26 de enero de 2026

Tecnología y sociedad

Nunca, en la historia de la Humanidad, las innovaciones tecnológicas han tenido tanta influencia en la configuración social como la están teniendo hoy. Es muy conocida la metáfora que utilizó Vasily Leontief (Nobel en 1973), refiriéndose al inicio de la informática e internet: «Los ordenadores harán a los trabajadores de cuello blanco lo que el tractor hizo a los caballos en la agricultura». Pues bien, la progresión geométrica que se está produciendo en múltiples innovaciones en nuestros tiempos presenta nuevos y considerables desafíos sociales. La Inteligencia Artificial y la ciencia de datos, la biotecnología, la nanotecnología y las tecnologías cuánticas están alterando de raíz nuestro mundo y nuestra sociedad. Permítanme señalar, solo a modo de concepto, algunos de los retos sociales que debemos abordar como consecuencia de esos impactos:

1. Los países que lideran la innovación tecnológica controlan al resto del mundo. Cada día es más evidente que el dominio de las tecnologías aumenta considerablemente el poder geopolítico y económico de los países en las múltiples mesas negociadoras en las que se determina el futuro de sus poblaciones. Los nuevos imperios y sus grandes multinacionales gestionan infraestructuras esenciales para los servicios públicos, militares y financieros. Son además dueños de los datos que definen mercados y su escala les permite crear economías de red y, a su vez, liderar la innovación. Estados Unidos y China están al frente de ese ranking, letal para el resto.


2. Hay dos leyes ineludibles. La primera es que la tecnología asegura el crecimiento económico y la segunda, que las innovaciones destruyen empleos. Respecto a esta última, no hay datos para especular sobre la destrucción de empleos que generarán las nuevas tecnologías, pero sí hay una experiencia: la historia de las innovaciones tecnológicas de los últimos dos siglos demuestra que los 'gaps' en el empleo por la aparición de esos avances han sido siempre superados por los nuevos puestos creados en sectores económicos derivados, y que estos han sido de más calidad laboral.

3. El dominio de las nuevas tecnologías genera una nueva división en el seno del mundo laboral. Una primera clasificación la establece la pertenencia a lo que se llaman los «trabajadores del conocimiento» (30% de la población laboral); es decir, aquellos que aportan a su desempeño una base intelectual de información y formación previas. El resto son los «trabajadores contingentados», que realizan tareas más primarias, repetitivas o no cualificadas (70% de la población laboral). A su vez , en el primer nivel, hay entre un 5% (en Europa) y un 10%(en Estados Unidos y China) de empleados con altas cualificaciones tecnológicas que tienen los salarios más altos por su elevada productividad. Finalmente, otra de las consecuencias de estas tendencias clasificatorias en el mundo laboral es la creciente exigencia de formación más cualificada para los más formados, para los que ocupan los niveles más altos de la escala, de manera que se acentúan los efectos y las distancias del abanico sociolaboral.

4. Las empresas tecnológicas, plataformas, IA, software, chips, semiconductores, etcétera son nueve de las diez mayores empresas del mundo por capitalización bursátil. La mayoría de ellas son cuasimonopolios y están en manos de un propietario principal. Estos nuevos oligopolios tecnológicos han creado una élite mundial de oligarcas poderosos, capaces de imponer al mundo entero sus reglas más salvajes: desregulación y desfiscalización. La foto de su presencia en la toma de posesión de Trump en la Casa Blanca es buena muestra de su inmenso poder. Es más, algunos de ellos son líderes ideológicos de la 'nueva derecha' y precursores de una nueva sociedad iliberal y reaccionaria.

5. Necesitamos establecer normas regulatorias universales contra estos oligopolios. La IA, las redes y las plataformas están llenas de riesgos para los derechos fundamentales de las personas, para los consumidores, para la deliberación pública, para la información... En fin, para la democracia y la convivencia mismas. Los intentos regulatorios de Europa -protección de datos, Inteligencia Artificial, etcétera- chocan con el poder inmenso de estas compañías y hasta Trump nos amenaza con nuevos y mayores aranceles por ese razonable intento. Tampoco hemos conseguido que otros países del mundo presionen en la misma dirección regulatoria.

Este es el panorama. Tan provocativo como realista. Dos conclusiones son claras. Una, Europa está perdiendo la batalla tecnológica y cuanto más tardemos en reaccionar, más difícil será alcanzar a las otras dos potencias. Y dos, tenemos tamaño y nivel para hacerlo, pero solo si integramos nuestra política de innovación y aumentamos su dimensión.

Publicado en El Correo, 26/01/2026