25 de marzo de 2017

América Latina, la gran oportunidad para el comercio europeo.


Los últimos meses han traído consigo más de una parada brusca para la política comercial europea. A lo largo de 2016 hemos presenciado la congelación del TTIP y, más recientemente las polémicas sobre el CETA (los dos tratados comerciales con EEUU y Canadá, respectivamente). Con el trasfondo de la salida de Gran Bretaña de la UE y la elección de Donald Trump a la Casa Blanca, desde luego el cuadro no resulta reconfortante. Frente a los desafíos globales, con frecuencia Europa ha parecido replegarse sobre sí misma y dejarse tentar por la vuelta a los proteccionismos nacionales. Y sin embargo, precisamente a partir de la entrada en vigor del Tratado de Lisboa Europa está mejor pertrechada que nunca para hacer frente a esos desafíos, porque ve reforzada su capacidad negociadora.

País por país, no somos nada. En cambio, todos juntos somos la comunidad supranacional más acabada del mundo y la primera economía en términos de PIB, con un mercado de más de quinientos millones de habitantes y un enorme potencial inversor, innovador y generador de riqueza. Seguimos siendo una potencia política y económica, aunque parece que últimamente se nos olvida.

En este escenario hay al menos una buena noticia que destacar: tras un paréntesis de cuatro años se han retomado las negociaciones entre la UE y Mercosur. Mercosur es el mercado común de América Latina e incluye entre sus propios miembros a los mayores países de ese continente, empezando por Argentina, Brasil y Uruguay. En el mes de octubre las delegaciones europea y sudamericana han recuperado oficialmente el diálogo por primera vez desde octubre de 2012. Son muchos los temas que están sobre la mesa, desde la reducción de cargas administrativas para las empresas, a la normativa sobre contratos públicos, pasando por el capítulo del desarrollo sostenible. Lo que caracteriza a un buen acuerdo comercial, en efecto, son los retornos positivos que puede traer no sólo a las empresas de los países que son parte –empezando por las PYMES– sino también para los trabajadores y consumidores.

Más allá de los aspectos aún por afinar, que son muchos, no podemos por menos de saludar con satisfacción la recuperación del diálogo entre la UE y Mercosur, lo cual demuestra que si hay una voluntad política firme el acuerdo siempre es posible. La próxima ronda de negociaciones tendrá lugar en marzo de este 2017 en Buenos Aires. Un acuerdo equilibrado y ambicioso entre las dos zonas constituiría una excelente oportunidad de crecimiento en ambas orillas del Atlántico.

Los países de América Latina en su conjunto se cuentan entre los socios más importantes para Europa a nivel global. Esto vale especialmente para Italia, España y Portugal, y no sólo por raíces históricas comunes y por las profundas conexiones culturales que unen a estos pueblos. Nos vinculan al gran subcontinente latinoamericano también consideraciones de naturaleza económica. Las empresas europeas están entre los principales inversores en la región. En 2013 (último año con cifras consolidadas), la UE exportó a América Latina bienes y servicios por valor de 56.956 millones de euros, mientras que el valor de sus importaciones alcanzó los 47.112 millones de euros.

Más concretamente, Mercosur constituye el décimo mayor mercado exportador para los bienes europeos. Pensemos en Italia: los países de Mercosur representan un peso importante en nuestra balanza comercial extracomunitaria. El mercado extracomunitario es importante, ya que en los primeros once meses de 2016 ha visto subir el saldo comercial de las exportaciones italianas a 34,2 billones de euros, marcando un signo positivo con respecto al año anterior.

Por lo que respecta a España, entre 2004 y 2014 las exportaciones españolas a América Latina crecieron un 235%, y la inversión directa acumulada en la región en 2014 alcanzó los 130.571 millones de euros. Si consideramos sólo la zona Mercosur, veremos que el 30% de las exportaciones españolas tienen por destino alguno de sus países miembros, y que en 2015 esos intercambios se tradujeron en 5.000 millones de euros de beneficio para la economía española.

Aunque Portugal es un país de menor escala que España y Italia, hay que tener en cuenta sus vínculos históricos, culturales y incluso lingüísticos con la mayor economía de América Latina, Brasil, la cual representa más de dos tercios de toda la populación de Mercosur y el 80% del conjunto de hablantes de portugués en el mundo. Por lo tanto, Portugal se encuentra en una posición privilegiada para actuar como enlace y interlocutor con el sector empresarial y industrial en Brasil, país con el que tiene una larga y fructífera historia de cooperación en diversas áreas. Por otra parte, si bien América Latina representa hoy el 10% del total de las exportaciones portuguesas extracomunitarias, este porcentaje podrá aumentar sustancialmente si se alcanza un acuerdo con Mercosur.

Con la llegada de Donald Trump y el retorno a la escena global de los instintos proteccionistas, la importancia de la reapertura del diálogo con Mercosur es aún mayor y puede llegar a adquirir más valor político, al contribuir a desbloquear los otros frentes en los cuales se ha empantanado la política comercial comunitaria.

Basta echar un vistazo a la historia para constatar que el proteccionismo y el repliegue en las fronteras nacionales acaba en guerras comerciales, en el mejor de los casos. Por el contrario, el comercio internacional trae prosperidad a los pueblos, sobre todo si está bien regulado. La prueba de ello es que en los últimos 30 años la desigualdad se ha reducido a nivel mundial, beneficiando sobre todo las regiones más pobres del mundo. Millones de personas han salido de la miseria extrema en África y Asia, y a día de hoy la mayoría de los países latinoamericanos son considerados de renta media. Estamos muy lejos de vivir en un mundo igualitario, pero está claro que el aislamiento no es el camino para alcanzarlo.

Una izquierda moderna debe ser capaz de impulsar las regulaciones necesarias para que el comercio internacional dé sus mejores frutos al tiempo que se liman los aspectos más problemáticos.
Sobre la base de esa agenda progresista para el mundo, la izquierda europea debe además aprovechar este momento de cambio para reubicarse ante América Latina: donde otros muestran unilateralismo, desprecio y agresividad, nosotros debemos mostrar respeto y voluntad de diálogo multilateral. Mercosur es la puerta que resituará a Europa en el centro del tablero económico y político de América Latina.


Publicado en  el diario.es

21 de marzo de 2017

Intervención Comisión AFCO. 21/03/2017 #Brexit.

Relación constitucional del Reino Unido con la UE: Los derechos de los ciudadanos. Estudio de Antonio Fernández Tomás y Diego López Garrido.






18 de marzo de 2017

Pasos Pendientes.

La entrega de las armas es el segundo paso de la paz. El primero fue el cese de la actividad armada un venturoso día 20 de octubre de 2011. ¿Cuáles son los siguientes? El tercero será la disolución de la banda. En términos operativos, esos pasos son definitivos e irreversibles y acreditarán el fin de ETA y de su trágica historia.Tarde pero bien. 

Esa era, es y será la única forma en que tenía que acabar esta pesadilla de casi 50 años. La democracia venció esta anacrónica y fanática apuesta por la violencia que hicieron algunos nacionalistas vascos al final del franquismo y, más precisamente, en los difíciles comienzos de la democracia y de la autonomía vasca. Porque, no es ocioso repetirlo, ETA no fue una organización antifranquista, sino una banda criminal contra España, su democracia y su pluralismo político. 

¿Qué viene ahora? Su disolución como condición necesaria de dos actitudes posteriores que recorriendo. La primera es la justicia. Quedan 300 asesinatos sin aclarar y la contribución a su esclarecimiento ayudaría enormemente a crear un clima de generosidad para con quienes colaboraran en ello. Hay enormes posibilidades legales de ser generosos en el cumplimiento de sus penas y, personalmente, creo que eso sería inteligente. No digo que fuera justo, digo que la generosidad es la virtud del vencedor y la democracia española puede serlo. 

La segunda actitud es la exigencia de la verdad en el relato del pasado. 
Solo hay un relato posible y nada ni nadie puede perturbarlo con falsas equidistancias o apelando a esotéricos contextos. 
Son las víctimas de ETA quienes protagonizan ese relato y ellas son la única verdad de esta historia triste.

Publicado para la Razón, 18/03/2017 

16 de marzo de 2017

La democracia en línea: la digitalización de la Administración pública.

Democracia digital en la UE: posibilidades y retos.15/03/2017

Democracia digital en la UE: posibilidades y retos.
Ponente: Ramón Jáuregui. Presentación y conclusiones.

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Enlace al debate completo.

Decepción.


La Comisión parió un ratón. El esperado Libro Blanco que la Comisión Europea anunció para orientar el debate del futuro de Europa ha sido un decepcionante ‘paper’ que presenta cinco opciones a la reflexión de los estados Miembros y del Parlamento europeo con el fin de que en septiembre de este año, el presidente Juncker nos ofrezca las conclusiones y su propio proyecto. Muy resumidamente, el Libro Blanco sugiere debatir sobre cinco escenarios. El primero, titulado ‘Seguir adelante’, propone continuar como hasta ahora sin grandes cambios. El segundo, ‘Nada excepto el Mercado Único’ propone priorizar la profundización del Mercado Único respecto al resto de iniciativas políticas. El tercer escenario, el que Juncker y Merkel parecen apoyar, se llama ‘Los que quieran pueden hacer más’ y propone una suerte de Europa de varias velocidades. El cuarto se titula ‘Hacer menos de forma más eficiente’ y el quinto, ‘Hacer mucho más juntos’.

En las fechas en las que celebramos el 60 aniversario del Tratado de Roma, en el mes en el que Reino Unido notificará su decisión de abandonar la Unión Europea dando comienzo a unas negociaciones tan difíciles como decisivas, en plena multicrisis europea que afecta a nuestra economía, al empleo, a los retos migratorios o al antieuropeismo de Trump, la Comisión nos entrega una especie de manual para estudiantes, un folleto tan lleno de pedagógicas explicaciones como ausente de soluciones. No, no es eso lo que esperábamos ni lo que necesita Europa. La Comisión no es un Think Tank, es el Gobierno de Europa y su presidente es el presidente de la Unión.

Lo que necesitamos en un momento tan serio como el que vivimos es un diagnóstico certero de lo que está pasando, una autocrítica sobre nuestros fallos, sobre lo que funciona y lo que no, y, en consecuencia con todo ello, un conjunto de soluciones y de caminos para afrontar los graves desafíos de hoy en Europa, empezando por la negociación del ‘Brexit’, las peligrosas tendencias populistas, la crisis migratoria, la política económica para el crecimiento, que arrastra casi diez años de estancamiento, y los problemas de seguridad interior (terrorismo yihadista) y de vecindad, tanto con Rusia como en el Mediterráneo y Oriente Próximo, entre otros.

 La decepción es evidente si interpretamos la presentación oficial de esos cinco horizontes como la constatación de una división más que grave en el seno de la propia Unión, respecto a la Europa del futuro. Consciente la Comisión de que entre sus 27 miembros, hay tendencias nacionales tan fuertes y con un interés europeo tan débil, los redactores del informe han querido situarse en una especie de arbitraje, señalando cinco escenarios diferentes sobre las distintas vías de construir el futuro. Pero al hacerlo, además de renunciar a liderar ninguna de las posiciones, la Comisión ha constatado y solemnizado lo más evidente: que el proyecto común no existe.

Añadamos por último otro signo de alarma. En uno de los escenarios, el segundo, la Comisión plantea la vuelta al Mercado Único como exclusiva aspiración de la integración futura. Pero hay que recordar que eso significaría literalmente desandar todo lo construido por la Unión en los últimos años, para establecer una comunidad económica y comercial sin ningún soporte político-democrático, ni ciudadanía europea, ni defensa común, ni política exterior y abandonando los pilares de la cohesión territorial interna, los programas comunes en las grandes áreas de energía, I+D, digital, industria, transportes, etc. Sería como volver veinte años atrás hasta la Comunidad Económica Europea previa al Tratado de Maastricht de 1992.

Semejante marcha atrás no es ni siquiera imaginable y me parece de una gravedad sin límites que aparezca cono una hipótesis, aunque la intención de la Comisión haya sido planteada a efectos meramente teóricos o con la intención manifiesta de conducir al lector hacia las otras tres formas e integración por natural deducción. El próximo día 25, toda Europa celebrará en Roma el 60 aniversario de un tratado que dio lugar a los mejores años de nuestra vida. Europa tiene 60 años de paz y progreso, ha construido la democracia supranacional más importante del mundo, integrando y compartiendo soberanías nacionales de 28 estados históricamente enfrentados. No hay en el mundo nadie que defienda más y mejor las libertades, la democracia, los derechos humanos, el Estado de Derecho y la protección social. Nadie ha construido un Estado del Bienestar como el que disfrutamos los europeos. Es más, conviene recordar que junto a los enormes desafíos que tenemos, en todo el mundo se mira con admiración a Europa.

Esta Europa que tenemos no tiene marcha atrás. Solo podemos avanzar, como las bicicletas y para eso hay que dar pedales en este momento de «crisis existencial de Europa», expresión del propio Juncker en el último debate sobre el Estado de la Unión. Pero no podemos equivocar el sentido de la marcha. Europa solo vencerá sus importantes desafíos y sus graves diferencias, con un inteligente y flexible pragmatismo hacia una mayor integración política y económica, No hay vuelta atrás.

Los líderes de los cuatro estados más importantes de Europa, reunidos en París a los pocos días de la presentación del ‘White Paper’, han afirmado esta misma idea. Su mensajes fueron: Queremos avanzar en la integración europea; tenemos que hacerlo urgentemente en la seguridad y la defensa y en la gobernanza económica; y estamos dispuestos a hacerlo sumando a los que quieran, lo que significan círculos concéntricos de diferente intensidad en la integración o dicho de otra forma, la única Europa posible es aquella que se construye a diferentes velocidades. No es lo mejor, pero es lo que hay.
 
Publicado en El Correo, 16/03/2017
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Foto: SANTOS CIRILO
Videos: PARLAMENTO EUROPEO.