25 de mayo de 2017

Un memorial en el Valle.

 Si queremos simbolizar el sellado del pacto reconciliatorio de la Transición en un lugar, en un acto, en la memoria colectiva de la España moderna, no habría mejor decisión ni mejor espacio que la transformación del Valle de los Caídos en un Memorial de las Víctimas de la Guerra Civil. Sí, esta es la perspectiva que debe prevalecer: la de las víctimas, la de todas ellas, como recuerdo imperativo de lo que nunca más debe suceder.

Ese y ningún otro era y es el espíritu de la Ley de la Memoria Histórica que el Partido Popular banalizó y ridiculizó en su agresiva política de oposición al presidente Zapatero.

Durante el último año de su mandato trabajamos en tres líneas que reclamaban continuidad y que el Partido Popular paralizó. Elaboramos un mapa de fosas en las que todavía, 80 años después, yacen restos de fusilados republicanos. Una tarea inacabada realizada a partir de testimonios e indicios de testigos aún vivos, por poco tiempo, para que los familiares que los reclamen puedan enterrarlos con dignidad y con la ayuda del Estado. Aprobamos igualmente el protocolo científico para las exhumaciones. Se trataba de superar las enormes obstrucciones administrativas con las que topaban y topan las exhumaciones, así como eventuales impericias. Y, por supuesto, completamos la ayuda económica para ellas.

En segundo lugar, preparamos un modelo de certificación oficial y dimos curso a declaraciones de ilegitimidad de los tribunales y de las sentencias franquistas. Es difícil describir la emoción que sentimos cuando entregábamos esas Declaraciones de Reparación y Reconocimiento a los familiares de los fusilados en los inicios del régimen. Era una reparación moral y política obligada del Gobierno de España por la que, a tenor de la Ley de Memoria Histórica, aquellas sentencias condenatorias quedan desprovistas de valor jurídico. El Tribunal Supremo confirmó que el sistema de la declaración general de ilegitimidad ope legis por la que había optado el legislador sustituía y excluía la vía de la eventual declaración individualizada de nulidad e invalidez de las sentencias afectadas por tal declaración (21 de febrero de 2011).

Por último, encargamos a una comisión de expertos, cuidadosamente elegida y pactada con todas las fuerzas políticas, la elaboración de un informe sobre el futuro del Valle con la idea de trasformar su vieja significación y convertirlo así en un lugar de memoria reconciliada.

El Valle no es un lugar cualquiera. Reclama un profundo respeto porque allí yacen los restos registrados de 33.847 personas, de los cuales aproximadamente 21.400 son de víctimas identificadas y unos 12.400 de no identificadas. Miles de ellas habían sido enterradas en fosas comunes cerca de las paredes de los cementerios, en descampados y cunetas. A partir de 1959, desde múltiples pueblos y ciudades de España, fueron trasladadas y depositadas en los columbarios del Valle. Su identificación ha devenido imposible hasta el presente por las malas condiciones en que se realizó el traslado, por la deficiente identificación en origen, en particular de las republicanas, y por los sucesivos derrumbes que han sufrido los columbarios citados.

El informe es conocido. Fue presentado públicamente después de celebradas las elecciones de octubre de 2011 y fue entregado a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, con los documentos de la transmisión de poderes al nuevo Gobierno. Los expertos recomendaban en esencia:

1. Construir un memorial civil en la explanada del Valle, con los nombres y apellidos de todos los enterrados allí. Un gran mausoleo en homenaje permanente a todas las víctimas. (Algo semejante al memorial por las víctimas de la Guerra de Vietnam en Washington).

2. Dignificar la situación de los restos, los columbarios y las criptas.

3. Construir un centro de interpretación del lugar con la historia de la construcción del Valle, la guerra y el recuerdo de los trabajadores penados, junto a un centro de documentación e investigación histórica.

4. Mantener el uso religioso del templo, pero con una presencia católica absolutamente comprometida con la democracia, el pluralismo político y la reconciliación, sin resabio alguno del espíritu nacional-católico franquista.

5. Y, por último, precisamente por ser un lugar de memoria de las víctimas, el informe reclamaba la exhumación de los restos de Franco del templo y la reubicación de los de José Antonio, víctima también, en lugar no preeminente. Tres de los expertos expresaron un voto particular. Suscribían todas las recomendaciones del informe salvo esta. No por razones de principio, sino de prudencia.
 
Esta no es una tarea partidista. La mayoría de los partidos, salvo uno, suscriben las propuestas del informe seis años después, como manifestó la votación en el Congreso del pasado 11 de mayo. Tampoco es anacrónico. Hacer un memorial en el Valle “no reabre viejas heridas”, como dijo el portavoz del Gobierno. Por el contrario, la cierra con la verdad del pasado y la dignidad para las víctimas. Hacer del Valle un lugar de memoria reconciliada es una gran asignatura pendiente de nuestra tortuosa memoria sobre la guerra y la represión franquista posterior. Es sencillamente inexplicable que no lo hayamos hecho ya. Si fuimos capaces de hacer la Transición y reconocernos, no como enemigos del pasado, sino como ciudadanos del futuro, ¿por qué no simbolizar ese abrazo en un lugar tan significativo?
 
No es razonable que ese lugar divida y enfrente virulentamente a los españoles 40 años después. O que los turistas que lo visitan confundan un memorial de víctimas con un mausoleo del dictador.
Esta es una operación delicada. De Estado. Incluye muchas gestiones sensibles. Pero son posibles. La familia Franco lo aceptará si es el Estado quien decide. La Iglesia española lo ve con buenos ojos. El Rey, de una España del siglo XXI, debería apoyarla. Es necesario. No en vano fue su padre quien encargó la custodia de la tumba de Franco a la comunidad benedictina, junto al altar. El Gobierno del Partido Popular debería liderarla para aunar y consensuar voluntades. Es una oportunidad para sellar el logro de una Transición que algunos menoscaban y menosprecian por desconocimiento o sectarismo. Es mejor que lo haga la derecha española. Es mejor incluso para ellos, pero sobre todo lo es para España.
 
Esta es una operación delicada. De Estado. Incluye muchas gestiones sensibles. Pero son posibles. La familia Franco lo aceptará si es el Estado quien decide. La Iglesia española lo ve con buenos ojos. El Rey, de una España del siglo XXI, debería apoyarla. Es necesario. No en vano fue su padre quien encargó la custodia de la tumba de Franco a la comunidad benedictina, junto al altar. El Gobierno del Partido Popular debería liderarla para aunar y consensuar voluntades. Es una oportunidad para sellar el logro de una Transición que algunos menoscaban y menosprecian por desconocimiento o sectarismo. Es mejor que lo haga la derecha española. Es mejor incluso para ellos, pero sobre todo lo es para España.
 
Ramón Jáuregui fue el ministro de la Presidencia que encargó el informe de los expertos y Carlos García de Andoin, su colaborador, el secretario de la comisión que lo elaboró.
 
Publicado para "El País" 25/05/2017
 

23 de mayo de 2017

Mucho por hacer.


Dos evidencias: Pedro Sánchez ha ganado con claridad y el proceso de primarias en el PSOE ha sido un ejemplo de democracia directa y orden democrático. El desenlace ha sido limpio y la participación muy alta. Quienes creímos que era necesario renovar la dirección del partido tras la gestión pasada, nos equivocamos.
El sentimiento de la militancia contra la abstención en la investidura de Rajoy era más fuerte de lo que pensábamos y el contexto de corrupción del PP de las últimas semanas hizo el resto. Sin duda, hubo y hay más razones en la victoria de Pedro que tienen que ver con el debate ideológico de la izquierda y con la estrategia política futura del PSOE que también han influido decisivamente en su triunfo y que configuran el futuro para nosotros y para el país.
La primera condición de ese futuro es que mantengamos la unidad interna. Eso requiere que todos, principalmente quienes apoyamos a Patxi o a Susana, nos pongamos a disposición y ‘a la orden’, y aceptemos colaborar con la dirección en los lugares y con las responsabilidades que esta decida. La unidad exige también que la nueva Ejecutiva integre a todos y evite sectarismos vengativos que prolongarían las heridas abiertas en este proceso.
La segunda tarea es hacer un buen congreso. Los delegados, esta vez en el ejercicio de un modelo de democracia representativa, deberían confirmar las coordenadas principales del programa del nuevo secretario general y aprobar unas resoluciones ideológicamente coherentes con él. A su vez, su Ejecutiva deberá ser de integración y así ser apoyada por una amplia mayoría del  Congreso.
Ahí empezará una nueva etapa. La definición de la estrategia política de oposición será el siguiente test. El origen de la investidura y los mensajes de la campaña de las primarias comprometen a la nueva dirección del PSOE a endurecer su discurso y a rechazar los pactos con el Gobierno.Esto es lo que a priori cabe suponer, teniendo en cuenta que el sentimiento contra la abstención ha sido determinante en la nueva mayoría del PSOE y por supuesto en el discurso del nuevo secretario general. Pero, ¿Cómo hacer esto compatible con la ‘oposición útil’ que también se ha prometido? Es sabido que la utilidad viene de los pactos que consigas y de las conquistas que obtengas en esos pactos. A veces, los pactos suman oposición para vencer al Gobierno impidiendo sus planes. Pero la mayoría de las veces, los pactos se hacen con el Gobierno para arrancarle políticas o decisiones que solo él puede adoptar. Una buena muestra de esa utilidad fueron, por ejemplo, los pactos sobre el salario mínimo, la retirada de la Lomce o la aplicación de las sentencias europeas sobre las cláusulas suelo que protagonizó el PSOE estos meses pasados. Más recientemente, el PNV, con su pacto de los Presupuestos y el Cupo, es otro buen ejemplo de ‘oposición útil’.
Pero, una oposición ‘sin concesiones’ nos llevará a una pugna con Podemos en la que, me temo, ellos siempre serán más llamativos y tendrán menos límites que nosotros. Esa estrategia tiene el riesgo de que la ingobernabilidad provoque un adelanto electoral cuyos resultados nadie conoce. En esa línea, los socialistas debemos tener en cuenta un análisis imprescindible. ¿Son los 180.000 electores del PSOE el mejor reflejo de los 10 millones de votos a los que debemos aspirar? La experiencia francesa demuestra que no es así, y estoy seguro que la dirección del PSOE lo sabe y evitará esa peligrosa confusión. 
El nuevo secretario general y probable candidato a la presidencia del Gobierno debe forjar una alternativa ganadora a la derecha. Tiene formas y formación para ello. Es moderno, urbano, cosmopolita.Tiene ambición y representa un cambio generacional interno evidente sobre el PSOE del pasado.Pero necesitará ganarse la confianza de millones de españoles que no votaron el domingo. Necesitará generar solvencia y fiabilidad en la gestión de una España compleja, con la crisis territorial más grave de su historia moderna. Necesitará ser percibido como un líder capaz de gobernar una economía globalizada que asegure el crecimiento económico como condición de creación de empleo y de redistribución social. A la salida de un colegio electoral en el Lander de Renania hace quince días preguntaron a un votante por qué había votado a Angela Merkel. «Me da seguridad y progreso», dijo. Ofrecer estas dos palabras mágicas en el siglo de la incertidumbre es la gran asignatura pendiente de la socialdemocracia.
Las otras ya las tenemos acreditadas.
Pedro Sánchez quiere ser –como es natural– presidente del Gobierno y lo logrará si convierte al PSOE en una izquierda útil, no testimonial. En el testimonio y en la protesta, hay otra izquierda. Somos la propuesta, la responsabilidad, el pacto. Somos un partido del país – el que más se parece a España, solíamos decir– y nos ofrecemos a la gente como un partido a su servicio, fiables, solventes, serios, responsables. Para ser más concreto, no ganaremos las elecciones prometiendo derogar la reforma laboral del PP, sino describiendo cómo queremos el empleo del futuro. No basta con decir que defenderemos la sanidad pública, sino que debemos explicar cómo y de dónde inyectamos un punto de PIB a la joya de la corona del estado de bienestar. No ganaremos la confianza de los pensionistas si no explicamos el origen fiscal de los 10.000 millones de euros que faltan cada año para cuadrar su presupuesto. Y así podríamos seguir con nuestra propuesta de reforma constitucional cuya única posibilidad de materialización exigirá pactos de estado con el resto de fuerzas. Son solo algunos ejemplos de un proyecto reformista y realista que debe caracterizar nuestra oferta política.
No se trata de ganar las batallas retóricas de la izquierda. Ya no bastan las proclamas sociales, sino las soluciones reales a un mundo nuevo, que nos plantea cada día nuevos retos ideológicos a las viejas coordenadas del siglo pasado entre izquierda y derecha.Por supuesto, hay izquierda, pero o es nueva o quedará superada por una sociedad y unos electores que poco tienen que ver con los que nos votaban el siglo pasado. Es una izquierda moderna, valiente, que tiene respuestas a la nueva sociedad laboral, a las migraciones masivas de este siglo, a la concentración urbana en las ciudades, al envejecimiento, a la seguridad social del futuro, a los nuevos retos bioéticos, al comercio internacional, a la seguridad  cibernética… a tantas cosas. Esa es mi visión un poco apresurada y muy preocupada para el nuevo PSOE.
Desde la distancia biológica y geográfica de quien solo quiere lo mejor para él y para mi país.
Publicado en El Correo, 23/05/2017

20 de mayo de 2017

Un partido necesario.


No habrá ruptura en el PSOE. Cualquiera que sea el resultado del domingo 21, permaneceremos unidos al servicio de quien sea elegido, cada uno en su puesto. Hay mucha épica histórica y mucha vida personal entregada a estas siglas en todos nosotros como para destruirlas.

Esa es la condición necesaria para el futuro. Pero el Congreso de junio debería definir las condiciones para asegurarlo. La primera es comprender el mundo en el que vivimos y la sociedad a la que nos dirigimos. Una economía globalizada y una sociedad digital en la que muy pronto el trabajo, las migraciones, las ciudades, la comunicación y tantas cosas más, no se parecerán casi nada a nuestras concepciones del siglo XX. El PSOE por ello debe ser un partido innovador, moderno, a la altura de la sociedad urbana y joven del siglo XXI. Eso implica valentía en las proposiciones. Ya no basta defender retóricamente el modelo de bienestar o el empleo seguro. Hay que mojarse y explicar cómo inyectar un punto más de PIB a la educación y otro a la sanidad española o cómo garantizar las pensiones si el déficit del sistema es de 15.000 millones de euros al año. Hay que reconocer que nuestros votantes clásicos desaparecen o que, por primera vez en la historia, se sienten tentados por opciones extremas en la izquierda y en la derecha.

Hay que tener la valentía de explicar que muchas de nuestras causas, las que siguen latiendo en nuestros corazones, tienen únicamente solución en una globalización demasiado injusta y desregulada todavía, con mesas de decisión demasiado débiles o inexistentes en la mundialización de la política.

Un partido socialista moderno debe exponer su agenda programática para regular una globalización inevitable y necesaria. La agenda global por el cambio climático; el combate a los paraísos fiscales y al fraude fiscal masivo; la extensión de los Derechos Humanos y la implicación de las empresas y de los países en su cumplimiento; los tratados de libre comercio que protejan a sectores económicos vulnerables y extiendan al mundo estándares laborales, medioambientales dignos; la cooperación internacional y los acuerdos internacionales en materia de migraciones; la regulación y la fiscalidad de los movimientos de capital y las finanzas globales. Entre otras muchas cosas.

El PSOE interviene y regula el mercado, pero cree en él como motor del crecimiento. Nos preocupa el incremento de la desigualdad y el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida del precariado. Pero eso no nos lleva a formulaciones panfletarias o a retoricas antiguas sino a nuevas soluciones redistributivas y fiscales que influyen en el abanico salarial o que crean nuevas figuras impositivas a la riqueza y al patrimonio.

El PSOE nunca fue una izquierda testimonial sino reformista. Somos más un partido de propuestas que de protestas. Somos la izquierda útil, protagonista de las grandes conquistas sociales y democráticas en la historia de España y debe seguir siendo el partido de mayorías capaz de ganar la confianza de un centro izquierda social ampliamente mayoritario en nuestro país.

Aceptar que la izquierda española se ha fragmentado sociológicamente no quiere decir que tengamos que competir con Podemos, mucho menos en su territorio. Benoît Hamon lo hizo en Francia contra Jean-Luc Mélenchon y su Francia Insumisa y su electorado se fue al centro (Macron) y a la extrema izquierda. Los socialistas franceses pasaron del 28% al 6,4%.

La legislatura española acaba de empezar. El PSOE puede liderar la oposición y hacer una oposición útil. En muchísimas ocasiones seremos implacables con el PP y su gobierno. Obtendremos victorias parlamentarias liderando el No a un gobierno en minoría. Pero, solo, con el “No”, no construiremos una alternativa. Yo creo que el PSOE es un partido de pactos y de país. Ambas cosas son necesarias en una España que sufre serios problemas de pobreza y una desigualdad enorme por la devaluación social a la que nos ha sometido el Partido Popular y ante los problemas territoriales y democráticos más graves de nuestra historia democrática. Todas nuestras propuestas de solución al modelo político y territorial necesitan del consenso en el nuevo panorama partidario español. Las reformas constitucionales que defendemos reclaman una cultura del pacto semejante a la de la Transición. Solo un partido que tiende su mano para construir, para reformar y solucionar la crucial encrucijada española, podrá ser percibido como un partido necesario.

Un votante alemán de Renania explicaba el pasado domingo que él quería “seguridad y progreso”. Nuestro drama en España es que desde hace unos años, el paradigma del progreso ha sufrido una brusca ruptura. Escuchar ese sentimiento popular, no es populismo. Pero generar la confianza ciudadana en que el PSOE les proporcione fiabilidad, solvencia, capacidad para gobernar la complejidad del nuevo mundo “con seguridad y en progreso”, es nuestro reto.

Yo no creo que el futuro político de España o de Europa se construya sobre dos opciones políticas, una a la derecha y otra en los extremos de la izquierda o de la derecha. Creo que la opción socialdemócrata seguirá siendo la fuerza del centro izquierda que más se parece a los ciudadanos y que más quiere la mayoría. Por eso compañeros, no desistáis, somos necesarios.

Publicado para Voz Pópuli, 20-05-2017

17 de mayo de 2017

Ramón Jáuregui expresa su conmoción por el asesinato del periodista Javier Valdez.


Nota de prensa: 17/05/2017

El grupo socialista en el Parlamento Europeo promoverá una resolución de urgencia en la sesión plenaria del mes de junio sobre los crímenes contra periodistas, defensores de derechos humanos y líderes comunitarios en México.
“Pedimos al Gobierno mexicano que frene esta deriva criminal provocada por el narcotráfico y el crimen organizado, que amenazan con destruir su democracia”, ha manifestado Ramón Jáuregui, eurodiputado socialista y copresidente de Eurolat.

Jáuregui, ha emitido un comunicado, suscrito también por el portavoz del grupo Alianza Progresista de los Socialistas y Demócratas (S&D) en Eurolat, Francisco de Asís, en el que manifiestan su conmoción por la última víctima de la violencia, el periodista Javier Valdez:
“El asesinato de Javier Valdez, que destacó toda su vida por denunciar los crímenes del narcotráfico en Sinaloa, nos ha conmovido a todos por lo terrible del crimen y por simbolizar un ataque brutal a la libertad de expresión. Por desgracia, Valdez es el sexto periodista asesinado en México en lo que va de año. Todos ellos eran profesionales valientes que se atrevían a denunciar y a mostrar la verdad al pueblo mexicano, y que han visto su osadía recompensada con la muerte. Cada profesional del periodismo asesinado es un golpe duro contra la democracia, y desde el Parlamento Europeo lo denunciamos con claridad y contundencia.

Al triste elenco de periodistas asesinados hay que añadir además otra lista no menos terrible, la de los ataques contra defensores de derechos humanos y líderes comunitarios, agresiones de las que a veces tenemos noticia en Europa, pero que en otros casos quedan silenciadas bajo la losa de amenazas que padecen las víctimas y sus familias.
La violencia causada por el narco en México ha alcanzado unos niveles intolerables, y la sensación de impunidad no hace más que alimentar el terror y enriquecer a quienes lo causan. Esto tiene que cambiar.

Somos conscientes de que combatir al narcotráfico no es fácil, pero pedimos al Gobierno mexicano un esfuerzo mayor para extirpar de una vez por todas esa lacra, que causa un enorme dolor y desestabiliza las estructuras del Estado y de la democracia. Ese esfuerzo que pedimos a las autoridades mexicanas a todos los niveles tiene que ser más visible, estar mejor coordinado y resultar más fructífero para ser creíble”.

16 de mayo de 2017

Intervención Sesión Plenaria. 16/05/2017

Encauzar la globalización para 2025 (debate)



"España debe sumarse a Francia para cambiar la política económica de la UE"

Nota de Prensa: 16/05/2017

Esta mañana, la Delegación socialista española ha mantenido un encuentro con el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, en la que le han trasladado sus reivindicaciones y propuestas de cara a la reforma de la gobernanza económica.

Tras la reunión, en declaraciones a los medios, el presidente de los socialistas españoles, Ramón Jáuregui, ha insistido en la necesidad de que la gobernanza económica de un giro hacia los países del sur. "La flexibilización que hemos obtenido en el pacto de flexibilidad no es suficiente, son necesarias políticas más anticíclicas, con más margen para la inversión pública y que rebajen la preocupación por el déficit público", ha señalado Jáuregui.

"La gobernanza del euro debe producirse desde una perspectiva más inversora en infraestructuras tanto tecnológicas como físicas, desde la unión energética y hasta la agenda digital, para competir en la globalización, y para ello es imprescindible la mutualizarían de los bonos". A este respecto, Jáuregui ha pedido al comisario una Comisión Europea con capacidad de financiación a través del endeudamiento hacia los estados para que los fondos de inversión tengan más dimensión económica y generen mayor crecimiento y empleo".

A este respecto, Jáuregui ha hecho referencia a las aportaciones del gobierno de España al documento sobre el futuro de la UE publicadas esta semana, "afortunadamente el gobierno se hace eco de las propuestas que presentamos los socialistas hace un par de meses", ha apuntado Jáuregui. "Nos felicitamos de este giro, porque la posición de España en la UE debe ser la de combatir la rigidez alemana y nuestras propuestas caminan en este sentido". "Pero no es suficiente, los socialistas queremos que se mantenga la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo, revitalizar la financiación no bancaria, la culminación de la Unión Bancaria Culminación de la Unión Bancaria, con la introducción de un Seguro Europeo de Depósitos con mutualización completa y una lucha sin cuartel contra el fraude fiscal, tal y como plasmamos en nuestro manifiesto.

En referencia al último documento presentado por la Comisión Europea sobre el futuro de la globalización, Jáuregui ha advertido de los riesgos de una globalización desregulada y ha exigido un pilar social mucho más sólido. "Es imperativo que Europa avance en la armonización de las condiciones sociolaborables como el salario mínimo o el subsidio por desempleo, entre otras.

Igualmente, Moscovici se ha mostrado positivo en los avances hacia la puesta en marcha de la tasa a las transacciones financieras antes de 2019 así como la reforma de la base del impuesto de sociedades. "Si este sistema de fiscalización entra en Europa daremos un gran salto hacia a transparencia y un gran golpe a la fiscalidad oculta", ha concluido Jáuregui.
 
 
 
Foto: @pierremoscovici
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