27 de mayo de 2015

Cuestionario sobre inmigración en la Unión Europea.

1. ¿Qué opina sobre la reacción que han tenido Ángela Merkel y Hollande sobre la decisión de la Comisión Europea de establecer unas cuotas obligatorias para los refugiados inmigrantes?

No comparto el razonamiento insolidario con la crisis humanitaria que sufre el Oriente Medio.

La cifra que acordó la Comisión (20.000 refugiados) es solo una mínima parte de las personas que esperan salir de las guerras de Libia, Siria e Irak. Es vergonzoso que nos neguemos incluso a aceptar las cuotas proporcionales de esa cifra ridícula.

2. ¿Cree usted que lo sucedido en las aguas del Mediterráneo, dónde hubo muchas muertes, fue culpa de la UE tal y como estimaron las diversas ONG’s de protección a los inmigrantes?

No fue culpa directa de la UE. Los responsables directos son los que provocan las guerras o los piratas que los abandonan en alta mar. Pero la UE es responsable directa por no establecer un plan de Salvamento Marítimo más eficaz y, sobre todo, por no dar acogida a esos refugiados que tienen Derecho de Asilo con arreglo a las leyes internacionales porque huyen de la guerra.

3. ¿Qué opina sobre las medidas que va a llevar a cabo la UE por lo sucedido en Libia?

Europa debería estar actuando con más fuerza en la solución a la guerra en Libia. Incluso, militarmente, junto a las Naciones Unidas, debemos asegurar un gobierno estable y seguro expulsando al ejército yihadista. Luego hay que establecer campos de refugiados hasta que vuelva la paz a Siria e Irak. Estas son las verdaderas responsabilidades de la UE en un conflicto internacional tan grave como ese.

4. ¿Está usted de acuerdo con la noticia que publicó el periódico EL PAÍS el pasado miércoles sobre que ‘el reparto de inmigrantes de la UE debe estar ligado al paro’?

No. Me parece un argumento cínico y demagógico, Es verdad que tenemos una alta tasa de paro, pero estamos hablando de una crisis humanitaria. La capacidad de absorción de un país de 46 millones de habitantes es infinitamente mayor y esa población puede aportarnos muchas cosas a medio y largo plazo.

5. ¿Apoya a Federica Mogherini en su decisión por tomar “las medidas necesarias” en cuanto a la crisis migratoria actual? 

Sí. Apoyo una actuación excepcional en momentos como los que vivimos en el Mediterráneo. Es lo más solidario y justo, además de lo más inteligente. Basta para ello pensar en la seguridad. ¿A dónde huirán esos jóvenes que ven que Europa los rechaza? ¿No hay un peligro de radicalización terrorista en esa insolidaria y temerosa respuesta que les da Europa?

Desgraciadamente, decir esto resulta peligrosamente impopular entre las poblaciones más humildes, pero la izquierda no puede renunciar a sus principios en cuestiones como esta.

6. Sabemos que este problema proviene del caos y del inexistente Gobierno en países como Libia, ¿cree usted que es posible una solución? En el caso de que se produzca una estabilidad en estos países, ¿sería posible una relación de cooperación o lo ve como algo inalcanzable? 

Esos son los pasos. Primero pacificar el país (junto a las Naciones Unidas y ayudando a las fuerzas democráticas antiyihadistas), luego asentar la gobernación estable del país, si es preciso ayudando con fuerzas militares de las Naciones Unidas. Después, e inmediatamente, iniciar planes de cooperación contada la población refugiada. En último término, ayudar a esos gobiernos a desarrollar y a modernizar la economía libia.


Cuestionario realizado para alumnos de 2º Periodismo de la UCM.

26 de mayo de 2015

Intervención #AFCO 26-05-2015

Preguntas sobre la posibilidad de crear una Agencia Fiscal Europea y una Policía Europea especifica para la lucha contra el terrorismo.

25 de mayo de 2015

El Plan Juncker: una oportunidad para Europa.

La señal fundamental del cambio en la política económica de la UE que propusimos en nuestro programa electoral, fue la puesta en marcha de un plan de inversiones para Europa, complementando de este modo la orientación hacia las reformas estructurales, para así estimular la creación de empleo. No olvidemos que la brecha anual en la tasa de inversión ha sido estimada por el centro de estudios Bruegel de Bruselas en 280.000 millones de euros desde el principio de la crisis. 
Posteriormente, la tercera pata del nuevo policy mix neokeynesiano, a añadir a los dos pilares relativos a la inversión y a las mejoras a largo plazo de la productividad más arriba citados, se completaría con la flexibilización del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, al acompasar el ritmo de reducción de los déficits públicos al de la tasa de crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB). Si se compara el crecimiento económico de la Unión Europea (UE) y de la eurozona, con el que se ha experimentado en los Estados Unidos en el período 2007-2014, veremos que el diferencial a favor de nuestros aliados al otro lado del Atlántico ha sido superior, de media, a un punto porcentual por año. Éstas son las consecuencias de primar el equilibrio presupuestario a corto plazo sobre la recuperación económica, en unos años en los que el consumo y la inversión privadas estaban deprimidos, y solamente los Estados podían apoyar el aumento de la producción de bienes y servicios y por tanto la creación de empleos. 

Como remate de este nuevo enfoque de política macroeconómica, el BCE ha desarrollado una política monetaria expansiva, con un tipo de interés cercano al cero por ciento y el programa de compra masiva de títulos de deuda pública de los Estados miembros por valor aproximado de 1 billón de euros. 

Programa de inversiones

Tomada la decisión sobre el lanzamiento del programa de inversiones, la dificultad residía en cómo poner en marcha el conocido como Plan Juncker, habida cuenta de que la Unión en este momento no puede emitir deuda pública ni, en principio, establecer impuestos europeos. Por tanto, y dado que el presupuesto comunitario es predominantemente de inversión, además de ser de apenas un 1 por ciento del PIB de la UE, lo lógico es que el plan se financiara con contribuciones de los Estados Miembros. De este modo, el programa de inversiones tendría una naturaleza claramente extrapresupuestaria y adicional. 

Sin embargo, los Estados no se han mostrado dispuestos a poner más dinero, salvo para cofinanciar proyectos en sus propios países, lo que no es muy sorprendente si tenemos en cuenta que en 2013 por primera vez en la historia de la integración el Consejo Europeo acordó un presupuesto plurianual inferior, atención, en términos nominales, al del septenio precedente. 

A falta de nuevos recursos presupuestarios o extrapresupuestarios, a la Comisión no le ha quedado más remedio que plantear un ingenioso esquema de ingeniería financiera, que consiste en crear un Fondo Europeo para las Inversiones Estratégicas (FEIE), dotado con 21.000 millones de euros, de los cuales 5.000 millones provienen de los beneficios del Banco Europeo de Inversiones (BEI), mientras que los restantes 16.000 millones se garantizan con cargo al presupuesto comunitario. De estos 16.000 millones, la Comisión en su propuesta de Reglamento propone que se desembolsen 8.000 millones, lo que requiere una reprogramación presupuestaria que afecta fundamentalmente a partidas de inversión como Horizonte 2020 y el Mecanismo Conectar Europa. Esta aportación es necesaria en opinión del ejecutivo comunitario para conferir suficiente credibilidad al FEIE, pues con estos 21.000 millones de euros de garantía se pretende captar 63.000 millones en los mercados financieros para financiar proyectos, los cuáles a su vez debieran atraer capital privado por valor de 252.000 millones de euros, que da un total de 315.000 millones de euros. 

El Parlamento Europeo en cambio no está conforme con esta solución, al entender que se penaliza la inversión ya programada en los presupuestos comunitarios en sectores clave como la investigación, la innovación y el desarrollo, así como los transportes. La cámara propone como alternativa una garantía no desembolsada, pero que siempre puede ser ejecutada en caso necesario, con la posibilidad de desembolsar año a año la parte del presupuesto no utilizada. 

Dicho esto, el FEIE, tal y como está planteado en la propuesta de la Comisión, es manifiestamente mejorable. A corto plazo, debemos priorizar una rápida aprobación del Reglamento, para que las inversiones puedan desplegarse lo antes posible. A medio plazo, es preciso revisar la configuración actual para hacerlo más sólido y efectivo. En particular, es conveniente derogar el artículo 17.2 del Reglamento 966/2012, el cual prohíbe endeudamientos con cargo al presupuesto comunitario, para orillar problemas legales futuros. Asimismo, debemos dotar al FEIE de personalidad jurídica y duración perpetua, de modo que pueda emitir títulos de deuda, además de operar indefinidamente. Por último, las aportaciones provenientes de los beneficios del BEI deben ser recurrentes, al tiempo que hay que contemplar la atribución al FEIE o al presupuesto comunitario de los beneficios anuales del Banco Central Europeo, aunque sea limitando su despliegue a la Eurozona. 

Huelga decir lo importante que es este plan para un país como España, dada nuestra elevada tasa de desempleo, y en general para Europa, en la medida en que el FEIE pueda operar como una embrionaria política de inversión de carácter contra-cíclica. Por tanto, es imprescindible que las tres instituciones alcancen pronto un acuerdo equilibrado sobre la cuestión de la garantía

Publicado conjuntamente con Doménec Ruiz Devesa en Expansión, 23/05/2015

20 de mayo de 2015

19 de mayo de 2015

Actos de campaña Municipales 2015 en Cataluña

El sábado compartí acto electoral con David Gutiérrez candidato a la alcaldia de PremiàDeMar (Barcelona)









El domingo, se celebró otro acto  en Malgrat de Mar, con su candidato Joan Mercader.













Fotos: PSC Premiá de Mar y Malgrat de Mar

10 de mayo de 2015

Vivir juntos.

Apunto de terminar sus trabajos, la ponencia creada para la actualización del autogobierno vasco y los partidos políticos que la crearon se enfrentan al momento decisorio: elaborar sus conclusiones sobre el Estatuto, evaluando sus logros, sus fallos, su desarrollo y el estado actual del autogobierno vasco y, sobre todo, «acordar las bases para su actualización desde el máximo consenso posible», como literalmente establecía el título que el Parlamento dio a esta ponencia cuando la creó.

Sobre el tapete y simplificando un poco, nuestro espectro político partidario y nuestra sociología política actual responden a tres posiciones:
a) Quienes están satisfechos con el modelo autonómico actual y no quieren modificarlo o, de hacerlo, lo harían en un sentido recentralizador.

b) Quienes nunca lo aceptaron y siempre o simplemente ahora desean un Estado independiente de España en Europa.

c) Quienes desean esta autonomía política y económica pero la quieren mayor, la quieren mejor y, sobre todo, la quieren actualizada a un tiempo nuevo y a un espacio geopolítico y económico muy distintos a los de 1980.

Como es hora de concretar y aún a riesgo de una cierta tosquedad argumental, creo que debemos dar por descartadas las dos primeras. La primera porque sería negar la evidencia de una modernización a todas luces necesaria. Por otra parte, la vuelta atrás del sistema autonómico no es posible política y administrativamente. Tampoco me parece una base de futuros consensos acentuar el carácter foralista de nuestro autogobierno debilitando al Gobierno, en beneficio de nuestras diputaciones. Estas son posiciones claramente minoritarias.

La segunda, la creación de un Estado vasco independiente de España en Europa es una opción imposible. Lamento ofender a quienes sueñan –nunca mejor dicho– con ese proyecto, pero ya es hora de decirnos algunas verdades. Resumiendo mucho: el proyecto nacionalista de Euskadi nación-Estado pretende la integración de siete territorios de los cuales tres son Francia y no dejarán de serlo nunca. El cuarto, Navarra, no quiere integrarse en Euskadi y en esas condiciones no hay densidad poblacional, geográfica ni económica para sustentar un Estado.

Además, la opción independentista supone una fractura social y territorial en el país de incalculables consecuencias. Álava y las tres capitales, San Sebastián, Bilbao y Vitoria, son ciudades de una pluralidad identitaria, incompatible con un proyecto nacionalista que acabará pretendiendo la asimilación y homogeneización cultural e ideológica de sus ciudadanos. Por otra parte, las consecuencias económicas de la ruptura con España son incalculables e inasumibles para Euskadi, hasta el punto de que, bien puede afirmarse, que la independencia sería muchísimo más costosa para los ciudadanos que el Concierto Económico del que disfrutamos. Por último, Europa no aceptará nuevos Estados desgajados de los Estados miembros actuales porque eso descuartiza el proyecto europeo.

Explorar las posibilidades de la actualización del Estatuto es, por tanto, la vía política más lógica y acertada. El lehendakari le llama a esto «nuevo estatus». Podemos llamarlo así, si lo que hacemos es un nuevo Estatuto en el marco de una renovación constitucional que España abordará, seguro, en los próximos años, en la que el título VIII, reformado en clave federal, permitirá resolver muchos de los problemas existentes en el autogobierno vasco: clarificación y aumento competencial; reconocimiento de la bilateralidad; un nuevo Senado federal; una mayor participación en las tareas de gobernación del Estado; vías de acción exterior y europea; reforzamiento constitucional de algunos hechos diferenciales, etc.

A su vez, un nuevo estatuto deberá desarrollar y resolver mejor nuestra complejidad institucional interna en el marco de una competencia exclusiva en materia de organización territorial, así como abordar una nueva y amplia regulación de derechos y deberes de los vascos, nuestra organización de la Administración de Justicia, nuestra política lingüística y educativa, etc.

Hay un amplio capítulo de materias a discutir y mejorar sobre nuestro actual ‘estatus’ que nos permitirá actualizar al siglo XXI una herramienta tan positiva como la autonomía y un marco financiero tan generoso como el Concierto Económico. Pero más allá de esta relación de materias que justifican este intento, hay un objetivo político que me parece fundamental: incorporar a la izquierda abertzale al marco jurídico-político en el que vivimos, superando la fractura fatal de estos últimos cuarenta años. La renovación de nuestro Estatuto nos ofrece a todos una oportunidad única para este reencuentro que en términos políticos Euskadi necesita. Esto exigirá una delicada pero crucial exposición de motivos del nuevo Estatuto, verdadero portal de un nuevo tiempo. Muchos calificarán de utópico este objetivo, pero yo pienso que es realista intentarlo y posible conseguirlo.

Al finalizar mi exposición con estas ideas en la ponencia del Estatuto, un diputado me preguntó por qué me empeñaba en entenderme con los nacionalistas, atendiendo sus demandas aunque no fueran las mías. Mi respuesta política reivindicó lo mucho y bueno que trajeron aquellos gobiernos de coalición con Ardanza. Pero la respuesta, más personal, fue que vivimos con ellos y que mi idea de país no es aquel en el que unos se imponen a los otros, sino uno en el que cabemos todos y vivimos juntos.

Publicado en El Correo, 10 mayo 2015
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Foto: SANTOS CIRILO
Videos: PARLAMENTO EUROPEO.