20 de junio de 2021

¿Qué propone el PP para Cataluña?

"La política española debe plantearse una estrategia para ganarse la adhesión de un catalanismo centrado que excluya la pretensión independentista.¨

Todo el mundo sabe que los indultos pretenden suavizar la situación política con Cataluña para avanzar hacia algún tipo de acuerdo de fondo sobre su estatus en España. Sabemos que esta decisión divide al país sociológica y territorialmente porque la opinión pública catalana es abiertamente favorable a ella, mientras que el rechazo en el resto de España es mayoritario. Muchos coincidimos en los costes políticos de la medida y en los inconvenientes jurídicos que origina, pero apreciamos la oportunidad estratégica de la decisión como condición previa, inexcusable, al diálogo con el nuevo Gobierno catalán. 
Por eso, es preciso preguntarse sobre la estrategia futura de los grandes partidos ante el problema catalán. La política del Gobierno y del PSOE se intuye. Abordar un diálogo sobre el marco autonómico y financiero de Cataluña incluyendo una reformulación estatutaria, que supere las limitaciones impuestas por el Tribunal Constitucional al reformado de 2007, incluyendo para ello una reforma de la Constitución en perspectiva federal. Esta oferta está incluida en sendos documentos medulares de la política territorial del PSOE que fueron aprobados por sus órganos federales y autonómicos: la Declaración de Granada y la de Barcelona. El propósito final de dicha oferta es conseguir una aprobación refrendataria de la ciudadanía catalana tanto a su nuevo Estatuto como a la Constitución reformada, junto al conjunto del pueblo español. En la misma operación España abordaría así las importantes reformas pendientes y necesarias de nuestra ya vieja Carta Magna. 

¿Cuál es la propuesta del PP para Cataluña? Además de oponerse a los indultos –legítimamente, añado–, ¿Qué propone para el futuro? Hay que entender que su rechazo a la medida irá acompañado de su negativa a cualquier modificación estatutaria (ya recogió firmas contra el anterior Estatuto y luego lo impugnó ante el Constitucional) y, por tanto, a cualquier diálogo con el Gobierno catalán. 

No es difícil argumentar esta firmeza ante el independentismo si reconocemos que las pretensiones nacionalistas no caben, de ninguna manera, en nuestro ordenamiento constitucional. Seguramente el PP, en su camino a La Moncloa, no modificará una coma de esta argumentación y seguirá aprovechando los costes del Gobierno en su diálogo catalán. Pero es legítimo y necesario también preguntarse por los resultados de esa estrategia si mañana les tocara gobernar España. ¿Sería probable que la escalada nacionalista producida entre 2011 y 2018 (años de Gobierno del PP) se incrementara? ¿Podemos creer que, si el independentismo en Cataluña ha llegado hasta el 45% del censo, pudiera llegar al 60% en 2030? Es bueno hacerse esas preguntas porque, en democracia, son los votos los que determinan el futuro y la política española debe preguntarse sobre su mejor estrategia con relación a Cataluña para desinflamar ese sentimiento, hábilmente manipulado en los últimos diez años por el nacionalismo catalán. La política española debe plantearse una estrategia para ganarse el afecto y la sión de un catalanismo centrado, que excluya la pretensión independentista porque aprecia las ventajas de un autonomismo avanzado y pactado. Algo de esto sabemos en Euskadi. 

Pero una estrategia así necesita del pacto interno en España. Al igual que en otras grandes materias del país, España afronta el futuro con una división interna lamentable. La estrategia del Gobierno padece así un problema importante. Su oferta autonómica-constitucional aparece poco creíble por la falta de apoyo del PP a unas reformas que necesitan inexorablemente de su consenso. Ya no se trata solo de que el nacionalismo catalán rechaza esa vía porque ha abrazado otra, la del referéndum de autodeterminación para la independencia, sino que la propuesta del Gobierno, negando taxativamente dicho referéndum y ofreciendo generosamente la otra vía, carece de verosimilitud ante la negativa del PP a cualquier diálogo. 

Este es el verdadero dilema del debate actual sobre los indultos. Que la medida es problemática ya lo sabemos. Quizás habría sido más razonable una reforma del Código Penal sobre la sedición y una aplicación retroactiva de la ley más favorable, pero entiendo bien la injusticia de esta medida para con los fugados (y la probable oposición de ERC a tal salida). En cualquier caso, el debate va más allá. Es más de fondo e interpela al principal partido de la oposición sobre una estrategia fundamental para la España de mañana. ¿Qué propone el PP para Cataluña?

Publicado en el Correo y Diario Vasco, 20/06/2021