25 de agosto de 2015

Héroe de su tiempo.




Resulta paradójico que, incluso en la hora de su muerte, le sigamos llamando Txiki, como sin duda, le llamaron en su casa cuando nació. Pero siempre fue Txiki para todos en el Partido y así se quedará. Tengo cuarenta años de andanzas comunes para contarles. Desde 1973 que le conocí en San Sebastián, un verano en el que él y Gregorio Peces Barba hacían esfuerzos (no hicieron falta muchos, esa es la verdad) para “captarme”, como se decía entonces, a la militancia clandestina. Pero no les aburriré con historias personales que jalonan una amistad profunda que reivindico con orgullo. Les contaré de él solo dos cosas que explican toda una vida.

Txiki Benegas fue el joven socialista que en los años setenta articuló, organizó y modernizó el socialismo histórico vasco de la clandestinidad anterior a Suresnes (1974). A finales de los años sesenta, el socialismo militante en el interior de España era muy escaso. No es un delito reconocerlo. Algunos estudiantes de Juventudes en algunas Universidades, muchos socialistas ocultos, pocas agrupaciones, una UGT oculta en las fábricas y una organización, solo relativamente activa en Asturias, Sevilla, Madrid y País Vasco. Cuando Txiki llegó al Partido en sus tiempos de estudiante de Derecho de Valladolid, el País Vasco tenía nombres y poco más: Ramón Rubial, Nicolás Redondo, López Albizu…en Vizcaya. Amat en Vitoria; Enrique Múgica, Martín Santos, Carlos Corcuera… en San Sebastián.

El PSOE vasco que en 1974 en París gestionó el salto histórico al interior y a la modernidad española de aquellos años y construyó la alianza con el Sur (Pacto del Betis lo llamamos), era ya muy otro. Es a Txiki a quien le debemos la construcción de una verdadera organización entre 1970 y 1977 con nuevos líderes, muchas Agrupaciones (Bilbao, Éibar, Irún, San Sebastián, margen izquierda, etc.). Él lo puso todo, su tiempo, su juventud, su despacho de abogado, su entrega, su enorme capacidad de persuasión, sus dotes negociadoras, su intuición y su perspicacia. Todo. En su despacho nos reuníamos, allí recogíamos la propaganda, allí llevábamos a los nuevos militantes. Salvo la multicopista, allí estaba todo. Ahora cuando nos llaman “casta”, recuerdo aquella entrega y… sonrío,

Txiki Benegas fue también el hombre del Pacto con el Nacionalismo vasco. El que gestó una alianza de enorme recorrido político en Euskadi, de trascendencia histórica aquellos años, la clave en el inicio del fin de la violencia de ETA. Él era hijo de un nacionalista vasco exiliado por la Guerra Civil a Venezuela. De hecho, nació allí, en Caracas. Recogiendo la antorcha del socialismo vasco presente en el Gobierno vasco del exilio, entró a formar parte de él, junto a Juan Iglesias y José Antonio Maturana. La lucha contra ETA aquellos años horribles (1978 a 1986), era una batalla perdida. Estábamos solos. España estaba sola y aislada en Euskadi. Txiki clamaba por un “Frente Democrático contra ETA”. Él era la voz que pedía unidad contra la violencia. La construyó cuando ganó las elecciones de 1986 y renunció a ser lehendakari por un gobierno de coalición en el que el PNV y en particular el lehendakari Ardanza, encabezara, protagonizara, la lucha contra el terrorismo.

Allí cambió todo. Con el Pacto de Ajuria-Enea y con los gobiernos de coalición PNV-PSE, que se han reanudado ahora. Fueron años duros, pero fueron los mejores. Allí empezó a gestarse la paz, dando al nacionalismo vasco el liderazgo social contra unos terroristas que mataban en nombre de y por Euskadi. Txiki estuvo allí. Él fue el político generoso que renunció, el negociador brillante que pactó. A él se lo debemos. Él fue el héroe de aquel tiempo.

(Foto: Santiago Jímenez)
Publicado en El País.
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