9 de marzo de 2026

El mitin del Astelena.

Hemos celebrado estos días los 50 años de aquel primer gran mitin de la democracia que dieron en el frontón Astelena de Eibar Felipe González y Alfonso Guerra, junto a los socialistas vascos .Fue tan emocionante como conflictivo y no por la policía, que toleró el acto, sino por la violenta protesta interior que determinados sectores del nacionalismo vasco protagonizaron pretendiendo boicotearlo e impedirlo.

Recordemos el contexto. Franco acababa de morir (Noviembre del 75) y nadie sabía cómo, pero todos sabíamos que comenzaba un tránsito hacia la democracia .De hecho, la sociedad respiraba y palpitaba con impulsos democráticos por todos sus poros. El régimen franquista, bajo Arias Navarro, sufría una tensión interna que acabaría resolviendo el Rey con el nombramiento de Adolfo Suárez como presidente del Gobierno, en julio de 1976. La prensa era un hervidero de columnas y noticias que olían a la libertad futura. Los partidos, algunos todavía perseguidos, otros tolerados, pero todos ilegales, manteníamos ya un nivel de actividad orgánica muy alto .El mundo sindical se organizaba al margen del sindicato vertical y nutríamos nuestros ficheros de afiliación con creciente capacidad.

De hecho, los dramáticos acontecimientos del 3 de marzo de ese año en Vitoria son la consecuencia de una negociación colectiva sindical, al margen de una oficialidad sindical moribunda. También de aquella trágica represión policial contra el movimiento obrero vitoriano se cumplen ahora 50 años.

Si contemplamos todo lo sucedido aquel año 1976 y los primeros meses de 1977, descubrimos que en aquellos dieciocho meses se concentran los principales pasos políticos que armaron la Transición democrática española. Desde la legalización de los partidos políticos, incluyendo al Partido Comunista en la Semana Santa de abril de 1977 ,a la celebración de las primeras elecciones democráticas en junio de ese año. Aquellas primeras Cortes democráticas aprobaron en octubre la amnistía y lograron después el consenso para la Constitución del 78.

Pues bien, en los primeros días de aquel año 1976, el PSOE planificó la celebración de tres actos públicos en el País Vasco, en Bilbao ,Eibar y San Sebastián, para presentar a Felipe y para tensar las costuras de la tolerancia-legalidad. Se trataba de forzar al régimen a soportar actos propios de una sociedad libre, pero también de ofrecer a la sociedad oportunidades de ejercer sus derechos democráticos y de expresar su deseo de libertad en demostraciones sin riesgo represivo.

Eran por ello oportunidades que teníamos que aprovechar para movilizar masivamente a la ciudadanía en favor de la democracia .Afortunadamente, nuestro 'servicio de orden' (trabajadores de la Margen Izquierda) sacó por la fuerza a los reventadores y el mitin se celebró en medio de un entusiasmo democrático inolvidable. Como muestra del ambiente, baste recordar que el frontón estaba tan lleno en las gradas y en la cancha que tuvimos que poner un pequeño tablado para los oradores en el ángulo del rincón del frontón ,porque la pista estaba inundada de gente.

¿Por qué en Eibar? Eibar era nuestro corazón histórico .El socialismo vasquista al que algunos siempre aspiramos se hacía realidad allí. Benigno Bascaran, el cura laico de la villa, representaba ese prototipo de socialista eibarrés: obrero, socialista desde la cuna, euskaldun y de tradición cooperativista. Allí tuvimos organización clandestina desde siempre y nuestra convocatoria pública estaba asegurada.

Muchos partidos se quejaban de la tolerancia que el régimen, todavía franquista, mantenía para con el PSOE. Tenían razón y lo entiendo, porque la competencia por el voto futuro era ya muy fuerte y varios partidos a nuestra izquierda habían acreditado organización, militancia y lucha antifranquista, mucho más activa e intensa que el PSOE. Pero fueron incapaces de comprender que nuestra conquista de la libertad era premonitoria de la suya. Felipe repitió una y mil veces una idea que expresaba con formas un tanto poéticas: «Las parcelas de libertad que yo estoy usando y conquistando serán anchas alamedas de libertades democráticas para todos». Fue así y en muy poco tiempo además.

Pero quienes entraron en el mitin para impedirlo no protestaban por eso. Ellos eran la expresión o los primeros signos de esa intolerancia totalitaria que anidaba ya en aquellos nacionalistas de entonces y que luego nos llevó a tanta tragedia y tanto dolor.

Publicado en El Correo, 9-3-2026



6 de marzo de 2026

Entrevista: Demócrata. "España necesita un gran debate sobre Defensa"



Uno de los deportes nacionales de Bélgica podría ser quedar para "tomar café". En ese campeonato, el Café Belga, en la plaza Flagey, sería su estadio olímpico. El encuadre es conocido por su ambiente cosmopolita; durante las jornadas alberga tertulias interminables. La faceta diurna del establecimiento es testigo también de grandes alianzas. Ahí, en el símbolo de la vida social del barrio de Ixelles, nos encontramos con alguien que conoce de primera mano los engranajes de la capital comunitaria.


Ramón Jauregui (1948) llega esquivando la lluvia característica del país. Mientras espera su taza de café descafeinado, reflexiona sobre los últimos acontecimientos de la política nacional, relación Sánchez-González inclusive, con la condición de que no formen parte de la conversación que busca servir como termómetro de la situación actual del continente. Hace una legislatura que abandonó las instituciones europeas, treinta y cinco años de su paso por el Gobierno Vasco y quince de su etapa en la Moncloa bajo los mandos de José Luis Rodríguez Zapatero.

Su radiografía del contexto europeo es la de alguien que entiende el ritmo comunitario, sus tiempos, equilibrios, pero también sus intereses contrapuestos. Desde una cafetería rodeada de estanques y confidencias, abre la puerta a que aquellos que actualmente se encuentran en la primera línea política abran el debate sobre el gasto en defensa con altura de miras y responsabilidad,en un momento en el que Europa reescribe sus propios principios fundacionales.

Pregunta: En estos 40 años, ¿cómo ha sido el paso de España desde el 86 hasta aquí?

Respuesta: Hay una cosa que a mí me gustaría trasladarte, que es una reflexión un poco nostálgica de un antifranquista que vivía en la frontera, que es un poco mi caso.

Europa era para nosotros el espacio de libertad y de democracia al que aspirábamos en la lucha antifranquista. Para mí, que vivía al lado, en San Sebastián, y pasaba la frontera para comprar libros, para ver películas... Era como una burbuja de libertad. Esa es una sensación que quiero que tengas y que recuerdes, porque en mi opinión es capital.

Hay incluso una anécdota. Nosotros teníamos un banco en Hendaya que se llamaba el Banco de Enchauste, al que llegaba dinero de los socialdemócratas suecos y alemanes. Yo era secretario de Tesorería de las Juventudes Socialistas y pasaba la frontera a recoger ese dinero. Toda la emoción de pasar con el dinero y que no me parara la policía, de comprar libros y que no te los requisaran... Toda esa emoción, eso era Europa.

Entonces, yo diría que la entrada en Europa, para nuestra generación, fue como encontrar el lugar en el mundo para España. En el fondo, la incorporación a la Unión Europea —de eso hablamos hace 40 años— fue encontrar un lugar, una compañía, una familia, una ruta, un camino para el futuro.

Esa era Europa para nosotros.

Frente a aquella broma de los falangistas que decían que España era una “unidad de destino en lo universal”, aquella patochada que se convirtió casi en un proverbio común, la respuesta es no: no somos una unidad de destino en lo universal; somos una parte de Europa para el mundo. Esa es la idea central de lo que fue aquella fecha y aquella incorporación.

Ramón Jauregui: “Necesitamos una reflexión seria desde el Parlamento Europeo en favor de una mayor corresponsabilidad con el ejecutivo”

P. ¿Ha sido Europa como imaginábamos que iba a ser cuando entrásemos?
R. Ha sido más. Yo creo que todo el mundo está de acuerdo en que han sido los mejores 40 años de la historia de España. No solo por haber entrado en Europa, pero sin Europa no habría sido igual.

Hay que recordar el momento. En el año 85 teníamos aproximadamente 10 millones de empleos y casi 3 millones de parados. Hoy tenemos 22 millones y medio de ocupados y el paro está en torno al 9 o 10%.

Hemos multiplicado nuestro PIB por dos. Hemos aumentado nuestra esperanza de vida en diez u once años. Hemos reducido el paro a la mitad.

Todo lo que ha ocurrido en este tiempo explica que Europa ha ayudado a España a construir los 40 años mejores de su historia. Veníamos de una industria prácticamente chatarrizada y hemos modernizado nuestro aparato económico y productivo de manera enorme. Somos muy competitivos en muchas cosas.

Yo diría que se ha producido un cambio cultural: apertura de fronteras, niveles educativos, mentalidad europea. España no podría haber sido lo que es si no hubiera entrado en la Unión Europea hace 40 años.

P. Y también a la inversa: ¿cómo ha transformado España a Europa?
R. España ha ido moldeando debates.
Yo creo ha estado siempre en el núcleo de los países que querían una unión más estrecha, más intensa. España ha estado ahí si recordamos su participación en los grandes tratados, desde Maastricht hasta Ámsterdam.

Las aportaciones de España han sido importantes: por ejemplo, el impulso al programa Erasmus; el concepto de ciudadanía europea; Schengen; nuestra posición política positiva a favor de la reunificación alemana; la defensa de la cohesión social; la arquitectura que dio lugar al Next Generation, que es otro paso gigantesco.

España ha estado siempre ahí. Y eso me enorgullece, porque es donde hay que estar. También hay que destacar la apertura hacia América Latina. A finales de los 90 América Latina no existía en el radar de la política exterior europea. España y Portugal abrieron esa ventana al otro lado del Atlántico.

P. En este debate donde se habla ya de una Europa de dos velocidades, algo que empieza a verse como factible, ¿lo ve razonable?
R. No me gusta la idea de Europa de dos velocidades en el sentido de círculos concéntricos, porque eso no ha funcionado nunca bien y ha hecho muy compleja la vida interna.

Yo hablo de un núcleo motor. Tradicionalmente ese núcleo fue el franco-alemán. Ahora eso se ha roto y tienes un eje diferente.

Lo que planteo es algo más amplio: que ese núcleo se ponga de acuerdo —lo cual no será fácil—, pero es el único instrumento para avanzar en la hoja de ruta que han marcado personas como Draghi o en los retos geopolíticos que nos ha planteado Trump y Estados Unidos, y el nuevo mundo de potencias que se ha configurado.

P. Pero ¿no hay riesgo de predominio alemán?
R. El problema no es Alemania. El problema es la fragmentación.

En el seno de esos países están emergiendo opiniones públicas y partidos que no quieren ese núcleo motor. Si en mayo de 2027 Bardella fuera presidente de Francia y no quisiera avanzar en ese ritmo intenso, el proyecto quedaría bloqueado.

Ese euroescepticismo que no reniega de la Unión pero la acepta como algo que hay que soportar mata el proyecto. Porque lo que hay que hacer ahora son pasos gigantescos: unificar la industria militar, eliminar la unanimidad en política exterior, convertirnos en una potencia.

Si el mundo se divide en tres potencias y los demás somos vasallos, la única manera de no serlo es ser potencia.

P. ¿Cómo se articulan las diferencias Norte-Sur, Este-Oeste?
R. Entre pocos inicialmente y que los demás se vayan sumando. No hay más remedio. Si quieres ponerte de acuerdo con todos, no vamos a poder. Ya está claro que hay dificultades objetivas. El problema es que están emergiendo opiniones públicas neonacionalistas que creen que los problemas se resuelven dentro del propio país. Y hay un problema interno muy fuerte: la opinión pública europea no acepta la inmigración, y la inmigración la necesitamos como el respirar.

Hay una suma de soberanismo anacrónico y sentimiento antimigratorio, especialmente antiislámico. Esa es la configuración política de la Europa de hoy. Y eso es el verdadero problema.


Ramón Jauregui: “La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo”

P. ¿Qué pasa con el Parlamento Europeo?
R. Yo reclamo más poder para el Parlamento Europeo, pero también le exijo corresponsabilidad con el ejecutivo. En los sistemas democráticos nacionales, una mayoría parlamentaria sustenta al gobierno. En el Parlamento Europeo no existe esa cultura de corresponsabilidad.

Si el Parlamento bloquea decisiones estratégicas ya negociadas por la Comisión, el sistema falla. Y Europa, que ya tiene dificultades intrínsecas por ser una suma de naciones y no una federación, no puede permitirse eso. Necesitamos una reflexión seria desde el Parlamento Europeo en favor de una mayor corresponsabilidad con el ejecutivo.

P. Con Rusia, ¿Hay que descolgar el teléfono?
R. Para coger el teléfono tienes que ser potencia. Si no, no te lo cogen.
En el mundo que se está configurando, necesitas fuerza. El dinero es una parte, pero tiene límites. Hemos aprobado veinte paquetes de sanciones. Pero si quieres sentarte en la mesa necesitas capacidad militar, autonomía estratégica y credibilidad.

Hay que crear una unidad operativa europea ya, agrupar fuerzas nacionales bajo una organización común y empezar a montar eso. Más complicado será decidir dónde se fabrica el tanque europeo o el submarino, pero la unidad operativa es urgente. La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo.

P. En España cuesta explicar el rearme.
R. Eso se hace haciendo política en serio y planteando el debate a la opinión pública en profundidad.

Necesitamos un gran debate sobre defensa. Porque todo está conectado. No es solo una ciudad lejana en el Báltico. Puede ser ciberataque, manipulación política, uso de la inmigración como instrumento. Si no formas parte del núcleo que responde, no cuentas. Sé que es difícil en una cultura de paz como la española, pero España se merece ese debate.

P. En América Latina, ¿ha estado Europa a la altura?
R. No somos un actor determinante frente a la materialidad del poder estadounidense, pero tenemos instrumentos.

Tenemos acuerdos comerciales con el 95% de la población latinoamericana. Tenemos estándares medioambientales, una cultura no extractivista, capacidad de crear cadenas de valor sólidas.

América Latina es un espacio en disputa entre Estados Unidos y China. China tiene una penetración económica muy fuerte. Europa puede desaparecer si no actúa. Tenemos que hacernos presentes aportando lo que tenemos y construyendo una relación de convergencia cultural y geopolítica.

P. ¿Y la relación con China?
R. China controla nodos críticos en las cadenas de suministro, crea dependencia y controla rutas y puertos estratégicos. Es competidor y rival sistémico.

Durante años seguimos la política estratégica estadounidense y pusimos vetos que no siempre eran razonables desde el punto de vista económico.

Ahora descubrimos nuestras dependencias: defensa, tecnología, satélites, telecomunicaciones. La clave es recuperar autonomía estratégica. Sin autonomía, no eres fuerte. Y sin fuerza, no eres potencia.
Ramón Jauregui:

“Si el mundo se divide en tres potencias y los demás somos vasallos, la única manera de no serlo es ser potencia”

Al terminar las preguntas, la conversación continua ya con la grabadora apagada. Ha caído la noche en Bruselas y el ambiente de la cafetería que alberga el encuentro también parece hacerlo. Jauregui repasa la agenda que le espera en los próximos días en la capital comunitaria que pasarán entre reencuentros y reuniones en las instituciones comunitarias. La entrevista sucede días antes del inicio del conflicto abierto en Oriente Medio y la tensión generada entre el gobierno estadounidense y el español, sin embargo, el ex eurodiputado ya avisaba: "La política actual requiere gestos de autoridad, de potencia que quiere serlo". Palabras que parecían adivinar lo que estaba por llegar.



Entrevista para Demócrata, Alvaro Villarroel, 6/3/2026

1 de marzo de 2026

Acto recuerdo 50 aniversario del mitin PSOE 1976 en Eibar.

El pasado 1 de marzo el PSE de Eibar ha celebrado un acto en conmemoración al 50 aniversario del primer mitin autorizado del PSOE desde la Guerra Civil.
Participé junto a Eneko Andueza, Secretario General del PSE-EE y el alcalde de Eibar, Jon Iraola.

El mitin de 1976 supuso un hito en la recuperación de las libertades democráticas en nuestro país.
Dió valor real tanto a la ciudad como a la Agrupación Socialista local de Eibar en la defensa de los valores de libertad, democracia y  justicia social.

"Fue un acto de ruptura. Queríamos ofrecer a la ciudadanía la opción de acudir a un acto masivo sin represión. Y queríamos abrir puertas para posibilitar actos en los que recuperar la libertad”.

Personalmente me hice todavía más socialista en Eibar. El socialismo eibarrés es “el prototipo del socialismo vasco que siempre admiré y siempre quise instaurar”.


23 de febrero de 2026

VI Seminario de Alto Nivel “Ante la encrucijada geopolítica actual, ¿hay lugar para la Unión Europea en América Latina?


VI Seminario de Alto Nivel organizado por la Fundación Euroamérica y la Asamblea Parlamentaria Europea-Latinoamericana (EuroLat), celebrado en Bruselas bajo el título ‘Ante la encrucijada geopolítica actual: ¿Hay lugar para la Unión Europea en América Latina?’
 

 



 Vía: European Union 2026-EP

9 de febrero de 2026

Los debates que no tenemos.

Después de la derrota electoral de 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba me encargó organizar una reflexión colectiva, profunda y renovadora, para debatir una nueva oferta política del PSOE, gravemente desgastado por la crisis económica y frente a una sociedad que mostraba quejas muy serias y tendencias pluripartidistas evidentes. Durante un año largo, más de 20 grupos, formados por expertos, propios y ajenos al PSOE, debatieron y concluyeron una docena de documentos que abarcaban los grandes temas del momento. Una conferencia política celebrada en noviembre de 2013 (semejante a un congreso federal) adoptó las grandes resoluciones que han sostenido muchas de las bases ideológicas del partido estos últimos años.

Hoy vivimos asaltados por cambios estructurales y valores ideológicos mucho más trascendentes y peligrosos que entonces: el orden internacional ha saltado por los aires; la democracia es combatida desde múltiples frentes; Europa está en riesgo; la desigualdad crece y nuestras herramientas para reducirla han quedado obsoletas; valores liberales y aspiraciones de justicia que creíamos en permanente progreso son cuestionados o combatidos abiertamente; algunos sectores sociales, compañeros de viaje en nuestras políticas transformadoras, están siendo atraídos por populismos demagógicos…, así podríamos seguir con una larga lista de amenazas ideológicas.

Qué más tiene que pasar para que nos paremos a pensar? ¿Para cuándo la autocrítica? ¿Cuándo y cómo abordaremos debates imprescindibles de nuestra estrategia política para los próximos años? Veamos unos cuantos, solo a modo de ejemplo:

Recuperar nuestra vocación de mayoría y nuestro proyecto federal. Nuestro proyecto político está seriamente limitado en una coalición, que ha servido, pero que no tiene futuro. Habrá exigencias nacionalistas inasumibles y hay partidos que ya han decidido no sumarse a ella. Los efectos electorales de esos pactos en las comunidades no nacionalistas son negativos. Necesitamos recuperar la autonomía política de un proyecto nacional y ser percibidos como garantía de aspiraciones comunes de todos los españoles. Tenemos una propuesta consensuada internamente para la España autonómica. Ese proyecto no es compatible con las pretensiones últimas y de fondo que nos plantean los nacionalismos: la autodeterminación, vía consulta o vía reconocimiento del llamado derecho a decidir y los mecanismos confederales derivados de supuestas soberanías originales e iguales a las del Estado. No hay punto de encuentro en esos planteamientos, y debemos dejarlo claro ante todo y ante todos.

El combate ideológico a la “nueva derecha”. Hay un “corpus doctrinal” en la ultraderecha que se proyecta con fuerza creciente en Europa impulsada por MAGA y por Estados Unidos. Un neonacionalismo patriota que alimenta el orgullo identitario y concentra en la nación la solución de los problemas. Un antieuropeísmo objetivo y militante que pretende la deconstrucción de la Unión. Un rechazo agresivo al diferente y al extranjero. El negacionismo del cambio climático. Su adhesión a los nuevos imperios frente al multilateralismo. Su querencia por los “hombres fuertes” y autoritarios y el desprecio por los valores liberales y la democracia misma. Sus códigos reaccionarios de conducta social y de moral pública. Su rechazo a la revolución feminista.
Hay una batalla cultural e ideológica por hacer desde el socialismo liberal contra esa doctrina. No basta la descalificación. Necesitamos rearmar nuestros argumentos y enfrentarlos día a día, en todos los planos y en los nuevos medios de comunicación.

Reformas que fortalezcan la centralidad política. El multipartidismo no es cuestionable porque así lo deciden los electores, pero sus efectos sí son negociables. El multipartidismo en España ha acabado configurando dos grandes bloques enfrentados y antagónicos. Parecemos condenados a perpetuarlos si no introducimos reformas electorales o facilitamos la investidura a la minoría mayoritaria. Esto devolvería al Parlamento la geometría variable del pacto con todos y facilitaría los pactos de Estado que España necesita. Sería, además, un poderoso estímulo electoral a las dos fuerzas centrales del país.
Este debate ni es fácil ni es pacífico, por las evidentes consecuencias estratégicas que conlleva, pero abordarlo me parece tan necesario y conveniente como inaplazable.

Estado de derecho, instituciones y Constitución. Nuestras instituciones democráticas están sometidas a un acoso extraordinario y a un peligroso deterioro de su credibilidad Desde la pandemia, el decreto ley sustituye al Legislativo y el Parlamento pierde poder. Su proyección social se devalúa por la creciente agresividad de la polarización. El Poder Judicial está sometido a múltiples presiones y recuperar su credibilidad asegurando su independencia es tarea primordial. Muchos organismos institucionales deben ser reforzados en sus condiciones apartidistas y en la objetividad de sus miembros. Los medios y las redes deben contribuir a restaurar el edificio deliberativo de la conversación pública que la democracia exige y no lo contrario.
La Constitución necesita reformas conocidas. Un debate interno bien planteado debiera permitirnos ordenar y sistematizar nuestras propuestas de reforma y enriquecer así el debate político de nuestro país: desde las cuestiones territoriales del modelo autonómico hasta la reforma del Senado; desde la inclusión de Europa en nuestro texto constitucional hasta la financiación de autonomías y ayuntamientos; desde la igualdad de mujeres y hombres hasta la incorporación de nuevos derechos fundamentales, incluyendo los digitales.

Renovación socialdemócrata. A pesar de los notables avances sociales producidos estos últimos años, la socialdemocracia encuentra límites a sus políticas de igualdad. La fiscalidad internacional no avanza. Nuevas necesidades defensivas y un alto endeudamiento no permiten aumentos de gasto público. Un nuevo capitalismo financiero y globalizado impone límites a la legislación nacional. La tecnología genera nuevas divisiones sociales entre países y entre trabajadores. Los nuevos oligarcas tecnológicos imponen su ley al mundo. El listado de estos límites es desgraciadamente demasiado largo. Tenemos que renovar nuestras herramientas, nuestras ofertas, nuestros instrumentos en favor de nuestras viejas demandas. Están surgiendo nuevas ideas sobre la necesidad de concretar objetivos precisos en materias vitales muy precarias: vivienda, energía, transporte, como banderas de una política predistributiva y de resolver las deficiencias surgidas en los servicios públicos esenciales, educación y sanidad principalmente. Modernizar nuestra oferta social no será fácil, porque entraña también un controvertido análisis sobre el deslizamiento de nuestro gasto hacia la población mayor y quizás reorientaciones de gasto hacia otros colectivos. En ese sentido, nuestras políticas pre y redistributivas deben reformularse para ofrecer a los jóvenes españoles medidas capaces de recuperar su afecto por la política y su confianza en el PSOE. Desde la pobreza infantil hasta el ascensor social educativo; desde la vivienda hasta los contratos laborales de inicio y sus condiciones. Analizar a fondo la penetración del populismo y la antipolítica entre los jóvenes es de una urgencia vital.
Es solo un índice de nuestras urgencias ideológicas y políticas. El PSOE está falto de pluralismo interno y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.

Publicado en El País, 9-2-2026


 y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.

7 de febrero de 2026

La transición española como modelo para Venezuela.

Nadie sabe cómo será la transición democrática de Venezuela después del asalto de Trump. Tampoco sabemos si Estados Unidos se esforzarán en ello, una vez bajo su control la recuperación petrolera y la estabilización económica. Lo que parece incuestionable es que se ha abierto un horizonte político hacia la normalización democrática llena de incertidumbres, dificultades y esperanzas.

Quienes protagonizamos la transición española desde la dictadura franquista a la democracia, aquellos años setenta del pasado siglo, vemos signos alentadores en los primeros movimientos de la nueva presidenta y apreciamos ciertas semejanzas con la hoja de ruta que guio -con éxito- nuestro proceso. Recordarla y adaptarla, puede ser útil para ese atribulado pueblo.

¿Quiere ser Delcy Rodríguez el Suárez español de los setenta? La presidenta encargada parece empeñada en dirigir al chavismo hacia el juego democrático limpio, pretendiendo con ello evitar un final traumático y el desmoronamiento político del chavismo y jugaras sus propias opciones en unas elecciones libres. Aprovecha para ello la confianza pragmática que el Gobierno norteamericano ha depositado en ella, aplica las instrucciones energéticas y económicas que le dicta Washington y comienza un proceso de normalización democrática con la liberación de presos políticos y la promulgación de una amnistía. 

Salvando otras evidentes diferencia, esa estrategia se parece mucho a la del joven presidente español que desde el aparato del régimen quería avanzar hacia la democracia con la intención de aprovechar su ventajosa posición en el gobierno para ganar las primeras elecciones democráticas. Es un movimiento tan oportunista como necesario, pero nosotros no olvidamos que la primera condición del éxito español es que hubo alguien en el franquismo que quiso acabar con él.

¿Quiere la oposición venezolana pactar una hoja de ruta hacia un nuevo comienzo democrático?Nosotros exigimos libertadesdemocráticas, legalización de todos los partidos, igualdad de condiciones y limpieza en el juego electoral y una convocatoria para elegir un parlamento democrático.

Ese pacto en la Venezuela de hoy, exige garantías plenas para que todos los partidos políticos sean legalizados, para que todos los líderes y representantes políticos gocen de plenos derechos para el ejercicio de su acción política en el interior del país y para que se eliminen las arbitrarias limitaciones que han sufrido sus candidaturas ante la justicia electoral. En pocas semanas, los líderes y sus partidos volverán a la escena democrática y un pacto sobre el proceso es imprescindible.

El pacto, por eso, exige fijar una fecha para las elecciones a la Asamblea Nacional. Estas elecciones son básicas en la Venezuela de hoy porque es preciso saber el peso electoral de las fuerzas políticas. Al respecto, conviene recordar que tras el triunfo de Edmundo González y María Corina Machado el 28 de julio de 2024, había una plataforma de fuerzas políticas diversas que tienen tanto derecho como el candidato a atribuirse a aquel triunfo colectivo y que objetivamente hoy no se sienten representadas por las decisiones de la señora Machado, de manera que es imprescindible clarificar el peso electoral de cada fuerza política en el seno del país.

La amnistía del pasado. La nueva Asamblea tendrá toda la legitimación para adoptar una decisión necesaria: el perdón del pasado. Se trata de construir un futuro común, sin agravios ni venganzas, sin olvidar, pero perdonando. Una Venezuela de todos y para todos que supere estas dos décadas sin exigencias penales para nadie y que aborde una etapa de reconciliación nacional con memoria, pero sin 
heridas abiertas. En España también hubo dos leyes de amnistía: una antes de las primeras elecciones democráticas y otra, recién celebradas estas, que abordó la condición necesaria de reconciliación nacional: el perdón del pasado.

Esa Asamblea decidirá soberanamente si se proclama Constituyente y elabora una nueva Constitución, que en su caso, sería consensuada en su seno y sometida a referéndum del pueblo para su ratificación.

En ese caso, las elecciones presidenciales deberían ser convocadas inmediatamente después de ese referéndum, al mismo tiempo que las elecciones para una nueva Asamblea Nacional, esta vez elegida ya sobre la base de la nueva Constitución aprobada.

Si la voluntad mayoritaria de las fuerzas políticas entiende que no es necesario un proceso constituyente porque la actual Constitución es válida para guiar la convivencia democrática, la Asamblea Nacional debería dar lugar a un gobierno de concentración en proporción a las fuerzas representativas de los principales partidos. La tarea de ese gobierno sería la convocatoria de las próximas elecciones presidenciales, así como la de las elecciones locales a alcaldes y gobernadores.

Este esquema es solo una sugerencia. La clave, más allá de los detalles, es el diálogo entre los actores políticos internos del país que dé lugar a un pacto sin tutelas y que permita recuperar así la soberanía democrática de Venezuela sobre el futuro del país.

Publicado en El País América, 7-2-2026

26 de enero de 2026

UE-Mercosur: un acuerdo bloqueado.

"Europa está perdiendo una oportunidad irrepetible de dar una muestra al mundo de su apuesta por el libre comercio y las relaciones económicas reguladas frente a las guerras tarifarias y la unilateralidad. Cuando la presencia norteamericana resulta más imperiosa y dominante que nunca en América Latina, Europa tenía en su mano la oferta de la cooperación y el diálogo, la política del acuerdo y el respeto, la bandera de la fraternidad para el continente hermano"

LA decisión del Parlamento Europeo de paralizar la tramitación del procedimiento para la ratificación del Acuerdo UE-Mercosur, firmado el pasado día 17 en Asunción (Paraguay), es de una extraordinaria gravedad para Europa. No se trata de cuestionar el derecho del Parlamento Europeo a que el Tribunal de Justicia de la Unión (TJUE) examine la compatibilidad del acuerdo con la ley europea, puesto que tal potestad está contemplada en los tratados. Sin embargo, en este caso, es legítimo interpretar que los solicitantes de ese informe previo pretendían, sobre todo, retrasar y bloquear la aprobación del tratado mediante una maniobra que interrumpe el procedimiento tasado del Parlamento para su ratificación. En términos prácticos, y tomando como referencia otros casos planteados en semejantes circunstancias (el tratado con Canadá, por ejemplo), este trámite nos obliga a esperar entre uno y dos años para que el tribunal confirme lo obvio: que el acuerdo no es contrario al Derecho europeo, entre otras cosas porque lo ha negociado la Comisión durante veinticinco años largos, y lo ha hecho asesorada por unos servicios jurídicos que revisan, hasta la exageración, cada uno de los aspectos negociados y cada uno de los párrafos del acuerdo.

¿Qué pasará en este plazo? Pasarán muchas cosas, pero todas malas. El Consejo, a petición de la Comisión, tiene la capacidad de decidir la aplicación provisional de las disposiciones que no son objeto del dictamen solicitado, pero mucho me temo que no lo hará. Tiene una fuerte oposición interna de los países que votaron contra el acuerdo en el Consejo: Francia, Polonia, Hungría, Irlanda y Austria. Se le sumará Bélgica, que se abstuvo, podrían sumarse otros, como Italia, que solo a última hora decidió apoyar el acuerdo, y otros que, aún estando a favor del mismo, no querrán un conflicto con el Parlamento ante las dudas sobre su ratificación posterior. Incluso un partido tan importante como el PP español, de un país clave para evaluar los apoyos del acuerdo, acaba de anunciar que habrá que esperar a conocer la resolución del TJUE. Todos sabemos a qué obedece este último giro de Núñez Feijóo: el temor electoral a Vox en el mundo rural. La conclusión no puede ser más triste: el campo derrota a Europa.

Mucho me sorprendería que el Consejo, liderado por Alemania, España, Suecia, Portugal, etcétera, impusiera por mayoría la aplicación provisional en un acto que acabaría siendo interpretado como despectivo hacia el Parlamento y que puede provocar una oposición política posterior mayor a la ratificación del acuerdo. Porque, digámoslo claramente, los 334 votos favorables a la paralización del procedimiento parlamentario pueden muy bien expresar una mayoría premonitoria del rechazo a la ratificación en su momento. Teóricamente, la suma de populares, socialistas y liberales podría ser mayoría (aproximadamente 400 diputados), pero el voto nacional se impone en este caso y los diputados franceses, polacos, etcétera, de los grupos mayoritarios rechazarán la consigna de sus respectivos grupos políticos, lo que explica la mayoría de 334 votos contra los 324 de la votación del Parlamento y hace temer una votación semejante cuando el tribunal devuelva el asunto a la Eurocámara, diciendo que no hay objeción jurídica al Tratado. Seguramente la Comisión y el Consejo opten por esperar al tribunal e instar una resolución rápida del contencioso, pero el tribunal tiene sus plazos y sus tiempos son tan soberanos como sus propias resoluciones.

Una postergación tan prolongada de la entrada en vigor del acuerdo y unas dudas tan grandes sobre su ratificación pueden llevar a alguno de los países –Brasil, por ejemplo– a olvidarse de Europa y plantear su política comercial mirando a otras partes del mundo. Inclusive, el conjunto de Mercosur puede hacer ese giro dando por muerto un acuerdo que ha tardado veinticinco años en negociarse y que, después de múltiples anexos y correcciones a peticiones sucesivas de Europa, es rechazado finalmente por el propio Parlamento Europeo. La influencia china y norteamericana crecerá y la nuestra se reducirá. Puedo pecar de pesimista, pero prefiero equivocarme y provocar reacciones que seguir proclamando las excelencias y parabienes de un acuerdo que está al borde del abismo y cuyo bloqueo representa un fracaso político enorme para Europa, en uno de sus momentos más oscuros.

Europa está perdiendo una oportunidad irrepetible de dar una muestra al mundo de su apuesta por el libre comercio y las relaciones económicas reguladas frente a las guerras tarifarias y la unilateralidad. Cuando la presencia norteamericana resulta más imperiosa y dominante que nunca en América Latina, Europa tenía en su mano la oferta de la cooperación y el diálogo, la política del acuerdo y el respeto, la bandera de la fraternidad para el continente hermano. Europa está perdiendo la oportunidad de formalizar el mayor tratado comercial del mundo en un contexto de crisis institucional del comercio mundial. Europa pierde su acceso al espacio económico más importante de América Latina (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) y renuncia a los beneficios de una asociación vital para nuestra autonomía estratégica, para las inversiones en la cadena de suministro y para sus mercados exteriores.

Con Mercosur, Europa tendría al 92 por ciento de la población latinoamericana en su radar comercial bajo el principio de la regulación y de la liberación de aranceles. Sin Mercosur, nuestra política comercial y de asociación con América Latina tiene un enorme agujero negro en el espacio físico, poblacional y político de la Amazonía y de toda América del Sur.

Por último, el daño a la credibilidad internacional de Europa es demoledor. Somos poca cosa en muchos foros del mundo. Nuestro poder blando no es poder en la selva de la ley de la fuerza. El comercio era y es una de las bases del lenguaje del poder que mantenemos todavía, porque somos un mercado único de casi 500 millones de personas con alto valor de consumo. Pero si los acuerdos que nuestro Gobierno –la Comisión y el Consejo– negocian en nombre de los Veintisiete no los ratificamos o tardamos decenios en hacerlo, como ocurrió con América Central, ¿quién confiará en nosotros? Si Europa no ratifica un acuerdo negociado durante veintiséis años y adaptado a múltiples y reiteradas garantías para nuestro agro ¿qué pensarán nuestros interlocutores? Porque y de esto no se habla, pero no debemos olvidarlo. Aunque el acuerdo se apruebe definitivamente en el Parlamento Europeo y se ponga en vigor el apartado comercial y de inversiones, el resto del acuerdo, de asociación política y cooperación, debe ser ratificado por los 27 parlamentos nacionales y nadie duda de que tal ratificación no pasará el filtro de los parlamentos nacionales de los países que se han opuesto de manera firme al Tratado.

Error, tremendo error.

Publicado en ABC, 26/01/2026

Tecnología y sociedad

Nunca, en la historia de la Humanidad, las innovaciones tecnológicas han tenido tanta influencia en la configuración social como la están teniendo hoy. Es muy conocida la metáfora que utilizó Vasily Leontief (Nobel en 1973), refiriéndose al inicio de la informática e internet: «Los ordenadores harán a los trabajadores de cuello blanco lo que el tractor hizo a los caballos en la agricultura». Pues bien, la progresión geométrica que se está produciendo en múltiples innovaciones en nuestros tiempos presenta nuevos y considerables desafíos sociales. La Inteligencia Artificial y la ciencia de datos, la biotecnología, la nanotecnología y las tecnologías cuánticas están alterando de raíz nuestro mundo y nuestra sociedad. Permítanme señalar, solo a modo de concepto, algunos de los retos sociales que debemos abordar como consecuencia de esos impactos:

1. Los países que lideran la innovación tecnológica controlan al resto del mundo. Cada día es más evidente que el dominio de las tecnologías aumenta considerablemente el poder geopolítico y económico de los países en las múltiples mesas negociadoras en las que se determina el futuro de sus poblaciones. Los nuevos imperios y sus grandes multinacionales gestionan infraestructuras esenciales para los servicios públicos, militares y financieros. Son además dueños de los datos que definen mercados y su escala les permite crear economías de red y, a su vez, liderar la innovación. Estados Unidos y China están al frente de ese ranking, letal para el resto.


2. Hay dos leyes ineludibles. La primera es que la tecnología asegura el crecimiento económico y la segunda, que las innovaciones destruyen empleos. Respecto a esta última, no hay datos para especular sobre la destrucción de empleos que generarán las nuevas tecnologías, pero sí hay una experiencia: la historia de las innovaciones tecnológicas de los últimos dos siglos demuestra que los 'gaps' en el empleo por la aparición de esos avances han sido siempre superados por los nuevos puestos creados en sectores económicos derivados, y que estos han sido de más calidad laboral.

3. El dominio de las nuevas tecnologías genera una nueva división en el seno del mundo laboral. Una primera clasificación la establece la pertenencia a lo que se llaman los «trabajadores del conocimiento» (30% de la población laboral); es decir, aquellos que aportan a su desempeño una base intelectual de información y formación previas. El resto son los «trabajadores contingentados», que realizan tareas más primarias, repetitivas o no cualificadas (70% de la población laboral). A su vez , en el primer nivel, hay entre un 5% (en Europa) y un 10%(en Estados Unidos y China) de empleados con altas cualificaciones tecnológicas que tienen los salarios más altos por su elevada productividad. Finalmente, otra de las consecuencias de estas tendencias clasificatorias en el mundo laboral es la creciente exigencia de formación más cualificada para los más formados, para los que ocupan los niveles más altos de la escala, de manera que se acentúan los efectos y las distancias del abanico sociolaboral.

4. Las empresas tecnológicas, plataformas, IA, software, chips, semiconductores, etcétera son nueve de las diez mayores empresas del mundo por capitalización bursátil. La mayoría de ellas son cuasimonopolios y están en manos de un propietario principal. Estos nuevos oligopolios tecnológicos han creado una élite mundial de oligarcas poderosos, capaces de imponer al mundo entero sus reglas más salvajes: desregulación y desfiscalización. La foto de su presencia en la toma de posesión de Trump en la Casa Blanca es buena muestra de su inmenso poder. Es más, algunos de ellos son líderes ideológicos de la 'nueva derecha' y precursores de una nueva sociedad iliberal y reaccionaria.

5. Necesitamos establecer normas regulatorias universales contra estos oligopolios. La IA, las redes y las plataformas están llenas de riesgos para los derechos fundamentales de las personas, para los consumidores, para la deliberación pública, para la información... En fin, para la democracia y la convivencia mismas. Los intentos regulatorios de Europa -protección de datos, Inteligencia Artificial, etcétera- chocan con el poder inmenso de estas compañías y hasta Trump nos amenaza con nuevos y mayores aranceles por ese razonable intento. Tampoco hemos conseguido que otros países del mundo presionen en la misma dirección regulatoria.

Este es el panorama. Tan provocativo como realista. Dos conclusiones son claras. Una, Europa está perdiendo la batalla tecnológica y cuanto más tardemos en reaccionar, más difícil será alcanzar a las otras dos potencias. Y dos, tenemos tamaño y nivel para hacerlo, pero solo si integramos nuestra política de innovación y aumentamos su dimensión.

Publicado en El Correo, 26/01/2026

5 de enero de 2026

Entrevista para "El Correo" 5/01/2026

Es una de las mentes más brillantes y sagaces de la política vasca del último medio siglo. Sindicalista de cuna y líder del PSE durante una década, ocupó cargos institucionales clave desde lo local a Europa, pasando por el Gobierno vasco y el Consejo de Ministros. Ahora, alejado de la primera línea, Ramón Jáuregui (San Sebastián, 77 años) observa la actualidad con la misma pasión y capacidad analítica de siempre.


- ¿Qué conclusiones saca de los resultados electorales de Extremadura?

- Que son malos de solemnidad. Eso no se puede negar. Y hago tres reflexiones. La primera, que el candidato fue elegido en primarias, que es un sistema que le otorga tal legitimidad de origen que luego deja al partido sin margen de maniobra. La segunda es que hay una alta abstención del PSOE y eso implica que nuestro suelo electoral es mucho más alto. Y, por último, hay que reflexionar sobre el efecto que tienen en algunas comunidades autónomas nuestros pactos con los nacionalistas.

- ¿Y el desgaste de Pedro Sánchez y la corrupción?

- No podemos dejar de reconocer que tienen un efecto. Mi impresión es que nunca unos pocos hicieron tanto daño a tantos. Pero hay que dejar claro que el PSOE es un partido honesto y este Gobierno, también. Incluso en relación con los aspectos más cutres de las acusaciones de acoso y machismo.

- ¿Está girando la sociedad española a la derecha?

- Sí, y es algo peligroso. Sobre todo desde el punto de vista del PP, que no se ha dado cuenta de que Vox representa a la nueva derecha, esa que tiene enormes apoyos, sobre todo en Estados Unidos, y es reaccionaria, iliberal, antieuropea, patriotera y tiene una enorme querencia por los líderes autoritarios. Pues esa nueva derecha viene a sustituirles. El PP no quiere verlo y se está volcando en una alianza muy peligrosa para ellos y para todos.

- ¿Y entonces cómo se debe tratar a Vox?

- Soy claramente partidario de evitar que entren en los gobiernos. En esto soy tajante. Y para eso, mi fórmula, que es un poco utópica, es evitar el 'bloquismo' de trincheras. España está estancada entre dos bloques que no dialogan. Y la única solución para evitarlo es cambiar el sistema de investidura. Es decir, permitir el gobierno de la minoría mayoritaria en segunda vuelta. Eso devolvería a la política española a la geometría variable de pactos con todos.

- Visto el ambiente político actual, sí que es utópico.

- Ya, pero es que además se generaría una sana rivalidad entre PSOE y PP por ser la primera fuerza. Y eso tendría réditos electorales para ambos.

- Pero a corto plazo, ¿apoyaría que el PSOE facilitara con su abstención la investidura de María Guardiola?

- Si lo pide el PP, yo lo veo bien. Pero no creo que esté dispuesto a ello porque Guardiola está negociando claramente con Vox en una apuesta de carácter nacional. Se vio en Valencia y va a suceder en todas partes.

- Sin Presupuestos, sin mayoría parlamentaria y con resultados electorales muy negativos, ¿habrá elecciones en 2026?

- No merece la pena especular sobre eso porque sólo el presidente lo sabe. Sí hay que reconocer que gobernar sin el apoyo del Legislativo es anómalo, pero en fin, poder se puede. Pero también hay que evidenciar que la gestión de este Gobierno en materia económica y social es muy notable.

- La situación es la que es.

- Sí, de bloqueo. Y lo que más me preocupa, pensando en España, es que esto nos está impidiendo acometer pactos de Estado que necesitamos urgentemente en vivienda, defensa, energía, innovación, inmigración y la UE. Somos un pequeño país en una Europa muy debilitada y un mundo hostil. Y esa preocupación mía se transforma en alarma pensando que los próximos cuatro años o más van a seguir los bloques enfrentados.

Sánchez, candidato

- ¿Qué le aconsejaría a Sánchez?

- Que convoque elecciones en el mejor momento para que seamos esa minoría mayoritaria. Quiero un PSOE con vocación de mayoría y no un PSOE como mera argamasa de una heterogénea suma de fuerzas que ya está finiquitada. En ese bloque que lideramos, las contradicciones internas a nuestra izquierda son muy fuertes, con un Podemos que quiere abiertamente correr solo, y los nacionalismos que no son de izquierdas van a plantear pretensiones inasumibles para el PSOE.

- Lo tiene muy claro.

- Es que quien crea ingenuamente que porque Puigdemont vuelva a España la cuestión nacionalista catalana se ha resuelto, que mire la fotografía de Otegi con Puigdemont en Waterloo y perciba cuáles son las próximas reivindicaciones de algunos nacionalismos.

- Pues sin esos apoyos, al PSOE no le darán los números para seguir en La Moncloa, sea cuando sean las elecciones.

- Ahí entramos en un terreno muy especulativo. Lo único que quiero decir es que me preocupa que el bloque ganador sea la suma de PP y Vox. Eso me parece profundamente preocupante porque perpetúa el bloqueo y nos mete en una senda de rasgos reaccionarios, antieuropeos, antimedioambientales... que hay que evitar. ¿Cómo? Insisto, con un PSOE que aspire a la mayoría con una fuerza que nos permita no ser la argamasa de ocho o diez partidos en una ingenua cualificación de plurinacionalidad sin saber muy bien qué significa eso, especialmente en un siguiente ciclo. Es verdad que esto ha funcionado desde la moción de censura. Pero pretender que sea el futuro de España me parece que es ingenuo. Y, sobre todo, peligroso desde la perspectiva de una construcción de un Estado como yo quiero, un Estado federal.

- ¿Ve a Pedro Sánchez siendo el candidato otra vez?

- Sin duda. El partido está con él.

- ¿No ve a nadie con ganas de plantarle cara?

- Puede haber ganas, pero no hay agua en esa piscina. La masa militante del PSOE está muy articulada desde el famoso 'no es no'. Y la dirección y liderazgo de Pedro han sido muy jerárquicos y no veo que nada se mueva. Y lo dice un veterano retirado que no tiene ninguna pretensión.

- Pues hay voces socialistas que...

- Lo que sí creo es que es el momento de reivindicar una mayor pluralidad interna y, sobre todo, mayores debates internos. La socialdemocracia tiene que innovar y replantear nuevas alternativas para afrontar el caos que se está generando en el mundo. El PSOE necesita una gran conferencia política para renovar su caja de herramientas ideológica.

Bailando en el Titanic

- Hablemos de Europa. Es muy pesimista sobre el futuro. Habla de que somos la orquesta del Titanic.

- Es una imagen en la que pienso mucho. No sé si hemos chocado ya contra el iceberg o estamos a punto, pero Europa sigue bailando en el Titanic en medio de una crisis existencial. Estamos amenazados por la guerra, acosados comercialmente, retrasados tecnológicamente... No tenemos poder en un mundo hostil. Quieren una Europa destruida y que los 27 Estados seamos vasallos.

- ¿Qué medidas urgentes habría que adoptar?

- En el ámbito defensivo, crear una industria militar y una estrategia propia sin romper con la OTAN mientras podamos. Y además, armonizar todas nuestras políticas en innovación para poder superar los gaps tecnológicos con Estados Unidos y China; y mejorar nuestro mercado interior y firmar Mercosur.

- Pues no hay muchos líderes europeos centrados en eso.

- Mi única esperanza es que, si algunos países no quieren sumarse a este proceso de integración fuerte de Europa, hay que dejarles que se vayan.

- ¿Habla de Hungría?

- Por ejemplo. Europa no puede ser lastrada por las unanimidades con países que no quieren hacerlo.

- ¿A quién teme más: Trump, Putin o Xi Jinping?

- En el ámbito militar, a Putin, sin duda. En el comercial y político, a Trump. Y en el tecnológico y comercial, también a los chinos. El mundo que se está dibujando vuelve a los grandes imperios. Se han roto todas las reglas, todos los moldes.

- En esa teoría encaja la intervención del sábado en Venezuela.

- Lamentablemente, sí. Se impone la ley de la fuerza y parece que el futuro del mundo pasa por ahí. Me produce pena que el creador del caos aparezca como el salvador. Eso aumenta la querencia por los 'hombres fuertes' y destruye la fe en la democracia de mucha gente.

- ¿Cómo ve el futuro de Venezuela?

- Muy confuso. Me huele que ahí ha habido un pacto, que igual incluye hasta al propio Maduro para que la transición se haga con el propio chavismo y EE UU ponga así su pezuña en el petróleo. De momento está oculto, pero la evolución de los acontecimientos nos lo dirá.

Entrevista realizada por Koldo Domínguez, 5/01/2026