23 de junio de 2018

16 de junio de 2018

Entrevista para El Mundo, 16/06/2018

 Ningún dirigente del PSE-EE acumula su experiencia institucional que, en gran medida, comparte con una selección artículos agrupados en 'Memorias de Euskadi' (Libros de Catarata). Sin levantar la voz da un toque de atención al PNV.

¿Qué recoge en Memorias de Euskadi y por qué ha elegido este momento? 

Es una memoria del país y le hemos llamado así, en parte, atendiendo un compromiso de la Fundación Ramón Rubial y también como dedicatoria a los socialistas vascos. Ellos han sido parte del mérito de una victoria de la democracia sobre la violencia que el libro quiere reivindicar.

Su libro recoge artículos a lo largo de décadas muy duras en las que ETA ha tenido un dramático protagonismo, ¿pero se imaginaba este final?

Sí. Yo no soñé con el final de ETA porque durante muchos años perdí la esperanza de que ETA tuviera un final. Confieso que durante muchos años en la década de los 80 era muy pesimista sobre que hubiera un final a la violencia de ETA. Conviene recordar que estábamos en el peor de los mundos, con una espiral de acción-reacción que la habían programado los propios terroristas. Había una comunidad internacional que no sabía lo que estaba pasando. Francia no sabía lo que pasaba aquí. La Iglesia vasca no tuvo compasión con las víctimas. La sociedad vasca estaba acobardada y el nacionalismo vasco se pensaba que eran hermanos descarriados. Hubo un contexto en el que, sinceramente, perdimos la esperanza. Junto a toda la memoria del dolor compartido, por todos los que han sufrido, yo reivindico una victoria maravillosa. Nunca pensé que acabaría tan bien como acabó.

Este no fue un proceso lineal de unidad de todas los partidos democráticos sino que en 1998 el PNV apuesta por una acumulación de fuerzas nacionalistas, ¿por qué lo hizo?

Yo pienso que el nacionalismo vasco creyó que en la reivindicación de las causas políticas de ETA estaba la paz. Esta idea que diseñaron, entre otros, Egibar y Ollora era al situarse el PNV al frente de la reivindicación de la autodeterminación se acabaría la violencia. Esto es lo que inteligentemente y tramposamente diseñó ETA. ETA rompe el Pacto de Ajuria Enea ofreciendo una tregua que le sirve para rearmarse y el PNV de buena fe creyó que ése era el camino y se equivocaron. De ahí el plan Ibarretxe y la ofensiva terrorista de ETA. Pero en esta fase hay un pacto entre Rodríguez Zapatero y Aznar que acuerdan una medida extraordinariamente importante y que no tengo pelos en la lengua para reivindicar el acierto del Gobierno de Aznar al ilegalizar a Batasuna. Durante 20 años habíamos creído que Batasuna era el desagüe de la violencia y había que permitir este partenariado entre ETA y Batasuna. Creímos que había que convencerles de que había una opción político pero fue el terrorismo el que utilizó a su brazo político para reforzar su estrategia. Cuando el PP nos propuso ilegalizar Batasuna tuvimos muchas dudas. Yo era secretario general del PSE como responsable de una gestora y recuerdo que en aquella reunión yo me quedé muy impactado. Fue una medida acertada porque de la ilegalización surgió una Batasuna que acabó reclamando a ETA el fin de la violencia para que no arruinara su causa.

Pero el PNV no respaldó este tipo de medidas, ¿los nacionalistas llegaron a asumir un compromiso político decidido para combatir a ETA y su entorno?

El PNV siempre lo ha hecho a su manera pero no conviene descalificar su aportación. He discrepado mucho de sus posiciones pero lo he tenido como socio de la paz. Han sido protagonistas fundamentales y la deslegitimación de la violencia en la calle a través de los liderazgos sociales son importantes. Pienso también en su aportación en el Pacto de Ajuria Enea o en la dispersión de presos cuando al cárcel era un instrumento de ETA que estimulaba la continuidad de la violencia. El Pacto de Lizarra fue una gravísima equivocación del nacionalismo vasco, como lo fue en los primeros años el mirar hacia otro lado. O utilizar siniestras expresiones como la de «unos mueven el árbol y otros recogemos las nueces». Todos tenemos manchas en nuestra historia y soy partidario de reivindicarnos como conjunto de sociedad en el éxito alcanzado.

Tras el pacto de Lizarra y los tripartitos de Ibarretxe sin el PSE se ha vuelto a conformar una nueva alianza entre PNV y los socialistas vascos pero ¿valora la sociedad vasca la coparticipación en estos gobiernos de coalición liderados por los nacionalistas?
 

Quizás no suficientemente. En muchos momentos las coaliciones han sido claves, las reivindico con orgullo y creo que hemos cambiados el país. Cuando veo el Euskalduna recuerdo todas aquellas políticas de transformación que pusimos en marcha en la industria, en la regeneración urbana. Aquellos pactos han sido piezas claves en la construcción moderna de Euskadi. Hoy Podemos nos ha dado un bocado en representación, pero sigo pensando que somos factor de estabilidad y de moderación en la tentación identitaria del nacionalismo. Junto a la reivindicación social es una de nuestras señas de identidad.

¿Cómo interpreta la decisión del PNV de incluir el derecho a decidir junto a EH Bildu en los primeros documentos del futuro Estatuto y que se volcara con la cadena soberanista de Gure Esku Dago?

Es inaceptable poner una vela a Dios y otra al diablo y mantener esa doble componente estratégica. El PNV tiene que decir a los vascos qué es lo que quiere. Estar junto a EH Bildu me parece un error mayúsculo y la apuesta por el derecho a decidir, más allá de los eufemismos, es una apuesta por el independentismo. Eso tienen que saberlo los vascos y en su caso castigarlo. Estoy completamente en contra y en eso soy rotundo. Me ha sorprendido y me ha decepcionado esa ambivalencia. Lo del Estatuto me parece gravísimo y su presencia en la cadena, más testimonial.

El PP arrancará su oposición parlamentaria contra Pedro Sánchez con la pregunta de Javier Maroto al ministro Grande-Marlaska sobre posible cambios en la política penitenciaria como contrapartida, ¿le sorprende?

Yo creo que no hay ningún tipo de contrapartida. Es una posibilidad que forma parte de nuestro marco legal. La resolución del parlamento vasco que han aprobado los cuatro grandes partidos del país me gusta. El sistema penitenciario diseño la dispersión porque la cárcel era un engranaje del terrorismo y desde allí se estimulaba la violencia. No hay acción terrorista, no hay banda y por tanto la dispersión ha perdido sentido. El sistema legal establece que la reinserción es un objetivo y se favorece teniendo más cerca a los presos de su entorno social. Además, a la democracia que ha vencido de manera tan rotunda le corresponde la generosidad. Sólo el vencedor puede ser generoso. El final de ETA es plenamente democrático y total.

La presentación de su libro en Euskadi coincide con el nombramiento de Jesús Loza como delegado del Gobierno, ¿cuál debe ser la función institucional de la Delegación en el País Vasco sin el terrorismo etarra?

Me alegré muchísimo porque Jesús Loza desde la Fundación Fernando Buesa ha venido manteniendo el equilibrio de la memoria justa. Es una memoria reconciliada que propugna una ciudadanía convivencial. Una Euskadi que se mira a los ojos y sabe reconocer nuestros pasados y construir futuro. Va a ser un magnífico delegado.
 
Publicado en El Mundo País Vasco, 16/06/2018

Entrevista para El Correo, 16/06/2018





Ramón Jáuregui (San Sebastián, 1948) ha sido uno de los principales protagonistas de la historia política de Euskadi durante los últimos 40 años. Sus recuerdos son los de una comunidad marcada por el azote del terrorismo, por el dolor y por la derrota final de ETA. Un relato que quien fuera vicelehendakari, líder del PSE y uno de los impulsores de los gobiernos de coalición con José Antonio Ardanza ha plasmado en un volumen en el que reflexiona sobre el pasado y el presente, y en el que recopila artículos publicados durante todos estos años. Pero ‘Memoria de Euskadi. El relato de la paz’ (Catarata) es mucho más que eso. Es también un aldabonazo en el interior de una sociedad que permitió que la barbarie avanzara. «Mi memoria es un reproche severo a mis conciudadanos. Asumimos los asesinatos como una consecuencia natural del conflicto. Nos colocamos en una cobarde e injusta equidistancia. Nos faltó caridad, compasión, solidaridad...»
 
–Esas palabras aparecen en su trabajo. Es un análisis muy duro.

 – Nuestra historia pasada tiene épocas muy distintas. Pero hasta el Pacto de Ajuria Enea la sociedad vasca estuvo literalmente acobardada y moralmente en pecado si usáramos un término judeo-cristiano. Se colocó al lado de los verdugos y no de las víctimas. Justificaba los asesinatos cuando decía ‘este es un policía, un guardia civil, un chivato...’. Y si no encontrábamos justificación decíamos lo de algo habrá hecho. Y esa sociedad merece todos los reproches. Nuestra mirada histórica al pasado tiene que ser consciente de esa realidad.

-Pero no siempre ha sido así.
 
– Es verdad que luego la sociedad vasca estuvo al frente de esa condena al terrorismo. Por ejemplo, cuando nos manifestábamos frente a los ‘batasunos’ frente a frente. El gran cambio fue el fin de la violencia en 2011. Ahora es un país mucho más asentado. Me siento muy satisfecho de una Euskadi que está mucho mejor.

– ¿Cómo ve la evolución de la izquierda abertzale?

– La izquierda abertzale convivió durante casi 50 años con esa estrategia. Pero también reconozco, y todo hay que decirlo, que jugó un papel importante para exigir a ETA el cese de la violencia. Pero es evidente que todavía le queda mucho camino por recorrer. Me gustaría una ruptura mayor con el pasado.

– ¿Y cree que lo van a hacer?

– No lo sé. Muchas veces me pregunto cómo habría sido nuestra vida si en 1978 no hubiesen cometido el inmenso error de pensar que la democracia que estábamos construyendo era de cartón piedra. Cuando decidieron matar a todos aquellos que estábamos construyendo emocionadamente la libertad. Si miramos para atrás, está claro que todo aquello fue patético.

– ¿Y si miramos hacia adelante?

– Quiero hacerlo con optimismo.

– ¿Y hay mimbres para hacerlo?

– Siempre he defendido que la elaboración de un nuevo Estatuto era una oportunidad extraordinaria para configurar una especie de Constitución vasca en el que estemos todos, incluida la izquierda abertzale. Para mí sigue siendo la aspiración más extraordinaria.

– ¿Lo ve ahora factible?

– Lo que estoy viendo con mucha preocupación es la tentación del PNV de forjar un frente nacionalista con EH Bildu contra todos los demás. Creo que se está equivocando gravemente, como hizo en Estella cuando cambió de lado. El futuro solo se puede construir sobre la pluralidad y el progreso solo es consecuencia de la estabilidad. Me preocupan los movimientos que está teniendo el PNV hacia una deriva independentista que no le pertenece y que le va a pasar factura electoral. O al menos eso creo.

– ¿Cree que esa apuesta por redactar un Preámbulo soberanista esconde una estrategia de fondo o solo es táctica?

– Puede ser táctica, pero el PNV no puede seguir poniendo una vela a Dios y otra al diablo todos los días.

– Pero Urkullu y el propio Ortuzar insisten en que la apuesta es un acuerdo transversal que acoja a todas las sensibilidades políticas de este país.

– Pero no se puede mantener la ambivalencia entre el independentismo y el pragmatismo porque ya no estamos en ese juego. Eso no puede ser. El PNV tiene un papel fundamental para construir ese escenario del que hablaba antes. Está bien querer incorporar a la izquierda abertzale, pero no puede hacerlo dejando al margen a las otras expresiones políticas.

-¿Ve difícil el consenso?

-El Estatuto es un pacto anterior, es pacto vasco. Y lo que estamos percibiendo es la fractura vasca con la tentación independentista plasmada en un Estatuto de ruptura. El pacto interior es lo importante, y es verdad que eso lo dice de forma habitual Urkullu, pero el problema es que al final van por otro lado. La tentación identitaria extrema nos va a romper.

Cataluña en el espejo.

¿Teme que la deriva acabe en un escenario similar al catalán?

-En Cataluña los partidos dejaron el control en un asamblearismo loco.

Y eso, a día de hoy, no pasa en Euskadi. Pero hay que tener cuidado. Si el PNV le deja hacer a Egibar un nuevo Estatuto con EH Bildu marginando al PSE, a Podemos y al PP, a una confederalidad que nadie entiende, pues entonces los vascos deberán ubicar al PNV donde se merece.

¿Entiende el apoyo del PNV a la cadena Gure Esku Dago?

Me parece mal. Es lo mismo que digo del Estatuto. El famoso derecho a decidir es un eufemismo de la autodeterminación para la independencia. El PNV tendría que ser mas congruente a la hora de explicar que nadie tiene derecho a decidirlo todo. Si tuviéramos derecho a decidir todo, yo me pregunto, por qué los jubilados vascos no hacen una cadena en las tres capitales vascas y proponen que decidamos subir las pensiones con el cupo mil euros al mes como mínino. El PNV está jugando en ese terreno peligrosamente a pesar de la experiencia catalana.

¿Y tiene el PSE capacidad para modular el mensaje más radical de los nacionalistas?

-Los socialistas siempre hemos sido pieza clave del pactismo plural del País Vasco. A veces ha sido premiado y otras no tanto. Somos la pieza del engranaje que articula la maquinaria de la pluralidad. Pero también tenemos nuestros principios, y cuando el PNV se sale del carril, rompemos

«Le reconozco a Sánchez una audacia extraordinaria»

– ¿Se imaginaba a Pedro Sánchez en La Moncloa?

– Sinceramente no. No creía que fuese ocurrir. Pero la suerte ha acompañado al valor. Y le reconozco a Pedro Sánchez una audacia extraordinaria.

– En toda su trayectoria política, ¿había visto algo parecido a lo vivido estas dos semanas?

– No, tan brusco y vertiginoso por supuesto que no. Extraigo una lección muy importante de lo que ha pasado. La ciudadanía ha percibido que la corrupción tiene sanción. El sistema político español ha dado una lección extraordinaria de funcionamiento institucional. Ha recuperado enteros en la política europea.

 – ¿Qué le parece el Gobierno de Sánchez?

– Muy bien. Ha tenido un impacto público extraordinario.

– A pesar de la dimisión de Màxim Huerta.

– Sí. También le pasó a Emmanuel Macron. La dimisión era el fruto del contexto que vivimos. No podía ser de otra manera. La ejemplaridad es condición para la representación pública.

– ¿Va a durar mucho el viento a favor de Sánchez?

– Estos quinces días hemos vivido una burbuja. A partir de ahora las cosas se van a poner muy difíciles. Pero también tengo la sensación de que a la oposición no le va a resultar fácil negar el pan y la sal a un Gobierno que ha nacido con mucho crédito. Va a tener un año de recorrido como mínimo. Calculo que se va a testar en las elecciones de mayo de 2019. Digo testar, no que se vayan a hacer coincidir las elecciones. Y a partir de ahí se verá si se puede agotar la legislatura. Lo que veo es muy difícil que haya grandes consensos sobre los temas importantes del país.


Publicado en El Correo, 16/06/2016
Foto: Manu Cecilio.




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