países en desarrollo que se verán privadas de asistencia en cuestiones de salud sexual y reproductiva.

En segundo lugar, hemos pedido que se activen mecanismos diplomáticos de respuesta. Queremos que la Alta Representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, llame a consultas al embajador de la Unión Europea en Washington, para expresar de manera clara nuestro profundo descontento con el Gobierno de Estados Unidos. Del mismo modo, rechazamos que el economista Ted Malloch sea nombrado embajador ante la Unión Europea. Ni sus formas, ni el contenido de sus declaraciones, que vaticinan la desaparición del euro y la desintegración de la UE, sean el mejor precedente para recomponer una relación que pasa por su peor momento. 

En esta situación creemos además que los países europeos no deben invitar ni recibir a Donald Trump. No es el momento, al menos, mientras mantenga esta política de hostilidad, desprecio y ausencia de respeto a los derechos humanos.

Sí, hemos tomado la iniciativa, y lo hemos hecho con responsabilidad. Porque una cosa es reaccionar con "gritos y estridencias", como decía el portavoz del Gobierno, Iñigo Méndez de Vigo, y otra muy distinta mirar hacia otro lado cuando se humilla a nuestros hermanos de México, se ataca nuestra lengua y se atenta contra los principios más elementales que nos han permitido vivir en paz desde hace 70 años.

Publicado para 20 minutos, 3/02/2017

2 de febrero de 2017

Entrevista "Hoy en Madrid" 2/02/2017

El programa Hoy en Madrid, presentado y dirigido por Ely del Valle, que de lunes a viernes, emite Onda Madrid, de 08:00 a 13:00h, ha recibido la visita de Ramón Jáuregui. El eurodiputado socialista se ha referido a los problemas a los que se enfrenta la UE, agravados por la hostilidad de Donald Trump, quien ha anunciado la intención de nombrar a Ted Malloch como embajador de EEUU ante la Unión Europea, un hombre que se ha declarado anti europeísta y seguidor del Brexit.


Entrevista en este enlace.