6 de enero de 2018

Entrevista para El Correo. 6/01/2018






Ramón Jáuregui ha visto como europarlamentario del PSOE la deriva del proceso catalán. Está convencido de que el camino unilateral emprendido por los separatistas ha chocado contra la realidad y que no tiene recorrido. No es muy optimista a corto plazo, pero cree que puede tener una derivada positiva para Euskadi. La aprobación de un Estatuto «pactado» y dentro de unos límites que sirva de ejemplo en el conjunto del Estado. 

– A los políticos españoles que trabajan en Europa, ¿les cuesta explicar lo que sucede en Cataluña? 
– Europa fue muy crítica con las imágenes del 1 de octubre. Pero entiende que se trata de un problema interno. Lo que no se cuestiona es la salud del Estado de Derecho en España. 

– ¿En qué medida la victoria de los independentistas el 21-D ha complicado el relato sobre Cataluña? 
– Confirmó lo que muchos ya habíamos dicho. Que Cataluña tiene un problema de pluralidad interna muy intenso. Europa no quiere desmembrar a sus miembros. Todo el mundo entiende que Europa es imposible con 40 o 50 estados. 

– ¿Teme que, al menos en parte, Puigdemont haya conseguido su objetivo de ‘internacionalizar’ el conflicto catalán? 
– Lo ha podido conseguir en un momento dado, pero es un proceso finiquitado, no tiene futuro. Salvo en los partidos más ultras, no hay ninguna comprensión hacia lo que ha hecho Puigdemont.

– ¿Cuál es la salida, al menos a medio plazo?
– Lo que tengo claro es que el referéndum no es la solución para resolver los problemas en las sociedades plurales. Por eso hay que ser pacientes.

 – ¿Pero hay margen para una solución diferente cuando una de las partes insiste en celebrar ese referéndum?
 – Todo depende de que se hayan extraído las consecuencias adecuadas. 

– ¿Y cuáles son? 
– Hay tres ineludibles. Primera, que la independencia unilateral es inviable y ruinosa, esto no es discutible. Segunda, el independentismo catalán debe asumir la pluralidad de su pueblo. Viven juntas dos cataluñas. Y tercera, que el partido ganador de las elecciones no puede seguir siendo solo un partido antinacionalista. Ciudadanos tiene que explicar cuál es su proyecto de convivencia. 

– ¿Ve a Puigdemont de nuevo al frente de la Generalitat? 
– No es posible. No es compatible ser presidente de la Generalitat y hacer frente a sus responsabilidades penales. Tanto Junts per Catalunya como ERC deben cambiar de interlocutores para negociar el futuro, porque su responsabilidad es con el país, no con sus viejos líderes. 

– ¿En qué medida puede afectar lo que sucede en Cataluña al debate sobre la reforma del Estatuto en Euskadi? 
– Curiosamente, si las cosas en Cataluña siguen mal, y existe un pesimismo generalizado, hay una extraordinaria oportunidad para que el País Vasco siga siendo un ejemplo de acuerdo y de defensa de la legalidad y del autogobierno pactado.

– ¿En qué sentido? 
– Una buena reforma del Estatuto en esta legislatura podría significar una especie de vía vasca para Cataluña. Tendría un amplia acogida y sería un ejemplo para Cataluña y el conjunto del Estado. Por eso creo que debería acelerarse; es muy probable que no haya un mejor momento político para poder hacer realidad esa reforma. 

– A pesar de las apelaciones al consenso, sigue sin haber un acercamiento con el PNV. 
– Lo que tiene que hacer el Partido Socialista es dejarle muy claro al PNV que debe renunciar a posturas que son imposibles. La primera, la de hacer un referéndum previo a la tramitación en las Cortes. (Lo que el PNV define como consulta habilitante). Eso no cabe. A eso tiene que renunciar. Y hay que dejarles muy claro que tampoco forma parte del pacto el derecho a la independencia. Los socialistas tenemos muy claro que si lo que pretenden es incluir el llamado derecho a decidir tendrán que pactar con EH Bildu y Podemos. 

– Desde el EBB se dice que una salida puede hallarse en los derechos históricos. 
– Si se trata de ayudar al consenso, es mejor que no pongamos líneas rojas. Los derechos históricos ya están consagrados en la Constitución y por ahí se puede avanzar. Subrayo que lo único que no cabe es un referéndum previo y tampoco el derecho a decidir.

 – ¿Pero eso no son líneas rojas?
– El PSE tiene que ser muy rotundo y decirle al PNV que no pretenda incorporar un proyecto confederal o una puerta abierta a la independencia. Eso hay que dejarlo claro desde el principio. Los objetivos de la reforma estatutaria deben ser mejorar el autogobierno, reforzar lo que yo llamaría una carta de derechos y deberes de los vascos y superar la fractura histórica del terrorismo de los últimos 40 años. 

– Y eso último, ¿cómo se consigue?
– Integrando a Bildu con un preámbulo ambicioso que narre nuestra historia y nuestra voluntad común de afrontar el futuro en un marco político-jurídico consensuado. 

– ¿Pero hasta dónde se puede ser ambicioso en el preámbulo?
– El preámbulo es un preámbulo, y punto. Se trataría de hacer una descripción consensuada de nuestra historia reciente para tener una oportunidad de escribir juntos el futuro sobre una memoria reconciliada.

 – ¿Cambiaría la política penitenciaria?
– Sobre la base de la disolución y del reconocimiento a las víctimas, yo sería partidario de flexibilizarla. El alejamiento de los presos tenía como fundamento que la cárcel no ayudara a la continuidad de la violencia, pero si ya no hay violencia, no hay razones para el alejamiento.

Publicado en El Correo, 6/01/2018
Foto Blanca Castillo.


1 de enero de 2018

Viento en las velas.

Una vez más, la metáfora marinera cargaba de sentido un mensaje político. Esta vez fue Juncker, el presidente europeo, quien empeñado en transmitir un optimismo, desconocido en los últimos años de 'policrisis' europea, encabezó así su discurso en el debate sobre el estado de la Unión: "Wind is in ours sails".
 
¿Qué ha sucedido en Europa estos últimos meses de 2017 para que este nuevo impulso europeísta  anime los deprimidos despachos de Bruselas? ¿Por qué un cambio tan brusco en quien, solo un año antes advertía a los Estados Miembros de una "crisis existencial" de Europa? En mi opinión, hay cuatro razones que lo explican.

En primer lugar, todos los países de la Unión están en crecimiento económico y creación de empleo. Es cierto que estas recuperaciones son tenues e inciertas todavía y que se producen sobre la base de una grave devaluación social previa. Pero el hecho de que sean generales y de que se hayan superado los momentos más dramáticos que pusieron al euro y a Europa misma al borde del abismo, han generado un optimismo económico desconocido desde hace más de diez años.

En el plano de la gobernanza económica de la Unión, la crisis no ha sido gratuita. Las lecciones aprendidas son muchas y es común la idea de que un mercado único con una moneda común nos exige reformas muy serias en toda la estructura macroeconómica y monetaria y construir un
a arquitectura institucional de gobernanza del euro de la que hemos carecido en estos años de crisis financiera. Lo uno y lo otro, la recuperación económica y la agenda de tareas pendientes en la política económica y monetaria, han generado un espíritu de acción y un ánimo reformista que impulsa las velas de la navegación europea.

En la misma línea, el Brexit ha pasado de ser un gravísimo contratiempo en el futuro de la Unión a una negociación generadora de unidad y afán de común superación. En efecto, las primeras reacciones al sorprendente resultado del referéndum británico fueron de temor a la emulación y de natural alarma por el sentido histórico tan negativo que produjo. Por primera vez, un club al que todos querían entrar, veía que uno de los grandes, abría la puerta para irse. Pero enseguida se vio que los problemas realmente graves eran para el Reino Unido, que tuvo que convocar unas elecciones anticipadas para gestionar aquella decisión y comprobar en ellas que habían roto el país y que el nuevo Gobierno era todavía más débil e incapaz de gestionarla. Por el contrario, la Unión ha hecho una brillante gestión del problema. Unidos, fuertes y seguros, los negociadores europeos han establecido fases y líneas rojas que han dejado muy claro: primero, que irse es muy difícil y muy caro y segundo, que fuera de la Unión, aumentan los problemas y se está peor. El cierre de la primera fase negociadora a primeros de diciembre ha sido un éxito y Europa lo celebra mirando con optimismo la negociación de un período transitorio que el Reino Unido ha solicitado ante la evidencia de que el marco definitivo del futuro, lo exige. Ni los más optimistas europeístas creyeron hace una año, que el Brexit fuera a ser una palanca de impulso en la integración, como lo está siendo hoy en día.

Pero el viento en las velas de Europa, políticamente hablando, llegó con Macron. El presidente francés simbolizó su victoria sobre el populismo antieuropeo de Le Pen, con una apuesta por Europa cargada de señales y contenidos. La puesta en escena de su triunfo rodeado de banderas europeas con el himno europeo de música de fondo no quedó ahí. En un discurso memorable, no por casualidad, dirigido a los universitarios franceses en la Sorbona, diseñó una Europa Federal que nunca, nadie, había configurado tan integrada, tan unida, tan Estados Unidos de Europa. Ahí sigue, esperando al nuevo gobierno alemán para reformar la ley electoral europea y aprobar la Unión Europea como circunscripción electoral junto a los Estados. ¡Nada menos! Lo cierto es que, la derrota electoral de la ultraderecha en Holanda y Francia, han permitido respirar a Europa y si la apuesta de Macron se ve respaldada por un gobierno de coalición alemán, con las mismas aspiraciones europeístas, Europa experimentará un empujón considerable en su integración en los próximos años.

Y esta es precisamente la última y poderosa razón del optimismo europeo con el que se inicia el último año útil de la legislatura europea (2014-2019). Día a día se vive en Bruselas la necesidad de hacer más fuerte y más eficaz la integración. Ya sea en la política migratoria, ya sea en la defensa y en la seguridad, ya en la política internacional. Sin olvidar que en el mercado único una y otra vez, constatamos esas necesidades sinérgicas. Ocurre en la política energética, desde las conexiones de las redes, a la apuesta por las renovables, ocurre en la política comercial de la Unión, en la agenda digital, en I+D+I… Todo llama a la integración cuando el mundo económico se desplaza a Asia y la disrupción tecnológica la gobiernan desde California.

Esa conciencia de supervivencia europea en un mundo en cambio, impulsa también las velas de nuestra nave… con planes ambiciosos en todos los ámbitos. Ojalá seamos capaces de transformar ese nuevo optimismo europeo en buena y eficaz integración.
 
Publicado en El Confidencial, 1/1/2018

28 de diciembre de 2017

Colombia, un año después: ¿dónde estamos?

Se acaba de cumplir un año de la aprobación de los acuerdos de paz en Colombia y la paz avanza afortunadamente. Pero hay también una serie de problemas que nos obligan a mantenernos alerta.

Entre los elementos positivos destaca en primer lugar el hecho mismo de la aprobación de los acuerdos de paz. Tras el negativo resultado del referéndum del 2 de octubre del 2016 pocos hubieran creído que en un tiempo récord sería posible concitar la voluntad política suficiente para modificar los acuerdos incorporando algunas de las exigencias de los partidarios del No, y aprobarlos el 1.° de diciembre de ese mismo año. Al día siguiente del referéndum de octubre, muchos analistas vaticinaron un estancamiento de difícil solución, o dieron por muerto el proceso: es un alivio comprobar que esos negros pronósticos no se han verificado y que, de hecho, los acuerdos están siendo implementados, aunque con dificultades.

Otro elemento positivo en el plano práctico es la desmovilización y desarme de las Farc, que han culminado su reconversión en partido político. Este proceso ha llevado incluso a la UE a sacar a las Farc de su lista de organizaciones terroristas. Por último, hay que congratularse de que la otra guerrilla aún activa en Colombia, el Eln, haya empezado conversaciones con el Gobierno y declarado un alto el fuego que en principio se prolongará hasta enero del 2018, si bien sería deseable que continuase más allá de esa fecha.

No obstante, pese a todos estos indudables avances, persisten los motivos de preocupación en tres esferas principales: la primera resulta especialmente preocupante por sus repercusiones y porque, si no se ataja cuanto antes, puede dar lugar a una situación endémica de difícil corrección. Y es que cuando un Estado está ausente de una parte de su territorio, en el vacío que se produce proliferan mafias y grupos violentos, que acaparan recursos y ponen a la población a su merced. Hemos visto esta evolución en otros lugares. En Colombia, esos espacios de los que las Farc se han ido pero en los que el Estado aún no está presente, están siendo ocupados por el narco, con el apoyo de mafias. El resultado es un aumento de la violencia y de las violaciones de derechos humanos en estos territorios a lo largo del último año. Los asesinatos de defensores de derechos humanos, líderes comunales o simplemente agricultores, están alarmando al mundo entero.

Esta situación está ligada al auge de los cultivos de coca que se ha producido en ciertas zonas, y que el Gobierno colombiano tenía el propósito de erradicar progresivamente mediante la sustitución por otros cultivos. Su objetivo era llegar al 2018 con una tasa de sustitución del 50 por ciento. Sin embargo, hasta el momento, se han erradicado menos del 5 por ciento de las plantaciones a través de este mecanismo. El problema de emplear una estrategia “dura” en lo relativo a los cultivos de coca es que deja a los campesinos entre la espada del narco y la pared de la coerción gubernamental, en zonas donde el Estado no cuenta con la presencia ni los medios necesarios para respaldarles ni defenderles.

El segundo bloque de problemas es el económico, que afecta a todos los niveles, incluida la lucha contra el tráfico de drogas. Las necesidades de inversión pública son enormes. Simplemente para hacer caminos de acceso a las zonas más recónditas del territorio. Pero sobre todo para compensar a los casi nueve millones de víctimas del conflicto, especialmente a los desplazados y a las víctimas directas de la violencia.

La reincorporación de la guerrilla a la sociedad civil es otro de los aspectos que avanza con dificultad. En principio, los miembros de las Farc desmovilizados fueron concentrados en centros, en donde estaba previsto que recibieran adiestramiento en habilidades básicas para la vida civil y formación profesional de algún tipo, con el fin de ayudarles a encontrar un empleo. Estas expectativas no se han cubierto en la medida deseada, y la falta de fondos es una de las causas.

Para superar todos estos problemas es crucial la aportación financiera de la UE y del resto de actores internacionales que están apoyando el proceso. Aunque el Fondo Fiduciario europeo es una aportación importante, hará falta más ayuda internacional.

La última gran dificultad estriba en el ambiente político reinante en Colombia. El uribismo ha logrado dividir por la mitad al país y crear una fuerte corriente de opinión contraria al proceso de paz. Asimismo ha conseguido hacer saltar por los aires a la coalición de fuerzas que apoyaba los acuerdos, de modo que todas ellas concurrirán por separado en los comicios del 2018: recordemos que en marzo hay elecciones parlamentarias y en mayo, presidenciales.

Esa serie de comicios pueden ralentizar el proceso de paz y en algún caso incluso cuestionarlo. Si antes de las elecciones presidenciales del 2018 no se ha logrado poner en marcha las principales instituciones de la justicia transicional, no habrá garantías ciertas de la continuidad del proceso de paz. Y en este campo es donde más dificultades de comprensión social ofrece el proceso. Muchos colombianos que viven en las grandes ciudades se resisten al perdón. Pero la paz exige una justicia generosa, y este proceso se basa más en la reinserción social que en la justicia vengativa.

La paz en Colombia depende, desde luego, de los colombianos, pero no solo. Europa debe seguir ayudando; la comunidad internacional, especialmente EE. UU., también. De todos nosotros depende que el fin de las guerrillas en Latinoamérica sea una realidad y que la política y la democracia en paz sean el único marco para superar diferencias y lograr progreso y justicia.


RAMÓN JÁUREGUI ATONDO

Eurodiputado. Copresidente de la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana (EuroLat)
 Publicado para eltiempo.com

20 de diciembre de 2017

Qué hacer contra la evasión fiscal.

¿Qué hacer, que diría Lenin, frente al gigantesco montaje que la internacionalización financiera está construyendo para evadir o eludir los impuestos? No es una pregunta retórica. Es la urgente demanda que nos plantea una alarma social, cargada de indignación, ante la sucesión de informaciones que no hacen sino confirmar la sospecha que la mayoría ciudadana ya intuía respecto a la vieja ambición humana de no pagar al Estado lo que éste reclame para organizar una vida en sociedad regida por la justicia y la dignidad humanas.

LuxLeaks, Panama papers, Paradise papers, son las informaciones que un consorcio de periodistas independientes han ido revelando después de años de investigación y buceo en despachos de abogados, gestores de fondos, bancos y países de todo el mundo. Sobre esa ingente cantidad de información el Parlamento Europeo ha realizado un trabajo extraordinario, para obtener una serie de conclusiones y recomendaciones que se ofrecen a la política internacional a modo de hoja de ruta que deberíamos seguir para combatir esas prácticas, a los agentes que las realizan y a los países que las amparan o facilitan.

Se tratará, como diría Mao, de una 'larga marcha' porque la mayoría de las medidas de ese combate tienen dimensión internacional y existen muy poderosas fuerzas en contra y muy variadas razones en muchos países para frenarlas o impedirlas.

De hecho, una de las primeras medidas que se proponen en el informe que el Parlamento aprobó el pasado 13 de diciembre en el Pleno de Estrasburgo, es solicitar a Naciones Unidas la convocatoria de una cumbre con este tema principal. Junto a esto, casi 200 medidas más configuran las recomendaciones que deberíamos implementar para combatir la evasión (delictiva casi siempre) y la elusión (legal a veces, aunque inmoral la mayoría). Un apretado resumen de todas ellas podría esquematizarse en los siguientes puntos:

1º. La elaboración de una lista internacional de paraísos fiscales, lo que requiere una definición universal del concepto. La UE ha hecho la suya. No es perfecta, pero es una lista de 17 paraísos y 47 en riesgo de serlo.

2º. El establecimiento de un conjunto de sanciones a esos países y a quienes operan en ellos, incluidos bancos, empresas, fondos de inversión, gestores, bufetes, intermediarios en general.

3º. La obligación para las empresas transnacionales de incluir en su informe anual o balance financiero, sus pagos fiscales “país por país”.

4º. El establecimiento de una nueva fórmula del Impuesto de Sociedades para los gigantes digitales a quienes se debe aplicar un pequeño porcentaje sobre su facturación en cada país (para evitar que concentren sus resultados finales en países sin fiscalidad o de tipo cero).

5º. La unificación de las bases del Impuesto de Sociedades para evitar la distorsión del tipo y la elusión a los países en base a la optimización desgravatoria: Common Consolidated Corporate Tax Base (CCCTB).

6º. Una nueva regulación sancionadora para todos los intermediarios (desde despachos de abogados a consultoras) si resultan responsables en el asesoramiento o ejecución de evasión fiscal o blanqueo de dinero.

7º. Una mayor transparencia a notarios, registradores, bancos, etc, sobre los propietarios y beneficiarios de operaciones financieras, incluyendo la conexión de los registros mercantiles y la creación de nuevos registros públicos internacionales.

8º. La protección de los denunciantes ('whistle blowers') y del periodismo de investigación.

9º. La mejora de los sistemas de persecución del IVA transfronterizo a través de la cooperación de las Administraciones Tributarias.

10º. Poner fin a la regla de la unanimidad en el Consejo para que un solo país no pueda vetar las medidas que la UE debe adoptar en materia fiscal.

Hay muchas más cosas por hacer. Se me ocurre por ejemplo seguir reivindicando la tasa a las transacciones financieras, que, además de recaudar fondos públicos, ofrecerá una transparencia y una información fiscal preciosas. Lo que importa es empezar y seguir presionando en esta 'larga marcha', bajo el paraguas argumental de que cada euro que se evade, es un euro robado al trabajador, a los desempleados, a los mayores, a los enfermos, a la educación… al Estado del Bienestar en definitiva.

Ramón Jáuregui, eurodiputado del PSOE, miembro de la Comisión de Investigación Fiscal.
Publicado en El Confidencial, 20/12/2017

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Foto: SANTOS CIRILO
Videos: PARLAMENTO EUROPEO.