23 de febrero de 2026

VI Seminario de Alto Nivel “Ante la encrucijada geopolítica actual, ¿hay lugar para la Unión Europea en América Latina?


VI Seminario de Alto Nivel organizado por la Fundación Euroamérica y la Asamblea Parlamentaria Europea-Latinoamericana (EuroLat), celebrado en Bruselas bajo el título ‘Ante la encrucijada geopolítica actual: ¿Hay lugar para la Unión Europea en América Latina?’
 

 



 Vía: European Union 2026-EP

9 de febrero de 2026

Los debates que no tenemos.

Después de la derrota electoral de 2011, Alfredo Pérez Rubalcaba me encargó organizar una reflexión colectiva, profunda y renovadora, para debatir una nueva oferta política del PSOE, gravemente desgastado por la crisis económica y frente a una sociedad que mostraba quejas muy serias y tendencias pluripartidistas evidentes. Durante un año largo, más de 20 grupos, formados por expertos, propios y ajenos al PSOE, debatieron y concluyeron una docena de documentos que abarcaban los grandes temas del momento. Una conferencia política celebrada en noviembre de 2013 (semejante a un congreso federal) adoptó las grandes resoluciones que han sostenido muchas de las bases ideológicas del partido estos últimos años.

Hoy vivimos asaltados por cambios estructurales y valores ideológicos mucho más trascendentes y peligrosos que entonces: el orden internacional ha saltado por los aires; la democracia es combatida desde múltiples frentes; Europa está en riesgo; la desigualdad crece y nuestras herramientas para reducirla han quedado obsoletas; valores liberales y aspiraciones de justicia que creíamos en permanente progreso son cuestionados o combatidos abiertamente; algunos sectores sociales, compañeros de viaje en nuestras políticas transformadoras, están siendo atraídos por populismos demagógicos…, así podríamos seguir con una larga lista de amenazas ideológicas.

Qué más tiene que pasar para que nos paremos a pensar? ¿Para cuándo la autocrítica? ¿Cuándo y cómo abordaremos debates imprescindibles de nuestra estrategia política para los próximos años? Veamos unos cuantos, solo a modo de ejemplo:

Recuperar nuestra vocación de mayoría y nuestro proyecto federal. Nuestro proyecto político está seriamente limitado en una coalición, que ha servido, pero que no tiene futuro. Habrá exigencias nacionalistas inasumibles y hay partidos que ya han decidido no sumarse a ella. Los efectos electorales de esos pactos en las comunidades no nacionalistas son negativos. Necesitamos recuperar la autonomía política de un proyecto nacional y ser percibidos como garantía de aspiraciones comunes de todos los españoles. Tenemos una propuesta consensuada internamente para la España autonómica. Ese proyecto no es compatible con las pretensiones últimas y de fondo que nos plantean los nacionalismos: la autodeterminación, vía consulta o vía reconocimiento del llamado derecho a decidir y los mecanismos confederales derivados de supuestas soberanías originales e iguales a las del Estado. No hay punto de encuentro en esos planteamientos, y debemos dejarlo claro ante todo y ante todos.

El combate ideológico a la “nueva derecha”. Hay un “corpus doctrinal” en la ultraderecha que se proyecta con fuerza creciente en Europa impulsada por MAGA y por Estados Unidos. Un neonacionalismo patriota que alimenta el orgullo identitario y concentra en la nación la solución de los problemas. Un antieuropeísmo objetivo y militante que pretende la deconstrucción de la Unión. Un rechazo agresivo al diferente y al extranjero. El negacionismo del cambio climático. Su adhesión a los nuevos imperios frente al multilateralismo. Su querencia por los “hombres fuertes” y autoritarios y el desprecio por los valores liberales y la democracia misma. Sus códigos reaccionarios de conducta social y de moral pública. Su rechazo a la revolución feminista.
Hay una batalla cultural e ideológica por hacer desde el socialismo liberal contra esa doctrina. No basta la descalificación. Necesitamos rearmar nuestros argumentos y enfrentarlos día a día, en todos los planos y en los nuevos medios de comunicación.

Reformas que fortalezcan la centralidad política. El multipartidismo no es cuestionable porque así lo deciden los electores, pero sus efectos sí son negociables. El multipartidismo en España ha acabado configurando dos grandes bloques enfrentados y antagónicos. Parecemos condenados a perpetuarlos si no introducimos reformas electorales o facilitamos la investidura a la minoría mayoritaria. Esto devolvería al Parlamento la geometría variable del pacto con todos y facilitaría los pactos de Estado que España necesita. Sería, además, un poderoso estímulo electoral a las dos fuerzas centrales del país.
Este debate ni es fácil ni es pacífico, por las evidentes consecuencias estratégicas que conlleva, pero abordarlo me parece tan necesario y conveniente como inaplazable.

Estado de derecho, instituciones y Constitución. Nuestras instituciones democráticas están sometidas a un acoso extraordinario y a un peligroso deterioro de su credibilidad Desde la pandemia, el decreto ley sustituye al Legislativo y el Parlamento pierde poder. Su proyección social se devalúa por la creciente agresividad de la polarización. El Poder Judicial está sometido a múltiples presiones y recuperar su credibilidad asegurando su independencia es tarea primordial. Muchos organismos institucionales deben ser reforzados en sus condiciones apartidistas y en la objetividad de sus miembros. Los medios y las redes deben contribuir a restaurar el edificio deliberativo de la conversación pública que la democracia exige y no lo contrario.
La Constitución necesita reformas conocidas. Un debate interno bien planteado debiera permitirnos ordenar y sistematizar nuestras propuestas de reforma y enriquecer así el debate político de nuestro país: desde las cuestiones territoriales del modelo autonómico hasta la reforma del Senado; desde la inclusión de Europa en nuestro texto constitucional hasta la financiación de autonomías y ayuntamientos; desde la igualdad de mujeres y hombres hasta la incorporación de nuevos derechos fundamentales, incluyendo los digitales.

Renovación socialdemócrata. A pesar de los notables avances sociales producidos estos últimos años, la socialdemocracia encuentra límites a sus políticas de igualdad. La fiscalidad internacional no avanza. Nuevas necesidades defensivas y un alto endeudamiento no permiten aumentos de gasto público. Un nuevo capitalismo financiero y globalizado impone límites a la legislación nacional. La tecnología genera nuevas divisiones sociales entre países y entre trabajadores. Los nuevos oligarcas tecnológicos imponen su ley al mundo. El listado de estos límites es desgraciadamente demasiado largo. Tenemos que renovar nuestras herramientas, nuestras ofertas, nuestros instrumentos en favor de nuestras viejas demandas. Están surgiendo nuevas ideas sobre la necesidad de concretar objetivos precisos en materias vitales muy precarias: vivienda, energía, transporte, como banderas de una política predistributiva y de resolver las deficiencias surgidas en los servicios públicos esenciales, educación y sanidad principalmente. Modernizar nuestra oferta social no será fácil, porque entraña también un controvertido análisis sobre el deslizamiento de nuestro gasto hacia la población mayor y quizás reorientaciones de gasto hacia otros colectivos. En ese sentido, nuestras políticas pre y redistributivas deben reformularse para ofrecer a los jóvenes españoles medidas capaces de recuperar su afecto por la política y su confianza en el PSOE. Desde la pobreza infantil hasta el ascensor social educativo; desde la vivienda hasta los contratos laborales de inicio y sus condiciones. Analizar a fondo la penetración del populismo y la antipolítica entre los jóvenes es de una urgencia vital.
Es solo un índice de nuestras urgencias ideológicas y políticas. El PSOE está falto de pluralismo interno y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.

Publicado en El País, 9-2-2026


 y de debate abierto. Este es el único espíritu de este artículo.

7 de febrero de 2026

La transición española como modelo para Venezuela.

Nadie sabe cómo será la transición democrática de Venezuela después del asalto de Trump. Tampoco sabemos si Estados Unidos se esforzarán en ello, una vez bajo su control la recuperación petrolera y la estabilización económica. Lo que parece incuestionable es que se ha abierto un horizonte político hacia la normalización democrática llena de incertidumbres, dificultades y esperanzas.

Quienes protagonizamos la transición española desde la dictadura franquista a la democracia, aquellos años setenta del pasado siglo, vemos signos alentadores en los primeros movimientos de la nueva presidenta y apreciamos ciertas semejanzas con la hoja de ruta que guio -con éxito- nuestro proceso. Recordarla y adaptarla, puede ser útil para ese atribulado pueblo.

¿Quiere ser Delcy Rodríguez el Suárez español de los setenta? La presidenta encargada parece empeñada en dirigir al chavismo hacia el juego democrático limpio, pretendiendo con ello evitar un final traumático y el desmoronamiento político del chavismo y jugaras sus propias opciones en unas elecciones libres. Aprovecha para ello la confianza pragmática que el Gobierno norteamericano ha depositado en ella, aplica las instrucciones energéticas y económicas que le dicta Washington y comienza un proceso de normalización democrática con la liberación de presos políticos y la promulgación de una amnistía. 

Salvando otras evidentes diferencia, esa estrategia se parece mucho a la del joven presidente español que desde el aparato del régimen quería avanzar hacia la democracia con la intención de aprovechar su ventajosa posición en el gobierno para ganar las primeras elecciones democráticas. Es un movimiento tan oportunista como necesario, pero nosotros no olvidamos que la primera condición del éxito español es que hubo alguien en el franquismo que quiso acabar con él.

¿Quiere la oposición venezolana pactar una hoja de ruta hacia un nuevo comienzo democrático?Nosotros exigimos libertadesdemocráticas, legalización de todos los partidos, igualdad de condiciones y limpieza en el juego electoral y una convocatoria para elegir un parlamento democrático.

Ese pacto en la Venezuela de hoy, exige garantías plenas para que todos los partidos políticos sean legalizados, para que todos los líderes y representantes políticos gocen de plenos derechos para el ejercicio de su acción política en el interior del país y para que se eliminen las arbitrarias limitaciones que han sufrido sus candidaturas ante la justicia electoral. En pocas semanas, los líderes y sus partidos volverán a la escena democrática y un pacto sobre el proceso es imprescindible.

El pacto, por eso, exige fijar una fecha para las elecciones a la Asamblea Nacional. Estas elecciones son básicas en la Venezuela de hoy porque es preciso saber el peso electoral de las fuerzas políticas. Al respecto, conviene recordar que tras el triunfo de Edmundo González y María Corina Machado el 28 de julio de 2024, había una plataforma de fuerzas políticas diversas que tienen tanto derecho como el candidato a atribuirse a aquel triunfo colectivo y que objetivamente hoy no se sienten representadas por las decisiones de la señora Machado, de manera que es imprescindible clarificar el peso electoral de cada fuerza política en el seno del país.

La amnistía del pasado. La nueva Asamblea tendrá toda la legitimación para adoptar una decisión necesaria: el perdón del pasado. Se trata de construir un futuro común, sin agravios ni venganzas, sin olvidar, pero perdonando. Una Venezuela de todos y para todos que supere estas dos décadas sin exigencias penales para nadie y que aborde una etapa de reconciliación nacional con memoria, pero sin 
heridas abiertas. En España también hubo dos leyes de amnistía: una antes de las primeras elecciones democráticas y otra, recién celebradas estas, que abordó la condición necesaria de reconciliación nacional: el perdón del pasado.

Esa Asamblea decidirá soberanamente si se proclama Constituyente y elabora una nueva Constitución, que en su caso, sería consensuada en su seno y sometida a referéndum del pueblo para su ratificación.

En ese caso, las elecciones presidenciales deberían ser convocadas inmediatamente después de ese referéndum, al mismo tiempo que las elecciones para una nueva Asamblea Nacional, esta vez elegida ya sobre la base de la nueva Constitución aprobada.

Si la voluntad mayoritaria de las fuerzas políticas entiende que no es necesario un proceso constituyente porque la actual Constitución es válida para guiar la convivencia democrática, la Asamblea Nacional debería dar lugar a un gobierno de concentración en proporción a las fuerzas representativas de los principales partidos. La tarea de ese gobierno sería la convocatoria de las próximas elecciones presidenciales, así como la de las elecciones locales a alcaldes y gobernadores.

Este esquema es solo una sugerencia. La clave, más allá de los detalles, es el diálogo entre los actores políticos internos del país que dé lugar a un pacto sin tutelas y que permita recuperar así la soberanía democrática de Venezuela sobre el futuro del país.

Publicado en El País América, 7-2-2026