5 de enero de 2026

Entrevista para "El Correo" 5/01/2026

Es una de las mentes más brillantes y sagaces de la política vasca del último medio siglo. Sindicalista de cuna y líder del PSE durante una década, ocupó cargos institucionales clave desde lo local a Europa, pasando por el Gobierno vasco y el Consejo de Ministros. Ahora, alejado de la primera línea, Ramón Jáuregui (San Sebastián, 77 años) observa la actualidad con la misma pasión y capacidad analítica de siempre.


- ¿Qué conclusiones saca de los resultados electorales de Extremadura?

- Que son malos de solemnidad. Eso no se puede negar. Y hago tres reflexiones. La primera, que el candidato fue elegido en primarias, que es un sistema que le otorga tal legitimidad de origen que luego deja al partido sin margen de maniobra. La segunda es que hay una alta abstención del PSOE y eso implica que nuestro suelo electoral es mucho más alto. Y, por último, hay que reflexionar sobre el efecto que tienen en algunas comunidades autónomas nuestros pactos con los nacionalistas.

- ¿Y el desgaste de Pedro Sánchez y la corrupción?

- No podemos dejar de reconocer que tienen un efecto. Mi impresión es que nunca unos pocos hicieron tanto daño a tantos. Pero hay que dejar claro que el PSOE es un partido honesto y este Gobierno, también. Incluso en relación con los aspectos más cutres de las acusaciones de acoso y machismo.

- ¿Está girando la sociedad española a la derecha?

- Sí, y es algo peligroso. Sobre todo desde el punto de vista del PP, que no se ha dado cuenta de que Vox representa a la nueva derecha, esa que tiene enormes apoyos, sobre todo en Estados Unidos, y es reaccionaria, iliberal, antieuropea, patriotera y tiene una enorme querencia por los líderes autoritarios. Pues esa nueva derecha viene a sustituirles. El PP no quiere verlo y se está volcando en una alianza muy peligrosa para ellos y para todos.

- ¿Y entonces cómo se debe tratar a Vox?

- Soy claramente partidario de evitar que entren en los gobiernos. En esto soy tajante. Y para eso, mi fórmula, que es un poco utópica, es evitar el 'bloquismo' de trincheras. España está estancada entre dos bloques que no dialogan. Y la única solución para evitarlo es cambiar el sistema de investidura. Es decir, permitir el gobierno de la minoría mayoritaria en segunda vuelta. Eso devolvería a la política española a la geometría variable de pactos con todos.

- Visto el ambiente político actual, sí que es utópico.

- Ya, pero es que además se generaría una sana rivalidad entre PSOE y PP por ser la primera fuerza. Y eso tendría réditos electorales para ambos.

- Pero a corto plazo, ¿apoyaría que el PSOE facilitara con su abstención la investidura de María Guardiola?

- Si lo pide el PP, yo lo veo bien. Pero no creo que esté dispuesto a ello porque Guardiola está negociando claramente con Vox en una apuesta de carácter nacional. Se vio en Valencia y va a suceder en todas partes.

- Sin Presupuestos, sin mayoría parlamentaria y con resultados electorales muy negativos, ¿habrá elecciones en 2026?

- No merece la pena especular sobre eso porque sólo el presidente lo sabe. Sí hay que reconocer que gobernar sin el apoyo del Legislativo es anómalo, pero en fin, poder se puede. Pero también hay que evidenciar que la gestión de este Gobierno en materia económica y social es muy notable.

- La situación es la que es.

- Sí, de bloqueo. Y lo que más me preocupa, pensando en España, es que esto nos está impidiendo acometer pactos de Estado que necesitamos urgentemente en vivienda, defensa, energía, innovación, inmigración y la UE. Somos un pequeño país en una Europa muy debilitada y un mundo hostil. Y esa preocupación mía se transforma en alarma pensando que los próximos cuatro años o más van a seguir los bloques enfrentados.

Sánchez, candidato

- ¿Qué le aconsejaría a Sánchez?

- Que convoque elecciones en el mejor momento para que seamos esa minoría mayoritaria. Quiero un PSOE con vocación de mayoría y no un PSOE como mera argamasa de una heterogénea suma de fuerzas que ya está finiquitada. En ese bloque que lideramos, las contradicciones internas a nuestra izquierda son muy fuertes, con un Podemos que quiere abiertamente correr solo, y los nacionalismos que no son de izquierdas van a plantear pretensiones inasumibles para el PSOE.

- Lo tiene muy claro.

- Es que quien crea ingenuamente que porque Puigdemont vuelva a España la cuestión nacionalista catalana se ha resuelto, que mire la fotografía de Otegi con Puigdemont en Waterloo y perciba cuáles son las próximas reivindicaciones de algunos nacionalismos.

- Pues sin esos apoyos, al PSOE no le darán los números para seguir en La Moncloa, sea cuando sean las elecciones.

- Ahí entramos en un terreno muy especulativo. Lo único que quiero decir es que me preocupa que el bloque ganador sea la suma de PP y Vox. Eso me parece profundamente preocupante porque perpetúa el bloqueo y nos mete en una senda de rasgos reaccionarios, antieuropeos, antimedioambientales... que hay que evitar. ¿Cómo? Insisto, con un PSOE que aspire a la mayoría con una fuerza que nos permita no ser la argamasa de ocho o diez partidos en una ingenua cualificación de plurinacionalidad sin saber muy bien qué significa eso, especialmente en un siguiente ciclo. Es verdad que esto ha funcionado desde la moción de censura. Pero pretender que sea el futuro de España me parece que es ingenuo. Y, sobre todo, peligroso desde la perspectiva de una construcción de un Estado como yo quiero, un Estado federal.

- ¿Ve a Pedro Sánchez siendo el candidato otra vez?

- Sin duda. El partido está con él.

- ¿No ve a nadie con ganas de plantarle cara?

- Puede haber ganas, pero no hay agua en esa piscina. La masa militante del PSOE está muy articulada desde el famoso 'no es no'. Y la dirección y liderazgo de Pedro han sido muy jerárquicos y no veo que nada se mueva. Y lo dice un veterano retirado que no tiene ninguna pretensión.

- Pues hay voces socialistas que...

- Lo que sí creo es que es el momento de reivindicar una mayor pluralidad interna y, sobre todo, mayores debates internos. La socialdemocracia tiene que innovar y replantear nuevas alternativas para afrontar el caos que se está generando en el mundo. El PSOE necesita una gran conferencia política para renovar su caja de herramientas ideológica.

Bailando en el Titanic

- Hablemos de Europa. Es muy pesimista sobre el futuro. Habla de que somos la orquesta del Titanic.

- Es una imagen en la que pienso mucho. No sé si hemos chocado ya contra el iceberg o estamos a punto, pero Europa sigue bailando en el Titanic en medio de una crisis existencial. Estamos amenazados por la guerra, acosados comercialmente, retrasados tecnológicamente... No tenemos poder en un mundo hostil. Quieren una Europa destruida y que los 27 Estados seamos vasallos.

- ¿Qué medidas urgentes habría que adoptar?

- En el ámbito defensivo, crear una industria militar y una estrategia propia sin romper con la OTAN mientras podamos. Y además, armonizar todas nuestras políticas en innovación para poder superar los gaps tecnológicos con Estados Unidos y China; y mejorar nuestro mercado interior y firmar Mercosur.

- Pues no hay muchos líderes europeos centrados en eso.

- Mi única esperanza es que, si algunos países no quieren sumarse a este proceso de integración fuerte de Europa, hay que dejarles que se vayan.

- ¿Habla de Hungría?

- Por ejemplo. Europa no puede ser lastrada por las unanimidades con países que no quieren hacerlo.

- ¿A quién teme más: Trump, Putin o Xi Jinping?

- En el ámbito militar, a Putin, sin duda. En el comercial y político, a Trump. Y en el tecnológico y comercial, también a los chinos. El mundo que se está dibujando vuelve a los grandes imperios. Se han roto todas las reglas, todos los moldes.

- En esa teoría encaja la intervención del sábado en Venezuela.

- Lamentablemente, sí. Se impone la ley de la fuerza y parece que el futuro del mundo pasa por ahí. Me produce pena que el creador del caos aparezca como el salvador. Eso aumenta la querencia por los 'hombres fuertes' y destruye la fe en la democracia de mucha gente.

- ¿Cómo ve el futuro de Venezuela?

- Muy confuso. Me huele que ahí ha habido un pacto, que igual incluye hasta al propio Maduro para que la transición se haga con el propio chavismo y EE UU ponga así su pezuña en el petróleo. De momento está oculto, pero la evolución de los acontecimientos nos lo dirá.

Entrevista realizada por Koldo Domínguez, 5/01/2026

6 de diciembre de 2025

Ciudadanos, libres e iguales.

Escucho, con cierta frecuencia últimamente, que 'hay que acabar con el régimen del 78', al parecer, causa y origen de todos nuestros males. Bildu pretende así justificar a ETA y su violenta lucha contra la democracia y el autogobierno vasco. Otros, como Podemos, quieren restaurar la república y refundar nuestra democracia sobre la plurinacionalidad, aunque no nos dicen en qué modelo territorial se basaría ese polisémico término. La Constitución del 78 es, efectivamente, núcleo y símbolo de ese régimen, que no es tal, puesto que esa denominación, con pretensiones peyorativas, no debería aplicarse a nuestra democracia representativa y constitucional.

Estuvimos muy solos en aquella campaña del año 1978 para que Euskadi votara 'sí' a la Constitución Socialistas, PCE y pocos más salimos a las calles para defenderla frente al 'no' abertzale y la abstención nacionalista. Sin caer en nostalgias del pasado, a las que la edad te proyecta inevitablemente, me gustaría destacar tres razones, de hoy, que avalan nuestra defensa de aquella Constitución, que es nuestro actual marco de convivencia democrática, la que nos hace ciudadanos, no súbditos, libres e iguales.

La primera es que fue y es de todos. Sin exclusiones. Se trata de una Constitución abierta -no militante, se dice también- que acepta todas las opciones políticas, sin límite alguno, garantizando así el pluralismo político pleno ,cuya raíz -conviene recordarlo hoy- es el reconocimiento del otro y la exigencia de respeto y diálogo con las opciones políticas ajenas .Que protege las libertades, todas las libertades, en todas sus manifestaciones y en toda su extensión. Que ordena los poderes, su separación y sus instituciones, de manera moderna y funcional y que garantiza la alternancia política ,como nuestra historia moderna acredita.

Las democracias están en crisis. También la nuestra .Las respuestas son múltiples pero hay una imprescindible: defender y fortalecer las instituciones democráticas y el Estado de Derecho. Si perdemos la fe en ellas o las desprestigiamos frívolamente, los caballos de Troya que atacan nuestra democracia la acabarán destruyendo. Por eso, defender la Constitución es defender nuestra democracia.Tan simple como cierto.

Un segundo factor es el reconocimiento de los indudables beneficios que la Constitución nos ha proporcionado. No hay, en la tumultuosa y fratricida historia española, un periodo tan largo -casi cincuenta años- con mayor nivel de libertad, paz y progreso que el que hemos disfrutado con ella.Incluso para quienes se abstuvieron o votaron en contra de aquel texto, puede decirse, sin temor a ofenderles, que la Constitución no ha representado un freno o un impedimento a sus aspiraciones y a sus proyectos .Es más, el nacionalismo vasco ha ejercido y ejerce su inmenso poder institucional en plena conformidad con el marco jurídico y político que configuran Constitución y Estatuto. Paradojas de la política, el PNV de hoy articula su 'nuevo estatus' para la reforma estatutaria sobre la base de la disposición adicional de los Derechos Históricos de nuestra Constitución.

De manera que ¿por qué destruir ese marco? ¿Qué otra alternativa puede asegurar nuestra pacífica convivencia? ¿Dónde y en qué encontraremos nuevos consensos, si nos ponemos a reconfigurar nuestro marco jurídico y político?

Así enlazo con la tercera razón. Todos los elementos claves de nuestra Constitución fueron consensuados sobre la base de mutuas renuncias. No hace falta enumerarlas, son bastante evidentes.Pues bien, en contra de lo que muchos piensan, esos consensos de hace 47 años siguen siendo necesarios e insustituibles. La monarquía parlamentaria, el credo democrático ,que integran el pluralismo político,las libertades y el Estado de Derecho, el Estado autonómico y en consecuencia el modelo cuasi federal de nuestra política territorial, el modelo social, es decir, el Estado del bienestar y la cohesión social, son piedras de bóveda que articulan la actual vertebración política y social de los españoles. Si pretendemos modificar o sustituir alguna de esas bases, el edificio se desmorona, la convivencia se fractura y la sociedad se divide en dos irremisiblemente.

Otra cosa es proponer reformas constitucionales que, sin duda, necesitamos. Por ejemplo, para hacer más fácil su propia reforma, en aspectos no básicos, mediante procedimientos que no requieran referéndum. O para constitucionalizar nuevos derechos básicos (vivienda o sanidad), o para cambiar el Senado y el reparto competencial hacia un Estado federal, o nuestra inserción jurídica y política en Europa, o tantos otros capítulos que los cambios producidos estas décadas reclaman.

Reformar la Constitución, sí, pero, una vez más, solo por consenso. Hacer una nueva pretendiendo imponer nuestro modelo a los otros, y destruir la actual, no, por favor.

Publicado en El Correo, 6-12-2025


24 de noviembre de 2025

UE- Mercosur: ¿por fin?

Cuando la señora Von der Leyen se personó en Montevideo el pasado 6 de diciembre para firmar junto a Lula (Brasil), Milei (Argentina), Lacalle (Uruguay) y Peña (Paraguay) el final de las negociaciones del Acuerdo de Asociación, Comercio y Cooperación con Mercosur, muchos pensamos que un gesto tan decidido expresaba una voluntad firme de aprobar definitivamente ese acuerdo. Habían pasado veinticinco años de tiras y aflojas, de negociaciones difíciles y muy trabajadas, casi siempre abortadas por problemas políticos de unos y otros. Es frecuente escuchar a los técnicos europeos que el acuerdo llegó varias veces al final de lo posible y tuvo que quedar aparcado porque las condiciones políticas en algunos países —de ambas partes— no permitían firmar. Era la historia interminable. 

Pero he aquí que las expectativas surgidas de la firma de Montevideo, ese fin de año, empezaron a desvanecerse, otra vez, a lo largo del primer semestre de este año 2025. Por una parte, la grave situación geopolítica europea, producida por una sucesión de acontecimientos (de todos conocidos) profundamente hostiles a la Unión, y de otra porque varios países manifestaban profundas desavenencias con sus contenidos. La posibilidad de que se formara una minoría de bloqueo, incluyendo países muy importantes de la Unión, pesaba como una espada de Damocles sobre la ratificación del acuerdo por el Parlamento Europeo y sobre su aprobación en el Consejo de la Unión. La situación política interna en algunos de esos países, principalmente en Francia y en Polonia, aumentaba la preocupación. 

Un golpe de timón se ha producido sobre tantas preocupaciones cuando la Comisión, a principios de septiembre, anunció la aprobación de un reglamento por medio del cual se establecen toda una serie de medidas de protección de los sectores más sensibles o previsiblemente más afectados por la apertura comercial a Mercosur y, en concreto, por la desgravación fiscal a la importación de productos agrícolas, especialmente carne de vacuno, de ave, lácteos, azúcar y etanol. 

El reglamento todavía no se ha aprobado en la Comisión, pero apunta en varias direcciones: 

  • - Gradualidad en el proceso de liberación de gravámenes, por ejemplo, estableciendo un período de cinco o más años para alcanzar su eliminación total en los productos más sensibles. 
  • - Cláusulas de salvaguarda para evaluar anualmente si esas importaciones producen alteraciones graves del mercado interno europeo, con posibilidad de adoptar medidas de suspensión del acuerdo, en tales casos, en esos productos. 
  • - Medidas económicas con provisión presupuestaria (más de 5.000 millones de euros) para subvencionar directamente desde la Unión Europea a los sectores o producciones realmente perjudicados por el desarrollo del acuerdo. 

El Consejo de la Unión y el Parlamento Europeo aprobarán este reglamento (no se olvide que un reglamento es de aplicación inmediata en toda Europa desde su aprobación), antes o junto a la aprobación del acuerdo, que a su vez será sometido a un procedimiento que permita, en su caso, la entrada en vigor de la parte comercial del acuerdo y la ratificación posterior por los parlamentos nacionales de los 27 del acuerdo de asociación política y de cooperación. 

De manera que hoy, a finales de septiembre, el pronóstico es mucho más optimista. 

La traducción a las veintitrés lenguas oficiales de la Unión y el envío a los estados de los textos oficiales se está produciendo estos días de finales de septiembre, y la Comisión ha lanzado ya el procedimiento para la aprobación por parte del Consejo y del Parlamento Europeo. 

No obstante, persisten las dudas porque los países citados, más Irlanda o Austria, siguen teniendo una situación política interna difícil y porque, desgraciadamente, con este acuerdo se ha creado en Europa, y particularmente en algunos países, una especie de relato ecologista-proteccionista cargado de falsedades y de manipuladas informaciones. 

El acuerdo es extraordinariamente importante para Mercosur y para Europa. 

- Afecta a más de setecientos millones de personas y es por eso uno de los acuerdos más grandes del mundo en términos de población afectada.

 - La Unión Europea y Mercosur eliminan aproximadamente el 90 % de los aranceles a sus respectivas importaciones.

 - Esa eliminación de aranceles puede acabar generando un ahorro de más de 4.000 millones de euros para las empresas europeas y liberará, en el mismo sentido y gradualmente, los mercados europeos para las exportaciones agrícolas y alimenticias de Mercosur. 

- Mercosur abrirá sus mercados de contratación pública, por primera vez en su historia, al sector servicios europeo, que ya exporta a Mercosur por valor de más de veinte mil millones de euros al año.

 - Europa tendrá mejor acceso a los minerales críticos, reduciendo así la actual dependencia europea de China en esa materia. 

- El acuerdo incorpora además un anexo sobre comercio y desarrollo sostenible sometiendo a las partes a los compromisos establecidos en el acuerdo de París y cooperando en la lucha contra el cambio climático. 

- Los productos europeos que tienen denominación ligada a su origen geográfico (vino, quesos, etcétera) serán reconocidos y protegidos bajo las indicaciones de este acuerdo. 

- Europa mantendrá su exigencia de cumplimiento a las llamadas políticas de precaución y serán rechazados aquellos productos que procedan o que hayan sido cultivados con riesgo para la salud humana animal y vegetal. 

Pero, más allá de estas específicas cualidades del acuerdo, es preciso recordar que estamos ante un hecho de gran significación política y económica. Mucho más que un acuerdo comercial, es una proclamación solemne y rotunda en favor del diálogo político entre socios en favor del comercio sin trabas fiscales y gravámenes primarios, en favor de las mutuas inversiones reguladas y garantizadas. 

En el caos “trumpiano” de las guerras comerciales y tecnológicas, en el mundo regido por la fuerza y las pretensiones imperiales, en el caos geopolítico en que se ha convertido el mundo, Europa y Mercosur damos una señal al mundo como países que creemos en el diálogo y la asociación, en la cooperación, en el derecho y el respeto mutuo.

Por último, el acuerdo es también un poderoso gesto de personalidad política, de soberanía nacional, de protagonismo internacional por parte de Europa y de Mercosur. En un mundo en el que demasiados aceptan ser vasallos de los nuevos emperadores, quienes defendemos un orden internacional regido por el multilateralismo, el derecho internacional y la paz debemos expresarnos así, fortaleciendo nuestra asociación política y haciéndonos fuertes e influyentes. 

Todo eso es Mercosur. Nada más, pero nada menos. Nuestra esperanza es que pueda ser formalmente aprobado por los cinco protagonistas, Argentina, Uruguay, Paraguay y Brasil, por una parte, y Europa, por la otra, en la cumbre que celebrará Mercosur en diciembre en Brasil, bajo la presidencia pro tempore de Lula y la presencia otra vez de la señora Von der Leyen en nombre de la Unión Europea. Finalmente, lo que corresponde es que tanto el Consejo de la Unión como el Parlamento Europeo lo ratifiquen para su inmediata entrada en vigor en el ámbito comercial, lo que podría ocurrir en los primeros meses del próximo año 2026. Ojalá que así sea. Será una gran noticia para todos.

Publicado en boletín Fundación Academia Yuste.