25 de mayo de 2017

Un memorial en el Valle.

 Si queremos simbolizar el sellado del pacto reconciliatorio de la Transición en un lugar, en un acto, en la memoria colectiva de la España moderna, no habría mejor decisión ni mejor espacio que la transformación del Valle de los Caídos en un Memorial de las Víctimas de la Guerra Civil. Sí, esta es la perspectiva que debe prevalecer: la de las víctimas, la de todas ellas, como recuerdo imperativo de lo que nunca más debe suceder.

Ese y ningún otro era y es el espíritu de la Ley de la Memoria Histórica que el Partido Popular banalizó y ridiculizó en su agresiva política de oposición al presidente Zapatero.

Durante el último año de su mandato trabajamos en tres líneas que reclamaban continuidad y que el Partido Popular paralizó. Elaboramos un mapa de fosas en las que todavía, 80 años después, yacen restos de fusilados republicanos. Una tarea inacabada realizada a partir de testimonios e indicios de testigos aún vivos, por poco tiempo, para que los familiares que los reclamen puedan enterrarlos con dignidad y con la ayuda del Estado. Aprobamos igualmente el protocolo científico para las exhumaciones. Se trataba de superar las enormes obstrucciones administrativas con las que topaban y topan las exhumaciones, así como eventuales impericias. Y, por supuesto, completamos la ayuda económica para ellas.

En segundo lugar, preparamos un modelo de certificación oficial y dimos curso a declaraciones de ilegitimidad de los tribunales y de las sentencias franquistas. Es difícil describir la emoción que sentimos cuando entregábamos esas Declaraciones de Reparación y Reconocimiento a los familiares de los fusilados en los inicios del régimen. Era una reparación moral y política obligada del Gobierno de España por la que, a tenor de la Ley de Memoria Histórica, aquellas sentencias condenatorias quedan desprovistas de valor jurídico. El Tribunal Supremo confirmó que el sistema de la declaración general de ilegitimidad ope legis por la que había optado el legislador sustituía y excluía la vía de la eventual declaración individualizada de nulidad e invalidez de las sentencias afectadas por tal declaración (21 de febrero de 2011).

Por último, encargamos a una comisión de expertos, cuidadosamente elegida y pactada con todas las fuerzas políticas, la elaboración de un informe sobre el futuro del Valle con la idea de trasformar su vieja significación y convertirlo así en un lugar de memoria reconciliada.

El Valle no es un lugar cualquiera. Reclama un profundo respeto porque allí yacen los restos registrados de 33.847 personas, de los cuales aproximadamente 21.400 son de víctimas identificadas y unos 12.400 de no identificadas. Miles de ellas habían sido enterradas en fosas comunes cerca de las paredes de los cementerios, en descampados y cunetas. A partir de 1959, desde múltiples pueblos y ciudades de España, fueron trasladadas y depositadas en los columbarios del Valle. Su identificación ha devenido imposible hasta el presente por las malas condiciones en que se realizó el traslado, por la deficiente identificación en origen, en particular de las republicanas, y por los sucesivos derrumbes que han sufrido los columbarios citados.

El informe es conocido. Fue presentado públicamente después de celebradas las elecciones de octubre de 2011 y fue entregado a la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, con los documentos de la transmisión de poderes al nuevo Gobierno. Los expertos recomendaban en esencia:

1. Construir un memorial civil en la explanada del Valle, con los nombres y apellidos de todos los enterrados allí. Un gran mausoleo en homenaje permanente a todas las víctimas. (Algo semejante al memorial por las víctimas de la Guerra de Vietnam en Washington).

2. Dignificar la situación de los restos, los columbarios y las criptas.

3. Construir un centro de interpretación del lugar con la historia de la construcción del Valle, la guerra y el recuerdo de los trabajadores penados, junto a un centro de documentación e investigación histórica.

4. Mantener el uso religioso del templo, pero con una presencia católica absolutamente comprometida con la democracia, el pluralismo político y la reconciliación, sin resabio alguno del espíritu nacional-católico franquista.

5. Y, por último, precisamente por ser un lugar de memoria de las víctimas, el informe reclamaba la exhumación de los restos de Franco del templo y la reubicación de los de José Antonio, víctima también, en lugar no preeminente. Tres de los expertos expresaron un voto particular. Suscribían todas las recomendaciones del informe salvo esta. No por razones de principio, sino de prudencia.
 
Esta no es una tarea partidista. La mayoría de los partidos, salvo uno, suscriben las propuestas del informe seis años después, como manifestó la votación en el Congreso del pasado 11 de mayo. Tampoco es anacrónico. Hacer un memorial en el Valle “no reabre viejas heridas”, como dijo el portavoz del Gobierno. Por el contrario, la cierra con la verdad del pasado y la dignidad para las víctimas. Hacer del Valle un lugar de memoria reconciliada es una gran asignatura pendiente de nuestra tortuosa memoria sobre la guerra y la represión franquista posterior. Es sencillamente inexplicable que no lo hayamos hecho ya. Si fuimos capaces de hacer la Transición y reconocernos, no como enemigos del pasado, sino como ciudadanos del futuro, ¿por qué no simbolizar ese abrazo en un lugar tan significativo?
 
No es razonable que ese lugar divida y enfrente virulentamente a los españoles 40 años después. O que los turistas que lo visitan confundan un memorial de víctimas con un mausoleo del dictador.
Esta es una operación delicada. De Estado. Incluye muchas gestiones sensibles. Pero son posibles. La familia Franco lo aceptará si es el Estado quien decide. La Iglesia española lo ve con buenos ojos. El Rey, de una España del siglo XXI, debería apoyarla. Es necesario. No en vano fue su padre quien encargó la custodia de la tumba de Franco a la comunidad benedictina, junto al altar. El Gobierno del Partido Popular debería liderarla para aunar y consensuar voluntades. Es una oportunidad para sellar el logro de una Transición que algunos menoscaban y menosprecian por desconocimiento o sectarismo. Es mejor que lo haga la derecha española. Es mejor incluso para ellos, pero sobre todo lo es para España.
 
Esta es una operación delicada. De Estado. Incluye muchas gestiones sensibles. Pero son posibles. La familia Franco lo aceptará si es el Estado quien decide. La Iglesia española lo ve con buenos ojos. El Rey, de una España del siglo XXI, debería apoyarla. Es necesario. No en vano fue su padre quien encargó la custodia de la tumba de Franco a la comunidad benedictina, junto al altar. El Gobierno del Partido Popular debería liderarla para aunar y consensuar voluntades. Es una oportunidad para sellar el logro de una Transición que algunos menoscaban y menosprecian por desconocimiento o sectarismo. Es mejor que lo haga la derecha española. Es mejor incluso para ellos, pero sobre todo lo es para España.
 
Ramón Jáuregui fue el ministro de la Presidencia que encargó el informe de los expertos y Carlos García de Andoin, su colaborador, el secretario de la comisión que lo elaboró.
 
Publicado para "El País" 25/05/2017
 

23 de mayo de 2017

Mucho por hacer.


Dos evidencias: Pedro Sánchez ha ganado con claridad y el proceso de primarias en el PSOE ha sido un ejemplo de democracia directa y orden democrático. El desenlace ha sido limpio y la participación muy alta. Quienes creímos que era necesario renovar la dirección del partido tras la gestión pasada, nos equivocamos.
El sentimiento de la militancia contra la abstención en la investidura de Rajoy era más fuerte de lo que pensábamos y el contexto de corrupción del PP de las últimas semanas hizo el resto. Sin duda, hubo y hay más razones en la victoria de Pedro que tienen que ver con el debate ideológico de la izquierda y con la estrategia política futura del PSOE que también han influido decisivamente en su triunfo y que configuran el futuro para nosotros y para el país.
La primera condición de ese futuro es que mantengamos la unidad interna. Eso requiere que todos, principalmente quienes apoyamos a Patxi o a Susana, nos pongamos a disposición y ‘a la orden’, y aceptemos colaborar con la dirección en los lugares y con las responsabilidades que esta decida. La unidad exige también que la nueva Ejecutiva integre a todos y evite sectarismos vengativos que prolongarían las heridas abiertas en este proceso.
La segunda tarea es hacer un buen congreso. Los delegados, esta vez en el ejercicio de un modelo de democracia representativa, deberían confirmar las coordenadas principales del programa del nuevo secretario general y aprobar unas resoluciones ideológicamente coherentes con él. A su vez, su Ejecutiva deberá ser de integración y así ser apoyada por una amplia mayoría del  Congreso.
Ahí empezará una nueva etapa. La definición de la estrategia política de oposición será el siguiente test. El origen de la investidura y los mensajes de la campaña de las primarias comprometen a la nueva dirección del PSOE a endurecer su discurso y a rechazar los pactos con el Gobierno.Esto es lo que a priori cabe suponer, teniendo en cuenta que el sentimiento contra la abstención ha sido determinante en la nueva mayoría del PSOE y por supuesto en el discurso del nuevo secretario general. Pero, ¿Cómo hacer esto compatible con la ‘oposición útil’ que también se ha prometido? Es sabido que la utilidad viene de los pactos que consigas y de las conquistas que obtengas en esos pactos. A veces, los pactos suman oposición para vencer al Gobierno impidiendo sus planes. Pero la mayoría de las veces, los pactos se hacen con el Gobierno para arrancarle políticas o decisiones que solo él puede adoptar. Una buena muestra de esa utilidad fueron, por ejemplo, los pactos sobre el salario mínimo, la retirada de la Lomce o la aplicación de las sentencias europeas sobre las cláusulas suelo que protagonizó el PSOE estos meses pasados. Más recientemente, el PNV, con su pacto de los Presupuestos y el Cupo, es otro buen ejemplo de ‘oposición útil’.
Pero, una oposición ‘sin concesiones’ nos llevará a una pugna con Podemos en la que, me temo, ellos siempre serán más llamativos y tendrán menos límites que nosotros. Esa estrategia tiene el riesgo de que la ingobernabilidad provoque un adelanto electoral cuyos resultados nadie conoce. En esa línea, los socialistas debemos tener en cuenta un análisis imprescindible. ¿Son los 180.000 electores del PSOE el mejor reflejo de los 10 millones de votos a los que debemos aspirar? La experiencia francesa demuestra que no es así, y estoy seguro que la dirección del PSOE lo sabe y evitará esa peligrosa confusión. 
El nuevo secretario general y probable candidato a la presidencia del Gobierno debe forjar una alternativa ganadora a la derecha. Tiene formas y formación para ello. Es moderno, urbano, cosmopolita.Tiene ambición y representa un cambio generacional interno evidente sobre el PSOE del pasado.Pero necesitará ganarse la confianza de millones de españoles que no votaron el domingo. Necesitará generar solvencia y fiabilidad en la gestión de una España compleja, con la crisis territorial más grave de su historia moderna. Necesitará ser percibido como un líder capaz de gobernar una economía globalizada que asegure el crecimiento económico como condición de creación de empleo y de redistribución social. A la salida de un colegio electoral en el Lander de Renania hace quince días preguntaron a un votante por qué había votado a Angela Merkel. «Me da seguridad y progreso», dijo. Ofrecer estas dos palabras mágicas en el siglo de la incertidumbre es la gran asignatura pendiente de la socialdemocracia.
Las otras ya las tenemos acreditadas.
Pedro Sánchez quiere ser –como es natural– presidente del Gobierno y lo logrará si convierte al PSOE en una izquierda útil, no testimonial. En el testimonio y en la protesta, hay otra izquierda. Somos la propuesta, la responsabilidad, el pacto. Somos un partido del país – el que más se parece a España, solíamos decir– y nos ofrecemos a la gente como un partido a su servicio, fiables, solventes, serios, responsables. Para ser más concreto, no ganaremos las elecciones prometiendo derogar la reforma laboral del PP, sino describiendo cómo queremos el empleo del futuro. No basta con decir que defenderemos la sanidad pública, sino que debemos explicar cómo y de dónde inyectamos un punto de PIB a la joya de la corona del estado de bienestar. No ganaremos la confianza de los pensionistas si no explicamos el origen fiscal de los 10.000 millones de euros que faltan cada año para cuadrar su presupuesto. Y así podríamos seguir con nuestra propuesta de reforma constitucional cuya única posibilidad de materialización exigirá pactos de estado con el resto de fuerzas. Son solo algunos ejemplos de un proyecto reformista y realista que debe caracterizar nuestra oferta política.
No se trata de ganar las batallas retóricas de la izquierda. Ya no bastan las proclamas sociales, sino las soluciones reales a un mundo nuevo, que nos plantea cada día nuevos retos ideológicos a las viejas coordenadas del siglo pasado entre izquierda y derecha.Por supuesto, hay izquierda, pero o es nueva o quedará superada por una sociedad y unos electores que poco tienen que ver con los que nos votaban el siglo pasado. Es una izquierda moderna, valiente, que tiene respuestas a la nueva sociedad laboral, a las migraciones masivas de este siglo, a la concentración urbana en las ciudades, al envejecimiento, a la seguridad social del futuro, a los nuevos retos bioéticos, al comercio internacional, a la seguridad  cibernética… a tantas cosas. Esa es mi visión un poco apresurada y muy preocupada para el nuevo PSOE.
Desde la distancia biológica y geográfica de quien solo quiere lo mejor para él y para mi país.
Publicado en El Correo, 23/05/2017

20 de mayo de 2017

Un partido necesario.


No habrá ruptura en el PSOE. Cualquiera que sea el resultado del domingo 21, permaneceremos unidos al servicio de quien sea elegido, cada uno en su puesto. Hay mucha épica histórica y mucha vida personal entregada a estas siglas en todos nosotros como para destruirlas.

Esa es la condición necesaria para el futuro. Pero el Congreso de junio debería definir las condiciones para asegurarlo. La primera es comprender el mundo en el que vivimos y la sociedad a la que nos dirigimos. Una economía globalizada y una sociedad digital en la que muy pronto el trabajo, las migraciones, las ciudades, la comunicación y tantas cosas más, no se parecerán casi nada a nuestras concepciones del siglo XX. El PSOE por ello debe ser un partido innovador, moderno, a la altura de la sociedad urbana y joven del siglo XXI. Eso implica valentía en las proposiciones. Ya no basta defender retóricamente el modelo de bienestar o el empleo seguro. Hay que mojarse y explicar cómo inyectar un punto más de PIB a la educación y otro a la sanidad española o cómo garantizar las pensiones si el déficit del sistema es de 15.000 millones de euros al año. Hay que reconocer que nuestros votantes clásicos desaparecen o que, por primera vez en la historia, se sienten tentados por opciones extremas en la izquierda y en la derecha.

Hay que tener la valentía de explicar que muchas de nuestras causas, las que siguen latiendo en nuestros corazones, tienen únicamente solución en una globalización demasiado injusta y desregulada todavía, con mesas de decisión demasiado débiles o inexistentes en la mundialización de la política.

Un partido socialista moderno debe exponer su agenda programática para regular una globalización inevitable y necesaria. La agenda global por el cambio climático; el combate a los paraísos fiscales y al fraude fiscal masivo; la extensión de los Derechos Humanos y la implicación de las empresas y de los países en su cumplimiento; los tratados de libre comercio que protejan a sectores económicos vulnerables y extiendan al mundo estándares laborales, medioambientales dignos; la cooperación internacional y los acuerdos internacionales en materia de migraciones; la regulación y la fiscalidad de los movimientos de capital y las finanzas globales. Entre otras muchas cosas.

El PSOE interviene y regula el mercado, pero cree en él como motor del crecimiento. Nos preocupa el incremento de la desigualdad y el empeoramiento de las condiciones de trabajo y de vida del precariado. Pero eso no nos lleva a formulaciones panfletarias o a retoricas antiguas sino a nuevas soluciones redistributivas y fiscales que influyen en el abanico salarial o que crean nuevas figuras impositivas a la riqueza y al patrimonio.

El PSOE nunca fue una izquierda testimonial sino reformista. Somos más un partido de propuestas que de protestas. Somos la izquierda útil, protagonista de las grandes conquistas sociales y democráticas en la historia de España y debe seguir siendo el partido de mayorías capaz de ganar la confianza de un centro izquierda social ampliamente mayoritario en nuestro país.

Aceptar que la izquierda española se ha fragmentado sociológicamente no quiere decir que tengamos que competir con Podemos, mucho menos en su territorio. Benoît Hamon lo hizo en Francia contra Jean-Luc Mélenchon y su Francia Insumisa y su electorado se fue al centro (Macron) y a la extrema izquierda. Los socialistas franceses pasaron del 28% al 6,4%.

La legislatura española acaba de empezar. El PSOE puede liderar la oposición y hacer una oposición útil. En muchísimas ocasiones seremos implacables con el PP y su gobierno. Obtendremos victorias parlamentarias liderando el No a un gobierno en minoría. Pero, solo, con el “No”, no construiremos una alternativa. Yo creo que el PSOE es un partido de pactos y de país. Ambas cosas son necesarias en una España que sufre serios problemas de pobreza y una desigualdad enorme por la devaluación social a la que nos ha sometido el Partido Popular y ante los problemas territoriales y democráticos más graves de nuestra historia democrática. Todas nuestras propuestas de solución al modelo político y territorial necesitan del consenso en el nuevo panorama partidario español. Las reformas constitucionales que defendemos reclaman una cultura del pacto semejante a la de la Transición. Solo un partido que tiende su mano para construir, para reformar y solucionar la crucial encrucijada española, podrá ser percibido como un partido necesario.

Un votante alemán de Renania explicaba el pasado domingo que él quería “seguridad y progreso”. Nuestro drama en España es que desde hace unos años, el paradigma del progreso ha sufrido una brusca ruptura. Escuchar ese sentimiento popular, no es populismo. Pero generar la confianza ciudadana en que el PSOE les proporcione fiabilidad, solvencia, capacidad para gobernar la complejidad del nuevo mundo “con seguridad y en progreso”, es nuestro reto.

Yo no creo que el futuro político de España o de Europa se construya sobre dos opciones políticas, una a la derecha y otra en los extremos de la izquierda o de la derecha. Creo que la opción socialdemócrata seguirá siendo la fuerza del centro izquierda que más se parece a los ciudadanos y que más quiere la mayoría. Por eso compañeros, no desistáis, somos necesarios.

Publicado para Voz Pópuli, 20-05-2017

17 de mayo de 2017

Ramón Jáuregui expresa su conmoción por el asesinato del periodista Javier Valdez.


Nota de prensa: 17/05/2017

El grupo socialista en el Parlamento Europeo promoverá una resolución de urgencia en la sesión plenaria del mes de junio sobre los crímenes contra periodistas, defensores de derechos humanos y líderes comunitarios en México.
“Pedimos al Gobierno mexicano que frene esta deriva criminal provocada por el narcotráfico y el crimen organizado, que amenazan con destruir su democracia”, ha manifestado Ramón Jáuregui, eurodiputado socialista y copresidente de Eurolat.

Jáuregui, ha emitido un comunicado, suscrito también por el portavoz del grupo Alianza Progresista de los Socialistas y Demócratas (S&D) en Eurolat, Francisco de Asís, en el que manifiestan su conmoción por la última víctima de la violencia, el periodista Javier Valdez:
“El asesinato de Javier Valdez, que destacó toda su vida por denunciar los crímenes del narcotráfico en Sinaloa, nos ha conmovido a todos por lo terrible del crimen y por simbolizar un ataque brutal a la libertad de expresión. Por desgracia, Valdez es el sexto periodista asesinado en México en lo que va de año. Todos ellos eran profesionales valientes que se atrevían a denunciar y a mostrar la verdad al pueblo mexicano, y que han visto su osadía recompensada con la muerte. Cada profesional del periodismo asesinado es un golpe duro contra la democracia, y desde el Parlamento Europeo lo denunciamos con claridad y contundencia.

Al triste elenco de periodistas asesinados hay que añadir además otra lista no menos terrible, la de los ataques contra defensores de derechos humanos y líderes comunitarios, agresiones de las que a veces tenemos noticia en Europa, pero que en otros casos quedan silenciadas bajo la losa de amenazas que padecen las víctimas y sus familias.
La violencia causada por el narco en México ha alcanzado unos niveles intolerables, y la sensación de impunidad no hace más que alimentar el terror y enriquecer a quienes lo causan. Esto tiene que cambiar.

Somos conscientes de que combatir al narcotráfico no es fácil, pero pedimos al Gobierno mexicano un esfuerzo mayor para extirpar de una vez por todas esa lacra, que causa un enorme dolor y desestabiliza las estructuras del Estado y de la democracia. Ese esfuerzo que pedimos a las autoridades mexicanas a todos los niveles tiene que ser más visible, estar mejor coordinado y resultar más fructífero para ser creíble”.

16 de mayo de 2017

Intervención Sesión Plenaria. 16/05/2017

Encauzar la globalización para 2025 (debate)



"España debe sumarse a Francia para cambiar la política económica de la UE"

Nota de Prensa: 16/05/2017

Esta mañana, la Delegación socialista española ha mantenido un encuentro con el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, en la que le han trasladado sus reivindicaciones y propuestas de cara a la reforma de la gobernanza económica.

Tras la reunión, en declaraciones a los medios, el presidente de los socialistas españoles, Ramón Jáuregui, ha insistido en la necesidad de que la gobernanza económica de un giro hacia los países del sur. "La flexibilización que hemos obtenido en el pacto de flexibilidad no es suficiente, son necesarias políticas más anticíclicas, con más margen para la inversión pública y que rebajen la preocupación por el déficit público", ha señalado Jáuregui.

"La gobernanza del euro debe producirse desde una perspectiva más inversora en infraestructuras tanto tecnológicas como físicas, desde la unión energética y hasta la agenda digital, para competir en la globalización, y para ello es imprescindible la mutualizarían de los bonos". A este respecto, Jáuregui ha pedido al comisario una Comisión Europea con capacidad de financiación a través del endeudamiento hacia los estados para que los fondos de inversión tengan más dimensión económica y generen mayor crecimiento y empleo".

A este respecto, Jáuregui ha hecho referencia a las aportaciones del gobierno de España al documento sobre el futuro de la UE publicadas esta semana, "afortunadamente el gobierno se hace eco de las propuestas que presentamos los socialistas hace un par de meses", ha apuntado Jáuregui. "Nos felicitamos de este giro, porque la posición de España en la UE debe ser la de combatir la rigidez alemana y nuestras propuestas caminan en este sentido". "Pero no es suficiente, los socialistas queremos que se mantenga la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo, revitalizar la financiación no bancaria, la culminación de la Unión Bancaria Culminación de la Unión Bancaria, con la introducción de un Seguro Europeo de Depósitos con mutualización completa y una lucha sin cuartel contra el fraude fiscal, tal y como plasmamos en nuestro manifiesto.

En referencia al último documento presentado por la Comisión Europea sobre el futuro de la globalización, Jáuregui ha advertido de los riesgos de una globalización desregulada y ha exigido un pilar social mucho más sólido. "Es imperativo que Europa avance en la armonización de las condiciones sociolaborables como el salario mínimo o el subsidio por desempleo, entre otras.

Igualmente, Moscovici se ha mostrado positivo en los avances hacia la puesta en marcha de la tasa a las transacciones financieras antes de 2019 así como la reforma de la base del impuesto de sociedades. "Si este sistema de fiscalización entra en Europa daremos un gran salto hacia a transparencia y un gran golpe a la fiscalidad oculta", ha concluido Jáuregui.
 
 
 
Foto: @pierremoscovici

9 de mayo de 2017

Intervención Comisión PANA 9/05/2017


Audiencia pública sobre «Cooperación en materia fiscal con las jurisdicciones europeas» Gibraltar. Preguntas a James Tipping, Director Centro Financiero del Gobierno de Gibraltar.



8 de mayo de 2017

Venezuela al borde del abismo.

 Cuando se trata de condenar a Maduro, el PP es el primero de la fila. Si hay que apoyar a la oposición venezolana, el PP es el campeón. Todo sea dicho, ambas cosas son correctas y necesarias y más, en particular, para quienes nos sentimos de izquierdas y denunciamos con dolor que esa izquierda bolivariana sea la responsable de los desastres venezolanos.
Pero una cosa es expresar ese apoyo a la oposición y otra ayudar a los venezolanos. En concreto a los que han huido de Venezuela por la insufrible situación de su país. Muchos de ellos han acudido a España debido a los vínculos lingüísticos, culturales e incluso familiares que unen a nuestros dos países. De hecho, recientemente hemos sabido por la prensa que en 2016 solicitaron asilo en España casi 4.000 ciudadanos venezolanos, prácticamente siete veces más de los que lo hicieron en 2015, convirtiéndose en la nacionalidad con mayor número de peticionarios de asilo, por encima incluso de los sirios. Sin embargo, en 2016 sólo se resolvieron 40 expedientes -todos ellos tras largos periodos de espera- y únicamente cuatro resultaron positivos. La generosidad de las autoridades españolas hacia estas personas está resultando bastante magra, y contrasta vivamente con la retórica altisonante que emplean esas mismas autoridades cuando se trata de condenar al régimen de Maduro. Es cierto que ‘el visado de oro’ existe en otros países de nuestro entorno.

A ese contraste se añade otro que llama inevitablemente la atención. Frente a la parquedad de la acogida deparada a los venezolanos, vemos las cifras del llamado ‘visado de oro’, que el Gobierno de España concede desde 2013 a los inversores extranjeros (a partir de cierto umbral, bastante elevado, por cierto) y a los profesionales cualificados. Según cifras oficiales, a finales de 2016 el Gobierno había proporcionado este tipo de visados a más de 27.000 personas, destacando en este colectivo los millonarios chinos y rusos y sus correspondientes familias.

Es cierto que el ‘visado de oro’ existe en otros países de nuestro entorno, y es cierto también que por esta vía se ha atraído hacia España un volumen de capital extranjero que no estamos en condiciones de despreciar. No obstante, si tenemos capacidad para facilitar la estancia de todos estos inversores y profesionales extranjeros y sus familiares, resulta chocante que no podamos hacer nada por sacar a unas cuantas familias venezolanas del limbo legal en el que se encuentran. La coherencia manda que nuestras denuncias contra la arbitrariedad que se ha apoderado de Venezuela, vengan acompañadas de un gesto de generosidad tangible hacia quienes llegan a España huyendo de ese marasmo. Acoger y dar permisos de residencia a esos venezolanos en España es inteligente.

No es sólo coherencia y solidaridad. También es justicia con un pueblo que acogió a cientos de miles de emigrantes españoles el siglo pasado, que huían del hambre o de la represión franquista después de nuestra guerra civil. Por último, además de necesario y justo, acoger y dar permisos de residencia a esos venezolanos en España, es inteligente. Son personas preparadas, jóvenes, bien educadas, profesionalmente competentes, que enriquecen nuestra convivencia y nuestra economía. De manera que menos retórica y más solidaridad. Menos declaraciones y más acogida a los venezolanos.

Publicado para 20 minutos, 8/05/2017

4 de mayo de 2017

Rana Plaza, cuatro años después.

 La globalización financiera y la productiva se han desarrollado hasta los confines del mundo en los últimos veinte años, pero los derechos humanos y las normas internacionales del trabajo tienen que superar una fronda infinita para extenderse o simplemente para que sean respetados en los países en los que se instalan las empresas.

La velocidad es, sin duda, una de las características del nuevo mundo. La viruela tardó tres siglos en extenderse por el universo, el SIDA, tres décadas, pero un virus informático puede hacerlo en dos horas. A la velocidad se le añade la imprevisibilidad, la falta de control. Casi todos los grandes acontecimientos de los últimos años surgieron al margen de las cancillerías o de los centros de análisis geopolíticos o económicos del mundo. La caída del muro de Berlín, la Primavera Árabe, la crisis económico-financiera de los últimos diez años, impactaron en nuestras vidas –y todavía lo siguen haciendo -sin previsión ni planificación alguna de nadie.

La conclusión es dramática. Si dejamos al mercado y a la tecnología que configuren libremente el futuro, la sociedad resultante será un desastre. Necesitamos gobernar la globalización y necesitamos democratizarla, es decir, ponerla al servicio de la gente y no al revés. Se pueden poner mil ejemplos de esos peligros. ¿Quién está planificando la Seguridad Social del futuro si las carreras de cotización son cortas e interrumpidas? ¿Cuánto y cómo será el trabajo del futuro en la era de la robótica y el alargamiento de la vida? ¿Cómo evitar otra implosión financiera con regulación global? ¿Cómo se combaten los paraísos fiscales?

La extensión de los derechos laborales y el trabajo decente a los países sin leyes laborales o con instituciones primarias es otro de esos debates y hoy, cuatro años después del desastre de Rana Plaza, nos podemos preguntar si hemos hecho lo suficiente o si los avances en el trabajo textil en el mundo están protegidos y son decentes.

Diario Responsable se hacía eco la semana pasada del informe del Parlamento Europeo aprobado hace quince días solicitando a la Comisión Europea una propuesta legislativa para implantar un sistema de “diligencia debida” siguiendo directrices OCDE, parecido al diseñado para los minerales de zona de conflicto, que cubra toda la cadena de distribución.

Se han hecho cosas. Las han hecho los sindicatos, la OIT, las empresas. El gobierno de Bangladesh…Pero me temo que los trabajadores del textil en ese país y en los de la zona, siguen explotados y sin unas condiciones de trabajo dignas. Mi amigo Javier Chércoles, antiguo director del RSE de Inditex me contaba no hace mucho sus esfuerzos para establecer un compromiso de todas las empresas de ropa del mundo para imponer a sus subcontratas en Bangladesh la obligación de suscribir un seguro de accidentes laborales. Esto sería el embrión de una cotización obligatoria para una especie de Seguridad Social del futuro para millones de trabajadores en el sudeste asiático. Por supuesto, la cuota la pagarían las empresas y eso encarecería unos céntimos nuestras compras baratas. ¿Es eso posible? En el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas en Ginebra se discute desde hace dos años la posibilidad de una norma internacional que extienda los principios Ruggié, “proteger-respetar-remediar” a la aplicación obligatoria de la Convención de los Derechos Humanos en todo el mundo. ¿Es esto posible?

Debe serlo. El camino de la voluntariedad y del marketing social está bastante agotado. La “etiqueta social” se confunde o no se mira en el consumo. La vigilancia de los Estados a las importaciones es laxa. Una norma internacional de exigencia de Derechos Humanos y normas OIT-OCDE en el mundo, es un buen camino. Aunque sea largo.
 
Publicado para Diario Responsable. 4/05/2017

Enseñanzas francesas.

 
Partimos de un pronóstico esperanzador: la ultraderecha no llegará al poder en Francia y Europa respirará más tranquila y comenzará probablemente un nuevo tiempo. Pero aunque Macron sea este domingo el vencedor de la batalla final contra Le Pen, las elecciones francesas nos dejan reflexiones políticas de calado.

La primera y quizás la más preocupante es que los votantes directos de la ultraderecha francesa en la primera vuelta fueron el 21,3% y que muy probablemente serán en torno al 40% en la segunda vuelta. ¿Qué nos dice este electorado? En esencia quieren más Francia y menos Europa, más proteccionismo y menos globalización, y sobre todo más control de fronteras y menos inmigración. Que los obreros de una empresa en riesgo de deslocalización consideren a Le Pen su mejor defensora es bien elocuente de todo ello. Pero no lo es menos que casi el 20% del electorado de Mélenchon, la Izquierda Insumisa, piense votarla en la segunda vuelta y que 2/3 de sus militantes prefieren abstenerse a votar a Macron. El silencio de Mélenchon para la segunda vuelta me parece una verdadera traición democrática y republicana. Hace ya muchos años que la izquierda europea sufre el abandono de sus electores más humildes que votan ‘Brexit’ en Reino Unido o extrema derecha en Austria, Holanda, Dinamarca, Francia... y, honradamente, no es fácil evitarlo salvo que vayamos en sentido opuesto a nuestros principios. De poco sirve predicar las falacias de sus soluciones y los peligros de su aplicación. La simpleza de sus propuestas es mucho más comprensible y efectiva que la complejidad de la realidad.

Quiero creer que se trata de unos sentimientos pasajeros, que nunca triunfarán, pero ya lo hicieron en EE UU y solo nos queda esperar que su fracaso y la comprobación de que esa derecha populista destruye la democracia, empobrece a sus países y mantiene en la marginación y en la exclusión a los desfavorecidos, sirvan para destruirlos.
La Francia Insumisa, fenómeno político muy parecido a Podemos, al Movimento Cinque Stelle y a Syriza, ha recogido gran parte del descontento y del desconcierto que sufre la sociedad gala. Su capacidad para recoger la indignación y para expresar la protesta es notable, así como ha sido extraordinaria la capacidad de su líder para amalgamar estos sentimientos. Rozar el 20% del electorado es algo que nunca había conseguido la izquierda comunista en Francia, aunque mucho me temo que nunca alcanzarán una cifra mayor. Su incapacidad para transformar la insumisión en proyecto real y la protesta en propuesta es enorme y eso lo sabe la sociedad francesa. Para ganar la confianza de la mayoría es necesario generar credibilidad en la gestión de la economía y eso está muy lejos de sus posibilidades. Pero lo que les aleja del bloque de mayorías republicanas definitivamente son sus dudas para votar a Macron en la segunda vuelta. Ese ha sido su gran error y pone en evidencia la heterogeneidad del voto indignado y los límites de su proyecto por el populismo y el antieuropeísmo que se ubica bajo sus faldas.

El Partido Socialista se equivocó. Eligió un líder que no lo es, por mucho que lo hicieran casi dos millones de afiliados, lo que provoca inevitables reflexiones sobre las virtudes y las desventajas de las primarias. Se radicalizaron a la izquierda por temor a Mélenchon y llevaron a gran parte de su electorado a manos de la otra izquierda, lo que nos enseña que no debemos competir en terrenos ajenos y mucho menos en los que nuestros competidores tienen ventajas. Sus censuras a Europa y a sus políticas dejaron libre el espacio europeísta a Macron, su gran rival en el centro izquierda, que acabó por convertir el voto socialista a En marche! en el mejor voto útil contra Le Pen.
En fin, todo lo que ha ocurrido en Francia nos llama a cambios profundos en las respuestas que demos a estos cambios de paradigmas que se están produciendo en la sociedad occidental del siglo XXI.Uno de ellos nos obliga a tomar en serio la ejemplaridad pública. El escándalo Fillon también nos enseña que ni siquiera la derecha perdona la inmoralidad en el ejercicio de las funciones representativas.Ojalá que el electorado español aprenda esa lección de una población muy informada, bien formada y yo diría hasta apasionada por el debate político. Los debates que hemos vivido en la
televisión son fantásticos y lo es más que sean seguidos por más de diez millones de franceses algunos de ellos, como si de un partido de la ‘Champions League’ se tratara.

El futuro de los nuevos partidos es una incógnita. Su lógica emergente es tan oportunista como incuestionable, pero ninguno, en ningún país, acredita confianzas mayoritarias. Los dos grandes países de Europa, Reino Unido y Alemania, demostrarán en pocos meses, que los experimentos... mejor con gaseosa. Si Macron es presidente su partido tendrá que pasar por la prueba de las legislativas en junio y veremos qué apoyos concita. Él dice que habrá coherencia en los votantes franceses, pero muchos pronostican una vuelta al voto tradicional al elegir el Parlamento. Es probable, en todo caso, que acabe formando un centro izquierda, una especie de liberalismo progresista parecido al del Partido Democrático de Renzi en Italia.

La socialdemocracia europea deberá resolver los retos existenciales que plantean esos nuevos partidos, y que le han estrechado los márgenes a izquierda y derecha. Estamos obligados a aclarar y a renovar la propuesta política porque al debate ideológico clásico entre izquierda y derecha se han añadido coordenadas nuevas muy potentes: globalización o proteccionismo, más y mejor Europa o volver a las naciones, inmigración, populismo, calidad de la democracia...
La gestión política de todas estas nuevas realidades se hace cada vez más compleja y se enfrenta a una mundialización sin instrumentos políticos de gobernanza. Democratizar la globalización se convierte así en la gran asignatura pendiente de la política seria y créanme, nosotros lo somos.

Publicado en El Correo, 4/05/2017

2 de mayo de 2017

Intervención comisión AFCO 2/05/2017


Reunión interparlamentaria de comisiones «La aplicación de las disposiciones del Tratado relativas a los Parlamentos nacionales»

 


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Foto: SANTOS CIRILO
Videos: PARLAMENTO EUROPEO.