29 de noviembre de 2016

27 de noviembre de 2016

Europa con Cuba.

El acuerdo con la isla se firmó en marzo, pero está pendiente de que lo ratifique el Parlamento Europeo.

Hace algo más de dos años que la Unión Europea inició negociaciones con Cuba para establecer un acuerdo de diálogo político y cooperación. Meses después, Barack Obama anunció el comienzo de negociaciones entre Estados Unidos y Cuba, que culminaron con el restablecimiento de embajadas.

El acuerdo UE-Cuba se firmó el 11 de marzo del 2016 y está pendiente de ratificación en el Parlamento Europeo, lo que no será fácil porque la derecha europea, especialmente la del Este, es profundamente anticomunista y ve en Cuba la prolongación de su odiosa Unión Soviética.

El acuerdo, es cierto, no está condicionado al cambio democrático cubano ni a la recuperación de las libertades fundamentales, más allá de un etéreo diálogo abierto sobre derechos humanos, cuyo desarrollo está por ver. Cuba no admite injerencias en su sistema político. Lo defiende con orgullo y tozudez y nada ni nadie ha podido doblar ese brazo en los cincuenta años de políticas internacionales de presión sobre el régimen. No lo lograron el boicot estadounidense y las durísimas sanciones todavía en vigor de la ley Helms-Burton. No lo lograron tampoco años y años de aislamiento, como el que propuso Aznar a la UE en 1998, la mal llamada posición común. Tampoco lo hicieron las políticas más suaves, de mano tendida y apaciguamiento, de diferentes políticos europeos, desde Mitterrand hasta Hollande, desde Felipe González hasta Zapatero. 

¿Por qué ahora? Primero, porque Cuba necesita apertura económica, inversión, desarrollo tecnológico y turismo. Los rusos nunca hicieron nada bueno por Cuba, y los venezolanos no están para ayudar. Segundo, porque Estados Unidos ha decidido abrirse a Cuba, en parte como condición necesaria para recuperar presencia política y comercial en América Latina, lo que obviamente no puede hacerse sin el pasaporte cubano, que es el icono que abre las puertas cerradas para los yanquis. Tercero, porque Raúl quiere pilotar los cambios políticos y económicos de un régimen insostenible. De hecho, todo el partido comunista cubano está estos meses enfrascado en unas sesudas discusiones sobre el futuro de su modelo económico: ¿capitalismo de Estado a la china, quizá?, ¿modelo Vietnam?, ¿modelo propio? Nadie lo sabe y nadie lo puede adivinar. Lo único que sabemos es que quieren mantener el control político de un proceso, necesariamente abierto a los mercados (cuatro cruceros americanos llegan ya cada semana a La Habana y más de cincuenta compañías aéreas negocian su aterrizaje), a los inversores (ojalá que los españoles no perdamos esta conexión), a las tecnologías (internet, la red y las televisiones ya están allí) y a los millones de personas que quieren visitar una isla tan atractiva por miles de razones.

La política internacional europea ha apostado por favorecer estos cambios. Por hacernos presentes ayudando a que una transición incierta pero inevitable traiga libertades y derechos a un pueblo cuya idiosincrasia no permitirá una economía de mercado sin democracia. Por eso creo que la mayoría del Parlamento Europeo aprobará esta acuerdo Unión Europea-Cuba y seguirá reclamando, como lo ha hecho ya en varias ocasiones, incluso el mismísimo Trump, la derogación del embargo y de la brutal ley Helms-Burton, como pasos inteligentes para que los propios cubanos elijan su mejor destino. En eso estábamos cuando murió Fidel.


Publicado en "La Vanguardia" 27/11/2016

  

¿Con qué Fidel nos quedamos?


Yo leí La Historia me absolverá con la devoción de un joven de izquierdas de aquellos años, emocionado con la revolución cubana. El alegato de Fidel Castro contra el Tribunal Cubano que le juzgaba por el asalto al Cuartel Moncada, acabó con esa frase lapidaria que sin embargo no impidió una condena de 15 años, resuelta dos años después con una amnistía, preludio a su vez de la revolución triunfante el uno de enero de 1959.
Todas las izquierdas del mundo fuimos cautivados por aquella revolución en los años sesenta pero hoy tenemos que reconocer que la libertad y la democracia sacrificadas al servicio de una igualdad relativa, no es la izquierda a la que aspirabamos. El Socialismo también es la libertad. Yo diría más, no hay socialismo sin libertad y la justicia solo puede lograrse en democracia.
Se acepta que Cuba ha construido un sistema de igualdad absoluta en la educación y una buena sanidad universal. Sabemos que médicos cubanos curan el ébola en Africa y enseñan medicina en Managua o en Caracas. Pero la revolución cubana mantiene en niveles económicos paupérrimos a sus ciudadanos y les priva de las libertades de las que gozamos en los países democráticos.
Fidel fue admirado con razón, en sus comienzos, pero no puede ser glorificado por su obra
Admirar la lucha, incluso revolucionaria, en aquella América Latina de regímenes autoritarios, injusticias salvajes y dictaduras bananeras, no quiere decir que tengamos que apoyar todas sus obras. Fidel fue admirado con razón, en sus comienzos, pero no puede ser glorificado por su obra. Cincuenta años de poder son demasiados. Que el poder lo herede su hermano, resulta sospechoso de abuso familiar. Que no haya partidos, periódicos, televisiones... libertades en definitiva, no se justifica por grandes que sean las causas de la Revolución.
Cuba está ahora buscando su propia transición, la pilota Raúl y parece que quiere abrir el país al comercio, a más turismo, a las inversiones, a la tecnología, a Internet... La UE ha firmado un acuerdo con Cuba y EE UU ha restablecido relaciones diplomáticas. Los cruceros y los aviones americanos invaden ya La Habana, a pesar de las restricciones y de las limitaciones que todavía mantienen los americanos con la isla. El partido comunista intentará controlar esta apertura económica y crear un modelo propio de capitalismo de Estado y limitaciones de libertades bajo el monopolio del Partido, pero nadie sabe si eso será posible.
Yo creo que quienes queremos a Cuba y queremos que su pueblo prospere, debemos ayudar a esta apertura, porque con ella llegaran las libertades y la democracia. No será sostenible una economía de mercado que juegue en la globalización con un sistema político cerrado y opresivo. Por eso España debe ser punta de lanza de un programa de inversiones y cooperación, entre otras cosas porque allí somos queridos y hablamos la misma lengua. Aunque los norteamericanos están a 90 km y no a 6.000 como nosotros, los lazos humanos, históricos, culturales y económicos nos favorecen frente a ellos. Cuba será lo que los cubanos quieran. Esta regla no debemos olvidarla. Debemos respetar su propia evolución. No imponerla, ni exigirla como condición de nuestra relación y de nuestra cooperación. Nunca han admitido "injerencias" en su soberanía y su orgullo revolucionario no las admitirá. Dicho lo cual, en la muerte de Fidel, bueno será recordar a su hermano Raúl aquella frase tan oportuna hoy de Abraham Lincoln: "Ningún hombre es lo suficientemente bueno como para gobernar a los otros sin el consentimiento de estos".

Publicado en 20 minutos, 27/11/2016

21 de noviembre de 2016

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Foto: SANTOS CIRILO
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