21 de marzo de 2017

Intervención Comisión AFCO. 21/03/2017 #Brexit.

Relación constitucional del Reino Unido con la UE: Los derechos de los ciudadanos. Estudio de Antonio Fernández Tomás y Diego López Garrido.






18 de marzo de 2017

Pasos Pendientes.

La entrega de las armas es el segundo paso de la paz. El primero fue el cese de la actividad armada un venturoso día 20 de octubre de 2011. ¿Cuáles son los siguientes? El tercero será la disolución de la banda. En términos operativos, esos pasos son definitivos e irreversibles y acreditarán el fin de ETA y de su trágica historia.Tarde pero bien. 

Esa era, es y será la única forma en que tenía que acabar esta pesadilla de casi 50 años. La democracia venció esta anacrónica y fanática apuesta por la violencia que hicieron algunos nacionalistas vascos al final del franquismo y, más precisamente, en los difíciles comienzos de la democracia y de la autonomía vasca. Porque, no es ocioso repetirlo, ETA no fue una organización antifranquista, sino una banda criminal contra España, su democracia y su pluralismo político. 

¿Qué viene ahora? Su disolución como condición necesaria de dos actitudes posteriores que recorriendo. La primera es la justicia. Quedan 300 asesinatos sin aclarar y la contribución a su esclarecimiento ayudaría enormemente a crear un clima de generosidad para con quienes colaboraran en ello. Hay enormes posibilidades legales de ser generosos en el cumplimiento de sus penas y, personalmente, creo que eso sería inteligente. No digo que fuera justo, digo que la generosidad es la virtud del vencedor y la democracia española puede serlo. 

La segunda actitud es la exigencia de la verdad en el relato del pasado. 
Solo hay un relato posible y nada ni nadie puede perturbarlo con falsas equidistancias o apelando a esotéricos contextos. 
Son las víctimas de ETA quienes protagonizan ese relato y ellas son la única verdad de esta historia triste.

Publicado para la Razón, 18/03/2017 

16 de marzo de 2017

La democracia en línea: la digitalización de la Administración pública.

Democracia digital en la UE: posibilidades y retos.15/03/2017

Democracia digital en la UE: posibilidades y retos.
Ponente: Ramón Jáuregui. Presentación y conclusiones.

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Enlace al debate completo.

Decepción.


La Comisión parió un ratón. El esperado Libro Blanco que la Comisión Europea anunció para orientar el debate del futuro de Europa ha sido un decepcionante ‘paper’ que presenta cinco opciones a la reflexión de los estados Miembros y del Parlamento europeo con el fin de que en septiembre de este año, el presidente Juncker nos ofrezca las conclusiones y su propio proyecto. Muy resumidamente, el Libro Blanco sugiere debatir sobre cinco escenarios. El primero, titulado ‘Seguir adelante’, propone continuar como hasta ahora sin grandes cambios. El segundo, ‘Nada excepto el Mercado Único’ propone priorizar la profundización del Mercado Único respecto al resto de iniciativas políticas. El tercer escenario, el que Juncker y Merkel parecen apoyar, se llama ‘Los que quieran pueden hacer más’ y propone una suerte de Europa de varias velocidades. El cuarto se titula ‘Hacer menos de forma más eficiente’ y el quinto, ‘Hacer mucho más juntos’.

En las fechas en las que celebramos el 60 aniversario del Tratado de Roma, en el mes en el que Reino Unido notificará su decisión de abandonar la Unión Europea dando comienzo a unas negociaciones tan difíciles como decisivas, en plena multicrisis europea que afecta a nuestra economía, al empleo, a los retos migratorios o al antieuropeismo de Trump, la Comisión nos entrega una especie de manual para estudiantes, un folleto tan lleno de pedagógicas explicaciones como ausente de soluciones. No, no es eso lo que esperábamos ni lo que necesita Europa. La Comisión no es un Think Tank, es el Gobierno de Europa y su presidente es el presidente de la Unión.

Lo que necesitamos en un momento tan serio como el que vivimos es un diagnóstico certero de lo que está pasando, una autocrítica sobre nuestros fallos, sobre lo que funciona y lo que no, y, en consecuencia con todo ello, un conjunto de soluciones y de caminos para afrontar los graves desafíos de hoy en Europa, empezando por la negociación del ‘Brexit’, las peligrosas tendencias populistas, la crisis migratoria, la política económica para el crecimiento, que arrastra casi diez años de estancamiento, y los problemas de seguridad interior (terrorismo yihadista) y de vecindad, tanto con Rusia como en el Mediterráneo y Oriente Próximo, entre otros.

 La decepción es evidente si interpretamos la presentación oficial de esos cinco horizontes como la constatación de una división más que grave en el seno de la propia Unión, respecto a la Europa del futuro. Consciente la Comisión de que entre sus 27 miembros, hay tendencias nacionales tan fuertes y con un interés europeo tan débil, los redactores del informe han querido situarse en una especie de arbitraje, señalando cinco escenarios diferentes sobre las distintas vías de construir el futuro. Pero al hacerlo, además de renunciar a liderar ninguna de las posiciones, la Comisión ha constatado y solemnizado lo más evidente: que el proyecto común no existe.

Añadamos por último otro signo de alarma. En uno de los escenarios, el segundo, la Comisión plantea la vuelta al Mercado Único como exclusiva aspiración de la integración futura. Pero hay que recordar que eso significaría literalmente desandar todo lo construido por la Unión en los últimos años, para establecer una comunidad económica y comercial sin ningún soporte político-democrático, ni ciudadanía europea, ni defensa común, ni política exterior y abandonando los pilares de la cohesión territorial interna, los programas comunes en las grandes áreas de energía, I+D, digital, industria, transportes, etc. Sería como volver veinte años atrás hasta la Comunidad Económica Europea previa al Tratado de Maastricht de 1992.

Semejante marcha atrás no es ni siquiera imaginable y me parece de una gravedad sin límites que aparezca cono una hipótesis, aunque la intención de la Comisión haya sido planteada a efectos meramente teóricos o con la intención manifiesta de conducir al lector hacia las otras tres formas e integración por natural deducción. El próximo día 25, toda Europa celebrará en Roma el 60 aniversario de un tratado que dio lugar a los mejores años de nuestra vida. Europa tiene 60 años de paz y progreso, ha construido la democracia supranacional más importante del mundo, integrando y compartiendo soberanías nacionales de 28 estados históricamente enfrentados. No hay en el mundo nadie que defienda más y mejor las libertades, la democracia, los derechos humanos, el Estado de Derecho y la protección social. Nadie ha construido un Estado del Bienestar como el que disfrutamos los europeos. Es más, conviene recordar que junto a los enormes desafíos que tenemos, en todo el mundo se mira con admiración a Europa.

Esta Europa que tenemos no tiene marcha atrás. Solo podemos avanzar, como las bicicletas y para eso hay que dar pedales en este momento de «crisis existencial de Europa», expresión del propio Juncker en el último debate sobre el Estado de la Unión. Pero no podemos equivocar el sentido de la marcha. Europa solo vencerá sus importantes desafíos y sus graves diferencias, con un inteligente y flexible pragmatismo hacia una mayor integración política y económica, No hay vuelta atrás.

Los líderes de los cuatro estados más importantes de Europa, reunidos en París a los pocos días de la presentación del ‘White Paper’, han afirmado esta misma idea. Su mensajes fueron: Queremos avanzar en la integración europea; tenemos que hacerlo urgentemente en la seguridad y la defensa y en la gobernanza económica; y estamos dispuestos a hacerlo sumando a los que quieran, lo que significan círculos concéntricos de diferente intensidad en la integración o dicho de otra forma, la única Europa posible es aquella que se construye a diferentes velocidades. No es lo mejor, pero es lo que hay.
 
Publicado en El Correo, 16/03/2017

Posibilidades y riesgos de la democracia digital.

La revolución tecnológica ligada al fenómeno de la globalización y al avance de Internet no solo plantea enormes desafíos al mundo del trabajo sino que provoca también profundos cambios en las sociedades modernas. Uno de ellos, es el que afecta a la información y la comunicación (TICs) que ha inundado la vida cotidiana de los ciudadanos. De hecho, es probable que usted esté leyendo este artículo desde un ordenador, una tableta o incluso desde su propio móvil.
El ámbito de la política ha escapado a la influencia y el potencial de las TIC. Desde hace una década, el porcentaje de ciudadanos que utiliza internet para informarse sobre cuestiones políticas se ha duplicado, en particular entre los más jóvenes, y las iniciativas de participación electrónica a nivel nacional, regional y local que conectan a los ciudadanos con sus administraciones siguen multiplicándose. El DNI electrónico y las consultas promovidas por los Ayuntamientos de Madrid o Sevilla son algunos ejemplos de cómo las TIC han sustituido a los canales tradicionales de comunicación entre ciudadanos e instituciones políticas.
    
En definitiva, una nueva forma de comunicación, debate y participación social en los asuntos públicos ha llegado y, parece que, para quedarse si, además, observamos el creciente desafecto y desconfianza de amplias capas de la sociedad hacia las formas clásicas del juego político y las instituciones representativas. Los ciudadanos reclaman a la Unión Europea y a los Estados más transparencia interna y mayores mecanismos de control democrático. Quieren incrementar su participación en la toma de decisiones y ampliar las posibilidades de interacción entre política y ciudadanía, y la democracia digital se presenta así como un instrumento nuevo para ayudar a resolver las carencias del funcionamiento actual de los sistemas democráticos.
    
El Parlamento Europeo ha aprobado esta semana un informe, del cual he sido ponente, que destaca las potencialidades de las TIC para mejorar la democracia tradicional y fomentar una ciudadanía más activa, pero que también aborda los riesgos que esconde la aplicación de estos nuevos instrumentos electrónicos. El texto advierte en primer lugar de que el objetivo de estas nuevas herramientas de comunicación digital no es establecer un sistema democrático alternativo basado en la democracia directa frente a la democracia representativa, sino ofrecer nuevos instrumentos para enriquecerla y perfeccionarla. Entre otras, plantea varias propuestas para ampliar la implantación de la democracia digital a nivel europeo y nacional.
    
Primero, desarrollar el enorme potencial de la administración digital y fomentar el uso de datos abiertos y de herramientas de las TIC basadas en código abierto y software libre en las instituciones europeas y en los Estados miembros.
Segundo, pedir a los Estados miembros y a la Unión que proporcionen medios educativos y técnicos para potenciar el empoderamiento democrático ciudadano y la participación digital mediante un acceso y una alfabetización digital equitativa e inclusiva a fin de colmar la brecha digital. La creación de redes de colaboración con las universidades, la inclusión de las capacidades digitales en los planes de estudio escolares y en el aprendizaje permanente son algunas de las iniciativas que deben ponerse en marcha.
Tercero, establecer plataformas digitales, con el fin de incrementar la eficiencia y la trasparencia de la comunicación entre las instituciones europeas y los representantes políticos y la ciudadanía y de promover la participación de los ciudadanos en la adopción de decisiones democráticas y el acceso a la legislación, las peticiones, las consultas públicas y las evaluaciones de impacto, la Iniciativa Ciudadana Europea y la ciudadanía digital, etc. Cuarto, utilizar las nuevas tecnologías para ofrecer a los partidos políticos nuevos instrumentos de apertura y conexión con sus afiliados y simpatizantes y fomentar la escucha activa y el debate.
Estas son solo algunas de las más de cuarenta recomendaciones del Informe que se centran en las potencialidades de la democracia digital. Pero no podemos obviar que detrás de las mismas también se esconden varios riesgos, en particular en torno a tres cuestiones: la votación digital y la protección de los datos personales y de la intimidad, que están intrínsecamente ligadas.
 
La votación electrónica y la votación a distancia por internet presentan, a primera vista, enormes posibilidades para incrementar la participación en los procesos democráticos, en especial la de las personas con movilidad reducida, las personas mayores y los ciudadanos que viven o trabajan permanente o temporalmente en un Estado miembro del que no son nacionales o en un tercer país, etc. Pero demandan, más allá de una exigencia máxima del cumplimiento de los principios de igualdad y secreto de la votación y de libertad de sufragio, una continua actualización para garantizar la seguridad y luchar contra los ciberataques. Esta cuestión está de actualidad tras la polémica causada por las presuntas actividades rusas de hackeo en la campaña presidencial de EE.UU. Las dudas que se plantean han llevado a Holanda a renunciar al cómputo de votación electrónico las elecciones legislativas de marzo y a Francia a descartar este sistema para los franceses residentes en el extranjero en las elecciones presidenciales, que precisamente se celebrarán en abril y mayo de este año.
 
En relación a la protección de la intimidad y de los datos personales, es la condición sine qua non no solo para garantizar la votación electrónica, sino para el éxito de las otras vertientes de la democracia digital: la administración electrónica, la gobernanza electrónica, la deliberación electrónica y la participación electrónica. Fomentar un entorno más seguro en Internet y garantizar, entre otra cuestiones, el derecho al olvido y la creación de registros públicos digitales seguros y de sistemas de validación de las firmas electrónicas así como la lucha contra robots de spam, la elaboración anónima de perfiles y la usurpación de identidad, son aspectos claves que determinarán la supervivencia de la democracia digital.
Para concluir, debo confesar que, en mi opinión, las innovaciones tecnológicas por sí mismas no son una pócima milagrosa que logre eliminar la desafección política de los ciudadanos y provoque una transformación sustantiva de nuestras democracias. Las razones de esta crisis son profundas y están relacionadas con las políticas, con los procesos crecientes de mundialización y con una insatisfacción creciente de los ciudadanos con los efectos de la globalización, especialmente en los espacios sociales del trabajo no cualificado.
En definitiva, la revolución digital requiere una observación constante de sus utilidades reales para mejorar la democracia, hacerla transparente, favorecer la participación ciudadana, empoderar la sociedad y someter a la acción pública a un proceso deliberativo abierto y plural. Pero al mismo tiempo deberemos prevenir contra el espejismo acerca de sus ventajas para superar los problemas que hoy presenta la democracia parlamentaria, y también para evitar la creación de problemas nuevos que las propias TIC no sean capaces de resolver.
 
Publicado para  Huffington Post, 16/03/2017
 
 
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Foto: SANTOS CIRILO
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